jueves, 23 de febrero de 2017

José Antonio Pagola - NO A LA IDOLATRÍA DEL DINERO


José Antonio Pagola - NO A LA IDOLATRÍA DEL DINERO

El Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo para construir ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.

La lógica de Jesús es aplastante: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.

Es sorprendente lo que está sucediendo con el papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la humanidad: «No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata».

Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.

«No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en medio de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad».

Vivimos «en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano». Como consecuencia, «mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz».

«La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera».

Cuando le han acusado de comunista, el papa ha respondido de manera rotunda: «Este mensaje no es marxismo, sino Evangelio puro» Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el papa: «Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros y ya no lloramos ante el drama de los demás».

8 Tiempo ordinario - A
(Mateo 6,24-34)
26 de febrero 2017

José Antonio Pagola 
buenasnoticias@ppc-editorial.com




ENTRE LA PROVIDENCIA Y LA INQUIETUD DE CADA DÍA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Sé que la vida vale más que el alimento
aunque éste tenga lábel y sea exquisito;
y que el vestido, a pesar de modas y modistos,
es sólo complemento de nuestro cuerpo.

Sé que los lirios del campo no hilan
y son hermosos y dignos de elogio;
y que la hierba, aun siendo tanta y tan barata,
tiene un color que enamora y descansa.

Sé que los pájaros ni siembran ni siegan
ni almacenan en las estaciones buenas,
y, sin embargo, no les falta el alimento
ni otras cosas para sus cantos y fiestas.

Sé que Salomón fue un hito de grandeza.
y que otros reyes y señores siguen sus pasos,
pero ninguno gana en colorido y belleza
a las flores que surgen en praderas y campos.

Sé que para ti soy valiosa y única
pues llevo tu aliento y seña en mis entrañas,
pero no comprendo tu evangelio
y termino rota y volviendo cada día a tu fragua.

Sé que por mucho que me preocupe
no logro añadir un palmo a mi estatura
ni una hora al tiempo de mi vida,
y sigo tropezando en la misma piedra.

Sé que nadie puede estar al servicio de dos amos
que quieren corazones enteros,
por eso nos inventamos el divorcio
y los compromisos no duraderos.

Sé que en toda historia, al final, pugnas
Tú con el dinero, y no puede haber acuerdo,
pues ambos tenéis intereses opuestos
y queréis que seamos vuestros.

Sé que no hay que preocuparse por el mañana,
pues a cada día le basta su propio afán.
Sé que Tú eres el sereno de mis noches y días,
Y a pesar de todo hay días que duermo mal.

Yo, que deseo y busco lo esencial,
a veces me siento desorientado y perdido
en este mundo en el que vivo
y que solo me ofrece señales de ello.

Por eso, a pesar del consejo evangélico,
me preocupo, agobio y y rebelo,
y solo descanso y me entrego a tus brazos
cuando me has vencido y pones en tu regazo.

Florentino Ulibarri



SÉ CIGARRA Y HORMIGA A LA VEZ, TRABAJA Y CANTA
Escrito por  Fray Marcos
Mt 6, 24-34

Es muy probable que esta idea de vivir sin preocupaciones por el mañana, surgiera en la primera comunidad como consecuencia de una convicción de la inmediata llegada del fin. Si la parusía iba a llegar hoy, no tenía mucho sentido preocuparse por el mañana. Este ambiente parece que fue generalizado, pero debió durar muy poco, porque Pablo ya decía a una comunidad (2 Tes 3,10) “el que no trabaja, que no coma”.

Lo que nos pide Jesús es un equilibrio entre lo material y lo espiritual, muy difícil de conseguir. Se puede pecar por los dos extremos. Podemos estar volcados sobre lo material buscando solo asegurar la vida biológica y olvidarnos de que somos mucho más que simple biología. O por otra parte, despreocuparnos completamente de procurar lo que es imprescindible para la vida, que tengo obligación de mantener.

No puede pedirnos que nos despreocupemos de las cosas materiales sino que no nos agobiemos por satisfacer esas necesidades. Tenemos obligación de procurar lo necesario para la vida, pero sin poner el objetivo de la existencia en ello. Comer para vivir y no vivir para comer. Es decir, preocuparme por satisfacer las necesidades de mi cuerpo, pero no quedarme simplemente en eso, sino buscar mi plenitud como persona.

Debemos tomar conciencia, como Jesús, de que las exigencias de mi verdadero ser están por delante de todas las exigencias biológicas y psicológicas. Mientras no descubra mi verdadero ser y sus exigencias, será inútil que me dedique a hacer programaciones extrañas o a renunciar artificialmente y violentándome, a lo que sigo pensando que es lo más importante para mí. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

El espectacular desarrollo del cerebro permite al hombre conseguir, con mayor facilidad que los animales, lo necesario para mantener la salud; de este modo, puede emplear tiempo y energías para desarrollar su humanidad. Este crecimiento espiritual es su verdadero objetivo. Si olvida esta posibilidad y se encierra en su animalidad, por mucho placer que pueda proporcionarle, se quedará sin alcanzar su verdadera meta.

Una vez que me he acostumbrado a buscar el placer sensorial, cada vez que prive a un sentido o instinto de ese placer, el organismo responderá causando dolor. Superar ese dolor es imprescindible si quiero llegar a una plenitud humana. La única manera de superarlo es tener claro cual es mi verdadero objetivo y descubrir las ventajas de ese esfuerzo que me traerá otra clase de satisfacciones mucho más profundas y humanas.

No podéis servir a Dios y al dinero. “Mammona” era el dios dinero. Se trata de un servicio de adoración y sumisión. No está haciendo la comparación de una cosa y Dios, sino la contraposición entre dos dioses. La traducción que mejor reflejaría el texto griego podría ser: no podéis servir al dios Mammon y al verdadero Dios. No quiere decir que usar el dinero sea idolatría. Lo que nos destroza es convertirnos en esclavos del dinero.

Servir a Dios no significa machacarse en aras de un ser superior que me exige pleitesía y vasallaje. Así lo entendieron los humanos durante milenios. Se trata de llegar al máximo posible de mi plenitud. Dios no puede querer de mí nada para Él. No se trata de sacrificarse, sino de descubrir que es lo mejor para mí sin caer en la trampa de conformarme con una vida puramente animal, por placentera que sea.

Mirad las aves, mirad los lirios. Este lenguaje idílico puede despistarnos. La comparación está hecha desde la idea mítica de un dios, que influye puntualmente en todos los acontecimientos materiales. Hoy sabemos que Dios no nos va a dar de comer. No somos lirios. Tenemos obligación de “ocuparnos” de las necesidades que nuestra biología exige. No somos pájaros. Tenemos la obligación de buscarnos el sustento.

Hoy podemos darle un nuevo sentido al texto tomando conciencia de que la tierra produce alimento para todos. Si la comida no llega a todos, o es porque no se busca con ahínco o es porque alguno la acapara. En el caso del hombre tiene además la inteligencia necesaria para producirla, aunque también tiene el egoísmo de no dejar que llegue a los demás; o de no hacer lo necesario para que llegue a todos.

Con frecuencia se ha predicado una engañosa confianza en Dios, esperando de Él todo lo que necesitamos aún en los aspectos más peregrinos. De muchos santos se ha alabado esta confianza en Dios. Incluso se ha sugerido que esa era la auténtica confianza. El dejar en manos de Dios el satisfacer mis necesidades biológicas es una falta de responsabilidad, y si en alguna ocasión se ha interpretado que Dios accedía a esas necesidades, no es más que una mala interpretación de los acontecimientos.

No estéis agobiados pensando qué vais a comer o qué vais a vestir. Cinco veces se repite la palabra “agobio” en el texto. La importancia de este mensaje estriba en que, entre todas las necesidades biológicas, las más perentorias para un ser humano son la comida y el vestido. Si las necesidades urgentes no nos tienen que preocupar en exceso, mucho menos todas las restantes que no llegan a tener esa urgencia.

Buscar primero el Reino de Dios. El Reino no es nada externo que viene de fuera, ni nada que afecte a mi aspecto biológico. El Reino es Dios mismo como fundamento inquebrantable de mi ser. Todo lo demás no afecta a lo que realmente soy. Lo consiga o no lo consiga, mi verdadero yo no quedará afectado para nada. Aunque me falte la comida hasta morir de hambre, puedo seguir en mi plenitud de humanidad.

A cada día le basta su afán. Vivir el presente es la única manera de escapar a las tenazas del ego, siempre intentando hacernos ver que si no lo potenciamos quedaremos sin consistencia. Todos los agobios proceden del falso yo, que pretende acaparar la atención y no deja espacio para descubrir lo que somos realmente.

Dios ni es providente ni es tapa-agujeros. Dios está en todos, dejando a todos, ser. Dios no tiene posibilidad de hacer y deshacer el mundo material. Este mundo tiene sus propias leyes que unas veces son favorables y otras desfavorables para nuestra biología. Tenemos inteligencia para aprovecharnos de las favorables y para prever y defendernos de las desfavorables. Lo que tendríamos que lograr es una responsabilidad global para que todos pudieran comer y vestir para poder vivir.

Meditación-contemplación

Somos mucho más que lirios o gorriones.
Ellos colman su existencia desplegando su biología.
En nosotros la biología es necesaria, pero no es lo importante.
Si eres un ser humano, tu plenitud estará en lo humano.
Tienes que ocuparte y preocuparte de tu biología,
pero debes ir más allá de un perfecto estado biológico.
Lo espiritual sería imposible sin lo biológico.
Lo biológico cobra pleno sentido si se ordena a lo espiritual.

Fray Marcos



EVANGELIO PARA TIEMPO DE CRISIS: DEL AGOBIO A LA CONFIANZA
Escrito por  José Luis Sicre

Después de exponer la diferencia entre la actitud cristiana y la actitud legalista de los escribas (los dos domingos anteriores), el Sermón del Monte pasa a indicar la diferencia entre el cristiano y el fariseo con respecto a las obras de piedad (oración, limosna y ayuno). La liturgia ha omitido esta parte. Y también omite el comienzo de la tercera sección del discurso, donde se trata la diferencia entre el cristiano y el pagano con respecto a los bienes materiales.

La doble experiencia de que Jesús fue traicionado por dinero (Mt 26,14-16) y de que «la seducción de la riqueza ahoga la palabra de Dios y queda sin fruto» (Mt 13,22) hace que el primer evangelio trate con gran energía el tema de los bienes materiales, aunque sus expresiones resultan a veces demasiado concisas e incluso oscuras.

Siguiendo el hilo del discurso encontramos los siguientes temas: una exhortación inicial a poner el corazón en Dios, no en el dinero (Mt 6,19-21); una segunda exhortación a la generosidad (6,22-23); imposibilidad de compaginar el culto a Dios con el culto al dinero (6,24); exhortación a no agobiarse y a tener fe en la providencia (6,25-34).

La liturgia de este domingo se limita a los dos temas finales.
La gran alternativa
«Nadie puede estar al servicio de dos amos… No podéis servir a Dios y al dinero».

«No tendrás otros dioses frente a mí», ordena el primer mandamiento. «No podéis servir a Yahvé y a Baal», dice el profeta Elías a los israelitas en el monte Carmelo. La formulación tan parecida del evangelio demuestra que las palabras de Jesús se insertan en la línea de la lucha contra la idolatría. Al principio, los israelitas pensaban que los únicos rivales de Dios eran los dioses de los pueblos vecinos (Baal, Astarté, Marduk, etc.). Los profetas les hicieron caer en la cuenta de que los rivales de Dios pueden darse en cualquier terreno, incluido el económico. Para Jesús, la riqueza puede convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría.

Naturalmente, ninguno de nosotros va a un banco o una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los banqueros. Pero podemos estar cayendo en la idola­tría del dinero. Según la Biblia, al dinero se le da culto de tres formas:

1) Mediante la injusticia directa (robo, fraude, asesinato). El dinero se convierte en el bien absoluto, un dios por encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo.

2) Mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que no daña directamente al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de él (recordar la parábola del rico y Lázaro: Lc 16,19-31).

3) Mediante el agobio por los bienes de este mundo, que nos hace perder la fe en la Providencia. A este tema, fundamental para la mayoría de los cristianos, dedica san Mateo el apartado más extenso de esta sección del discurso.

Del agobio a la fe en la Providencia
Seis veces aparece en este breve párrafo el verbo «agobiarse». No habla Jesús de cualquier tipo de agobio, sino del provocado por las necesidades materiales de la comida y el vestido. En ambos casos hace referencia a imágenes cotidianas (Dios alimenta a los pájaros y viste espléndidamente a los lirios) para infundir fe en la Providencia. Pero en medio y al final incluye unas reflexiones más bien irónicas: «por más que te agobies no vas a vivir un año más», y «no te agobies, que ya se encargará la vida de agobiarte».

Algunos consideran este pasaje es el más utópico y alienante del evangelio, contrario a toda experiencia y al sentido común. Pero hay que ponerse en el punto de vista de Jesús, que se mueve en dos coordenadas muy distintas a las nuestras: una profunda fe en Dios y un despego absoluto con respecto a los bienes de este mundo. Al ponernos como modelos a los pájaros y a los lirios nos está hablando de seres que simplemente subsisten, no acumulan casas, fincas, joyas, tesoros. Para Jesús, basta con subsistir, con tener «el pan nuestro de cada día». Y está convencido de que Dios lo dará. (Los pobres, o las personas que han pasado en algunos momentos de su vida grandes necesida­des, entienden esto mucho mejor que los que se limitan a discutir el problema).

Por otra parte, este texto sobre la Providencia se puede entender muy bien aplicando la teoría marxista de los objetivos a corto y largo plazo. Según el marxismo, el objetivo importante es a largo plazo (la dictadura del proletariado); los objetivos a corto plazo (reivindicaciones salariales, aumento del nivel de vida, etc.) pueden convertirse en una trampa para la clase obrera, que terminaría aburguesada y le haría renunciar al objetivo primordial.

Jesús, con una perspectiva humana y religiosa, adopta la misma postura. Lo importante es «el reino de Dios y su justicia», esa sociedad perfecta que debemos anticipar los cristianos en la medida de lo posible. Dentro de ella no tienen cabida las desigualdades hirientes ni la injusticia, el que hermanos nuestros mueran de hambre o pasen terribles necesidades mientras a otros nos sobran cantidad de bienes. Pero, si nos preocupamos sólo de la comida y del vestido, de las necesidades primarias, renunciaremos a buscar el Reinado de Dios. En cambio, si nos esforzamos ante todo por el Reinado de Dios, «todo eso (la comida, el vestido) se os dará por añadidura».

Para evitar una concepción alienante de la Providencia es útil recordar cómo la entendió la Iglesia primiti­va:

En resumen, todo el mensaje de Jesús se sintetiza en dos princi­pios básicos: a) el valor relativo de los bienes terrenos en comparación con el valor supremo de Dios y de su reinado; b) el valor absoluto de la persona necesitada, que exige de nosotros una postura de generosidad.

El evangelio, para inculcar la fe en la Providencia habla de Dios como un padre que se preocupa de sus criaturas. La brevísima primera lectura usa una imagen más expresiva aún: Dios como madre, incapaz de olvidarse del hijo de sus entrañas.

José Luis Sicre



EL SERMÓN DEL MONTE
Escrito por  José Enrique Galarreta
Mt 6, 24-34

Una vez más, este párrafo es muy útil, además de por su mensaje, porque nos enseña a leer y a comprender el estilo de Jesús. El domingo pasado leíamos lo de poner la otra mejilla, conocemos lo del camello y la aguja, lo de filtrar mosquitos y tragar camellos, lo de cortarte la mano o sacarte el ojo ...

Y tantas otras imágenes usadas por Jesús para impactar al auditorio y grabar en su memoria un mensaje. Las exageraciones son la imagen, el envoltorio, que sirve para hacer llamativo el mensaje.

Es un buen ejemplo del estilo general del Sermón del Monte, conjunto de enseñanzas de Jesús agrupadas en un escenario convencional y bastante poco ordenadas (para nuestro gusto)

Teniendo todo esto en cuenta, el texto tiene tres partes:
1. Nadie puede servir a dos señores;... no podéis servir a Dios y al Dinero.
2. Las imágenes de los pájaros y los lirios.
3. Buscad primero el Reino y su justicia.

Está claro que la primera es un dicho de Jesús, perfectamente acorde con otras enseñanzas de Jesús sobre el dinero (parábola del rico necio, de Epulón y Lazaro...), mientras que la segunda y tercera hablan directamente de la exclusividad del reino, a base de las imágenes de los pájaros y los lirios.

No existe conexión entre la primera y las siguientes, sino que el redactor las ha situado así con el mismo criterio del resto del sermón, que a nosotros puede parecernos caótico.

Nosotros solemos sacar una conclusión acerca de los lirios y de los pájaros que me parece poco adecuada. Como si Dios pusiera a las flores y los pájaros como muestra de la Providencia de Dios, que cuida de todos los seres y les libra de preocupaciones. Es ésta una visión de la naturaleza romántica y de color rosa, bonita sólo para cuentos de niños.

Dios cuida de las flores, que se secan invariablemente como si nadie las cuidase. Dios cuida de los pájaros, que no tienen graneros pero se pasan la vida buscando desesperadamente su alimento, están a merced de los depredadores y están destinados, como todo ser vivo, a la muerte, quizá de hambre, quizá violenta.

No, estas frases no pueden referirse a la providencia, a la confianza en un Dios que se preocupa de nosotros aunque nosotros no trabajemos ni cuidemos de nuestra vida, de nuestra salud ...

Jesús no es un simplón providencialista que espera que le caiga el pan del cielo. Jesús fue un carpintero que se ganó la vida con su padre José trabajando durante treinta años, y, cuando recorría los caminos, vivía de lo que le daban, tenía en su grupo un administrador, Judas por cierto) que cuidaba de sus ingresos, y compraba las vituallas en los pueblos del camino (episodio de la samaritana).

Tampoco es verdad que Dios nos cuida y por tanto no nos pasará nada desagradable, como a veces parecen decir algunos salmos. Jesús morirá en la cruz y su Padre no lo salvará de ella.

El sentido de todo esto está en la ultima frase:" Buscad primero el Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura". Incluso me atrevería a decir que el sentido completo lo encontraríamos así: "Nadie puede servir a dos señores... Buscad primero su Reino y su justicia", y que los adornos providencialistas se deben a los contagios de Antiguo Testamento a los que nos tiene tan acostumbrados Mateo.

Jesús está hablando de preferencias, de cuál es el primero de nuestros valores. La palabra "valores" exige la palabra "escala". No se trata ante todo de qué cosas valoramos, sino de cuáles valoramos más que otras.

¿Qué valoramos más, la salud o la diversión, los hijos o ganar más dinero, la fidelidad o el beneficio....? Jesús usa la imagen de "servir a un amo", porque nuestros valores no son solamente (quizá ni principalmente) actos de voluntad, elecciones, sino sumisiones a una atracción, esclavitudes. Visto así, Jesús ve claramente que unas cosas nos atraen más que otras, y que entre el dinero o el reino nos sentimos mucho más atraídos por el dinero.

"No podéis servir a Dios y al Dinero". SERVIR, tener como dueño. Se está haciendo la contraposición de dos modo de vivir: para mí – para los otros. Esto se entiende bien con el viejo (y renovado por Jesús) precepto: amarás al prójimo COMO A TI MISMO. Porque se supone que cada uno se ama, busca su propio bien; de lo que se trata es de extender a los demás ese amor, y eso es servir a Dios, eso es el Reino, eso es poner ese valor como primero.

Lo primero, el Reino. Lo demás, después, sólo después. Entonces experimentaremos que el alimento, el vestido, la inmensa mayor parte de las cosas que nos preocupan tanto, tienen mucha menos importancia, y nos preocuparán mucho menos. Jesús no está diciendo que el alimento el vestido... no importan; está diciendo cuánto importan, está diciendo qué es lo primero, lo fundamental, y qué es "después, lo demás, la añadidura".

En definitiva, lo de Jesús es una nueva escala de valores: qué es antes y qué es después. Nosotros sin duda valoramos lo de Jesús, valoramos el Reino, pero ¿antes que todo lo demás?

Pero todo esto no debe llevarnos sin más a una espiritualidad de renuncia, como pretendieron muchas ascéticas que pensaban "huir del mundo" físicamente, como medio de seguir a Jesús. Lo nuestro no es huir sino hacer que todo sirva para el Reino.

El Reino no se construye huyendo del mundo sino haciéndolo todo con el espíritu de Jesús. No servimos a dos señores cuando compramos, alternamos, procreamos, disfrutamos... Eso mismo puede ser servir a Dios. La espiritualidad de renuncia, de huida es quizá la correcta para algunos, pero desde luego no para la mayoría.

"La añadidura". La añadidura es que si ordenamos todas las cosas para el Reino, esas mismas cosas cogen mejor sabor. Cuando las cosas se disfrutan y el único y absoluto fin es disfrutar, nos quedamos sin descubrir el disfrute mayor.

Aquí entra muy bien la parábola del tesoro, la de la sal: encontramos más sabor en todo cuando lo dirigimos al Reino que cuando buscamos simplemente disfrutar. El corazón del ser humano no se satisface con disfrutar sin más; esto lleva al hastío del sin sentido. El corazón del ser humano está hecho para más, y el Reino es precisamente ofrecer (y exigir) más.

No por casualidad las bienaventuranzas, el código básico de Jesús, no se formulan como leyes, ni como exigencias:

"seríais más felices si ...".
Parafraseando la última frase de nuestro texto: "Buscad primero el Reino y su justicia, y todo lo demás os sabrá mucho mejor"

PROFESIÓN DE FE EN EL REINO

Creo que son felices los que comparten,
los que viven con poco,
los que no viven esclavos de sus deseos.

Creo que son felices los que saben sufrir,
encuentran en Ti y en sus hermanos el consuelo
y saben dar consuelo a los que sufren.

Creo que son felices los que saben perdonar,
los que se dejan perdonar por sus hermanos,
los que viven con gozo tu perdón.

Creo que son felices los de corazón limpio,
los que ven lo mejor de los demás,
los que viven en sinceridad y en verdad.

Creo que son felices los que siembran la paz,
los que tratan a todos como a tus hijos,
los que siembran el respeto y la concordia.

Creo que son felices los que trabajan
por un mundo más justo y más santo,
y que son más felices
si tienen que sufrir por conseguirlo.

Creo que son felices los que no guardan en su granero
el trigo de esta vida que termina,
sino que lo siembran, sin medida,
para que dé fruto de Vida que no acaba.

Y creo todo esto porque creo
en Jesús de Nazaret, el Hijo,
el hombre lleno del Espíritu,
Jesucristo, el Señor.

José Enrique Galarreta



Eterno Señor de todas las cosas

Eterno Señor de todas las cosas,
siento tu mirada puesta en mí,
sé que tu Madre está aquí cerca
y que, en torno a ti, hay una multitud
de hombre y mujeres, de mártires y santos.
Si tú me ayudas,
quisiera ofrecerme a ti:
es mi determinación más firme y mi deseo
si Tú me aceptas,
proceder en este mundo como tú procediste.
Sé que viviste en una pequeña aldea,
sin comodidades, sin educación especial.
Sé que rechazaste el poder político.
Sé lo mucho que sufriste:
las autoridades te rechazaron,
los amigos te abandonaron.
pero, para mí, es algo maravilloso
Que me invites a seguirte de cerca.

adaptación de original de san Ignacio de Loyola