jueves, 27 de octubre de 2016

¿PUEDO CAMBIAR? - José Antonio Pagola



¿PUEDO CAMBIAR? - José Antonio Pagola

Lucas narra el episodio de Zaqueo para que sus lectores descubran mejor lo que pueden esperar de Jesús: el Señor al que invocan y siguen en las comunidades cristianas «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». No lo han de olvidar.

Al mismo tiempo, su relato de la actuación de Zaqueo ayuda a responder a la pregunta que no pocos llevan en su interior: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, la he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?

Zaqueo viene descrito con dos rasgos que definen con precisión su vida. Es «jefe de publicanos» y es «rico». En Jericó todos saben que es un pecador. Un hombre que no sirve a Dios sino al dinero. Su vida, como tantas otras, es poco humana.

Sin embargo, Zaqueo «busca ver a Jesús». No es mera curiosidad. Quiere saber quién es, qué se encierra en este Profeta que tanto atrae a la gente. No es tarea fácil para un hombre instalado en su mundo. Pero este deseo de Jesús va a cambiar su vida.

El hombre tendrá que superar diferentes obstáculos. Es «bajo de estatura», sobre todo porque su vida no está motivada por ideales muy nobles. La gente es otro impedimento: tendrá que superar prejuicios sociales que le hacen difícil el encuentro personal y responsable con Jesús.

Pero Zaqueo prosigue su búsqueda con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre, y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su dignidad de hombre importante. Solo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver.

Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: «El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador». Zaqueo se baja y lo recibe en su casa lleno de alegría. Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que nosotros estamos echando a perder. No los hemos de dejar escapar.

Lucas no describe el encuentro. Solo habla de la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa solo en su dinero sino en el sufrimiento de los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia a los que ha explotado y compartirá sus bienes con los pobres.

Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de «instalarnos» en la vida renunciando a cualquier aspiración de vivir con más calidad humana. Los creyentes hemos de saber que un encuentro más auténtico con Jesús puede hacer nuestra vida más humana y, sobre todo, más solidaria.

31 Tiempo ordinario - C
(Lucas 19,1-10)
30 de octubre 2016

José Antonio Pagola 




LEVANTÓ LOS OJOS...
Escrito por  Florentino Ulibarri

Un día cualquiera,
cuando menos lo esperas
porque es tanto el tiempo
que llevas soñándolo,
y has previsto todos los detalles
y preparado todos los pasos, sin resultado,
resulta que Ël pasa a tu lado.

Un día cualquiera,
en el que repetías, otra vez,
tus costumbres y monotonías
como quien respira sin darle importancia,
resulta que Él levanta la vista,
te ve, te llama por tu nombre,
y se te abre el horizonte...

Tu vida, tan llena y tan vacía,
no te satisfacía;
no acostumbrabas a estar en calles y plazas
y, menos, subido a higueras
que te exponían a comentarios y risas;
pero aquel día rompiste todas las rutinas...
y resulta que Él levantó la vista.

Ya en tu casa,
en la intimidad con quien se había invitado
a hospedarse y comer contigo,
te desahogas, pones sobre la mesa
tus miserias y tus promesas;
y Él levanta la vista,
te mira y te abraza.

Tú te sientes renovado,
con la vida y el destino en tus manos,
y Él levanta los ojos al Padre,
sonríe, le da gracias...
y continúa por otras calles y plazas
en busca de más hermanos y hermanas.

Y tú, no lo retienes
pero te haces discípulo
en tu pueblo, profesión y casa..
Por eso, quizá hoy Él levante su mirada,
nos vea y llame por nuestro nombre
y descubramos todo lo que Dios nos ama,
porque, aunque pecadores, nos quiere en su casa.





ESTÁS SALVADO EN LA MEDIDA QUE ACEPTES A LOS DEMÁS COMO SON
Escrito por  Fray Marcos
Lc 19, 1-10

Una vez más se manifiesta la actitud de Jesús hacia los “pecadores”, pero hoy de una manera muy concreta. Nos está diciendo cómo tenemos que comportarnos con los que hemos catalogado como malos. Está denunciando nuestra manera de proceder equivocada, es decir, no acorde con el espíritu de Jesús. Solo Lc narra este episodio. No sabemos si es un relato histórico; pero que lo sea o no, no es lo importante, lo que importa es la manera de narrarlo y las enseñanzas que quiere trasmitirnos, que son muchas.

Es importante recordar que Lc es el evangelista que más insiste en la imposibilidad de que los ricos entren en el Reino. Unos versículos antes, acaba de decir Jesús: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! En este episodio resulta que llega la salvación a un rico, que además es pecador público. Sin duda Lc está reflejando la situación de su comunidad, en la que se estaban ya incorporando personas ricas que daban el salto del seguimiento sin tener que abandonar su situación social y su trabajo. La única exigencia es salir de la injusticia y pasar a compartir lo que tienen con los que no tienen nada.

En el relato hay que presuponer más cosas y más importantes de las que dice: ¿Por qué Zaqueo tiene tanto interés en conocer a Jesús, aunque sea de lejos? ¿Cómo es que Jesús conoce su nombre? ¿Cómo tiene tanta confianza Jesús para autoinvitarse a hospedarse en su casa? ¿Qué diálogo se desarrolló entre Jesús y Zaqueo para que éste haga una promesa tan radical y solemne? Solo las respuestas a estas preguntas darían sentido a lo que sucedió. Pero es precisamente ese itinerario interno de ambos, que no se puede expresar, el que marca la relación profunda entre Jesús y Zaqueo.

La reflexión de este domingo conecta con la del domingo pasado: el fariseo y el publicano. ¿Os acordáis? El creernos seguros de nosotros mismos nos lleva a despreciar a los demás, a no considerarlos; sobre todo, si de antemano los hemos catalo­gado como "pecadores". Incluso nos sentimos aliviados porque no alcanzan la perfec­ción que nosotros creemos haber alcanzado, y de esta manera podremos seguir mirándolos por encima del hombro. “Todos murmuraban diciendo: ha entrado a comer en casa de un pecador”.

Zaqueo era jefe de publicanos y además, rico. Pecador, por colaboracionista y por el modo de adquirir las riquezas. Tiene deseos de conocer a Jesús, pero, ¿cómo se podía atrever a acercarse a él? Todos le señalarían con el dedo y le dirían a Jesús que era un pecador. Podemos imaginar la cara de extrañeza y de alegría que pondría cuando oye a Jesús llamarle por su nombre; lo que significaría para él que alguien, de la categoría de Jesús, no solo no le despreciase, sino que le tratara incluso con cariño. Zaqueo se siente aceptado como persona, recupera la confianza en sí mismo y responde con toda su alma a la insinuación de Jesús. Por primera vez no es despreciado por una persona religiosa. Su buena disposición encuentra acogida y se desborda en total apertura a la verdadera salvación.

Una vez más utiliza Lc la técnica literaria del contraste para resaltar el mensaje. Dos extremos que podíamos denominar Vida-Muerte. Vida en Jesús que manifiesta lo mejor de sí mismo abriéndose a otro ser humano con limitaciones radicales que le impiden ser él mismo. Vida en Zaqueo que, sin saber muy bien lo que buscaba en Jesús, descubre lo que le restituye en su plenitud de humanidad y lo manifiesta con la oferta de una relación más humana con aquellos con los que había sido más inhumano. Muerte en la multitud que, aunque sigue a Jesús físicamente, con su opacidad impide que otros lo descubran. Muerte en “todos”, escandalizados de que Jesús ofrezca Vida al que solo merecía desprecio.

A la vista del resultado de la manera de actuar de Jesús, yo me pregunto. ¿Hemos actuado nosotros como Él, a través de los dos mil años de cristianismo? ¿Cuántas veces con nuestra actitud de rechazo truncamos esa buena disposición inicial y conseguimos desbaratar una posible liberación? Al hacer eso, creemos defender el honor de Dios y el buen nombre de la Iglesia. Pero el resultado final es que no buscamos lo que estaba perdido y, como consecuencia, la salvación no llega a aquellos que sinceramente la buscan. Como Zaqueo, hoy muchas personas se sienten despreciadas por los dirigentes religiosos, y además, los cristianos con nuestra actitud seguimos impidiéndoles ver al verdadero Jesús.

Muchas personas que han oído hablar de Jesús quisieran conocerlo mejor, pero se interpone la “muchedumbre” de los cristianos. En vez de ser un medio para que los demás conozcan a Jesús, somos un obstáculo que no deja descubrirlo. ¡Cuento tendría que cambiar nuestra religión para que en cada cristiano pudiera descubrirse a Cristo! Estar abiertos a los demás, es aceptar a todos como son, no acoger solamente a los que son como yo. Si la Iglesia propone la actitud de Jesús como modelo, ¿por qué se parece tan poco nuestra actitud a la de Jesús? Ya lo dice el refrán: Una cosa es predicar y otra dar trigo.

Siempre que se ha consumado una división entre cristianos (cisma), habría que preguntarse, quién tiene más culpa, el que se equivoca pero defiende su postura con honradez o la intransigencia de la iglesia oficial, que llena de desespe­ranza a los que piensan de distinta manera y les hace tomar una postura radical. Lutero por ejemplo, no pretendía una separación de Roma, sino una purificación de los abusos que los jerarcas de la iglesia estaban cometiendo. ¿Quiere decir esto que Lutero era el bueno y el Papa y los cardenales malos? Ni mucho menos; pero con un poco más de comprensión y un poco menos de soberbia, se hubiera evitado una división que tanto daño ha hecho al cristianismo.

Hacer nuestro el espíritu de Jesús es caminar por la vida con el corazón y los brazos siempre abiertos. Estar siempre alerta a los más pequeños signos de búsqueda. Acoger a todo el que venga con buena voluntad, aunque no piense como nosotros; incluso aunque esté equivocado. Estar siempre dispuestos al diálogo y no al rechazo o la imposición. Descubrir que lo más importante es la persona, ni la doctrina, ni la norma, ni la ley.

No acogemos a los demás, no nos paramos a escuchar, no descubrimos esa disposición inicial que puede llevar a una auténtica conversión. Acogida con sencillez tenían que ser la postura de los seguidores de Jesús. Apertura incondicional a todo el que llega a nosotros con ese mínimo de disposición, que puede reducirse a simple curiosidad, como en el caso de Zaqueo; pero que puede ser el primer paso de un auténtico cambio. No terminar de quebrar la caña cascada, no apagar la mecha que todavía humea, ya sería una postura interesante; pero hay que ir más allá. Hay que tratar de restablecer y vendar la caña cascada, tratar de avivar la mecha que se apaga.

El final del relato no tiene desperdicio: “He venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. ¿Cuándo nos meteremos esto en la cabeza? Jesús no tiene nada que hacer con los perfectos. Solo los que se sienten perdidos, podrán ser encontrados por él. Esto no quiere decir que Jesús tenga la intención de restringir su misión. Lo que deja bien manifiesto es que todos fallamos y todos necesitamos ser recuperados. Claro que solo el que tiene conciencia de estar enfermo estará dispuesto a buscar un médico.

La salvación de la que aquí se habla no es conseguir el cielo en el más allá, sino repartir y compartir en el aquí y ahora. Pero esta lección no nos interesa ni como individuos ricos ni como iglesia. Para nosotros es preferible dejar las cosas como están y predicar una salvación para el más allá que nos permita mantener los privilegios de que gozamos aquí y ahora. En realidad no nos interesa el mensaje de Jesús más que en cuanto podamos manipularlo.

Meditación-contemplación

“El hijo de Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido”.
Solo lo que está perdido, necesita ser buscado.
Solo el que se siente enfermo irá a buscar al médico.
Solo si te sientes extraviado te dejarás encontrar por él.
.................

No se trata de fomentar los sentimientos de culpabilidad.
Tampoco de sentirse “indigno pecador”.
Se trata de tomar conciencia de la dificultad del camino
Y sentir la necesidad de ayuda para alcanzar la meta.
..................

Se trata de sentir la fuerza de Dios en lo hondo de mi ser.
Pero también de buscar y aceptar la ayuda de los demás,
que van por delante y saben por dónde debo caminar.
Si me empeño en caminar en solitario, seguro que me perderé.
.................

Fray Marcos





JESÚS SIGUE SIENDO RECHAZADO POR LA QUE CREE SER SU IGLESIA
Escrito por  José Enrique Galarreta, SJ. (qepd)
Lc 19, 1-10

El capítulo 19 de Lucas es el final de la vida de Jesús antes de su entrada en Jerusalén que acabará en su muerte. Los capítulos 20 y 21 narran la última semana de la vida de Jesús y las controversias en el templo con los jefes del pueblo. A partir del capítulo 22 entraremos en los relatos de la pasión.

La escena se desarrolla en Jericó, casi a la orilla del Jordán donde sitúa Lucas tres relatos: la curación del ciego, que citan también Marcos y Mateo, el episodio de Zaqueo, que sólo encontramos en Lucas, y la parábola de las minas, que tiene su paralelo en la de los talentos de Mateo 25.

El episodio de Zaqueo recuerda fuertemente al llamamiento de Leví, que conocemos por Marcos 2, Mateo 9 y Lucas 5, que da lugar a la comida en su casa, con sus amigos publicanos, y a la murmuración de los escribas y fariseos. Como en el episodio de Zaqueo, "todos murmuraban".

El pasaje se ambienta en un entorno de admiración de la gente por Jesús y, al mismo tiempo, de incomprensión. En el episodio inmediatamente anterior, la gente quiere apartar al ciego, que molesta, y Jesús tiene que ir en contra de la corriente para acercarse e interesarse por él. Aquí, la multitud rodea a Jesús, pero su actuación con Zaqueo les escandaliza.

Una vez más, el evangelio está mostrando la situación de Jesús, enfrentado a un pueblo que no se aparta de sus conceptos religiosos, de la idea de un Mesías espectacular que confirma a los buenos y rechaza a los malos, y un pueblo que por tanto es incapaz de recibir la palabra de Jesús que anuncia un reino que no es lo que ellos esperaban.

En los momentos que estamos viviendo, no podemos menos de proyectar el mensaje de Jesús sobre nuestra situación. Y no es traer por los pelos el mensaje ni forzarlo. Hablar de lo que esperaban sus coetáneos y lo que Jesús les ofrecía es casi lo mismo que hablar de lo que ofrecen las religiones, al menos algunas de ellas o en algunas ocasiones, para contrastarlo con lo que ofrece Jesús.

Los contemporáneos de Jesús estaban dispuestos a aceptar que Jesús era el Mesías, pero no estaban dispuestos a aceptar que el Mesías que esperaban era Jesús, sin poder, sin ambiciones políticas, sin ofertas de predominio del pueblo sobre otros pueblos, sin Templo, sin pureza legal.

Jesús hace presente a Dios, pero la gente no lo acepta porque quiere otro dios. La diferencia está en que el dios que ellos buscan ha de ser "nuestro dios", el que resuelva nuestros problemas y nos haga privilegiados. Por eso pedirán siempre a ese dios ayuda para solucionar los propios problemas y prevalecer sobre los demás.

Pero el Dios de Jesús es al revés: pide ayuda para solucionar los problemas de todos. Sin privilegios.

Los de Jericó apartaban al ciego: querían solamente el espectáculo del desfile triunfal. Y el ciego estorbaba en el desfile. Los de Jericó querían que Jesús fuese de los buenos, y les pareció horrible que se auto-invitase a casa del pecador público número uno de la ciudad, el odiado jefe de recaudadores, y rico.

Pero Jesús quería curar: curar al ciego, curar al rico recaudador. El desfile triunfal le traía sin cuidado. (No es casual que el siguiente desfile triunfal, la entrada mesiánica en Jerusalén, acabe tan mal, según el mismo Lucas: Jesús llora y se lamenta por la suerte de Jerusalén y echa a los mercaderes del templo).

Los fariseos y sus letrados hacía tiempo que se habían dado cuenta del peligro y acechaban a Jesús casi desde el principio de su predicación. (Varias veces en Marcos 2 y expresamente ya en Marcos 3,6). Y cuando la cosa llegó a Jerusalén, la intervención de los sacerdotes fue fulminante, porque sabían que si Jesús seguía adelante toda su religión se derrumbaba, y con ella su instalación social y su sistema político. Y en una semana, acabaron con él.

Jesús fue rechazado. La razón de fondo es que Jesús ofrece la Buena Noticia de "Dios amigo de la vida", amigo de la gente, médico y pastor. Jesús ofrece la Buena Noticia de que religión no es un gorro sagrado que nos ponemos en el Templo y en las Fiestas, sino la vida misma, la honradez, la veracidad, la compasión, la colaboración, el esfuerzo; que ése es el sacrificio agradable a Dios y que para ofrecerlo no hacen falta ritos ni intermediarios.

Jesús es el que no hace teología metafísica, sino parábolas. Jesús es el que no ha venido a que le entronicen sino a lavar los pies. Es demasiado: ¿qué hacemos entonces con el Templo, con el poder en nombre de Dios, con la reverencia al sacerdocio por su unción sagrada, con los preceptos, con los premios, con las amenazas ... con todas esas cosas tan irremediablemente conexas con lo que tradicionalmente llamamos "religión". Y, peor todavía: si Dios no va a solucionar mis problemas, ni vamos a ser más que otros porque "Dios está con nosotros"... Entonces, ¿para qué queremos a Dios?

Jesús cura al ciego y a Zaqueo, mientras la gente le quiere aclamar como Mesías Rey. Y lo mataron, lo mataron en nombre de SU dios.

Nosotros hacemos hoy lo mismo. Dios para que me dé las cosas que creo que necesito. Yo adoro a Dios, cumplo los mandamientos (¡ojalá!) y le pido lo que quiero y él me lo da. Yo cumplo con él, que él cumpla conmigo. Y además, la vida eterna. Exactamente el Antiguo Testamento. ¿Qué significa para nosotros la Buena Noticia, la estupenda novedad de Jesús?

Jesús sigue rechazado por la Iglesia exactamente igual que como fue rechazado por los fariseos, los escribas y los sacerdotes. Pero aún más: es rechazado invocando su nombre y proclamando que le siguen. Y aún más, los ricos sacerdotes, los ricos económicos, los poderosos con poder, dicen que le siguen, van a misa, participan en los grandes festivales religioso-folklóricos... la mejor imagen de todo esto es para mí sin duda la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando todo el mundo aclamaba y Jesús iba llorando.

Dentro de poco tendremos varios espectáculos aclamatorios. Costarán mucho dinero, las masas aclamarán, el Papa disertará sabiamente, asistirán todas las autoridades, cristianas y paganas, honradas y sinvergüenzas, y no servirá para hacer ninguna conversión, ningún seguimiento mejor a Jesús.

¡Qué bien habría quedado en Jericó que hubieran limpiado previamente la calle de mendigos, que Jesús se hubiera hospedado en casa del fariseo o sacerdote más rico y prestigioso. ¡Qué preciosa habría sido la entrada triunfal en Jerusalén si el burro hubiera sido sustituido por un brioso caballo blanco (marca Mercedes a ser posible, blindado y con tapicerías de madera y cuero), si Jesús hubiera entrado en el Templo devotamente, besando al entrar sus losas de mármol, y hubiera presentado un sacrificio por mano del Sumo Sacerdote!

Seguramente Israel habría quedado mucho más dispuesto a aclamarle como Mesías.

Pero no hay que olvidar que Jesús en Jericó, la opulenta ciudad de las palmeras, triunfa. Triunfa porque un ciego ve y un rico explotador deja de serlo.

Lo demás, el desfile, el gentío, las aclamaciones, es mesianismo de falsos dioses, que no siente compasión y no quiere que el mendigo deje de ser desgraciado ni que el pecador tenga salida. Quieren que el ciego siga ciego y que el recaudador reviente.

Jesús quiere curar. Y cura, triunfa. Lo mismo le sucederá con la mujer adúltera (Juan 8): quiere salvarla y triunfa, la salva; a costa de jugarse la vida y perderla. ¿Nos tomaremos alguna vez en serio, nosotros, los de las "religiones del Libro", que no está permitido matar ni a Caín, el asesino de su hermano? (Génesis 4,15). ¿Nos tomaremos alguna vez en serio, nosotros, los que decimos que seguimos a Jesús, que no hay más religión que dar de comer al hambriento?

Jesús en Jericó, más fuerte que la ceguera y que el dinero. Jesús amigo de la vida, de las personas. Jesús compasivo hasta tener que dar la vida. Jesús, rostro de Dios, negador de falsos dioses.

Yo no sé, evidentemente, cómo se puede parar tanta locura, ni soy quién para dictar cuál debe ser la posición oficial de la Iglesia Católica ni tengo autoridad alguna para juzgar a nadie. Pero sí sé varias cosas, las que todos sabemos y debemos proclamar.

Sé que debemos ser radicales en el seguimiento de Jesús, y extirpar de la Iglesia, empezando cada uno por sí mismo, todo aquello que se parezca a los criterios y valores que llevaron a Jesús a la cruz: el "dios para nosotros", el preocuparse sólo marginalmente de los pobres, el preferir las ideas a las personas, el imponer ideas desde arriba en vez de sembrar conversión desde dentro...

Extirpar de nosotros -desde dentro de nosotros mismos– al fariseo de santidad legal, al escriba de conocimiento estéril, al poderoso sacerdote del Templo único, a los intermediarios, a los santos separados, a los sagrados sin compasión, a los ricos que no comparten, a los políticos que no sirven. Todo eso no es de Jesús, y nosotros, la iglesia, debemos proclamarlo bien alto, bien claro.

Sé que el futuro de la humanidad es el estilo de Jesús o la muerte. Sé que la mayoría de las religiones que contemplo son religiones de muerte. Sé que el estilo de Jesús es sembrar, compadecer, con-padecer, curar, respetar, ofrecer luz con buenas obras, ser consecuente hasta el final; y tener fe en todo ello.

Sé que el Reino no es ceremonia sacra y triunfal, sino grano de mostaza y pellizco de levadura. Sé que el Hijo de Dios no era sagrado pontífice ni doctísimo escriba ni puro fariseo ni poderoso rey.

Y sé que Jesús creía en la cosecha, creía en la virtualidad irrefrenable de la vida encerrada en la semilla y en la levadura. Sé que se sembró. Sé que fue fecundo. Sé que su vida sembrada murió a manos de los sagrados, los doctos y los puros, pero resucitó en un puñado de gente normal llena del Espíritu, un espíritu tan vivo que sigue cambiando hoy la vida de muchas personas. Y confieso que creo en el poder del Espíritu de Jesús, hasta el punto de confesar que es la semilla que puede salvar este mundo de locos y de dioses falsos en que vivimos.

José Enrique Galarreta, Sj. (qepd)





¿PUEDE SALVARSE UN BANQUERO RICO?
José Luis Sicre, SJ.

Banqueros y publicanos
El protagonista del evangelio de hoy es un jefe de publicanos y rico. Este término no sugiere al lector actual del evangelio el odio y desprecio que sentía el pueblo judío hacia los miembros de esta profesión, que trabajaban al servicio de los romanos y oprimían al pueblo con el cobro de los impuestos. El antiguo publicano no tiene nada que ver con el banquero actual. Pero el odio que suscitan los banqueros en mucha gente desde hace unos años ayuda a entender el evangelio más que una larga exposición histórica sobre los publicanos. Sobre todo, cuando el banquero se ha enriquecido, mientras quienes depositaron su dinero en el banco lo han perdido todo o casi todo.

¿Mandamos a todos los ricos al infierno?
Hasta ahora, en su evangelio, Lucas no se ha limitado a defender a los pobres y a anunciarles un futuro definitivo mejor. Ha criticado también con enorme dureza a los ricos. Ha puesto en boca de María, en el Magníficat, unas palabras más propias de una anarquista que de una monja de clausura, cuando alaba a Dios porque «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos.»

Y Jesús se muestra aún más duro en el Discurso de la llanura (equivalente al Sermón del Monte de Mateo): «¡Ay de vosotros, los ricos, porque recibís vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados, porque pasaréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque lloraréis y haréis duelo! (Lc 6,24-25). El ejemplo más claro del rico que llora y hace duelo es el de la parábola del rico y Lázaro, que no podrá disfrutar de una eternidad feliz.

¿Significa esto que ningún rico puede salvarse? El episodio del rico que pretende seguir a Jesús, aunque al final desiste porque no es capaz de renunciar a su riqueza, demuestra que un rico puede salvarse si observa los mandamientos (Lc 18,18-23).

¿Qué ocurre cuando se trata de un rico explotador?  La respuesta la da Lucas en el evangelio de hoy, cuya enseñanza podemos resumirla en los puntos siguientes.

El caso de Zaqueo (Lc 19,1-10)
1. Jesús no le pide que lo invite a comer, le dice que quiere alojarse en su casa. Se trata de algo mucho más personal. Cuando Jesús continúe su camino, seguirá presente en la casa y la vida de Zaqueo.
2. La conducta de Jesús resulta escandalosa. Esta vez no escandaliza a fariseos y escribas, a seglares piadosos y teólogos rancios, sino a todos sus seguidores y partidarios, que han aplaudido hasta ahora sus críticas a los ricos.
3. La diferencia entre Jesús y sus partidarios radica en la forma de considerar al jefe de publicanos. Mientras Jesús lo considera una persona y lo llama por su nombre («Zaqueo, baja…»), sus partidarios lo desprecian («un pecador»). Ellos se dejan guiar por una ideología que condena al rico, mientras que Jesús se guía por la fe («también Zaqueo es hijo de Abrahán») y por su misión de buscar y salvar al que se ha perdido. La historia de Zaqueo recuerda las parábolas del hijo pródigo y de la oveja y la moneda perdidas.
4. La conducta de Zaqueo supone un cambio radical y muy duro. Sin que Jesús le exija nada, por pura iniciativa, da a los pobres la mitad de sus bienes y está dispuesto a restituir cuatro veces, si se ha aprovechado de alguno. Zaqueo no es como los banqueros de las subprime. Y esto es lo que Lucas pretende enseñar: incluso un rico hipotéticamente injusto puede convertirse y salvarse; pero no basta invitar a Jesús a comer, debe darse un cambio profundo en su vida, con repercusiones en el ámbito económico.
5. Finalmente, la conducta de Jesús con Zaqueo trae a la memoria el refrán castellano: «más moscas se atraen con una gota de miel que con un barril de hiel». Jesús podía haber criticado y condenado a Zaqueo. Sus seguidores lo habrían aplaudido una vez más. Y Zaqueo habría seguido explotando al pueblo.

Un texto precioso
La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría (11,22-12,2) es un excelente complemento al evangelio. Muchos piensan que el Dios del Antiguo Testamento es un ser cruel y justiciero, enemigo despiadado del pecador. Quien lea este texto tendrá que cambiar de idea: la actitud de Dios es la misma que la de Jesús con Zaqueo.

José Luis Sicre, SJ.





Kairós
David Fernández Dávalos, SJ

Esta palabra griega significa un tiempo de gracia, de oportunidad. Y así ve esta Congregación General el tiempo presente del mundo: como un compás en el que la mano de Dios asoma para conducirnos a nuevos rumbos, según sus designios. Por eso, en el aborde que hacemos ahora sobre la vida y misión de los jesuitas, queremos estar atentos a los signos de los tiempos, como manifestación de la acción de Dios en la historia.

La característica principal de los tiempos que corren no es sólo el que la realidad cambie frecuentemente, sino que hasta el modo de cambiar ha cambiado: la velocidad que ha adquirido el cambio, sus características diferenciadas en las distintas geografías, los ritmos múltiples según los niveles de lo real: todo ello nos habla de que existe una novedad epocal que va ligada con la nueva cultura de la interconexión cibernética en la que circulan enormes volúmenes de información a velocidades nunca antes vistas. La movilidad humana masiva, la inequidad social y económica, la exclusión de las cuatro quintas partes de la humanidad, la crisis financiera mundial, la enorme polarización y violencia en nuestros pueblos, la emergencia política del fundamentalismo, entre muchos otros rasgos, nos hablan de esa novedad que no existía hace diez años apenas, cuando tuvo lugar la CG35. Esto, por ejemplo, ha llevado al Papa Francisco a afirmar en varias ocasiones que vivimos una nueva guerra mundial, pero “en episodios”.

Pero quizá lo más importante de lo que nos hemos dado cuenta en estos últimos años, con una nueva clarividencia, es el hecho de que el desafío mayor ante el que nos encontramos el es “sistema-mundo” en su totalidad: el modo en que nos organizamos, convivimos, producimos, nos relacionamos con la naturaleza. La globalización actual, en la que sólo circulan las mercancías y capitales, y no las personas ni sus derechos, centrada en la maximización de la ganancia como valor supremo y con una concepción de relación con la naturaleza de carácter meramente utilitaria  y extractiva, “medios-fines”; este sistema, pues, ha colapsado y ha entrado en fase terminal, por lo que requerimos pensar y construir un nuevo mundo en el que quepan muchos mundos, e igualmente, generar una nueva consciencia hecha de discernimiento y solidaridad entre los individuos y los pueblos.

La lógica hegemónica de este sistema mundial ha producido pobreza, desigualdad, desarrollo asimétrico (tanto global como nacional), migraciones masivas, destrucción de los pueblos originarios, depredación del medio ambiente, superconcentración de poder, emergencia de violencias étnicas, delincuenciales, de clase y geopolíticas… Se trata, pues, de un sistema de muerte. En palabras del Papa, de una “economía que mata”.

Por ello, tal vez la tarea principal de nuestra Congregación General en el tema que ahora discutimos, el de “vida y misión”, sea dar a la Compañía y a los cristianos motivos para creer y esperar, pistas concretas de acción futura que afiancen los valores del evangelio y pongan en el centro del modelo socioeconómico al ser humano. También, quizá, ver de qué manera congruente podemos vivir como religiosos en un tiempo que nos reclama hospitalidad, sencillez y responsabilidad con la naturaleza.





Acontecimiento histórico: Francisco en la Congregación General
por Antonio Spadaro, SJ.

El Papa entró con naturalidad, como un Padre jesuita entre otros. Pero su solideo blanco marcaba una diferencia visible. Cosa que no eliminó la percepción de que hay un vínculo hondo entre él y nosotros. Empezamos rezando.

Acontecimiento histórico: el encuentro entre la Congregación General de la Compañía con el Papa Francisco. El primero en ser consciente de este acontecimiento era precisamente el Padre General, Arturo Sosa, al pedir a los jesuitas que se prepararan espiritualmente para dicho encuentro. Nunca había habido un Papa jesuita, de donde ninguno había intervenido en el lugar donde se reunía la Congregación General de la Compañía. De ahí que su discurso cobrara un valor especial, verdaderamente fuerte. Sin embargo, incluso antes de su discurso, la presencia misma del Papa había tenido un valor extremadamente significativo, también por su modalidad tan inusual: una audiencia en la misma Aula de la Congregación General que extendiera durante algunas horas un encuentro libre y espontáneo en un clima relajado y abierto, como quizá no había sucedido en mucho tiempo.

La Compañía se hace más y más consciente de que el ministerio petrino, hoy, está confiado a una persona formada en su seno y con su espiritualidad, la del discernimiento. Más aún, muchas características de este pontificado solo se entienden de raíz cuando se considera la espiritualidad en la que el Pontífice creció humana y espiritualmente. Por lo tanto, Francisco representa un reto positivo para la Compañía, y un incentivo específico de oración, reflexión y asunción de responsabilidad.

Un retrato “borroso” de la Compañía
El Papa empezó su discurso esbozando un retrato de la Compañía. No es un bodegón, sino un marco multifacético en movimiento. La misma Compañía está in fieri, en devenir, haciéndose. Eso le da elasticidad, la hace libremente elástica. Inmediatamente lo enmarcó -también a la luz de las declaraciones de sus predecesores- en un camino como personas libres y obedientes. Y uno solo camina si baja verdaderamente a la calle. La Compañía no puede balconear, como dijo una vez: no pueden mirar la realidad desde un balcón, estudiarla, analizarla y, siempre desde el balcón, juzgarla. Tenemos que entrar en ella, ponernos en las encrucijadas de la historia, en las primeras líneas de fuego sociales, donde se produce una “confrontación entre los deseos más profundos de la persona y el perenne mensaje del Evangelio”, como dijo Pablo VI. Reflexión, contemplación y acción siempre van juntas si no queremos caer en la ideología.

Sin objetivos fijos, sino horizontes en movimiento
Caminar no es suficiente. ¿Dónde vamos? En su discurso a la Congregación, Francisco implícitamente nos prevenía contra la tentación de tener objetivos demasiado claros y distintos, como en la planificación de los negocios. El horizonte que orienta el viaje es la Gloria de Dios siempre mayor, como dijo. De modo que la Compañía tiene que caminar poniendo ante sí un horizonte continuamente cambiante y que se amplía. El retrato de la Compañía que pintó el Papa es dinámico, “incompleto” en sí mismo y está “abierto”. A los jesuitas, no se les llama a “alcanzar objetivos”, como en una galería de tiro, sino a caminar, acompañando evangélicamente procesos en los que están metidos seres humanos y teniendo como horizonte la gloria de Dios. Acompañar procesos, no conquistar espacios. Esencialmente, caminar con nuestro Señor Jesucristo: estamos llamados a caminar con él y a ir dondequiera que vaya. Y a veces ni siquiera sabemos a dónde va. Lo descubrimos conforme caminamos con él, dispuestos a cambiar el rumbo, movimientos y métodos. Solo si la Compañía camina con Jesús hacia el horizonte puede entenderse a sí misma. La Compañía es móvil. Por eso, para el jesuita, todo el mundo le ha de ser casa. Si no, cae en el “funcionalismo”, se vuelve rígido: se enreda, empieza a reconcentrarse, a dar vueltas sobre sí mismo una y otra vez y, al final se vuelve inútil.

Una sola prioridad: el discernimiento
Esta caminata no es confortable ni solitaria. No es un viaje para encontrarse a sí mismo, ni siquiera para la propia salvación. Francisco nos contó que caminar, en las palabras de Ignacio, significaba en primer lugar “intensamente procurar de ayudar a la salvación y perfección de las almas de los prójimos” (Examen General 1.2.). Parece que el Papa prefiere la “Fórmula del Instituto” original, la de Pablo III (1540), Regimini militantis Ecclesiae, que pone como foco ante la Compañía ocuparse en el “provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana”. Por lo tanto, el Papa no confía a la Compañía objetivos o preferencias que no sean “de provecho para las almas”. No da una lista de tareas que acometer, de objetivos que cumplir o de territorios que “ocupar”. Más bien dice simplemente que la Compañía “está donde es necesario que esté”. Si bien, con audacia profética y diplomática. ¿Dónde es eso? La respuesta es, que el contenido de la mission viene como fruto de un discernimiento continuo y siempre en marcha. El centro sigue estando en la “Fórmula del Instituto”: el resto pertenece a la historia, al devenir, a las circunstancias. La Compañía vive y tiene que vivir tensiones, no para. Francisco quiere tocar el corazón palpitante, el núcleo ardiente y poderoso del carisma de la Compañía, exactamente la “Fórmula”: quita los paños que la protegen y enseña a los jesuitas las cosas esenciales de las que acordarse. El Papa habla de volver al corazón, o mejor, a un “fuego”. Y cita a uno de los primeros jesuitas, el Padre Jerónimo Nadal, que dijo que “la Compañía es fervor”, palabra derivada del latín fervor, esto es, “hervor”.

Tres maneras de avanzar
Dicho todo esto, el Papa nos dio igualmente tres “modos de proceder” para la misión que resume en tres palabras: “consolación”, “compasión” y “sentir con la Iglesia”. Es importante notar la expresión usada por Francisco: podemos dar un pasito adelante. No invita a dar un gran salto, sino a ir paso a paso. Pero siempre adelante. Siempre se nos llama a progresar, y eso con humildad y decisión. De tres maneras:

Consolación. Vivimos en un mundo herido y el jesuita siempre es un hombre herido. A menudo, el mundo se mueve por miedo y reacciona abriendo el oído a la desolación y a los temores. Para Francisco, solo si experimentamos la fuerza restauradora de la consolación en el corazón de nuestras heridas -tanto como pueblo como en tanto que Compañía- podemos despertar del sopor, caminando y ayudando a otros. Luego tenemos que pedir consolación -el Papa añade- “insistentemente”. El estado habitual del jesuita debe ser la consolación. Es la experiencia a la que Francisco nos invita: dejarnos consolar por dios y vivir nuestro ministerio como ministros de la consolación, llevando reconciliación, justicia y misericordia al mundo. Y en eso, el mismo Francisco era un modelo, al hablar en sus textos magisteriales de gozo, alabanza y alegría, que son sinónimos de consolación para él. Añad: para el Papa, “la actitud humana más próxima a la gracia de Dios es el sentido del humor”.

Compasión. El Papa nos pide que nos dejemos conmover por el Señor puesto en cruz y que permanezcamos al pie de la cruz para sentirnos amados por él. Esa es la experiencia que nos vuelve sensibles con los dolores de la humanidad, que nos hace experimentar compasión: El Padre Arrupe decía que “allí donde hay un dolor, allí está la Compañía”. Solo si experimentamos la fuerza sanadora de la compasión de Jesús crucificado nos dejaremos sanar y sanaremos a otros. Lo cual nos impulsa a comprometernos por la justicia y a estar con los pobres y a favor de los pobres.

Discernimiento: “sentir” con la Iglesia. El Papa nos pide que vayamos adelante en el discernimiento “sintiendo con la Iglesia”, nuestra Madre. Hay muchas maneras de reformar la Iglesia, pero algunas son anti-eclesiales, fruto del “mal espíritu”. En cambio, Francisco dice que no basta con reformar la Iglesia, porque sería una operación ideológica y, por lo tanto, “clerical”. Tenemos que hacer por el “buen espíritu”, fruto del discernimiento, y de modo “eclesial”. El jesuita tiene que estar dentro de la Iglesia que vive en la historia y no en y no la de nuestras utopías y de nuestros deseos. Lo que, a veces, implica también para nosotros que carguemos con nuestra cruz y experimentemos humillación. También tenemos que escuchar todas las críticas, incluso las que vienen con malicia, y discernir. Nunca tenemos que cerrar las puertas. No es para justificar posiciones cuestionables, sino para abrir espacios a lo que el Espíritu hace o quiere hacer en este tiempo. El jesuita actúa dentro de la Iglesia confiando en la acción del Espíritu dentro de ella.

Compañeros de camino
Al final de este discurso, Francisco volvió la mirada a María con la advocación de “Nuestra Señora de la Strada” (del Camino). La Compañía no es solo un grupo de hombres con los mismos ideales, sino también un grupo de amigos que están en la calle, haciendo camino con Jesús, paso a paso.

Al final del encuentro, me vinieron a la cabeza las palabras de una carta de Ignacio con ocasión de la elección del Papa Marcelo en abril de 1555: “A Dios nuestro Señor, que quiso dar a la Iglesia este príncipe, plazca aumentar en él un gran espíritu, como requiere tan alto ministerio”.





Sobre esparcir Cenias: Con los restos mortales: respeto y sentido común
Pedro Castelao, teólogo

Lo que el cristianismo sostiene sobre la vida es extraordinario. En el seno más íntimo de todo ser se encuentra el aliento vivificante del amor de Dios, como verdadera savia inmaterial que nutre y fortifica a las criaturas, haciéndoles ser quienes son. Dios crea, conserva y consuma a toda su creación como una niña acaricia y cuida al muñeco de trapo que confeccionó con la ayuda de su madre.

En el principio eran unos retazos amorfos. Puntada tras puntada y un algo de relleno y, en pocos minutos, todo era bueno. Fue un beso de la niña quien insufló en el muñeco el aliento vital. El muñeco vive porque la niña le habla con sus cuidados. Le da de comer, lo viste y lo lava. Es la palabra cariñosa la que da la vida. Lo pasea y no lo pierde de vista. Sus ojos de botones refulgen porque recibieron, por gracia, una primera mirada que los encendió.

Así es el universo y el ser humano creado por Dios. Puntada tras puntada. Palabra creadora. Mirada de autocomunicación en amor incondicional. Materia viva, corporalidad habitada por un interior consciente de sí. Pero tan consciente que, desde bien pequeños, nos cuesta un triunfo salir de nosotros mismos y vencer ese egoísmo tendencioso que nos encadena, como a los niños, a nuestras rabietas cotidianas. Amar es salir de sí. Vivir en la gratuidad y en la lógica del regalo, del descentramiento, del cuidado del prójimo, del refugiado, de la maltratada, del preso y no de nosotros mismos. Como Dios con la creación, como Jesús de Nazaret con sus seguidores, como la niña con su muñeco.

Siendo grande lo que el cristianismo dice sobre la vida es mucho mayor lo que dice sobre la muerte porque desmitifica completamente su carácter definitivo. El amor de Dios nos ha dado, en la creación, una vida sin fin. Una vida inmortal. Una vida eterna. Llegado el tiempo la crisálida se convierte en mariposa. Llegada a nosotros la hora definitiva experimentaremos nuestra particular metamorfosis. Cada uno la suya, pero todos la misma.

La muerte tiene, a la luz de la resurrección de Cristo, un sentido extraordinariamente positivo, porque no es ni final definitivo -aniquilación en el vacío- ni reiteración de la vida terrena -reencarnación circular- ni disolución en el universo como una gota en el mar. La muerte para el cristianismo es un nuevo nacimiento a una forma de vida absolutamente transformada, pero en continuidad con nuestra histórica identidad biográfica. En la eternidad seremos nosotros mismos, pero no lo mismo.

He ahí nuestros difuntos: abuelos, padres, hermanos... El cristianismo sostiene acerca de ellos algo maravilloso. Puesto que fueron concebidos en el aliento creador del amor de Dios han sido también renacidos por su compasivo mirar omnipotente. Como la savia dormida en invierno hace brotar los frutos en primavera, así la inmaterial savia de la vida eterna vivifica invisiblemente al difunto en los campos bienaventurados. Pasaron nuestros seres queridos a través de la muerte como quien recorre un camino incierto y oscuro que, sin embargo, finaliza en la infinidad de un Dios que es vida fecunda, luz incandescente, descanso sin fin. Puntada tras puntada somos rehechos en Dios según el patrón de Cristo.



Y nuestros familiares son como mariposas rutilantes que lejos de alejarse de las flores del mundo retornan al contacto con ellas pero ahora al modo divino: como polen inmaterial que poliniza en el bien y en el amor nuestro ser más íntimo. Están eternamente ante nosotros y nosotros en ellos, con Dios, en Cristo, presentes por el Espíritu y dirigiéndonos miradas y palabras cariñosas que, de vez en cuando, encienden nuestros ojos de botones haciéndonos ver lo invisible, lo que está más allá de las cosas, nuestro más auténtico destino, nuestro verdadero ser allende nuestros retazos de trapo.

Enterrar a nuestros difuntos en sepulturas o nichos sigue pareciendo lo más adecuado. Incinerarlos también está bien. ¿Qué hacer, sin embargo, con nuestra ceniza? Respeto y sentido común. Los restos mortales, mejor que en las casas, están en los cementerios. Esos espacios de soledad, silencio y paz de los que tan faltos estamos en nuestras urbes. Con todo creo que debe imperar en esto el respeto y el sentido común. Hay cementerios realmente desagradables. Hay casas, en cambio, con pulcros espacios de reposo y paz.

Lo mismo sucede con el destino final de las cenizas. Tengamos respeto y sentido. Conozco gente que expandió en el aire, en la tierra o en el agua las cenizas de un familiar, con todo amor y cariño, y sin dar ningún tipo de cabida a panteísmos, naturalismos o nihilismos. Cristianos profesantes de la verdadera fe en la resurrección. ¿No cabe una expresión cristiana de esa expansión que convierte en polvo de la tierra lo que ya lo era según la conocida expresión litúrgica del miércoles de ceniza?

El problema real no parece estar en las cenizas, o en lo que se haga con ellas, siempre que prime la fe en la resurrección y el respeto a los muertos. La dificultad parece residir en las ideas difusas sobre la muerte y la resurrección y en el peligro de que no se atienda con el debido respeto a los restos mortales. Ahora bien: tratándose de cristianos adultos y salvadas estas dos cosas, ¿dónde está el problema?

Más que de una «imperativa» instrucción Ad resurgendum cum Christo todos parecemos más necesitados de una iluminadora actualización teológica que nos recuerde, con alegría, misericordia y esperanza, lo que el cristianismo le tiene que decir al ser humano de todos los tiempos: que somos creados con el cariño infantil de los muñecos de trapo, para ser transformados como gusanos de seda en su crisálida, pero, sobre todo, que nuestro destino definitivo es el vuelo eterno de las mariposas. La muerte es metamorfosis, y con los restos mortales, lo dicho: respeto y sentido común.






Entrevista a Marcos Recolons, SJ. sobre Isa Solá, RJM.

(Entrevista hecha por Jesús Bastante).- "Compartíamos el sueño de hacer una educación para los pobres de calidad". El jesuita Marcos Recolons, director de Fe y Alegría en Haití, recuerda en esta entrevista con RD a la misionera Isabel Solá, asesinada la pasada semana en Puerto Príncipe, y con la que colaboraba en el día a día, con el común deseo de "servir a los más pobres".

-¿Quién era Isa Solá?
Una mujer valiente, de calidad humana excepcional, que vivía el evangelio a flor de piel, entregada en cuerpo y alma a los demás.
El sábado pasado me reuní con sus hermanos y hermana en Port-au-Prince. Allí ellos me hicieron ver la gran coherencia de la vida de Isa. Me hablaban de su fidelidad en acompañar y ayudar a los ancianos del Casal de Cabrera de Mar a sus 16 años, de sus escapadas del Noviciado de Valencia para prestar algún servicio los hogares de menores, de su trabajo en Guinea Ecuatorial durante 18 años. Allí, me decían tuvo algo así como una crisis eclesial, ante conductas de hombres de Iglesia y connivencias con un sistema y un régimen dictatorial. Su ida a Haití estuvo determinada por el deseo de servir a los más pobres. Todo esto la preparó para responder con increíble calidad humana y espíritu evangélico en el acontecimiento que cambió radicalmente su vida: el terremoto de Haití del 12 de enero de 2010.

- ¿En qué proyectos colaborabais? 
Después del terremoto Isa se volcó en el taller de prótesis, para atender a los muchísimos mutilados, que dejó aquella catástrofe. Pero su sentido de organización le permitió ir pasando responsabilidades a sus colaboradoras y colaboradores haitianos y así su presencia diaria en el taller no era necesaria. Entonces continuó desarrollando sus dos vocaciones: la enfermería (trabajando en un dispensario móvil) y la enseñanza (preparándose para fundar una escuela de Fe y Alegría). Estábamos trabajando juntos en la elaboración de un proyecto en un barrio superpoblado de damnificados por el terremoto. Fe y Alegría adquirió allí unos terrenos para edificar un Politécnico, un amplio espacio de canchas deportivas para el barrio, una escuela de Fe y Alegría , un dispensario y una vivienda para las religiosas (una comunidad intercongregacional). Ella había sumido el trabajo de planificar y gestionar la construcción del dispensario, la escuela y la vivienda y posteriormente de dirigir la escuela.

- ¿Cómo estáis viviendo su muerte? ¿Se sabe algo de la investigación?
El shock ha sido tremendo, pero la reacción del pueblo haitiano, que inmediatamente ha asumido a Isa como una de sus heroínas, ha sido un gran consuelo.
Lo ocurrido con Isa es algo muy fuera de la cultura haitiana, que quiere a las religiosas y que se cuida mucho de ejercer violencia contra los extranjeros. Un ladrón aprovechará la oportunidad de robarles, pero disparar contra ellas o ellos es algo totalmente inusitado.
No tenemos noticias sobre la investigación.

- No sé si pudiste estar en el funeral...
No pude estar en el funeral, porque tuve que viajar cuatro días después del asesinato de Isa.

- ¿Cuál es la situación en Haití, seis años después del terremoto?
Es opinión común en Haití que se ha desperdiciado una oportunidad histórica de aprovechar las importantes ayudas que llegaron después del terremoto, para dar un salto adelante en la economía, la educación, la sanidad y los demás servicios sociales. Se han reconstruido edificios públicos y algunas carreteras, la cooperación española ha hecho un buen trabajo n dotar de agua potable a bastantes poblaciones y otras instituciones han desarrollada algunos proyectos. Los proyectos pequeños, desarrollados por instituciones religiosas y ONGs chicas han sido bastante significativos. Con todo, no sólo el gobierno, sino también los grandes organismos de cooperación internacional han dado muestras de incompetencia y de corrupción. 
Hay todavía algunos campamentos de damnificados, mucho menos visibles que hace tres o cuatro años, pero gran parte de los que perdieron su vivienda han ocupado los grandes eriales que rodean la ciudad, en algo así como grandes favelas. Tenemos ya una gran escuela en una de ellas y el complejo que proyectábamos con Isa iba a ser en otra.

- ¿Cuáles eran los sueños de Isa para la población del país?
Isa era una soñadora, pero muy concreta y práctica. Sus sueños eran la recuperación de la calidad de vida de las víctimas del terremoto y una educación de calidad para los niños, niñas y adolescentes. De eso hablaba constantemente.






Ejercicios Espirituales para jóvenes.
Del 26 de diciembre de 2016 al 2 de enero de 2017 
Yo estaré acompañando en los que se darán en Tapalpa, Jalisco.
También habrá, en las mismas fechas, en Cuernavaca Morelos.
Te invitamos a una experiencia personal de una semana de silencio exterior o interior, en intimidad con Dios. Un encuentro de la creatura con su creador. Los Ejercicios Espirituales son para "ordenar los afectos", es saber ¿Qué quiero? O quizás encontrar las preguntas y algunas respuestas que te ayuden a argumentar: ¿A dónde voy y a qué? ¿Cuál es el sentido de mi vida? En los ejercicios vivirás un itinerario de oración creado por San Ignacio de Loyola, pero este camino, aunque se vive con otros y otras, es personal y animado por un acompañante espiritual.
Visita el siguiente link: https://goo.gl/wdzv74