jueves, 30 de junio de 2016

PORTADORES DEL EVANGELIO - José Antonio Pagola


PORTADORES DEL EVANGELIO - José Antonio Pagola

Lucas recoge en su evangelio un importante discurso de Jesús, dirigido no a los Doce sino a otro grupo numeroso de discípulos a los que envía para que colaboren con él en su proyecto del reino de Dios. Las palabras de Jesús constituyen una especie de carta fundacional donde sus seguidores han de alimentar su tarea evangelizadora. Subrayo algunas líneas maestras.

«Poneos en camino»
Aunque lo olvidamos una y otra vez, la Iglesia está marcada por el envío de Jesús. Por eso es peligroso concebirla como una institución fundada para cuidar y desarrollar su propia religión. Responde mejor al deseo original de Jesús la imagen de un movimiento profético que camina por la historia según la lógica del envío: saliendo de sí misma, pensando en los demás, sirviendo al mundo la Buena Noticia de Dios. «La Iglesia no está ahí para ella misma, sino para la humanidad» (Benedicto XVI).

Por eso es hoy tan peligrosa la tentación de replegarnos sobre nuestros propios intereses, nuestro pasado, nuestras adquisiciones doctrinales, nuestras prácticas y costumbres. Más todavía, si lo hacemos endureciendo nuestra relación con el mundo. ¿Qué es una Iglesia rígida, anquilosada, encerrada en sí misma, sin profetas de Jesús ni portadores del Evangelio?

«Cuando entréis en un pueblo... curad a los enfermos y decid: está cerca de vosotros el reino de Dios»
Esta es la gran noticia: Dios está cerca de nosotros animándonos a hacer más humana la vida. Pero no basta afirmar una verdad para que sea atractiva y deseable. Es necesario revisar nuestra actuación: ¿qué es lo que puede llevar hoy a las personas hacia el Evangelio?, ¿cómo pueden captar a Dios como algo nuevo y bueno?

Seguramente, nos falta amor al mundo actual y no sabemos llegar al corazón del hombre y la mujer de hoy. No basta predicar sermones desde el altar. Hemos de aprender a escuchar más, acoger, curar la vida de los que sufren... solo así encontraremos palabras humildes y buenas que acerquen a ese Jesús cuya ternura insondable nos pone en contacto con Dios, el Padre Bueno de todos.

«Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa»
La Buena Noticia de Jesús se comunica con respeto total, desde una actitud amistosa y fraterna, contagiando paz. Es un error pretender imponerla desde la superioridad, la amenaza o el resentimiento. Es antievangélico tratar sin amor a las personas solo porque no aceptan nuestro mensaje. Pero ¿cómo lo aceptarán si no se sienten comprendidos por quienes nos presentamos en nombre de Jesús?

14 Tiempo ordinario - C
Lucas 10,1 - 12.17-20)
03 de julio 2016


José Antonio Pagola 





VOLVIERON MUY CONTENTOS
Escrito por  Florentino Ulibarri

No les fue fácil;
para muchos era la primera vez
y no tenían experiencia;
quizá hubieran deseado otra compañía
para la aventura;
y los pueblos y aldeas tenían ya su fama,
unos de acogedores, otros de indiferencia.

Iban ligeros de equipaje,
con las entrañas enternecidas, aradas,
y la utopía del Reino desatada
porque portaban tu mensaje.

Y la experiencia y misión
estuvo llena e todo lo que tiene la vida
y trae la historia.

Acogida, cercanía,
casas abiertas,
mesa compartida,
descanso y despedidas...

También de risas socarronas,
de portazos y rupturas,
de hambre e indiferencia,
,y de poca sintonía.

Pero volvieron contentos,
llenos de alegría,
con la misión cumplida
y con ganas de compartir
la experiencia tenida.;
y te regalaron uno de los momentos
más gozosos de la vida.

¡Cuánto tenemos que aprender
los que nos sentimos elegidos hoy día!
Salir fuera y andar por plazas, cruces y veredas;
destilar paz... y un poco de osadía;
aligerar las pertenencias
y desbordar de alegría;
sacudirnos títulos y prebendas ;
no sentirnos en casa inhóspita;
ofrecer buenas noticias y vida
y gozar siempre en compañía.



EL REINO ES VIDA QUE SOLO PUEDE SURGIR DE OTRA VIDA
Escrito por  Fray Marcos
Lc 10,1-12; 17-20

Lucas es el único evangelista que narra esta misión de los 72. En el c. 9, ya había narrado el envío de los 12. No es verosímil que este relato sea histórico. Con él, ha querido acentuar el carácter universal de la predicación, aunque Mt dice expresamente que no entren en tierra de paganos ni vayan a ciudades de Samaría. 70 era el número de las naciones gentiles, según Génesis. Para los demás evangelistas, el límite de la gentilidad estaba en la frontera de Galilea, para Lc se encuentra en la misma Samaria, porque estaba apartada de la religión oficial judía.

El domingo pasado se hablaba del fracaso de los discípulos en su intento de preparar el camino a Jesús en su subida a Jerusalén. Probablemente, Lc quiere poner este envío de “otros setenta y dos” para dejar un buen sabor de boca. Estos vuelven “muy contentos” de sus correrías y tienen mejor acogida que los discípulos. “De dos en dos”, porque para los judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el mensaje debe ser proclamado siempre por la comunidad.

No penséis que se trata de enviar a un número de especialistas en comunicación. No se trata de recomendaciones a unos cuantos escogidos. El evangelio dice simplemente: “envió a otros setenta y dos”. Ni siquiera dice que fueran discípulos. Se da por supuesto que todo cristiano por el hecho de serlo, tiene la misión de proclamar la buena noticia que él vive. El modo de esa predicación puede ser diferente, pero la base, el fundamento de toda predicación, es la vida misma de cada cristiano. Vivir como cristianos, es la mejor predicación y la que convence. En cada instante estamos predicando, para bien o para mal.

No es fácil delimitar lo estrictamente histórico de este relato. Además de que solo Lc lo narra, exigiría un grado de organización que no se percibe en el grupo de los que han seguido a Jesús. El simbolismo del número 12 y 70 nos invita a pensar que son relatos elaborados por la comunidad, más tarde. Por otra parte, para predicar El Reino, se necesita haberlo comprendido y experimentado. Los evangelios se encargan de manifestar que antes de la experiencia pascual ni los doce se habían enterado de nada.

Las recomendaciones de Jesús son la clave de todo anuncio del mensaje cristiano. Están puestas en boca de Jesús, pero son las condiciones mínimas que debía tener todo cristiano para llevar la Buena Noticia a los demás. En ningún caso se habla de doctrina que tienen que enseñar o de normas morales que deben exigir. Se trata de comunicar lo que Dios es para todos sin condiciones ni excepciones. Esa tarea la cumplió la primera comunidad en todas partes donde se fue implantando. Es la principal tarea que tiene que seguir llevando a cabo todo cristiano en cualquier tiempo y lugar.

1.- Itinerancia. "Poneos en camino". Es la clase de vida que eligió Jesús cuando se decidió a proclamar su buena noticia. El domingo pasado nos decía que no tenía donde reclinar la cabeza. Este desapego de toda clase de seguridades es la actitud básica y fundamental que debe adoptar todo enviado. El anuncio no se puede hacer sentado. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas del mensaje de Jesús.

2.- Dificultad. "Os mando como ovejas en medio de lobos". Cuando se escribieron los evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la oposición, tanto del mundo judío como del pagano. Denunciar la opresión o poder despótico, no puede agradar a los que viven desde esa perspectiva, y sacan provecho de ella a costa de los demás. Por desgracia, cuando el cristianismo adquirió poder, se comportó como lobo en medio de corderos; eso sí, con piel de oveja. Desde el poder es imposible adivinar lo que sería bueno para el otro. El provecho personal o el de la institución, no es buena noticia para nadie.

3.- Pobreza. "Ni talega ni alforja ni sandalias". La pobreza material es solo signo de la superación de seguridades. Significa no confiar en los medios externos para llevar a cabo la misión. No debemos hacer de la predicación un logro humano. Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. No buscar seguridades de ningún tipo, ni en el dinero ni en el poder ni en el prestigio ni en los medios. Tenemos la obligación de utilizar al máximo los medios que la técnica nos proporciona, pero no debemos poner nuestra confianza en ellos.

4.- Urgencia. "No os detengáis a saludar a nadie por el camino". No se trata de negar el saludo a los que se encuentren en el camino. "Saludar" tenía para ellos, un significado muy distinto al que tiene para nosotros. El saludo llevaba consigo un largo ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar la urgencia de la tarea a realizar. Seguramente está haciendo referencia a la inmediata llegada del fin de los tiempos, en que las primeras comunidades cristianas creyeron a pies juntillas.

5.- Paz. "Decid primero: ¡Paz! Para entender esta recomendación hay que tener en cuenta el sentido de la "paz" para los judíos de aquel tiempo. "Shalom" no significaba solo ausencia de problemas y conflictos, sino la abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud humana. Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno. Significa no ser causa de tensiones ni externas ni internas. Sería ayudar a los hombres a ser más humanos. El cristiano, vaya donde vaya, tiene que llevar armonía, comprensión, amor, paz.

6.- Humildad. "Comed y bebed de lo que tengan". Esta es una de las actitudes más difíciles. Ponerse al nivel del otro. Aceptar sus costumbres, su cultura, su idiosincrasia... Se trata de buscar solo el estar disponible para todos, sin esperar nada a cambio, pero aceptando con humildad lo que den; siempre que sea lo indispensable, comida, alojamiento, etc. ¡Qué difícil es no imponer lo nuestro! Muchos intentos de evangelización han fracasado por no tener esto en cuenta. Más difícil todavía es aceptar la dependencia de los demás en las necesidades básicas, no poder elegir ni lo que comes ni con quien comes.

7.- Curad. "Curad a los enfermos". No se refiere solo a las enfermedades físicas. Todo aquello que impide al ser humano ser él mismo es enfermedad. De hecho los 70 solo hacen alusión a que los demonios se les sometían. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal, sin enterarnos de que con una grave enfermedad puede un ser humano alcanzar su plenitud. Curar significa alejar de un ser humano todo aquello que le impide ser él. Hoy las enfermedades físicas están cubiertas por la medicina. Pero ¿qué pasa con las enfermedades psíquicas y mentales, que arruinan la existencia de tantas personas?

8.- Buena noticia (evangelio). "El reino, que es Dios, está cerca". Ni de peroratas teológicas, ni discursitos apologéticos, ni propagandas ideológicas. Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama. Predicar el reino que es Dios, es hacer ver a cada ser humano que Dios es algo cercano, que es lo más hondo de su propio ser, que no tiene que ir a buscarlo a ningún sitio raro, ni al templo ni a las religiones ni a las doctrinas ni a los ritos ni al cumplimien­to de la norma. Dios es (está) en ti. Descúbrelo y lo tendrás todo...

Sin estas condiciones, la predicación se hace inútil. No es nada fácil salir de la dinámica de la propaganda, del proselitismo a toda costa, buscando más el potenciar la institución que el servicio de las personas. El que va a proclamar el Reino de Dios, tiene que manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio en todo momento. No debe exigir absolutamente nada, ni siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.

Meditación-contemplación

¿Cuál es tu preocupación primera?
¿Es la comida, el vestido, la salud, la casa, el prestigio?
¿Tus esfuerzos están encaminados a buscar seguridades?
O ¿tu preocupación primera es vivir el Reino?
.................

Procura, al mismo tiempo no caer en demagogias baratas.
De esas necesidades básicas tienes obligación de ocuparte.
Dios quiera que alcances el mayor bienestar posible, para ti y para los demás.
Siempre que la prioridad sea el desplegar tu humanidad.
......................

No te dejes llevar por lo que te pide el cuerpo.
No te olvides que eres también y sobre todo, espíritu.
Escucha, sobre todo, tu ser profundo;
lo que él te pida, te llevará hacia tu plenitud y felicidad.
.....................

Fray Marcos



LA IGLESIA/FUNDACIÓN Y LA IGLESIA/MISIÓN
Escrito por  José Enrique Galarreta, SJ. (qepd)
Lc 10, 01-20

El texto que leemos es probablemente un resumen de doctrinas varias, instrucciones de Jesús pronunciadas en diversas ocasiones, reunidas aquí con el pretexto de la misión de los setenta y dos discípulos. Destacan de todas maneras varios temas:

- el encargo mismo de Jesús, la elección de personas que sean, como él mismo, anunciadores de la Buena Noticia.
- la misión en pobreza y el riesgo de la misión.
- la transmisión a los discípulos del poder de Jesús.

En nombre de Jesús, animados por su mismo Espíritu, sin medios materiales, armados sólo con la Palabra, en un medio hostil, más fuertes que los demonios ... Es una maravillosa imagen de la Iglesia y un motivo de reflexión tan estimulante como inquietante.

Se ha fundamentado a veces la iglesia con el concepto de "fundación", como una empresa cuyos estatutos y cargos directivos hubieran sido establecidos por Jesús mismo. Es más radical, y más real, el concepto de Misión: Jesús, ser temporal y espacial como cualquier humano, que terminará su vida mortal como cualquier humano, lanza un movimiento que le continúe, envía en su nombre a muchos para su misma misión.

La Iglesia/fundación es más legal y tiende a dárselas de "oficial", con todos los derechos.

La Iglesia/misión atiende ante todo al trabajo, a la responsabilidad y al Espíritu de Jesús.

La autenticidad de la primera se funda más en sucesiones que parecen dinásticas. La autenticidad de la segunda se basa en el Espíritu, en la fidelidad al mismo Espíritu de Jesús.

La misión se representa siempre en la curación de enfermedades y la liberación de demonios. Es sorprendente leer los tres primeros capítulos de Marcos: sale Jesús a su misión y parecen despertarse todas las furias del infierno, en forma de enfermos, de endemoniados y de adversarios. Y es así: Jesús, presencia del bien, desata la hostilidad del mal, en todas sus formas.

Esto permite definir la actividad de Jesús como cumplimiento de su mismo nombre: el salvador, el libertador. Dios que salva. Y al ser humano como el esclavizado por el mal, por muchos males, el necesitado de la fuerza de Dios libertador.

Se utiliza una vez más la imagen física para representar la acción espiritual: "pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo" no es más que una imagen. Pero es una imagen que nos ayuda a leer el mundo. Nosotros tenemos la grave tentación de leer el mundo como indiferente, inocuo, ajeno a Dios y al mal. Nos han vendido una imagen aséptica de la vida, de la naturaleza, del trabajo, de la actividad cotidiana: nos han convencido de la profanidad del mundo, recluyendo a Dios y al mal en ámbitos estrictamente religiosos. Nada tan diferente de la mentalidad de Jesús.

El mundo entero es el escenario de la gran batalla que los hijos de Dios libran contra todos los males: la ignorancia, la explotación, la perversión, la humillación, la destrucción del medio y de lo humano... cada día, en cada circunstancia, se desarrolla un fragmento del gran drama: la construcción o la destrucción del Proyecto de Dios, el triunfo o el fracaso de los hijos de Dios.

Jesús lee el mundo sin ninguna ingenuidad. Jesús invita al Reino, es decir, a pelear. Jesús sabe que la pelea es cotidiana. Por eso los evangelistas pueblan sus narraciones de endemoniados que reconocen a Jesús y se resisten violentamente, aunque en vano, porque la fuerza de Dios vence siempre.

Es una profunda y significativa imagen del mundo y de la humanidad, una imagen de riesgos y de batallas, bastante ajena a la tibieza y componenda de nuestra manera de vivir el seguimiento de Jesús. Y es muy significativa la imagen de los enfermos y los endemoniados, porque no son ellos los malos, los enemigos, sino víctimas de sus demonios. Los enemigos de Jesús nunca son las personas, aunque le estén clavando en la cruz. Las personas son siempre víctimas de sus pecados; por eso se acerca a ellas Jesús, para curar y liberar.

Esta es la enorme misión de la Iglesia: ayudar a las personas contra todos sus males: liberar al ser humano de todo lo que le deshumaniza. Esta es la misión de Jesús, y la nuestra, como enviados suyos.

Esta misión se realiza con el espíritu, con el estilo, con las armas de Jesús. Jesús no necesitó más medios que la palabra y el ejemplo. Jesús renunció al dinero como medio de influir, renunció al poder como medio de imponer. Su prestigio es su modo de actuar, su compasión y su valor. Su fuerza es la Palabra. Su mayor poder, la Buena Noticia.

Jesús no dice que ama; Jesús ayuda. Jesús no crea sistemas filosófico-teológicos; muestra a Dios en parábolas. Jesús no predica desde la autoridad humana sino desde el servicio. Jesús se siembra, es grano de trigo enterrado y muerto; y resucita en la Iglesia, que no es una sociedad triunfal sino una levadura enterrada en la masa. La Iglesia hará florecer la humanidad del mundo si se siembra en un servicio fraternal, como Jesús mismo.

La eficacia de la iglesia está garantizada solamente por la fuerza del espíritu. La Iglesia, nosotros la iglesia, solemos ser más sabios que Jesús y le enmendamos la plana. Reducimos la noción de pecado a la culpabilidad personal, trabajamos por el prestigio externo de la Iglesia y su influencia social, nos despreocupamos de los males reales para atender "a lo espiritual", valoramos la influencia política y económica, combatimos como enemigos a personas...

En resumen, no ofrecemos la imagen de "crucificados para el mundo", ni el mundo nos considera como tales. Nos hemos convertido en una autentica religión convencional, con dogmas, ritos, jerarquías, prestigios, poderes, y hemos perdido la capacidad y la identidad de crucificados por la liberación de la gente.

Ante todo esto, debemos prestar atención no solamente a Jesús compasivo, sino a Jesús poderoso. Las curaciones, las liberaciones de los endemoniados, tienen un mensaje primero, sencillo y definitivo: en Jesús actúa Dios poderoso para liberar. La Buena Noticia es poderosa para liberar. Pero sólo es poderosa la Buena Noticia, sólo es poderoso el Espíritu de Jesús. Los poderes del mundo sólo pueden esclavizar, son los enemigos de la Buena Noticia.

¿CUÁL FUE EL PODER DE JESÚS?
Todo esto conduce a la pregunta más radical: ¿Cuál fue el poder de Jesús? Tuvo poder de sanar, de liberar de decir la verdad a la cara de todos; tuvo el extremo poder de ser consecuente hasta la cruz. Tuvo el extraño poder de denunciar todas las falsas imágenes de Dios, de no dejarse comprar por nadie, de desmontar las pomposas teologías de los escribas con la simple arma de las parábolas, de ridiculizar la falsa santidad de los fariseos con el "a mí me lo hicisteis".

Jesús pisó inmune los escorpiones y las serpientes del falso mesianismo triunfal, del honor del sacerdote, del aprecio de los poderosos; Jesús fue más poderoso que los ejércitos de la Ley, del Templo, del Poder. Jesús caminó sobre todos esos, victorioso. Esos fueron, y sólo esos, los poderes de Jesús.

¿Qué significó Jesús para su mundo? Un loco peligroso, que debía ser, y fue de hecho eliminado. Su mundo lo crucificó y lo consideró como crucificado. Y los que él envía para anunciar "ya está aquí el Reino" no llevan al mundo una buena noticia para todos. Porque el reino no es buena noticia más que para los pobres, los enfermos, los pecadores, y no para los ricos, los sanos, los que se creen santos. Los ricos, los sanos, los fuertes, los que se creen santos, reciben lo de Jesús como una malísima noticia, como una locura peligrosa.

Es llamativa la imagen de Jesús: "como corderos en medio de lobos". Desarmados, pobres, sin más poder que curar y liberar. Sin más sabiduría que las parábolas. Con la estupidez mental de preferir la pobreza, el camino empinado, la fraternidad, la solidaridad... ¿cómo se puede triunfar en la vida con esas armas? ¿Cómo se puede un joven abrir paso en la selva del mundo con esos criterios? ¿Cómo se puede andar por la vida prefiriendo a los últimos, prefiriendo ser último? ¿Cómo se puede mirar con aprensión el dinero, el éxito, el reconocimiento social? ¡La Buena Noticia es cosa de locos!

Hoy es un domingo para revisar valores y criterios, para revisar nuestra situación en el mundo. ¿Qué piensan de nosotros la iglesia el poder, el dinero, el éxito? ¿Qué piensan de nosotros la iglesia los creadores de opinión, los triunfadores de la sociedad, los gobernantes que crean constantemente opresión, injusticia y miseria, los manejadores del mercado, los que viven en la abundancia? ¿Nos tienen por locos peligrosos?

No puedo menos que recordar aquí una escena, retransmitida hace unos pocos años por televisión a medio mundo: una boda real, a la que asisten todos los poderes del mundo, los reyes, los príncipes, los magnates de las finanzas, los jefes de estado, los famosos de todos los ámbitos; dinero gastado a chorros, en vestidos, en coches, en fiestas, en alardes de todos los géneros. El edificio es suntuoso, las vestiduras sagradas son carísimas, el rito es solemne...

Solamente estorbaba una cosa en tan magnífica ceremonia: el enorme crucifijo que presidía la asamblea entera, sangriento y agonizante, desnudo y ridículo, disonancia intolerable; deberían haberlo cubierto con un paño, o retirarlo a la sacristía para evitar que estropease tan magnífica ceremonia. Porque allí estaban todos los poderes, los criterios y los valores del mundo, todos los que crucificaron y crucifican hoy a los hijos de Dios, dueños del templo, impávidos ante el crucificado al que ellos mismo están matando.

Pero eso es sólo una imagen circunstancial, pasajera, anecdótica. Una anécdota significativa: la iglesia entera está representada en ella, nosotros la iglesia, que vivimos en el mundo dando culto a un dios que no es el de Jesús, impertérritos ante los crucificados, dedicados a nuestras teologías y a nuestros poderes, nuestros prestigios, nuestras seguridades religiosas... A nosotros no nos crucifica nadie, por una sencilla razón: porque el mundo sólo crucifica a sus enemigos, a Jesús, por ejemplo.

José Enrique Galarreta



HOMENAJE A LOS APÓSTOLES ANÓNIMOS
José Luis Sicre, SJ.
  
Las instrucciones de Jesús a los discípulos cuando los envía de misión, en el evangelio de Mateo se dirigen a los Doce, pero en el de Lucas a setenta y dos. En la perspectiva de Lucas, la misión no es obra de un pequeño grupo de selectos; si el mensaje del evangelio se difundió por el imperio romano fue gracias a gran número de personas anónimas, igual que ocurre en nuestros días.

Tres advertencias previas sobre el evangelio
1) Entre el envío de los setenta y dos y su vuelta introduce Lucas otras palabras de Jesús (sobre Corozaín y Betsaida, etc.), que la liturgia ha suprimido.

2) El discurso de Jesús tiene unas palabras muy duras contra los pueblos que no acojan a los discípulos; en nuestra época tan políticamente correcta pueden escandalizar a algunas personas.

3) En consecuencia, la liturgia ofrece la posibilidad de dos lecturas: una larga y otra breve (en ningún caso el texto completo de Lucas 10,1-20). Me limito a la primera.

Lectura breve políticamente correcta (Lucas 10, 1-12)
Curiosamente, lo primero que deben hacer los setenta y dos es rezar para que el Señor envíe operarios a su mies. El tema empalma con el del domingo pasado, a propósito de los tres casos de vocación. Jesús hablaba con tanta dureza que parecía no querer seguidores. Aquí queda claro que son absolutamente necesarios y hay que pedir al dueño de la mies que los envíe. El dueño de la mies no es Dios Padre, sino el mismo que Jesús, que les ordena ponerse en camino. Con una advertencia y unas órdenes.

La advertencia: no van a una labor fácil ni agradable. Van como corderos en medio de lobos. Mateo, cuando copia esta frase, añade una otras palabras de Jesús: “sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas”. Haced lo posible para que el lobo no os coma. Pero Lucas ve otro tipo de peligro en los lobos y otra forma de afrontarlo. El peligro no es la dentellada que provoca la muerte sino la que desprestigia y tira por tierra el mensaje del evangelio. El imperio romano estaba repleto de grupos y predicadores religiosos parecidos a muchos de los actuales que utilizan la religión como forma de ganarse la vida. Por eso, la mejor forma de evitar las dentelladas de los lobos es llevar una forma de vida totalmente pobre y austera: No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias. La talega hace referencia al dinero, la alforja al alimento, las sandalias al vestido.

Luego añade unas palabras que sólo se encuentran en su evangelio: y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Eso mismo le dijo el profeta Eliseo a su criado Guejazí, un día que lo envió a una misión urgente (curar al hijo de la sunamita). Lucas, que conocía el Antiguo Testamento de memoria, pensó que este momento era el adecuado para poner en boca de Jesús las mismas palabras. La misión de los discípulos es urgente, no se puede perder el tiempo charlando a mitad de camino.

¿Qué hacer cuando llegan a un pueblo o aldea? Jesús concede una importancia capital al alojamiento, insistiendo en no cambiar de casa. Probablemente refleja su experiencia personal; y Lucas, la de los primeros misioneros. El cambiar de casa puede provocar muchos celos y tensiones.

Las palabras siguientes resultan extrañas en este sitio: Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el Reino de Dios." Los discípulos ya habían llegado a un pueblo y habían sido bien acogidos por una familia, que les da de comer. Si Lucas hubiera escrito con ordenador, quizá hubiera marcado bloque, cortado y pegado, cambiando el orden de las frases. O quizá no, porque este orden ilógico deja para el final, dándole mayor importancia, la misión de los discípulos: curar a los enfermos y anunciar la cercanía del Reino de Dios.

Lectura del libro de Isaías 66, 10-14c
El texto, muy poético, puede desconcertar al lector moderno. Por eso comienzo con dos aclaraciones:

1) Para un judío, Jerusalén representa infinitamente más que para un católico Roma o el Vaticano. Desde el siglo VI a.C. hasta el tiempo de Jesús, que fueron los siglos más duros en la historia de Judá (dominio sucesivo de babilonios, persas, griegos y romanos), la mayor esperanza se centraba en la gloria y esplendor de Jerusalén. El tema aparece en numerosos textos proféticos y Salmos.

2) Jerusalén es representada como ciudad y como madre. Como ciudad, quedó totalmente destruida después de la conquista de los babilonios en el año 586 a.C. Como madre, se vio desprovista de hijos, porque fueron deportados. Y los hijos, a su vez, están desprovistos del alimento y el cariño de su madre.

En este contexto, el profeta proclama su mensaje utópico, centrado en la vuelta de los hijos a su madre, la mayor alegría para Jerusalén y el mayor consuelo para los desterrados. También habla, en el centro, de la paz y la riqueza que inundarán la ciudad. Un mundo maravilloso de alegría, consuelo, paz y esplendor.

¿Cómo se consigue? ¿Qué deben hacer los judíos? Según este poema, nada. Todo lo hace Dios. Es él quien hace derivar hacia Jerusalén la paz y la riqueza de las naciones; es él quien consuela. Es él quien manifiesta a sus siervos su poder (su mano), como dice la última frase del poema.

Dos formas de utopía: el contraste entre Isaías y el evangelio
El mundo utópico de Isaías se realiza sin esfuerzo alguno, por pura obra de Dios. En cambio, el mundo utópico que predican Jesús y los discípulos conlleva mucho sacrificio y esfuerzo. Además, es un mensaje que puede ser rechazado, como le ocurrió al mismo Jesús en Corozaín y Betsaida. Pero la última palabra es de victoria y esperanza: Satanás, símbolo de la oposición al evangelio, cae del cielo como un rayo, mientras que los discípulos triunfan sobre los espíritus inmundos y, sobre todo, sus nombres están escritos en el cielo.

Además, y esta es la gran aportación de Lucas, esos discípulos enviados a la misión no son un grupo de superselectos. Todos hemos conocido gente que nos ha hecho gran bien desde el punto de vista humana y cristiano, que nos han anunciado el Reino de Dios. Y también nosotros hemos llevado y debemos llevar adelante esa tarea, a veces dura, y muchas veces con sensación de fracaso. Pero esto no es motivo para dejar de esperar en el triunfo de la utopía.

José Luis Sicre



EL SECUESTRO DEL ENVÍO
Dolores Aleixandre, RSCJ.

Qué nos ha pasado para que, al leer el texto del envío de los discípulos, pensamos inmediatamente que eso a nosotros “no nos toca” y que es algo reservado para gente que tiene un obispo o un superior/a que los mande de acá para allá. Como en el fondo nos resulta más cómodo, lo aparcamos en una zona reservada al “clero y alrededores”, sin darnos cuenta de que esta actitud supone algo tan grave como negar nuestra condición de discípulos. Porque es esa la condición preciosa que recibimos en el Bautismo y que sigue latente en nosotros esperando la oportunidad de desplegar todas sus potencialidades.

Probemos lo contrario: leer de nuevo el texto como dirigido a nosotros, sentirnos aludidos por sus palabras y escuchar sobrecogidos la llamada apremiante a ponernos en camino. Si nos parece demasiado, vamos a quedarnos solamente con algunos de sus consejos sobre la estrategia de envío que diseña Jesús:

- Hay que ir “de dos en dos”: es decir, dispuestos a caminar con otros, a comportarse como cómplices y compañeros, a negociar metas y pactar itinerarios, convencidos de que al individualismo le ha caducado el código de barras. “Mirad cuánto se quieren” decían de los primeros cristianos; “mirad qué gente tan especial”, podrían decir hoy si nos ponemos a ello: se ayudan unos a otros, no saben de faenas, codazos ni pisotones, se sostienen y apoyan mutuamente.

- Hay que encajar lo de “ser pocos” y encima de no lamentar el disponer de muchos medios ni de muchas certezas: la pobreza y la minoridad no son obstáculos que impiden que la eficacia del Evangelio sino todo lo contrario, tanto que son condiciones puestas por Jesús. “La simplicidad de vuestra vida será mucho más poderosa que vuestros discursos”, sería una buena traducción hoy.

- En medio de un mundo que busca el éxito inmediato, nos toca ser hombres y mujeres con aire de tener una cita más lejos, poseedores de la extraña alegría de saber que nuestros nombres están “apuntados” en ese libro de Vida que es el corazón de Dios. O tatuados en la palma de sus manos, una imagen mucho más cool y que se reserva hoy a los tipos con éxito.

Dolores Aleixandre, RSCJ.


Bendecires
Dolores Aleixandre, RSCJ.

Tantos años leyendo el texto en que Lucas cuenta la Ascensión de Jesús y solo ahora caigo en la cuenta de su insistencia en el tema del bendecir de Jesús: “alzando las manos los bendijo y mientras los bendecía, se separó de ellos…” (Lc 24 50).

Si en vez de mirar el hacer de Jesús nos fijamos en su decir y hacemos una traducción pura y dura del verbo eu-logeo (eu= bien, logeo=decir), nos espera la sorpresa de que Jesús se marcha diciendo cosas buenas de sus discípulos, dejando un “informe final” sobre ellos claramente positivo.

Es como si antes de irse hubiera estado redactando su evaluación para dar cuenta de ella al Padre y, para alivio nuestro, resulta satisfactoria y elogiosa: somos buena gente, con cosas a mejorar por supuesto, pero en conjunto, majos.

Así que tranquilos: le hemos caído bien y se lleva apuntadas un montón de cosas buenas nuestras para contárselas al Padre.

El evangelio está poniendo el broche de oro al notición de Belén, aquello de “Paz en la tierra a la gente de buena voluntad”. Y esa “buena voluntad” (eudokía= bien parecer…), no es cosa nuestra, es algo que Dios tiene dentro y por eso no puede evitar que le caigamos en gracia, independientemente de que seamos buenos, malos o regulares; o tan torpes y cerriles como fueron los discípulos.

El anuncio es tan asombroso que aún no hemos terminado de asimilarlo y por eso tenemos que escucharlo otra vez al final del evangelio, a ver si conseguimos entenderlo. Y creérnoslo. Y espantar nuestros temores. Y ensanchar nuestro corazón. Y respirar a gusto.

Vamos ahora a mirar el gesto de las manos de Jesús: espero no faltar al respeto a nadie si actualizo el clásico gesto de bendición por este otro, al que nos tienen acostumbrados las redes sociales: Like

Así se despide Jesús de nosotros: me gustáis, podéis contar con mi Espíritu, la alegría que yo os doy no os la puede quitar nadie.

Dolores Aleixandre
Vida Nueva Mayo 2016



Disyuntiva en el cristianismo
Jorge Costadoat, SJ.

Se aceleran los cambios. Las mentalidades evolucionan. Las autoridades son cuestionadas. ¿Quién tiene real capacidad de orientar a los demás? Cuando la Tierra era “plana” y la ciencia no nos prometía descongelarnos en mil años más; cuando las autoridades eclesiásticas cuadraban la pertenencia religiosa con leyes estatales, era más fácil creer en Dios y en su reinado. Hoy triunfa por doquier la libertad. Pero la liberación de toda forma de asociatividad no augura nada bueno, sobre todo cuando comienzan a predominar otras dependencias.

Mi opinión es que la humanidad tendrá que recurrir más que nunca a sus mejores tradiciones, recuperarlas de la tendencia al olvido, aprovechar su vigor, sus sueños de paz y sus ritos de fraternidad. Pensemos en los credos monoteístas y las religiones étnicas, en la cultura griega acogida y transformada por el judaísmo y la cultura romana, por la modernidad, etc… Un futuro borrascoso como el que se atisba, será descifrado por quienes tengan sentido histórico.

Sería lamentable, sin embargo, volver al pasado de un modo tradicionalista. El tradicionalismo y la tradición son antónimos. Será inútil el lloriqueo tradicionalista por los años dorados del pasado. Lo que cuenta es el presente, y las tradiciones que ayuden a interpretar su sentido.

¿Podrá el cristianismo traspasar su reserva civilizatoria a las siguientes generaciones? ¿Podrá extraer de su tradición orientaciones que anticipen el triunfo de la historia humana que la Iglesia promete?

En Occidente se diagnostica una crisis en la trasmisión de la fe. Hay países como Chile en los que está apunto de descolgarse una generación completa de jóvenes. ¿Volverán a necesitar el cristianismo pueblos que comienzan a considerarse post-cristianos? Pienso que sí, porque Cristo, creo, expresa la realidad del ser humano a un nivel irrenunciable. ¿Pero será capaz la Iglesia de transmitir a este Cristo –un Cristo radical- a las nuevas generaciones? ¿Podrán hacerlo las autoridades eclesiásticas, desprestigiadas como están, y el común de los cristianos, laicos faltos de convicción? Dejemos en suspenso lo que a estos respecta, aunque sea a larga lo decisivo. Si el cristiano no comunica a Cristo persona a persona, el resto por sí solo es palabrería. Pero para que eso ocurra, la institución eclesiástica ha de cumplir una función facilitadora.

¿Cuál? ¿Cómo describirla en pocas palabras?
En el catolicismo, en particular, corresponde a la jerarquía eclesiástica la indispensable tarea del magisterio, esto es, la de actualizar la tradición (tradere = entregar) para que esta transmita (tradere = entregar) el Evangelio. La transmisión de Cristo no depende solo del esfuerzo evangelizador de la institución eclesiástica pues atañe en primer lugar a los bautizados, dotado cada uno del Espíritu Santo para interpretar a Cristo en sus vidas de un modo original e irrepetible. Si a estos el anuncio oficial de Cristo con el paso de los años se les ha vuelto ininteligible, el magisterio tiene que redoblar los esfuerzos por captar en todos los bautizados el habla actual de Dios. A este efecto, la Biblia, recibida y comunicada por la misma tradición, hace las veces de gramática para reconocer la voz de Dios entre tantas otras voces.

Pero aun así la autoridad eclesiástica no puede pretender agotar las nuevas y múltiples interpretaciones de la tradición. Ella solo puede reclamar una interpretación exclusiva del Evangelio para salvaguardar la unidad de la comunidad cuando esta se encuentra en grave peligro. Si no es el caso, debe respetar y auspiciar tantas interpretaciones del mismo cuantos cristianos quieran vivir su fe con radicalidad. Cabe recordar aquí que la primera gran tradición de la Iglesia es el Nuevo Testamento. Ella misma lo escribió. Lo hizo, recuérdese, en al menos cuatro versiones: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. No una, cuatro. Cuatro evangelios, más la interpretación genial de san Pablo y los autores de las otras cartas.

El porvenir inquieta. Vivimos con enormes incertidumbres. Si la tradición cristiana puede aún servir como acervo de humanidad, tendrá que recortársele las alas al tradicionalismo que como pájaro asustado vuela hacia pasado (no falta quien insista en el latín, el besamanos a los obispos, etc.). Esta tarea le corresponde a la institución eclesiástica. Esta y sobre todo, la de fomentar que los cristianos tengan una experiencia personal e irrepetible de Cristo; del Cristo que, por otra parte, conduce invisiblemente la historia a través de las grandes tradiciones religiosas, culturales y filosóficas, y no solo a través del cristianismo.

Jorge Costadoat, SJ.



¿Por qué la Misa Aburre? De la misa a la eucaristía
Por Emmanuel Sicre, SJ

En el contexto de la desmedida cultura del entretenimiento, de la banalización de las tradiciones, de la autoridad deslucida de los relatos fundadores de identidad, y de la inflación de un ego desilusionado de sí mismo, la misa se encuentra rodeada y cuestionada. Especialmente, por los espíritus más jóvenes. Lógico, son ellos los que reclaman el sentido a los mayores y los que señalan las grietas de la realidad que están heredando.

La misa viene sufriendo desde hace tiempo los efectos del contexto de manera contundente. El hecho de que en más de una celebración nadie conozca, ni le interese conocer muchas veces, a nadie, se llama individualismo.

Que la misa sea un acto particular al que cada uno va a hacer lo suyo y no mueve un pelo del compromiso social, se llama privatización de fe. Que todo esté centrado en el sacerdote y el resto sólo pueda participar ayudándole a algo que él podría hacer perfectamente solo, se llama clericalismo. Que nadie comprenda bien el porqué de cada movimiento, de cada palabra, de cada gesto y se limite a repetir automáticamente, se llama ritualismo. Que uno vaya a misa pudiendo no haber ido y sentirse igual al salir, se llama pasividad. Que algunos sientan el peso de tener que ir por precepto, o sentir culpa por no ir, o enojarse porque no quieren que los presionen a hacer algo que no quieren, se llama obligatoriedad. Que se controle las conciencias, se llama impiedad.

Que algunos atribuyan a la misa efectos mágicos al encerrarse en el templo olvidándose de los demás, se llama devocionalismo. Que aún se pague por misas a difuntos u otras cuestiones, que se les rece una determinada cantidad, o que el cura reciba por cada misa celebrada un estipendio, se llama mentalidad administrativa. Que el marco formal de cada memoria patria o familiar incluya una misa porque toca, se llama ‘misismo’. Que el cura someta a los fieles a escucharlo incansablemente, se llama autoritarismo. Y así…

Ante este panorama se hace evidente que hay que cambiar de paradigma, y atender a que el culto debe ser una expresión antropológica de la existencia humana. Hay que llevar a cabo una liturgia que sea fuente y culmen de una vivencia personal y comunitaria. Es necesario tener la experiencia de celebrar el sentido que renueva la historia cotidiana. Es decir, pasar de la misa a la eucaristía.

Este cuestionamiento al que nos lleva el contexto actual nos remite a la pregunta tan refrescante por los orígenes de la eucaristía. ¿De dónde viene? ¿Qué se hacía en ella? ¿Acaso Jesús también aburría con sus ‘misas’?

Lo humano de la eucaristía: comer y beber juntos
Pensar que la eucaristía cayó del cielo como el maná del Antiguo Testamento no puede ser más que una metáfora. La raíz de la eucaristía encuentra en las acciones humanas del comer y beber juntos su realidad más próxima.

En este sentido, todo comenzó compartiendo la mesa. Y un acto tan cotidiano como el de comer y beber juntos es el fundamento de toda humanización. Porque no comemos solo para alimentarnos biológicamente, sino porque en la mesa también nos nutrimos de la vida compartida.

La mesa, además, es símbolo de socialización porque nos hace ir más allá de nosotros mismos como seres individuales. (Todo lo contrario al fast food de la cajita feliz personal). El compartir una mesa larga de domingo entre amigos y familiares, sin tiempo, hace para todos la casa feliz.

Lo impresionante de esta realidad del convivir en la mesa, es que se trata de algo que va más allá de las culturas que son las que le dan el color particular a un hecho global como es sentarse a comer y beber. En efecto, esto es lo que hace que dicha vivencia sea algo que nos lance a una experiencia religiosa y profundamente trascendente, por eso la mesa es símbolo de celebración, de fiesta, de conmemoración, de encuentro, entre quienes tienen un vínculo real.

El comer y beber juntos de Jesús
Sin embargo, nos preguntamos ¿qué relación tiene la mesa de cada día con la celebración de la eucaristía? ¿Qué tiene que ver Jesús aquí? ¿Es la eucaristía un invento de la religión? ¿Por qué la última cena de Jesús con sus discípulos?

Siendo fieles a la historia, sabemos por lo que nos cuentan Pablo, primero, y los evangelios después, que la última cena de Jesús fue un hecho histórico. Más allá de los énfasis de cada uno, la cuestión es que Jesús tuvo una cena de despedida con sus amigos en donde pasó algo muy significativo que no se ha perdido de vista hasta ahora. ¿No llama la atención que desde hace dos mil años se esté conmemorando este hecho? La verdad que sí.

Resulta que la última cena de Jesús con sus seguidores fue la parábola más clara de lo que había sido toda su vida. ¿Por qué? Porque es en aquella mesa donde Jesús se pone a servirles indicándoles que Dios ha venido perdonar a los arrepentidos, a incluir a los marginados, a curar a los enfermos, a llamar a los necesitados de amor, justicia y paz. Porque es en aquella mesa donde el pan se parte y se reparte señalando cómo es que él quería quedarse entre ellos, haciéndolos una comunidad de hermanos y hermanas. Porque en aquella cena comenzó a girar el vino haciendo que todos bebieran de la misma copa, y con este gesto se revelaba que, para vivir en alianza con él, hay que compartir la misma suerte de entrega absoluta a los demás. Con esta cena se condensaba todo el sentido de su anuncio del Reino de Dios.

Comer y beber juntos después de Jesús
Los primeros creyentes en Jesús después de su muerte y resurrección comenzaron a reunirse y a recordar a su maestro. Una vez que había pasado la angustia de la pasión, sintieron la memoria viva del Señor como una presencia clara de Jesús resucitado. Fue esta experiencia la que los llevó a congregarse en pequeñas reuniones a las que llamaban comunidad de mesa para compartir y celebrar la herencia recibida en el mensaje y la vida del resucitado.

Fue así que, según donde se iba regando la noticia de un tal Jesús por la acción de los misioneros como Pablo, se constituían comunidades de creyentes en esta nueva noticia de Dios que había venido en la persona de Cristo a salvarlos de sus debilidades. Fue en estas reuniones donde comenzaron a comprender que lo de Jesucristo no había sido un sacrificio expiatorio de autoinmolación violenta al que su Padre lo había obligado; sino que era un ofrecimiento de amor gratuito de un hijo agradecido y de autodonación generosa para restablecer el vínculo de Dios con los seres humanos, que sus propias fragilidades habían dañado. Por eso, la muerte y resurrección de Jesús es el punto de inflexión de toda la historia.

La eucaristía de las primeras comunidades recogía en la mesa la acción de gracias por este servicio tan grande y definitivo que Jesús había hecho; a la vez que celebraba su presencia resucitada, anunciaba la buena noticia que él había anunciado a través de los relatos de su vida (la Palabra), y les hacía vivir lo que él les recomendó hasta que volviera: la fraternidad, el ser hijos de un mismo Padre. Sin embargo, desde los inicios no fue fácil comprender esto y Pablo los regaña porque las mesas se habían convertido en motivo de borracheras y olvido de los más necesitados de la comunidad. (Cf. 1Co 11).

Comer y beber juntos hoy: sin vínculo no hay eucaristía
Hasta aquí el contraste con el planteamiento inicial pareciera irreconciliable. ¿Qué de comunitarias tienen nuestras eucaristías? ¿Qué de todo esto celebran nuestras misas preocupadas, muchas veces, por superficialidades? ¿Qué nos queda de la eucaristía como banquete del Reino de amor, justicia y paz? ¿No sería vital pasar de la misa a la eucaristía? ¿No estaría bueno acaso que nuestras reuniones eucarísticas tengan esa fragancia de abrazo, de comunión, de entrega para vivir la vida cotidiana de una manera más luminosa para el mundo?

Decimos, sin miedo a equivocarnos, que sin vínculo no hay eucaristía. Si la vida, muerte y resurrección de Jesús restableció nuestro vínculo con Dios para siempre, la eucaristía es el símbolo incompleto de esta realidad. Incompleto porque hasta que todos no puedan compartir el banquete del Reino de Jesús ya sea por hambre, por injusticia, ignorancia, o cerrazón, en la fiesta nos faltan seres por querer. Por eso es necesario descubrir la íntima unidad que hay entre la mesa compartida y la justicia social, entre la vida vivida y la celebración litúrgica, entre la experiencia religiosa y la sed de alianza con el Dios de Jesús. Esta es, en términos antiguos, la verdadera sustancia del cuerpo y sangre de Jesús: vivir la entrega hasta dar la vida para que seamos la familia humana que el Buen Dios soñó desde siempre.

Por Emmanuel Sicre, SJ



La nulidad, cuestión canónica. La comunión, cuestión de conciencia
Juan Masiá Clavel, SJ.

Si no tienen tiempo para el capítulo 8 de Amoris laetitia, con qué párrafo se quedarían? Alguien dice que con la nota de pie de página 351. Otros preferirán el número 300, que aclara bien la diferencia entre dos cuestiones: La pregunta por la nulidad matrimonial es cuestión canónica. La pregunta por la comunión de divorciados es cuestión de conciencia.

Una pareja (que llevaba, por cierto, unos años lamentando su propia situación de divorciados vueltos a casar y echando de menos los sacramentos) respondió así: “Nosotros nos quedamos con la nota 351, menos mal que nos la descubrieron los periodistas al preguntarle al Papa por ella. Repite las dos frases famosas de Francisco: la confesión no es una sala de tortura y la comunión no es premio para fuertes, sino medicina para débiles. Lástima, decían, que solo diga eso en una nota de letra pequeña de una carta de más de trescientas paginas...”

Pues tenéis razón en lo primero (la importancia de esas dos citas), pero no en lo segundo (que solo sea esa pequeña nota la que os da luz verde para acudir a los sacramentos).

Yo me quedaría con el párrafo número 300, toda una página entera sobre el discernimiento; distingue las cuestiones canónicas, que se tratan por vía jurídica según normativas de derecho canónico, y las cuestiones de conciencia, que se tratan por vía de discernimiento, ante Dios en oración y con la ayuda del acompañamiento pastoral.

El problema de solicitar una declaración de nulidad del matrimonio anterior es una cuestión que se trata por vía judicial canónica. El Sínodo de 2014 propuso al Papa que se reformasen “los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad” (Relatio Sinodi, 2014, n.48). El Papa respondio creando la comisión para estudiarlo y publicó (sin esperar al Sínodo siguiente) el Motu proprio Mitis Dominus Iesus, con el que descentraliza el tratamiento canónico de estos casos y reforma la normativa correspondiente.

En el Sínodo del 2015 los obispos propusieron (Relatio final, 2015n.84) que “las personas bautizadas divorciadas y vueltas a casar civilmente sean integradas en las comunidades cristianas de diversas maneras posibles evitando dar lugar a escándalo”, Francisco recoge la propuesta y la hace suya, pero esta vez la respuesta a una pregunta sobre pastoral de sacramentos no remite a la vía jurídica, sino a la via espiritual y moral del discernimiento (que es el gran tema de este capítulo de Amoris laetitia.

Al hacerlo así, Francisco va mucho más lejos que el Sínodo, porque da los pasos siguientes:
1) separa la cuestion de conciencia de las cuestiones canónicas al recomendar la vía del discernimiento y acompañamiento pastoral en el foro interno
2) da el criterio central de ese discernimiento: la lógica de la misericordia, la acogida e integración y el acompañamiento eclesial del camino de discernimiento,
3) deja en manos de la iglesia local las orientaciones concretas sobre el modo de acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento, y
4) No opta por imponer autoritariamente una sola de las varias alternativas sugeridas por el Sínodo.

Por todo esto, es ese número 300 de Amoris Laetitia el que yo salvaría de la quema en caso de fuego y me llevaría esas líneas para que no se perdieran:

“Se trata, dice, de un itinerario de acompañamiento y de discernimiento que orienta a esas personas creyentes a la toma de conciencia de si situación ante Dios. La conversación con el sacerdote en el foro interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia”

Algunos habrían preferido que el Papa eligiese, entre las varias maneras de integrar estos casos mencionadas por los obispos, una determinada manera y que la impusiese como normativa canónica. Pero eso habría sido caer en el gran fallo que tenía bloqueda esta cuestión. Había que evitar la juridificación de los sacramentos.

Además, eso habría ido en contra de la importante y necesaria descentralización que Francisco quiere promover. Este párrafo en que opta por el discernimiento acompañado y la solución de fuero interno, deja abierta la posibilidad de que según los casos, lugares, tiempos, personas y circunstancias resulten diferentes respuestas, aun en casos semejantes.

Eso no tiene nada que ver con el miedo a la ética de situación que arrastraban desde Pío XII la mayoría de los pontificados anteriores. Es más bien un ejemplo de ética responsable de los valores y de las situaciones a la luz del Evangelio.

Con razón cita Francisco mucho a santo Tomás en estos párrafos. Así se ha enseñado en muchas clases de teología moral renovada después del Vaticano II. Y así lo practicábamos muchos en el ministerio pastoral con matrimonios, o en el consultorio o en el confesonario, porque nos parecía que era de sentido común y de sentido evangélico... Lo nuevo ahora es que desde la voz del Papa nos animan a seguir haciéndolo así: “No debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Solo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares...”(AL 300)

Juan Masiá Clavel



La carrera

El corredor avanza,
pese al cansancio,
y al frío,
pese a la nostalgia
por lo que dejó atrás.
Corre hacia una meta
cargado de esperanza.
Lleva una antorcha
y a su paso
la luz atrae a otra gente
que se suma a la carrera.
No hay competencia,
sino comunión.
No es el más rápido
ni el más fuerte,
sí el más convencido.
Su determinación
es fe y es tarea.
Cuando su fuego
ilumina el mundo,
la belleza que muestra
le recuerda los motivos.
Sonríe, y sigue.

(José María R. Olaizola, sj)