jueves, 24 de noviembre de 2016

José Antonio Pagola - CON LOS OJOS ABIERTOS


José Antonio Pagola - CON LOS OJOS ABIERTOS

Las primeras comunidades cristianas vivieron años muy difíciles. Perdidos en el vasto Imperio de Roma, en medio de conflictos y persecuciones, aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: «Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta».

¿Significan todavía algo para nosotros estas llamadas de Jesús a vivir despiertos?

¿Qué es hoy para los cristianos poner nuestra esperanza en Dios viviendo con los ojos abiertos?

¿Dejaremos que se agote definitivamente en nuestro mundo secular la esperanza en una última justicia de Dios para esa inmensa mayoría de víctimas inocentes que sufren sin culpa alguna?

Precisamente, la manera más fácil de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra propia salvación eterna mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo. Un día tendremos que reconocer nuestra ceguera ante Cristo Juez: ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Este será nuestro diálogo final con él si vivimos con los ojos cerrados.

Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida a los que sufren. La espiritualidad cristiana no consiste solo en una mirada hacia el interior, pues su corazón está atento a quienes viven abandonados a su suerte.

En las comunidades cristianas hemos de cuidar cada vez más que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia y el olvido de los pobres. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren diariamente de hambre. No nos está permitido alimentar nuestra ilusión de inocencia para defender nuestra tranquilidad.

Una esperanza en Dios que se olvida de los que viven en esta tierra sin poder esperar nada, ¿no puede ser considerada como una versión religiosa de un optimismo a toda costa, vivido sin lucidez ni responsabilidad? Una búsqueda de la propia salvación eterna de espaldas a los que sufren, ¿no puede ser acusada de ser un sutil «egoísmo alargado hacia el más allá»?

Probablemente, la poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo sea uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Cuando el papa Francisco reclama «una Iglesia más pobre y de los pobres», nos está gritando su mensaje más importante e interpelador a los cristianos de los países del bienestar.
1 Adviento - A
(Mateo 24,37-44)
27 de noviembre 2016

José Antonio Pagola 




ASÍ ES EL ADVIENTO QUE NECESITAMOS
Escrito por  Florentino Ulibarri

Como el viento que silba en plena noche,
como las luces que parpadean en el horizonte,
como el rocío que empapa la tierra de madrugada,
como el campo arado para acoger la simiente...

Como los resoles de mediodía que mantienen la vida,
como los relojes con sus horas y notas musicales,
como los visillos que desvelan y esconden interioridades,
como los atardeceres que se cuelan por ventanas y rendijas...

Como el silencio de la naturaleza que duerme y crece,
como los oteros que se yerguen siempre inmutables,
como los manantiales que crean corrientes y fuentes,
como los árboles que muestran sus yemas humildemente...

Como la semilla que cae, muere y renace,
como las estrellas que tiemblan y lucen,
como las sendas y caminos llenos de cruces y señales,
como la vida siempre a la intemperie...

Mensajeros que van y vienen,
vigías apostados en almenas y torres,
profetas cargados de promesas,
peregrinos en busca de destino...

Los sueños desbocados de nuestras ilusiones,
las esperanzas de los que nada tienen,
los surcos del Espíritu hechos historia,
Dios bailando en nuestro vientre...

Así es el Adviento que necesitamos
y que se nos ofrece gratis cada instante.





NI LAMENTAR EL PASADO NI ESPERAR NADA DEL FUTURO
Escrito por  Fray Marcos
Mt 24, 37-42

Hoy, comenzamos un nuevo año litúrgico. El tiempo de adviento se caracteriza por su complicada estructura. Por una parte recordamos el largísimo tiempo de adviento que precedió a la venida del Mesías. Esta es la causa de que encontremos en el AT tantos textos bellísimos sobre el tema. Fue un tiempo de sucesivas expectativas, porque las promesas nunca terminaban de cumplirse. Esas esperanzas eran claramente equivocadas, porque suponían una intervención directa, externa y puntual de Dios a favor de un pueblo. Todas las lecturas del AT van en este sentido y pueden despistarnos.

Por otra parte, tenemos la aparición histórica de Jesús. Aunque no sabemos ni el día ni el año de su nacimiento, se trata del punto de partida imprescindible para comprender nuestras expectativas como cristianos. Jesús hizo presente el Reino de Dios en su persona, a través de su trayectoria humana. La primera e imprescindible referencia para nosotros, es su vida terrena, porque es en su vida donde hizo presente el amor y desterró el odio. La preocupación por el “Jesús histórico”, que se ha despertado en nuestro tiempo con tanta fuerza, es el punto de partida para todo lo que podemos decir de Jesús teológicamente.

Jesús no sólo hizo presente el Reino, sino que hizo una propuesta a todos los hombres de todas las naciones, de todas las culturas, de todas las religiones. Se trata de una oferta de salvación definitiva para el hombre. Él quiso indicar, a todos los seres humanos, el camino de la verdadera salvación. Celebrar el adviento hoy sería tomar conciencia de esta propuesta de salvación y prepararnos para hacerla realidad. Esa posibilidad de plenitud humana, debe ser nuestra verdadera preocupación. Ebeling dijo: lo más real de lo real no es la realidad misma, sino sus posibilidades. Jesús, viviendo a tope una vida humana, desplegó todas sus posibilidades de ser y propuso esa misma meta a todos.

Hay otro aspecto del adviento que es necesario tener muy claro. Al constatar, siglo tras siglo en la historia de Israel, que las expectativas no se cumplían, se fue retrasando el momento de su ejecución, hasta que se llegó a colocarlo en el final de los tiempos. Surgió así la escatología, un genero literario que nos dice muy poco hoy día. Es sorprendente que ni siquiera la venida de Jesús se consideró definitiva para los cristianos. Es la mejor prueba de que la salvación que él propuso no nos convence. Por eso los cristianos sintieron la necesidad de una segunda venida, que sí traería la salvación que todos esperamos.

Armonizar estas perspectivas es muy complicado para nosotros hoy. El tiempo anterior a Jesús, la vida terrena de Jesús, nuestra propia realidad histórica y el hipotético futuro escatológico nos puede llevar a una dispersión que convierta el adviento en un batiburrillo que nos impida enfocar bien su celebración. Creo que lo más urgente para nosotros hoy, es centrarnos en hacer nuestro el mensaje de Jesús y vivir esa posibilidad de plenitud que él vivió y nos propuso. Partiendo de su vida, debemos tratar de dar sentido a la nuestra.

La visión de Isaías en la primera lectura, está muy lejos de ser una realidad. Es la utopía que puede mantenernos firmes dentro de una realidad que sigue siendo sangrante. La realidad no debe eliminar la esperanza de un mundo más humano. Debemos aferrarnos a la utopía de que otro mundo es posible. La esperanza se funda en que Dios no nos puede abandonar ni retirar la oferta de esa plenitud. Esa esperanza, a la que nos invitan las lecturas, no es de futuro sino de presente. La percibimos como de futuro, porque todavía no hemos hecho nuestras todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance.

Pablo nos repite que ya va siendo hora de espabilarse, pero seguimos portándonos como verdaderos insensatos. Seguimos caminando en una dirección equivo­cada. Las advertencias que hace Pablo a los romanos, son las mismas que tendríamos que hacer hoy: nada de comilonas y borracheras, lujuria y desenfre­no, riñas y pendencias. El excesivo cuidado de nuestro cuerpo, fomentará los malos deseos. El hedonismo que pretende el placer inmediato, terminará por aniquilar nuestro verdadero ser.              

El evangelio nos invita a estar vigilantes. Estar despiertos es la condición mínima para desarrollar nuestra humanidad. Creo que estamos bien despiertos para todo lo terreno y material. Esa excesiva preocupación por lo material, es lo que la Escrita llama “estar dormido”. Hoy empezamos el Adviento, preparación para la Navidad, pero los grandes almacenes, y todos los medios de comunicación ya hace casi un mes que han empezado su preparación. Menos de un 15 % de nuestra sociedad escuchará unos minutos cada domingo el anuncio de que Jesús nace, frente a las muchísimas horas que va a soportar la propaganda consumista. ¿Será suficiente para contrarrestar su efecto devastador?

Crecer en la parte verdaderamente humana de nuestro ser, exige esfuerzo y dedicación. Alagar la parte instintiva es mucho más fácil que espolear el espíritu. Los emperadores romanos ofrecían pan y circo a las masas para que no exigieran otras cosas. Hoy la oferta tranquilizante es fútbol y tele. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha caído también en la trampa de una salvación acomodada a las apetencias de la mayoría, ofreciendo al hombre la eliminación del dolor, el pecado, la muerte. Como eso es imposible aquí y ahora, porque son inherentes a nuestra naturaleza, se ha proyectado la salvación para un más allá. No, Dios quiere la plenitud para todos, aquí y ahora, mientras aún somos humanos.

Adviento no es solo la preparación para celebrar dignamente un acontecimiento que se produjo hace más de veinte siglos. El adviento debe ser un tiempo de reflexión profunda, que me lleve a ver más claro el sentido que debo dar a toda mi existencia. No hay tiempos más propicios que otros para afrontar un tema determinado. Soy yo el que tengo que acotar el tiempo que debo dedicar a los asuntos que más me interesan. Y lo que más me debía interesar, tal como nos lo advierte la liturgia, es mi verdadero ser, no mi falso ser.

Dios está viniendo en todo instante, pero solo el que está verdaderamente despierto se dará cuenta de esa presencia. Si no descubro esa presencia, mi vida puede transcurrir sin enterarme de la mayor riqueza que está a mi alcance. Dios no tiene que venir en ningún momento ni de ninguna parte, porque es la base y fundamento de mi ser y si se separara de mí un solo instante, mi ser volvería a la nada. Lo que llamamos Dios está en mí como fundamento aunque yo no descubra su presencia. Pero como ser humano, mi más alta posibilidad de plenitud consiste precisamente en descubrir y vivir conscientemente esa realidad. Dios está en todo, pero solo el hombre puede ser consciente de esa presencia.

No tengo que esperar tiempos mejores para poder realizar mi proyecto humano. Si tengo que esperar a que Dios cambie algo o cambien los demás para encontrar mi salvación, no he descubierto lo que soy ni lo que es Dios. La salvación que Jesús propuso, no está condicionada por circunstancias externas. Aún en las situaciones más adversas, está siempre a nuestro alcance. En cualquier momento puedo hacer mía esa salvación. En cualquier instante de mi vida puedo descubrir la plenitud. Si no soy capaz de descubrir mi salvación en esta situación en que hoy me encuentro, no seré capaz de descubrirla nunca.

El error en el que estamos instalados, es esperar que esa salvación venga de fuera en un próximo futuro. Dios no tiene futuro y esta viniendo siempre y desde dentro. Aquí puede que esté la clave para cambiar nuestra mentalidad. Pero preferimos seguir pensando en el Dios todopoderoso que actúa a capricho y desde fuera. De esa manera no hay forma de hacer nuestro el Reino de Dios que está ya dentro de nosotros. Hoy el evangelio nos advierte: si el encuentro no se produce es porque seguimos dormidos.

Meditación-contemplación

“Daos cuenta del momento en que vivís”.
Se trata de despertar, de tomar conciencia de las posibilidades.
Soy un ser humano, no simple biología.
Mi meta, mi plenitud está más allá de toda materialidad.
...............

“Comían, bebían, se casaban...” ¿Qué hay de malo en ellos?
Lo único malo es poner el objetivo de tu vida en comilonas y borracheras.
Ni siquiera es preciso hacer daño a otros para impedir la plenitud.
El fallo está en vivir enredado en las cosas de este mundo.
..................

“¡Caminemos a la luz del Señor!”
Aún desde las tinieblas, podemos vislumbrar la luz.
La muerte no es la noche hacia la que encamino mientras vivo.
Al contrario, desde la noche nos encaminamos hacia el día.
.................

Fray Marcos





ALÉGRATE, JERUSALÉN, PORQUE LLEGA TU LUZ
Escrito por  José Enrique Galarreta, SJ. (qepd)
Mt 24, 37-44

Estamos en el final de la vida de Jesús, en la última semana. Jesús se está enfrentando a los sacerdotes, a los jefes del pueblo y a los doctores. Va a ser rechazado. La palabra de Jesús se hace radical.

Quiere hacer ver a todos la importancia del momento que están viviendo. Están ante la luz, y van a preferir las tinieblas. Después de este texto vienen cuatro parábolas dramáticas: el mayordomo infiel, las diez vírgenes, los talentos, y el juicio final. Y todo con un mensaje apremiante: si no recibís la Palabra de Dios, os estáis perdiendo vuestra gran oportunidad.

Del tema de aquel momento, Mateo se proyecta al tema más amplio: la consumación, el final de la vida del hombre y del universo, cuando todo comparezca ante Dios y quede claro lo que es válido y lo que es inválido. Es una urgente llamada a tomar la vida absolutamente en serio, porque se acaba, porque se puede echar a perder, porque llega lo definitivo.

Todos estos textos insisten en un aspecto importante, uno de los ejes fundamentales de la fe: la urgencia de vivir bien, la urgencia de mirar al final. Expresamente, se habla de "La venida del Hijo del Hombre". Para nosotros, para cada uno, "Dios viene" significa "el fin de la vida es el encuentro con Dios".

Aquí tenemos, por tanto, el primer significado del Adviento. Adviento es "llegada". ¿Qué llega? La muerte, es decir, el encuentro con Dios, la Vida definitiva. Eso es lo que llega, y eso es lo que condiciona toda la vida. La expresión de Pablo podríamos interpretarla así: "Daos cuenta de a dónde va la vida", y sed consecuentes, no tiréis la vida, dedicaos a lo que merece la pena.

En este texto aparece la urgencia de la conversión, la importancia de la vida. La vida es pasajera, se va a terminar y no sabemos hasta cuándo tenemos tiempo: hay que aprovechar el tiempo de la vida. Y para que sepamos y podamos aprovechar la vida, salvar la vida, contamos con la luz y la fuerza de Dios, el Salvador, el que nos libera del pecado y de la muerte.

Así que para nosotros cobran un significado especial algunas frases que se usan corrientemente, por ejemplo: "carpe diem" o "sólo se vive una vez". Es verdad, carpe diem, pero en el sentido de "aprovecha el tiempo", y no "tira tu vida". "Sólo se vive una vez". Es verdad, ésta es nuestra oportunidad: es de locos tirarla, desaprovecharla, desperdiciarla.

¿Cómo hay que vivir, según esto? ¿Atemorizados? ¿Temerosos de encontrarnos con Dios? Ha sido frecuente una interpretación catastrofista y atemorizadora. Si el Hijo del hombre viene como un ladrón, parece que Dios nos acecha, que está esperando a cogernos en falta...

Incluso se han hecho interpretaciones de este tipo. Y se ha utilizado a Dios como una amenaza, y se ha resaltado de Él solamente la imagen de Juez... Esta imagen es verdadera, pero es insuficiente. Dios Juez significa que Él es la verdad definitiva: al final Él es la verdad. No es verdad que todo dé igual. La vida se puede tirar, se puede echar a perder. El ser humano es un proyecto que se puede realizar y se puede quedar en el camino. Todo esto es verdad, y hace de la vida algo absolutamente serio.

Pero Dios no es sólo, ni principalmente, eso. En la larga trayectoria de la Biblia, Dios se presenta siempre como "el que trabaja por el hombre contra el pecado". Es la tesis del Libro del Génesis, y, aún más explícitamente, del Libro del Éxodo. En este libro Dios es el Libertador. Y no principalmente porque saca a su pueblo de Egipto sino, sobre todo, porque le da la Ley para que, al cumplirla, deje de ser esclavo del pecado.

Y además, "camina en medio de su pueblo", en la Tienda del Encuentro. Este tema lo recoge Juan en el Prólogo de su evangelio: Jesús es La Palabra "que puso su tienda entre nosotros". Ésta es pues la imagen entera de Dios. Por una parte, la Ley, la norma, el sentido de la vida: apartarse de Él es equivocarse, poner en peligro nuestro proyecto de vida. Por otra parte, él es La Palabra, la Luz, el Pan, que nos ayuda para salvar la vida, para llegar a término.

Esto nos proporciona la oportunidad de recordar algo importante: cómo tenemos que leer, y cómo no debemos utilizar la Biblia. Si tomamos cualquier pasaje de la Biblia y aceptamos su contenido sin más, fuera de todo contexto, conseguiremos que la Biblia diga lo que nosotros queramos.

Por eso, hay que leer toda la Biblia, todo el Evangelio, y entender todo el mensaje. Cada pasaje es una parte. Dios es juez, sí, y Padre, y Médico, y Luz, y Pastor, y Agua, y Pan ... Si tomamos una sola de esas explicaciones, con exclusión de las demás, mutilamos el Mensaje.

Por tanto, hemos de leer el mensaje completo: la importancia de la vida, la urgencia de volvernos a Dios, la necesidad de salvar la vida, de no tirarla. Y, para todo eso, contamos con el Señor que viene. Así, la Navidad no es "Dios viene para castigar" sino "Dios viene para iluminar".

Por esto se colocan estos textos en el camino hacia la Navidad. Viene el Señor, preparaos, porque la salvación no es obra sólo de Dios: Dios nos ayuda en el trabajo de caminar bien, de no tirar nuestra vida... si nosotros lo queremos hacer.

Para quien solamente quiere dormir, la luz es un estorbo.

El primer mensaje del Año litúrgico es, por tanto, despertarnos. Recordarnos quiénes somos y qué es la vida. Y anunciarnos que, para caminar, contamos con la luz de Dios.

El Adviento empieza con dos mensajes paralelos: por un lado, la urgencia de tomar en serio la vida, la urgencia de caminar, de no quedarse dormido, de no atender a lo que no tiene valor; por otro lado, la primera revelación de quién es Dios, el que ilumina, el que ayuda a caminar. Ése es el que va a nacer, la luz que ilumina el camino.

José Enrique Galarreta, SJ.





PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A
Escrito por  José Luis Sicre

Los textos bíblicos de los cuatro domingos de Adviento no constituyen propiamente una preparación a la Navidad, sino una introducción a todo el nuevo año litúrgico. Por eso abarcan etapas muy distintas: 1) lo que se esperó del Mesías antes de su venida; 2) su nacimiento; 3) su actividad pública, y las reacciones que suscitó; 4) su vuelta al final de los tiempos.
Estas cuatro etapas se mezclan cada domingo y resulta difícil relacionar las distintas lecturas. Si buscamos un elemento común sería el tema de la esperanza: ¿qué debemos esperar?, ¿cómo debemos esperar?

1. ¿Qué debemos esperar? La utopía de la paz universal
La primera lectura (Isaías 2,1-5) responde a una de las experiencias más universales: la guerra. Israel debió enfrentarse desde su comienzo como estado a pueblos pequeños, a guerras civiles y a grandes imperios. Pero no sólo los israelitas era víctimas de estas guerras, sino todos los países del Cercano Oriente, igual que hoy día lo son tantos países del mundo.

Podríamos contemplar este hecho con escepticismo: el ser humano no tiene remedio. La ambición, el odio, la violencia, siempre terminan imponiéndose y creando interminables conflictos y guerras. Sin embargo, la lectura de Isaías propone una perspectiva muy distinta. Todos los pueblos, asirios, egipcios, babilonios, medos, persas, griegos, cansados de guerrear y de matarse, marchan hacia Jerusalén buscando en el Dios de Israel un juez justo que dirima sus conflictos e instaure la paz definitiva.

El texto de Isaías une, lógicamente, la desaparición de la guerra con la desaparición de las armas. En este contexto, hoy día es frecuente hablar de las armas atómicas, los submarinos nucleares, los drones de última generación. Quisiera recordar unos datos muy distintos, de armas mucho más sencillas.

Se estima que en el mundo existe un arsenal de 639.000.000 de armas de fuego, la mitad de las cuales en manos de civiles, el resto a disposición de los cuerpos policiales y de seguridad, lo que supone un arma por cada diez personas.

Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial (1945), unos 30 millones de personas han perecido en los diferentes conflictos armados que han sucedido en el planeta, 26 millones de ellas a consecuencia del impacto de armas ligeras. Estas armas, y no los grandes buques o los sofisticados aviones de combate, son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas, que en un 90% también han sido civiles (mujeres y niños en particular).

Esta primera lectura bíblica nos anima a esperar y procurar que un día se haga realidad lo anunciado por el profeta: De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

2. ¿Cómo debemos esperar? Vigilancia ante la vuelta de Jesús (Mateo 24,37-44)
La liturgia da un tremendo salto y pasa de las esperanzas antiguas formuladas por Isaías a la segunda venida de Jesús, la definitiva. En el contexto del Adviento, esta lectura pretende centrar nuestra atención en algo muy distinto a lo habitual. Los días previos al 24 de diciembre solemos dedicarlos a pensar en la primera venida de Cristo, simbolizada en los belenes. El peligro es quedarnos en un recuerdo romántico. La iglesia quiere que miremos al futuro, incluso a un futuro muy lejano: el de la vuelta definitiva de Jesús, y la actitud de vigilancia que debemos mantener.

La actitud de vigilancia queda expuesta en dos comparaciones, una basada en el AT, y otra en la experiencia diaria.

La primera hace referencia a lo ocurrido en tiempos del diluvio. Antes de él, la gente llevaba una vida normal, despreocupada. La catástrofe le parecía inimaginable. Lo mismo ocurrirá cuando venga el Hijo del Hombre. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

La segunda comparación está tomada de la vida diaria: la del dueño de una casa que desea defender su propiedad contra los ladrones. El mensaje es el mismo: estad en vela.

A propósito de estas comparaciones podemos indicar dos cosas:
1) Ambas insisten en que la venida del Hijo del Hombre será de improviso e imprevisible; no habrá ninguna de esas señales previas que tanto gustaban a la apocalíptica (oscurecimiento del sol y de la luna, terremotos, guerras, catástrofes naturales).

2) Las dos comparaciones exhortan a la vigilancia, a estar preparados, pero no dicen en qué consiste esa vigilancia y preparación; se limitan a crear un interés por el tema. Esta falta de concreción puede decepcionar un poco. Pero es lo mismo que cuando nos dicen al comienzo de un viaje en automóvil: «ten cuidado». Sería absurdo decirle al conductor: «Ten cuidado con los coches que vienen detrás», o «ten cuidado con los motoristas». El cristiano, igual que el conductor, debe tener cuidado con todo.

3. ¿Cómo debemos esperar? Disfrazarnos de Jesús (Romanos 13,11-14)
Pablo parte de la experiencia típica de las primeras comunidades cristianas: la vuelta de Jesús es inminente, «nuestra salvación está más cerca», «el día se echa encima». El cristiano, como hijo de la luz, debe renunciar a comilonas, borracheras, lujuria, desenfreno, riñas y pendencias. Es el comportamiento moral a niveles muy distintos (comida, sexualidad, relaciones con otras personas) lo que debe caracterizar al cristiano y como se prepara a la venida definitiva de Jesús. Ese pequeño catálogo podría haberlo firmado cualquier filósofo estoico. Pero Pablo añade algo peculiar: «Vestíos del Señor Jesucristo». Esto no es estoico, es típicamente cristiano: Jesús como modelo a imitar, de forma que, cuando la gente nos vea, sea como si lo viese a él. Creo que Pablo no tendría inconveniente en que sus palabras se tradujesen: «Disfrazaos del Señor Jesucristo». Comportaos de tal forma que la gente os confunda con él. Buen programa para comenzar el Adviento.

José Luis Sicre, SJ.





LOS PODEROSOS CULTIVAN FUNDAMENTALISMOS

“Fundamentalismo es la corriente religiosa o ideológica que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados fundacionales, o la aplicación intransigente y estricta de una doctrina o práctica establecida” (Wikipedia). Se trata de una actitud vital contraria a cualquier cambio en las doctrinas y las prácticas que se consideran esenciales e inamovibles en un sistema ideológico, especialmente religioso.

Los fundamentalistas interpretan sus textos fundacionales (Biblia, Corán…) al pie de la letra, sin tener para nada en cuenta la cultura de las épocas en las que se escribieron los textos, su marco histórico, las evoluciones progresivas de los mensajes, ni los desafíos actuales de las ciencias.

Exigen ser gobernados por líderes infalibles y leyes inamovibles. Sólo así se sienten seguros. Los cambios les aterrorizan. Su verdad es la única y, por consiguiente, su militancia se concreta en amargos desprecios y crueles violencias.

Las grandes religiones monoteístas con mucha frecuencia han mantenido actitudes fundamentalistas. Todas en su historia están manchadas de despreciada sangre inocente. Y todos los dictadores se han aupado sobre ideologías fundamentalistas.

El fundamentalismo mantiene al pueblo idiotizado, sin posibilidad de construir nada nuevo. Es como una religión universal, intercultural, que permite y fomenta el mantenimiento de gobiernos religiosos y políticos dictatoriales, para que se mantenga todo fijo y único, sin posibilidad de cambios.

Las intuiciones de Rockefeller
En cuanto un sector del pueblo comienza a desprenderse de sus enfoques fundamentalistas, los grandes de la tierra se ponen muy nerviosos. El Concilio Vaticano II (1962-65) y su aterrizaje en Latinoamérica con los documentos Justicia y Paz de Medellín (1968) fomentaron un poderoso despertar del pueblo. La Biblia, por primera vez en manos de este pueblo creyente y oprimido, superados básicamente los fundamentalismos, potencializó fuertemente la concientización y organización popular.

En esta misma época, en 1968, el magnate Nelson Rockefeller, vicepresidente entonces de Estados Unidos, después de una gira por Latinoamérica informaba que la Iglesia Católica no era ya "un aliado seguro para Estados Unidos". Cincuenta años antes el presidente Roosevelt había alertado que: “Será larga y difícil la absorción de estos países por Estados Unidos, mientras sean países católicos".

Entre los campesinos paraguayos, y de algunos otros países, este despertar se concretó en las Ligas Agrarias Cristianas. En Latinoamérica en general fue cuajando en diversos tipos de Comunidades Eclesiales de Base. Y ello les asustó a Rockefeller y compañía. Según su visión este tipo de catolicismo era “un centro peligroso de revolución potencial”. No les agrada ver que la Iglesia Católica de entonces “educa a los pueblos, les da cultura, les hace pensar y les anuncia la inalienable dignidad de los hombres”. Por ello planificaron cómo reemplazar a los católicos latinoamericanos por “otro tipo de cristianos”.

Los documentos de Santa Fe
Son documentos de la CIA redactados en la ciudad de Santa Fe, capital del Estado de Nuevo México, entre los años 1980 y 2000, que planifican la proyección del poder global de Estados Unidos. Cada Documento venía a tener una vigencia de  4 ó 6 años. En mayo de 1980 se hizo "Santa Fe I" dirigido a Ronald Reagan. A finales de 2000 vio la luz "Santa Fe IV".

Analizan concienzudamente la realidad económica, política y cultural de Latinoamérica, amenazada, según ellos, por una influencia creciente del comunismo, enmascarado en los nuevos tipos de católicos.

A pesar de que su contenido es esencialmente económico-político, les preocupa el factor religioso, especialmente las nuevas vivencias de la Iglesia Católica.

El documento de 1980 advierte que la presencia de determinadas tendencias en la Iglesia Católica y algunos textos de las conferencias episcopales latinoamericanas eran peligrosos para la política exterior de Estados Unidos.

El cuarto, en el 2000, pide “combatir por todos los medios a la Teología de la Liberación y controlar los medios de comunicación de masas…”

Para ello, recomiendan la promoción de sectas fundamentalistas desencarnadas de la realidad: neo-pentecostales, mormones, Testigos de Jehová y aun la secta Moon. El presidente Nixon apoyó el proyecto totalmente. Y el Congreso financia un creciente envío de misioneros fundamentalistas, especialmente mormones, que han llenado el continente de capillas de línea espiritualista, enemigas de todo tipo de compromiso socio-político.

Reacciones vaticanas
Los medios de comunicación –los de los poderosos- desarrollaron una fuerte campaña de desprestigio y demonización de la Teología de la Liberación, y de los teólogos y obispos que la desarrollaban. Y, por supuesto, de las organizaciones populares que la vivían. Se les acusaba de infiltración marxista, de ingenuos idiotas útiles o directamente de comunistas infiltrados en la Iglesia… La insidiosa campaña, bien orquestada, fue produciendo desconfianzas, recelos, distanciamientos de las autoridades eclesiásticas… Y dolorosos desconciertos entre el pueblo.

En este creado ambiente de desconfianza, el Vaticano sacó en 1984 un documento  -Libertatis nuntius-, en el que, aunque no se atacaba directamente a la Teología de la Liberación, se insistía tanto en el peligro de desviaciones, que los medios de comunicación pudieron instrumentalizarlo para insistir en que dicha Teología estaba condenada por la Iglesia. Así se lo asimilaron cantidad de eclesiásticos. Y se desató una campaña de abandono, desprestigio y persecución de toda comunidad cristiana con tintes sociales.

Dos años más tarde, 1986, en un nuevo documento -Libertatis conscientia- se defiende el concepto bíblico de liberación. Y en carta de Juan Pablo II a los obispos del Brasil les afirma que: “Estamos convencidos que la Teología de la Liberación es no sólo oportuna, sino útil y necesaria”. Pero desgraciadamente el desprestigio sembrado, y muy bien propagandeado,  siguió aplastando a todo lo que oliera a liberación.

Enfoques espiritualistas fueron cuajando en cantidad de nuevos movimientos católicos, a veces con fuertes ribetes fundamentalistas. Con ellos los poderosos no tienen nada que temer… Viven ajenos a los problemas sociales, encerrados en sus rezos y en sus ritos…

Fundamentalismos islámicos
Entre los musulmanes el gobierno norteamericano también fomentó el fundamentalismo como arma para impedir el avance de los rusos en las fronteras asiáticas y del Medio Oriente, y defender así sus intereses petroleros.

El jihadismo que sufre hoy el mundo es herencia de la política que Estados Unidos y Arabia implementaron desde 1979, mediante la cual islamizaron la resistencia interior contra la invasión soviética en Afganistán. Fomentaron el fanatismo de los talibanes, y les armaron hasta los dientes. Crearon crueles guerras entre árabes. E invadieron terroríficamente algunos de sus países, a veces bajo falsas acusaciones… Con torpezas inauditas azuzaron, fruto de su orgullosa ignorancia, los sensibles sentimientos históricos de las diversas facciones del Islam.

Pero tanta violencia sufrida, tanta sensatez destruida, tanta enemistad fomentada, ¡tanta torpeza!, explotó en contra de sus promotores. Los manipulados cultivos fundamentalistas se convirtieron en veneno en casa de sus inventores. Manosear fundamentalismos es jugar con espoletas de bombas, bombas que hoy explotan en ciudades occidentales.

Hoy surge entre ellos un nuevo profeta: el sirio Abou Moussab al-Souri, casado con una española, buen conocedor de Europa. En su libro, “Llamado a la resistencia islámica mundial”  propone que el Estado Islámico lleve a cabo la Jihad global del pobre. Se trata de un manual de iniciación básica para una guerra santa contra Occidente, en el que se propone atacar a Europa, “el vientre blando de Occidente”, por medio de una estructura terrorista compuesta por células auto gestionadas, “como lobos solitarios”, sin lazo con un órgano central, una suerte de jihad horizontal autónomo. Cultiva la radicalización de los musulmanes, víctimas del racismo, exclusivista y despreciador del Primer Mundo. Las palabras de al-Souri se convierten hoy en detonantes de explosivos fabricados hace mucho por las potencias occidentales… Muchos islámicos se han vuelto contra sus dominadores, que tan eficazmente los fanatizaron, tan técnicamente los armaron y tan cruelmente los  masacraron… Experiencias parecidas pasan en África, con frecuencia también muy crueles…

Abanico de drogas
Las técnicas imperialistas, ya muy refinadas, siguen manipulando machaconamente la opinión pública a través de los medios. Los inficionados del virus fundamentalista, capados de todo espíritu crítico, se tragan sin pestañear los mensajes de los intereses del Gran Capital, que teledirigen los gustos del pueblo. La nueva serpiente, más seductora que nunca, atraganta y enferma al pueblo con frutos prohibidos, agusanados de avaricia. “Tener más” es el nuevo ídolo, siempre soñado y nunca alcanzado… Además del fomento de enfoques fundamentalistas, tanto entre cristianos como entre musulmanes, el Gran Capital promueve exitosas campañas de consumismo: obsesión por comprar lo no necesario… Así la gente se endeuda hasta el cuello, se mata trabajando para pagar sus cuentas, y no tiene tiempo para comprometerse en nada serio.

La juventud es el objetivo primero a atontar en todo el planeta, pues en ellos cuajará el futuro. El propagandeado consumismo les ha llegado a su válvula mitral. Muchos viven obcecados con sus celulares, continuo pierde-tiempo en tonteras. A veces enrolados en fiestas alcoholizadas hasta el amanecer. Cada vez más atiborrados de pornografía y de drogas. El “crack” es el invento maldito que ha puesto una droga altamente degenerante al alcance del bolsillo de los pobres… Así han conseguido que pocos jóvenes se planteen hoy en serio cambio de sistema. “Pasan” de todo. Con lo que el Gran Mercado, ante su pasividad, puede hincharse desmesuradamente, hasta convertirse en serpiente dominante, alimentada por multitud de consumidores enceguecidos.

El gran capitalismo ya no manda bombas militares. Ahora, más sutilmente, nos cala de una lluvia ácida, compuesta por variedad de drogas: químicas, religiosas, consumistas, pornográficas...

Hay que reconocer con tristeza que Rockefeller, por ahora, ha triunfado. Mi visión es desde abajo. A mis 81 años vivo en un barrio marginal inundable de Asunción, saturado de campesinos sin tierra y sin ideales, de jóvenes con la mirada nublada por la droga, de consumismo con hambre. Resignados ancianos abandonados. Muchos recelos y desunión. Muchas gritonas capillas fundamentalistas. Mucha basura podrida, mucho dolor fatalista… La gran mayoría de los nuevos pobres ya no gozan de la fe de sus abuelos… Por años disfruté ayudando a las organizaciones campesinas y a las comunidades de base. Pero ahora estoy desorientado… ¡Pero no hundido!

Nubes de esperanza
¿Cómo acabar con tan terribles sequías sociales? ¿Cómo dejar de ser idiotas útiles? ¿Cómo salir de tanta miseria? ¿Cómo recuperar la identidad cultural de cada pueblo? ¿Cómo poder construir un mundo distinto?

Lo primero es examinar con honradez hasta qué grado fundamentalismos y consumismos han secado nuestro corazón. ¿Vivimos “la cultura del descarte”? ¿Nos acostumbramos a la vergüenza de millones de hambrientos? ¿Hasta qué punto aprendemos de los Medios a despreciar a los pobres y a honrar a los poderosos?

Con frecuencia los cristianos realizamos eficientemente el papel de idiotas útiles, actitud que jamás tuvo Jesús. Siguiéndolo a él, debemos cultivar un corazón fraterno, capaz de diálogos cercanos con el pueblo, en ambiente de respeto y colaboración.

Necesitamos volver humildemente a las huellas de Jesús. Él vivió también en época de grandes problemas. En su tiempo la dominación romana aplastaba y estrujaba cruelmente a los pueblos. Y las autoridades judías también… Él no se enroló para nada en los fuertes fundamentalismos del judaísmo de su época. Reinterpreta las Escrituras judías con selectividad y creatividad según las necesidades de su pueblo. No se mete tampoco en la violencia de los zelotes. Es de veras hombre libre. A partir de un Padre común, propone algo nuevo, un proyecto de vida apoyado en la dignidad de todo ser humano y tres consecuentes preocupaciones básicas: La salud del pueblo, su alimentación y las relaciones humanas.

Él lucha contra el sufrimiento acogiendo a toda clase de gente marginada, excluida y despreciada. Opta eficientemente por los pobres reales entre los que vive. La propuesta de Jesús se orienta hacia un proyecto supra ético universal, basado en una civilidad de amor desbordante que empieza por los más débiles.

En este nuestro mundo en el que vivimos, sumergidos en las gélidas aguas del mercado, la calidez del Jesús de los Evangelios puede hinchar de esperanzas nuestros asfixiados pulmones. Necesitamos purificarlos de las frías calcificaciones fundamentalistas que se nos han ido pegoteando a través de los tiempos.

Suman muchos millones las víctimas de este sistema basado en la acumulación mafiosa de inmensos capitales. Ante ello es urgente asimilarnos el paradigma de Jesús: entrega total a los demás. El “buen cristiano” es hoy el ciudadano que se compromete competentemente en la construcción de un mundo digno para todos. Corazón sensible, mente limpia, vida austera… Calor de amor, de solidaridad, de misericordia… Necesitamos responder incondicionalmente a la compasión… Jesús de Nazaret es modelo e inspiración para el compromiso solidario de todo buen ser humano. Para los que creemos en él es además fortaleza maravillosa… Y esperanza evolutiva de triunfo… ¡El desierto florecerá!

Por todas partes aparecen brotes nuevos. Protestas y manifestaciones de todo tipo. Por todos lados la opinión pública exige valores más democráticos, formas alternativas a las viejas políticas y una mayor intransigencia contra la corrupción: ¡gobiernos más decentes y más de todos!

Retoñan desde las raíces nuevas organizaciones populares y juveniles. Nuevas aguas energizan las Comunidades de Base. La Teología de la Liberación vuelve a vigorizarse. Un Papa se enfrenta contra el Capitalismo asesino… Vivimos un cambio de época. Puede ser que desaparezcan algunos tipos de dinosaurios, pero las energías evolutivas, que nacen del Cristo Total y caminan hacia él, crecerán siempre hacia adelante y hacia arriba, en nuevas formas de vida cada vez más conscientes.

Estos cementerios de los derechos humanos de tantos barrios marginales son también semilleros de esperanzas, cuyas raíces romperán los muros de cemento armado que los aplastan…

José L. Caravias sj
Acción