miércoles, 15 de febrero de 2017

José Antonio Pagola - UNA LLAMADA ESCANDALOSA


José Antonio Pagola - UNA LLAMADA ESCANDALOSA

La llamada al amor es siempre atractiva. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general que respiraba en su entorno de odio hacia los enemigos, proclamó con claridad absoluta su llamada: «Yo, en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen».

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse, sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios no ha de introducir en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo, porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos, incluso el de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor o afecto hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando odio y sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle daño. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos. Podemos incluso devolverle bien por mal.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias, a la persona se le puede hacer prácticamente imposible liberarse enseguida del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

7 Tiempo ordinario - A
(Mateo 5,38-48)
19 de febrero 2017

José Antonio Pagola 




¡DATE TIEMPO... Y VERÁS!
Escrito por  Florentino Ulibarri

Date tiempo para amar,
para soñar,
para crear,
para trabajar,
para cambiar,
para acompañar... como Él

Y quizá así...
descubras el centro, eje y motor de la vida,
lleves tu carreta atada a las estrellas,
te sientas libre de normas y cadenas,
no esperes recompensa por tus obras buenas
y goces por estar hecho a su imagen y manera.

Date tiempo para estar,
para mirar acá y allá,
para reír,
para compartir,
para perdonar,
para amar como Él.

Y quizá así...
disfrutes de su presencia,
valores el ocio y la fiesta,
aprecies el regalo de la creación entera,
disfrutes de rostros y sonrisas,
y veas que no te falta nada .

Date tiempo para la amistad,
para abrazar,
para acariciar,
para buscar,
para rezar,
para sembrarte... como Él.

Y quizá así...
tejas tapices perennes de hermosos colores,
crezca la paz y la ternura en tu corazón,
sepas por qué tienes entrañas, dedos y piel,
te sorprendas de las maravillas que no brillan,
y crezca la cosecha que necesitas.

Date tiempo para recibir,
para regalar,
para vivir,
para darte,
para hablar... como Él.

Y quizá así...
entres en el reino de la gratuidad,
construyas una gran fraternidad,
llegues a ser como él te quiere,
te enriquezcas hasta desbordar,
y percibas que Él siempre está dentro de ti.

¡Date tiempo, ...y verás!

Florentino Ulibarri



EL OTRO LLEGA A TI COMO OLA
Escrito por  Fray Marcos
Mt 5, 38-48

Sigue Mt en el sermón del monte, con la intención de armonizar el AT con la predicación de Jesús. Ante la lectura de este evangelio, uno se queda sin aliento. “No hagáis frente al que os agravia”. “Ama a tu enemigo y reza por él”. “Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto”. Si repaso detenidamente estas exigencias, descubriré lo que me falta para cumplirlas como nos pide Jesús. Tal vez Nietzschetenía más razón de lo que pensamos, cuando decía: "Sólo hubo un cristiano y ese murió en la cruz."

Sinceramente creo que la verdadera dimensión cristiana está aún por inaugurar. Hemos construido miles de templos; hemos llevado la cruz a todos los rincones del orbe; hemos elaborado sumas teológicas como para parar un tren; hemos creado leyes que regulan todos los ámbitos de nuestra existencia; pero el único principio esencialmente cristiano está olvidado y sin repercusión alguna en nuestra vida.

Está mandado: “ojo por ojo y diente por diente" Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. El ‘ojo por ojo’, fue un intento de superar el instinto de venganza que nos lleva a hacer el máximo daño posible al que me ha hecho algún daño. Tenemos asumido que la meta es la justicia, identificada con el ojo por ojo. Creo que la racionalidad y el jurisdicismo occidental nos impiden la comprensión del mensaje cristiano.

Reclamamos justicia, pero si examinamos esa justicia que exigimos, descubriremos con horror, que lo que intentamos todos, es hacer de la justicia un instrumento de venganza. Se utilizan las leyes para hacer todo el daño que se pueda al enemigo; eso sí, dentro de la legalidad y amparados por la sociedad. Los buenos abogados son aquellos que son capaces de ganar los pleitos cuando la razón está de parte del contrario.

Las frases tan concisas y profundas pueden entenderse mal. No nos dice Jesús que no debamos hacer frente a la injusticia. Contra la injusticia hay que luchar con todas la fuerzas. Tenemos obligación de defendernos cuando nos afecta personalmente, pero sobre todo, tenemos la obligación de defender a los demás de toda clase de injusticia. Lo que nos pide el evangelio es, que nunca debemos eliminar la injusticia con violencia.

Si utilizamos la violencia para eliminar una injusticia, estamos manifestando nuestra incapacidad de eliminarla humanamente. No convenceré al injusto si me empeño en demostrarle que me hace daño a mí o a otro. Pero si soy capaz de demostrarle que con su actitud se esta haciendo un daño irreparable a sí mismo, sin duda cambiaría de actitud.

Habéis oído que se dijo: “amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo" Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos. Hay que aclarar que para ellos el prójimo era el que pertenecía a su pueblo, a su raza, a su familia. El “enemigo” era siempre el extranjero, que atentaba real o potencialmente contra la seguridad el pueblo. Para poder subsistir, no tenían más remedio que defenderse de las agresiones. Jesús da un salto de gigante y podemos apreciar que la diferencia entre ambas propuestas es abismal.

¿Por qué tengo que amar al que me está haciendo la puñeta? El camino para la comprensión de esta norma, es largo y muy penoso. Tenemos que llegar a él, a través de un proceso de maduración, en el que debemos tomar conciencia de que todos somos una sola cosa, y que en realidad, no hay enemigo. En el fondo, el amor al enemigo no es más que una manifestación del verdadero amor, que por ir en contra del instinto de conservación, se ha convertido en la verdadera prueba de fuego del AMOR.

La dificultad mayor para comprender este amor, está en que confundimos amor con sentimiento. El amor evangélico no es instinto ni sentimiento. Por lo tanto no podemos espera que sea algo espontáneo. El verdadero amor, sea al enemigo o a un hijo, no es el instinto que nace de mi ser biológico. El amor de que estamos hablando es algo mucho más profundo y humano. Ni siquiera nuestra razón nos puede llevar a ese nivel.

Enemigo es el que tiene una actitud de animadversión, no el que la sufre. El enemigo no tiene por qué obtener una respuesta de la misma categoría que su acción. Alguien puede considerarse enemigo mío, pero yo puedo mantenerme sin ninguna agresividad hacia él. En ese caso, yo no convierto en enemigo al que me ataca. Si le constituyo en enemigo, he destrozado toda posibilidad de poder amarle.

Un ejemplo puede aclarar lo que quiero decir. En el mar siempre habrá olas, de mayor o menor tamaño, pero siempre estarán ahí. Al llegar al litoral, la misma ola puede encontrar la roca o puede encontrarse con la arena. ¡Qué diferencia! Contra la roca estalla en mil pedazos. Con la arena se encuentra suavemente y de manera imperceptible. Incluso si la ola es muy potente, en la arena rompe sobre sí misma y pierde su fiereza.

¿Necesitas explicación? Pues voy a dártela. Los enemigos van a estar siempre ahí. Pero la manera de encontrarte con ellos dependerá siempre de ti. Si eres roca el encuentro se manifestará estruendosamente y ambos se dañarán. Si eres playa todo su potencial queda anulado y llegara hasta ti con la mayor suavidad. Un detalle, la roca y la arena, están hechas de la misma materia, solo cambia su aspecto exterior.

Así seréis hijos de vuestro Padre… Aquí encontramos una de las mejores muestras de lo que se entendía por hijo en tiempo de Jesús. Hijo era el que salía al padre, el que era capaz de imitarle en todo. Viendo al hijo, uno podía adivinar quién era su padre. También podemos descubrir la idea de Dios que tenía Jesús. Un Dios que ama a todos por igual porque su amor no es la respuesta a unas actitudes o unas acciones sino anterior a toda acción humana. Dios me ama no porque yo sea bueno sino porque él es bueno.

En contra de lo que se nos ha repetido hasta la saciedad, Dios no ama a los buenos, sino que Él ama infinitamente a todos. De la misma manera, el amor que yo tengo a los demás, no puede estar originado ni condicionado por lo que el otro es o tiene, sino por la calidad de mi propio ser. El amor no es respuesta a las actuaciones o cualidades de un ser; su origen tiene que estar en mí, y solo afecta al otro como objetivo, como meta.

Si somos incapaces de amar al enemigo, podemos tener la certeza de que todo lo que nosotros hemos llamado amor, no tiene nada que ver con el evangelio, y por lo tanto del amor que nos ha exigido Jesús. El evangelio no es ciencia ni filosofía ni moral ni teología ni religión. El evangelio es un lenguaje vitalista. El evangelio no está encaminado a enriquecer la inteligencia sino a encauzar la vida.

Meditación-contemplación

No pretendas ir a nadie como ola agresiva.
Pero al que venga hacia ti con violencia,
acógele con suavidad y quedará frustrado en su actitud.

No se te ocurra intentar amar a otra persona,
si te acercas a ella considerándola enemiga.
Descubre, más bien, que no tienes ningún enemigo,
porque eso depende exclusivamente de ti.

Fray Marcos


DE LA VENGANZA AL AMOR
Escrito por  José Luis Sicre

El domingo pasado vimos dos recursos de Jesús para combatir el legalismo de los escribas: llevar la ley a sus últimas consecuencias (asesinato, adulterio) y anular la ley en vigor (divorcio, juramento).  El evangelio de este domingo termina de tratar el tema añadiendo un nuevo recurso: cambiar la norma por otra nueva. Lo hace hablando de la venganza y de la relación con el prójimo.

Generosidad frente a venganza
El quinto caso toma como punto de partida la ley del talión («ojo por ojo, diente por diente»). Esta ley no es tan cruel como a veces se piensa. Intenta poner freno a la crueldad de Lamec, que anuncia: «Por un cardenal mataré a un hombre, a un joven por una cicatriz» (Génesis 4,23). Frente a la idea de la venganza incontrolada (muerte por cicatriz) la ley del talión pretende que la venganza no vaya más allá de la ofensa (ojo por ojo). De todos modos, sigue dominando la idea de que es lícito vengarse.

En Las Coéforas de Esquilo se advierte el valor universal de esta idea. Después del asesinato de su padre, Electra pregunta al Coro qué debe pedir, y éste le responde:
− Que un dios o un mortal venga sobre ellos...
− ¿Cómo juez o como vengador?
− Di simplemente, “alguien que devuelva muerte por muerte”.
− Pero, ¿crees tú que los dioses encontrarán santo y justo mi ruego?
− ¿Acaso no es santo y justo devolver a un enemigo mal por mal?

Jesús no acepta esta actitud en sus discípulos. No sólo no deben enfrentarse al que lo ofende, sino que deben adoptar siempre una postura de entrega y generosidad. Para expresarlo, recu­rre a cinco casos concretos. ¿Cómo debes comportarte con quien te abofetea, te pone pleito para quitarte la túnica, te fuerza a caminar una milla (quizá se refiera a los soldados romanos, que podían obligar a los judíos a llevarles su impedimenta esa distancia), te pide, o te pide prestado? Basta hacerse cada una de estas preguntas, pensando cómo responderíamos nosotros, para advertir la enorme diferencia con las respuestas de Jesús.

De todos modos, lo que dice no debemos interpretarlo al pie de letra, porque terminaría amargándonos la existencia. El mismo Jesús, cuando lo abofetearon, no puso la otra mejilla; preguntó por qué lo hacían. Lo importante es analizar nuestra actitud global ante el prójimo, si nos movemos en un espíritu de venganza, de rencor, de regatear al máximo nuestra ayuda, o si actuamos con generosidad y entrega. 

Amor al enemigo
El último caso parte de una ley escrita («amarás a tu prójimo»: Levítico 19,18) y de una norma no escrita, pero muy practicada («odiarás a tu enemigo»).

Es ciertos que el libro del Éxodo contiene dos leyes que hablan de portarse bien con el enemigo: «Cuando encuentres extraviados el toro o el asno de tu enemigo, se los llevarás a su dueño. Cuando veas al asno de tu adversario caído bajo la carga, no pases de largo; préstale ayuda» (Ex 23,4-5). Pero es curioso cómo se cambia esta ley en una etapa posterior: «Si ves extraviados al buey o a la oveja de tu hermano, no te desentiendas: se los devolverás a tu hermano. Si ves el asno o el buey de tu hermano caídos en el camino, no te desentiendas, ayúdalos a levantarse» (Dt 22,1.4). La obligación no es ahora con el enemigo y el adversario, sino con el hermano (en sentido amplio). Alguno dirá que, para el Deuteronomio no hay enemigos, todos son hermanos. Pero es una interpretación demasiado benévola.

El evangelio es muy realista: los seguidores de Jesús tienen enemigos. Sus palabras hacen pensar en las persecuciones que sufrían las primeras comunidades cristianas, odiadas y calumniadas por haberse separado del pueblo de Israel; y en la que sufren tantas comunidades actuales en África y Asia. Frente a la rabia y el odio que se puede experimentar en esas ocasiones, Jesús exhorta a no guardar rencor; más aún, a perdonar y rezar por los perseguidores.

Lo que pide es tan duro que debe justificarlo. Lo hace contraponiendo dos ejemplos: el de Dios Padre, el ser más querido para un israelita, y el de los recaudadores de impuestos y paganos, dos de los grupos más odiados. ¿A quién de ellos deseamos parecernos? ¿Al Padre que concede sus bienes (el sol y la lluvia) a todos los seres humanos, prescindiendo de que sean buenos o malos, de que se porten bien o mal con él? ¿O preferimos parecernos a quienes sólo aman a los que los aman?

No se trata de elegir lo que uno prefiera. El cristiano está obligado a «ser bueno del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo».

Primera lectura (Levítico 19, 1-2.17-18)
La idea de imitar al Dios bueno y santo portándonos bien con el prójimo es el tema de la primera lectura. La formulación es muy interesante, alternando prohibiciones y mandatos. Prohíbe odiar, manda reprender, prohíbe vengarse, manda amar. De ese modo, prohibiciones y mandatos se complementan y comentan. No odiar de corazón significa, en la práctica, no vengarse ni guardar rencor. Reprender es una forma de amar; de hecho, lo más cómodo y fácil ante los fallos ajenos es callarse y criticarlos por la espalda; para reprender cristianamente hace falta mucho amor y mucha humildad.

José Luis Sicre



LA ANTIGUA Y LA NUEVA LEY
Escrito por  José Enrique Galarreta
Mt 5, 38-48

Ante todo, es clara la presentación de los textos paralelos del Antiguo y Nuevo Testamento. El tema de la progresión desde el Talión al amor al prójimo es una hermosa muestra de la revelación progresiva. El "ojo por ojo, diente por diente" es la antiquísima fórmula de la justicia de Israel para prohibir el exceso en la venganza y la venganza misma. Encontramos tres formulaciones, en el Exodo 21, Levítico 24 y Deuteronomio 19.

Igualmente significativa es la diferenciación en el trato a los "próximos" - los parientes y allegados - y los "enemigos". A tu "prójimo", le debes amor, como a ti mismo. A tu enemigo, no. (La formulación "odiarás" - que no se encuentra en ninguna parte en la Escritura, es simplemente una fórmula de oposición a "amarás" ).

En todas ellas encontramos el mismo mensaje, y prácticamente el mismo contexto y la misma formulación: regulación de la venganza por medio de los tribunales y castigo equivalente a la culpa.

Una vez más, encontramos la postura de Jesús como culminación que supera ampliamente la Antigua ley. Y, una vez más, no se trata de preceptos que miden el comportamiento. Se trata de una postura interior ante los demás, que formularíamos mejor así : "No hay enemigos".

Esta línea se expresa muy bien en todo el NT., y podríamos pensar en dos "puntos culminantes".

La parábola del buen Samaritano.
La pregunta es "¿quién es mi prójimo?", es decir, ¿hasta dónde se extiende mi obligación?. Y la respuesta es: Tú eres un hermano para todos.

"Perdónales, porque no saben lo que hacen".
La "Primera Palabra" de Cristo, al ser crucificado. Jesús no se siente ofendido por los que le clavan. Sigue deseando y pidiendo su salvación.

En resumen, y abundando una vez más en el mismo tema: La Antigua Ley es Ley: un conjunto de preceptos dados por el Señor para la salvación del hombre. Y es perfectamente válida, para siempre, aunque en su formulación Israel a veces se muestra muy primitivo e imperfecto. La Ley garantiza un tanto el orden social. Pero no puede curar las enfermedades morales de los humanos. La Ley supone y admite que hay buenos y malos, y reprime a los malos para que no hagan daño a los buenos. Pero no sana la maldad del corazón

Lo de Jesús no es Ley, es Buena Noticia.
Es un modo de comportamiento, un talante. Ya lo indicamos el domingo pasado. El Sermón del Monte no es Ley, es Evangelio, el modo de ser de los de Jesús, el modo de ser, de vivir, de entender la vida, de relacionarse con Dios y con los hombres...

Porque se preocupa de la salud de todos, intenta sanar lo malo de cada corazón. Es la diferencia fundamental entre lo de Jesús y lo anterior, basada en el cambio de Dios: el Señor poderoso legislador y juez se preocupa del orden y reprime el mal. Abbá está preocupado por cada uno de sus hijos, más aún por los más equivocados.

Yo soy el Señor - seréis hijos de vuestro Padre.

Los preceptos de la Antigua Ley se basaban en "Yo soy el Señor". La Novedad de Jesús es: "eres hijo, n o te conformes con menos".

Con Jesús, las cosas quedan claras. En los sinópticos aparecen frecuentemente resabios, restos, de la vieja mentalidad de premio-castigo. Incluso en este fragmento de Mateo aparece "¿qué premio tendréis...?", y en otros muchos aparece "tu recompensa será grande en el cielo...".

Pero estas afirmaciones primitivas, que aún duran ( ¿cómo no van a durar entonces si las usamos aún hoy, veinte siglos después?...) quedan desplazadas y sin sentido ante la motivación fundamental de los Hijos.

Así seréis hijos de vuestro Padre
Sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre.
Este es el motivo último. Todo el sermón del monte se entiende desde aquí, y sin esto no se entiende nada. El primer mensaje, la Gran Noticia es decirle al hombre quién es ("eres un hijo de Dios"), decirle quién es su Padre ("el Todopoderoso es tu Abbá"), y decirle qué quiere el Padre (" Dios salvador, tú eres la sal").

A partir de aquí, se entiende que el código de valores de los Hijos, de los del Reino, ya no sea el mismo. Ni siquiera la justicia es suficiente.

¿Considera una madre si tiene obligación de perder la noche junto a su hijo enfermo? ¿Qué premio pide por ello?. Si le preguntamos por qué lo hace no dirá más que una razón : "Es mi hijo".
Los Hijos se portan así, como dice Jesús en el sermón del monte
no porque sea su obligación no porque esperen ningún premio ni teman ningún castigo sino porque son hijos, y lo saben.
"Sed perfectos" no es tampoco un mandato, una ley moral, un código de perfección. Se trata de la culminación de la Buena Noticia, es como decir:
Puesto que eres hijo de Dios
y conoces a tu Padre
no puedes conformarte con nada menos que con Dios.

S A L M O  1 0 2
Bendice, alma mía, al Señor
desde el fondo de mi ser, su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
no olvides ninguno de sus beneficios.
El, que perdona todas tus ofensas
que te cura de toda enfermedad
que rescata tu vida de la fosa
que te corona de amor y de ternura
que sacia de bienes tus años
y te hace ser más joven cada día.

El Señor es ternura y piedad
lento a la cólera y lleno de amor.
No va hasta el fin su querella
no dura su enfado para siempre.
No nos trata según nuestros pecados
no nos responde según nuestras ofensas.

Como la altura de los cielos sobre la tierra
se levanta el poder de su amor.
Como dista el oriente del ocaso
aleja de nosotros nuestros pecados.

¡El hombre! Sus días son como la hierba
florece como flor de los campos.
En cuanto sopla el viento, ya no existe
y nadie conocerá su lugar.
Pero el amor del Señor por los suyos
es desde siempre y para siempre.

Bendecid al Señor, todos sus ángeles,
héroes poderosos, portadores de su voz
atentos al son de su Palabra.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todos los lugares de su imperio.

¡Alma mía, bendice al Señor!

José Enrique Galarreta