viernes, 1 de abril de 2016

NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE - José Antonio Pagola


NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE - José Antonio Pagola

La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado? ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».

Tal vez necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».

¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Esta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.

No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.

2 Pascua - C
(Juan 20,19-31)
03 de abril 2016

José Antonio Pagola 





SIGNOS PASCUALES
Escrito por  Florentino Ulibarri

Abramos puertas y ventanas,
oreemos nuestras estancias,
expongámonos a la brisa que pasa,
sintamos su roce y gracia...

Y nuestras entrañas cerradas
se llenaron de risas y cantos,
luces, gritos y danzas,
se sintieron fecundadas...

Porque Tú, Señor crucificado,
estabas, en medio, resucitado,
dándonos tu paz y Espíritu,
quitándonos miedos y fantasmas...

Inundándonos de misericordia,
de ternura y esperanza
nos invitas a vivir tu Pascua
saludando y perdonando a los hermanos.




JESÚS RESUCITÓ ANTES DE MORIR
Escrito por  Fray Marcos
Jn 20, 19-31

Lo que los textos del NT quieren expresar con la palabra resurrección, es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es mucho más profundo que la creencia en la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que va más allá de la vida, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido. Fue la manera más convincente de trasmitir la vivencia de lo que Cristo fue para los primeros seguidores, después de la desoladora experiencia de su pasión y muerte. Lo que quieren trasmitir es la experiencia pascual de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos su misma vida. Éste es el mensaje de Pascua.

Como todos los años leemos este mismo evangelio y lo explicamos el año pasado, vamos a referirnos hoy al aspecto general de la experiencia pascual. Los exégetas han rastreado los primeros escritos del NT y han llegado a la conclusión de que la cristología pascual no fue ni la primera ni la única forma de expresar la experiencia que de Jesús vivo tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron entre los primeros cristianos, antes o al mismo tiempo de hablar de resurrec­ción.

En las primeras comunidades, se habló de Jesús como el juez escatoló­gico que vendría al fin de los tiempos a juzgar, a salvar definitiva­mente. Fijándose en la predicación por parte de Jesús de la inminente venida del Reino de Dios y apoyados en el AT, pasaron por alto otros aspectos de la figura de Jesús y se fijaron en él como el Mesías que viene a salvar definitivamente a su pueblo. Predicaron a Jesús el Cristo (Ungido), como dador de salvación (Vida) última y definitiva sin hacer referencia explicita al hecho de la resurrección.

Otra cristología que se percibe en los textos que han llegado a nosotros de algunas comunidades primitivas, es la de Jesús como taumaturgo. Manifestaba con su poder de curar, que la fuerza de Dios estaba con él. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la compren­sión de Jesús. Esta cristolo­gía es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que podría tener. En los evangelios se utiliza y se critica a la vez.

Una tercera cristología, que tampoco se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro que conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría, incluso personalizada, que Dios hace llegar a los seres humanos para que encuentren su salvación.

Todas estas maneras de entender a Cristo, fueros concentrándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar la vivencia de los seguidores de Jesús después de su muerte. Sin embargo la cristología pascual más primitiva, tampoco hace referencia explícita a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada en una primera instancia, como exaltación y glorificación del humillado, tomando como modelo una vez más el AT y aplicando a Jesús la idea del justo doliente.

La mayoría de los exegetas están de acuerdo en que ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe. Más bien fueron una forma de comunicar una vivencia que va mucho más allá de lo que pueden expresar fenómenos perceptibles por los sentidos. Los relatos de apariciones y del sepulcro vacío, se habrían elaborado poco a poco como leyendas sagradas, muy útiles en el intento de comunicar con imágenes muy vivas y que entraran por los ojos la experiencia pascual. Esa vivencia no se logró de la noche a la mañana. Fue fruto de un proceso interior en el que tuvo mucho que ver las reuniones de los discípulos. Todos los relatos hacen referencia, implícita o explícita a la comunidad reunida.

En ninguna parte del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no puede ser un fenómeno constatable empíricamente; cae fuera de nuestra historia, no puede ser objeto de nuestra percepción sensorial. Todos los intentos por demostrar la resurrección como un fenómeno verificable por los sentidos, están de antemano abocados al fracaso. Toda discusión científica sobre la resurrección es una estupidez. Cuando decimos que no es un hecho “histórico”, no queremos decir que no fue “Real”. El concepto de real, es más amplio que lo sensible o histórico. Aquí el racionalismo nos juega una mala pasada.

En Jesús no pasó nada, pero en los discípulos se dio una enorme transformación que les hizo cambiar toda su manera de entender la figura de Jesús. Sería muy interesante el descubrir como llegaron los discípulos a ese descubrimiento, sobre todo teniendo en cuenta que en los momentos de dificultad todos le abandonaron y huyeron. Ese proceso de “iluminación” de los primeros discípulos se ha perdido. No solo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque ese mismo proceso tiene que realizarse en nosotros si queremos entrar en la dinámica de la experiencia Pascual.

Con el concepto de resurrección se quiere expresar la idea de que la muerte no fue el final. Su meta fue la Vida, no la muerte. Una Vida en Dios. La misma Vida de Dios, como dice el mismo Jn: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre”. Vaciándose del "ego", queda en él lo que había de Dios. No cabe mayor glorificación. “Aquilatar” el oro, quiere decir que se le van quitando las impurezas. 12, 18, 22; hasta llegar a 24 quilates que es oro puro, no le queda nada de la mezcla, ya no se puede ir más allá. Este vaciamiento no supone la anulación de la “persona”, sino su potenciación. Desde la antropología judía se puede entender muy bien. El hombre es un todo monolítico, desde la carne al espíritu.

La base de la credibilidad está en las apariciones a los doce, que son justificación de la misión. Todos los relatos responden a un esquema teológico y nos dan la clave de interpretación:

a) Una situación dada. Jesús se hace presente en la vida real. La nueva manera de estar presente Jesús no tiene nada que ver con el templo o con los ritos religiosos. Ni siquiera están orando cuando se hace presente. El movimiento cristiano no empezó su andadura como una nueva religión, sino como una forma de vida. De hecho los romanos los persiguieron por ateos. En todos los relatos de apariciones se quiere decir a los primeros cristianos que en los quehaceres de cada día se tiene que hacer presente Cristo. Si no lo encontramos en las situaciones de la vida real, no lo encontraremos en ninguna parte.

b) Jesús sale al encuentro inesperadamente. Este aspecto es muy importante. Él es el que toma siempre la iniciativa. La presencia que experimentan, no es una invención ni surge de un deseo o expectativa de los discípulos. A ninguno de ellos les había pasado por la cabeza que pudiera aparecer Jesús una vez que habían sido testigos de su fracaso y de su muerte. Quiere decir que el encuentro con él no es el fruto de sus añoranzas o aspiraciones. La experiencia se les impone desde fuera, desde una instancia superior.

c) Jesús les saluda. Es el rasgo que conecta lo que está sucediendo con el Jesús que vivió y comió con ellos. La presencia de Jesús se impone como figura cercana y amistosa, que manifiesta su interés por ellos y que trata de llevarles a su plenitud de vida.

d) Hay un reconocimiento, que se manifiesta en los relatos como problemático. No dan ese paso alegremente, sino con muchas vacilaciones y dudas. En el relato de hoy se pone de manifiesto esa incredulidad personalizada en una figura concreta, Tomás. No quiere decir que Tomás era más incrédulo que los demás, sino que se insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptar la nueva realidad.

e) Reciben una misión. Esto es muy importante porque quiere dejar bien claro que el afán de proclamar el mensaje de Jesús, que era una práctica constante en la primera comunicad, no es ocurren­cia de los discípulos, sino encargo expreso del mismo Jesús, que ellos aceptan como la tarea más urgente que tienen que llevar a cabo.

Meditación-contemplación

“Dichosos los que crean sin haber visto”.
La respuesta de Jesús a Tomás parece pertinente,
pero no tiene ninguna lógica interna,
porque Tomás ve al hombre Jesús y confiesa al Hombre-Dios.
...........................

Yo quiero ser ese “incrédulo”, que hace la confesión sobre Jesús
más profunda, más absoluta, más rotunda.
Lo que afirma no se deduce de lo que ve ni de lo que toca.
Es la expresión plástica de toda una experiencia pascual.
........................

Sin experiencia, puede haber creencia, nunca fe.
Más allá de todo lo que he oído y aprendido sobre Jesús,
tengo que tratar de descubrirle vivo y dándome esa misma Vida.
Se trata de la misma Vida de Dios, que él tenía en vida.
..........................

Fray Marcos




"JESÚS HA RESUCITADO" SIGNIFICA "CREO EN EL CRUCIFICADO"
Escrito por  José Enrique Galarreta
Jn 20, 19-31

El Evangelio nos lleva al género histórico tan especial de los relatos de la Resurrección. Sin solución de continuidad con los relatos de la pasión, se nos siguen narrando los "acontecimientos de aquel fin de semana". Y esto nos induce creer que el género sigue siendo tan histórico como en los relatos de la Pasión, pero no es así.

En los relatos de la Resurrección se recogen dos mensajes: uno sobre sucesos comprobables, otro sobre la fe de los primeros seguidores de Jesús.

Los sucesos comprobables, incluso verificables como sucesos históricos, son:

- la increíble transformación de los seguidores de Jesús, que pasan de ser un grupo medroso en dispersión a una comunidad valerosa que da testimonio de su fe en Jesús.

- el nacimiento de una "fe" nueva, profundamente diferente de la fe judaica, aunque tenga sus raíces en ella, que en un tiempo relativamente corto será capaz de formularse con independencia de esas raíces. (Por ejemplo, la cristología de Juan, que aparece en el texto del Apocalipsis).

- la confesión de aquellos primeros creyentes, que manifestaron su fe en Jesús afirmándose como "testigos" de que el Crucificado ha sido exaltado por Dios, no ha sucumbido en la muerte.

Estos sucesos comprobables tienen un contenido de fe: la primera comunidad y los testigos lo expresan por medio de los relatos de Apariciones del Resucitado. En estos relatos, lo simbólico y lo teológico tienen tal importancia que apenas podemos descubrir en el fondo de estas narraciones los sucesos reales.

Vimos el domingo pasado la enorme diferencia de los relatos en los cuatro evangelistas y la imposibilidad de concordar los textos en un relato único (cosa tan fácil en los relatos de la Pasión). Nos encontramos ante un tipo de textos diferente. En ellos, los sucesos que pudieron ver los ojos quedan envueltos en los símbolos y las elaboraciones teológicas, de manera que el mensaje es la profesión de fe en Jesús Señor; son textos escritos para profesar la fe el crucificado, la fe a pesar de la muerte y sepultura. Sólo seremos fieles a los textos leyéndolos así, no como mera narración de sucesos físicamente comprobables.

Es conveniente recordar el esquema que sigue Juan en su narración:
- Capítulo 19: Muerte y entierro de Jesús
- Capítulo 20: Magdalena en el sepulcro. La piedra quitada. Avisa a los apóstoles.
- Juan y Pedro en el sepulcro. Juan cree.
- Aparición a Magdalena.
- Aparición a los apóstoles. No está Tomás. Repetición a los ocho días. Con Tomás. Primera conclusión (Éste es el evangelio de hoy)
- Capítulo 21: Aparición en Tiberíades.
- La pesca infructuosa: Jesús en la orilla.
- El primado de Pedro. El destino de Juan.
- Segunda conclusión.

Así pues, el cuarto evangelio se ha interesado solamente por el papel de María Magdalena, la fe de los Once y la confirmación de Pedro.

Hay un tema transversal importante en todos estos relatos: la superación de la cruz.

· Magdalena (en los otros evangelios con otras mujeres) va al sepulcro a honrar el cadáver de Jesús.

· Los Once están encerrados (con las puertas atrancadas) por miedo.

· Hay síntomas de que la comunidad se está empezando a dispersar (como en el relato lucano de Emaús).

· Siete discípulos con Pedro se han ido ya a Galilea y vuelven a ser pescadores... Se acabó: la crucifixión y la sepultura han terminado con la fe en Jesús.

Pero en este contexto se produce la conversión, la recuperación de la fe en el Crucificado.

· En María Magdalena que le reconoce sólo cuando es llamada por su nombre.

· En los Once que tienen la experiencia de que "ése mismo Jesús al que vimos muerto" está vivo y encomienda su misión.

· En Pedro, que después de su traición vuelve a asumir su función de "confirmar a sus hermanos".

Se trata pues, ante todo, de la "narración" del comienzo de la fe en Jesús después del trauma de la muerte y sepultura. No podemos entrar en detalles sobre cada uno de los pormenores de los textos. Indicaremos solamente que:

- Jesús es reconocible, es el mismo, es el crucificado, es su cuerpo llagado. Se trata de creer en el crucificado.

- Jesús resucitado es el mismo, pero hay que re-conocerlo. Antes no le conocían, lo confundían con el Mesías victorioso. Ahora han reconocido en aquel Jesús que creían conocer, al verdadero enviado, el que da la vida. Han cambiado el rey victorioso por el grano de trigo enterrado, y han reconocido a Jesús en ese grano de trigo, no en el rey.

El libro se termina con la más avanzada expresión de fe en Jesús, en boca del más incrédulo: "Señor mío y Dios mío" es una expresión de la más alta cristología joanea, de tal manera que contrasta vivamente con las expresiones cristológicas de Hechos que hemos reseñado antes. ("Dios estaba con él").

Y esto nos muestra toda la intención del cuarto evangelio, como se expresa en la conclusión.

"Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de sus discípulos. Esto se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre."

La finalidad del libro, y muy especialmente del conjunto Pasión/Resurrección es "que creáis en el crucificado".

Solemos perdernos en la investigación histórica de lo que sucedió. Leemos los evangelios más que como creyentes como periodistas. Nuestra ilusión sería haber estado allí y verlo todo con nuestros propios ojos. Pero, si hubiésemos estado allí, ¿habríamos creído en el crucificado?

A veces consideramos afortunados a los que "vieron y creyeron", como si lo hubieran tenido más fácil que nosotros. Podemos dudarlo. Creer en el crucificado tuvo que ser muy difícil. La fe no nace de lo que se ve. Muchos ven y no creen. Muchos vieron y no creyeron.

La fe no procede de ver el sepulcro vacío. La fe interpreta el sepulcro vacío: en el sepulcro no hay nada, es vano ir al sepulcro. Las mujeres van al sepulcro buscando un cadáver, pero Jesús no es un cadáver: "¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?", "no está aquí".

Al estudiar estos relatos padecemos de un miope y estéril realismo. ¿Qué vieron? ¿qué pasó? ¿cómo entró? ... Interesa sólo a la curiosidad del periodista. La pregunta es: ¿creemos en el crucificado?

Nos centramos por tanto en lo que creemos. Y seguimos algunas de las expresiones del evangelio de hoy para formular esta fe.

"Sopló sobre ellos". Lo mismo que el Creador para hacer del hombre de barro un "ser viviente". Todo esto, Jesús incluido, es la obra del Espíritu. Dios actuó en Jesús y actúa en nosotros y actúa en el mundo. Fundamento básico de nuestra fe.

"Enviados". Jesús fue enviado por el Padre y nosotros somos enviados por Jesús. La obra de la Creación continúa. El Séptimo Día, Dios no descansa, el salvador no descansa hasta que todos sean hijos. Jesús es nueva creación, obra del Espíritu. Nosotros también. Somos creadores con Dios, a su imagen y semejanza.

Para anunciar el perdón, la reconciliación. Habíamos construido imágenes falsas de Dios, basadas en el temor, en lo jurídico (la ley). Hemos visto cómo es Dios, estamos liberados de los ídolos. Una Gran Noticia, esto hay que anunciarlo. Y hemos visto los planes de Dios: un Reino de Hijos por anunciar y por construir. A eso dedicaremos la vida.

La crucifixión destruye la fe. Muchas personas, cuando escuchan estas interpretaciones de los evangelios, dicen que les están quitando la fe. Es posible que sea verdad. Es posible que para que nazca la fe en Jesús tenga que morir otra "fe". El que no siente su fe interpelada, puesta en peligro, por el crucificado y por los crucificados del mundo, no tiene la fe correcta. No se puede creer en Dios más que superando el escándalo de la cruz.

El escándalo de la cruz se supera por la fe en Jesús, sentido y percibido en el Espíritu de la comunidad, ese espíritu que trabaja contra la crucifixión, que no se deja amilanar ni por la muerte. El Espíritu que contradice a la carne y está brillantemente presente en muchas partes de la Iglesia y de fuera de la Iglesia. Creemos en el hombre crucificado, creemos en él y damos la vida por él. Todo esto lo hemos leído en Cristo crucificado, todo esto hemos creído en Cristo resucitado.

Jesús no vuelve a la vida. Está ya en la vida. Somos nosotros los que no estamos aún en la Vida. Él sí. La palabra "resurrección" se queda corta, como tantas, como todas. Resucitar es que el cadáver se levante y siga como antes, tan mortal como antes. Lo de Jesús es que ya ha sido dado a luz definitivamente, ya no es mortal, ya se ha realizado del todo.

Y esto no es un fenómeno físico, no se trata de recuperar las mismas células que tuvo antes. Se trata de la Realidad Profunda, de aquello que es más que cuerpo, de lo que nunca verán los ojos, incapaces de enterarse del significado de las cosas.

Nosotros vivimos ya resucitados: con Dios en medio, sin miedo a Dios, en paz con él, en alegría, porque tenemos misión, porque está en medio de nosotros Jesús. No su cuerpo, "la carne no vale para nada", sino su Espíritu, que da la Vida, la Vida definitiva que ya está alentando nuestra vida. Nosotros vivimos como resucitados si vivimos con los criterios y los valores de Jesús, enganchados a su mismo proyecto.

Jesús vuelve entre nubes y resplandores divinos en el Apocalipsis, no en los evangelios. Jesús resucitado es muy diferente del Jesús de la Transfiguración. Es más bien el mismo de Marcos. Pero ahora saben todos cuál es su Espíritu.

Lo que abráis quedará abierto, lo que cerréis quedará cerrado. Muy por encima de toda aplicación jurídica, hay una interpretación de Misión: si perdonáis habrá perdón, si no perdonáis no lo habrá. Fuera de todo sentido jurídico y/o fundacional. Es la misión de la iglesia, hacer presente el espíritu de Jesús. Si lo hacemos presente, estará presente. Si no, no. Si la Iglesia no vive como resucitada ¿habrá resucitado Jesús?

 O R A C I Ó N
"Ha resucitado" significa "creo en el crucificado". 
Expresamos nuestra fe en Jesús crucificado con palabras tomadas de la 1ª carta a los Corintios.

Los judíos pedían milagros
y los griegos sabiduría.
Pero nosotros creemos en Jesús crucificado,
escándalo para los judíos,
necedad para los griegos:
para nosotros, Salvación de Dios.

Porque lo más necio de Dios
es más sabio que lo más sabio de los hombres.

Esto no es cosa de sabios ni de poderosos.
Dios ha elegido a lo necio del mundo
para confundir a los sabios,
a lo más débil del mundo
para confundir a los poderosos.

Para que nadie se gloríe de sí mismo,
sino de la gracia de Dios.
De Él nos viene que estemos en Cristo Jesús,
porque a Jesús lo hizo Dios, para nosotros,
Sabiduría, Justicia y Salvación.

Por tanto, nosotros nos gloriamos solamente
en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
en la cual está la Salvación, la Vida y la Resurrección.

Demos gracias a Dios Padre
por Jesucristo, nuestro Señor.

José Enrique Galarreta



UNA APARICIÓN MUY PECULIAR
José Luis Sicre

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé) y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan
1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

“Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”
En este pasaje del evangelio se da un importante cambio en los destinatarios. En la primera parte, Jesús se dirige a los once: a ellos les saluda con la paz, a ellos los envía en misión. En la segunda se dirige a Tomás, invitándolo a no ser incrédulo. En la tercera se dirige a todos nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Podríamos añadir: “Dichosos los que crean a pesar de lo que ven”. Digo esto a propósito de lo ocurrido hace pocos días en el accidente de Tarragona, donde perdieron la vida siete muchachas italianas, estudiantes de Erasmus. El padre de una de ellas comentó, hablando de él y de su esposa: “Antes creíamos en Dios; ahora no podemos creer. No podemos creer que en un Dios que hace una cosa así”.

Las muertes ocurridas al día siguiente en Bruselas pueden haber provocado la misma reacción en otras personas. A menudo creemos en un Dios cuya misión principal es resolver nuestros problemas. Olvidamos el mensaje de la Semana Santa: creemos en un Dios que nos entrega a su propio hijo, y en un hijo dispuesto a morir por nosotros. Como Tomás, debemos meter nuestros dedos en las llagas, en las huellas del sufrimiento humano, para terminar confesando: “Señor mío y Dios mío”.

 José Luis Sicre



Spadaro: La fe sin misericordia es pura ideología.

En la apertura de la 45 Semana de la Vida Consagrada, realizada ayer en Madrid, el sacerdote jesuita Antonio Spadaro (Messina, 1966) quiso hablar de “Francisco, el Papa de la Misericordia”.

El padre Spadaro, testigo privilegiado de este pontificado, comenzó su presentación destacando las palabras del Papa Francisco en el momento de su elección como sucesor de Pedro: “Soy un pecador”. “Esto debería llevarlo a un sentimiento de desconfianza hacia sí mismo. Y sin embargo no es así, porque su respuesta es: “acepto”. El único motivo en que fundamenta su decisión es la confianza “en la misericordia y en la infinita paciencia de  Nuestro  Señor  Jesucristo”. Y la aceptación del Pontificado se realiza en “espíritu de penitencia”. Son palabras fuertes” destacó.

El centro del pontificado de Francisco, señaló, es la misericordia. Entendida como verbo y no como sustantivo.

“Para el papa Francisco la misericordia requiere un lenguaje que no existe. La misericordia, por tanto, estimula su creatividad lingüística” por ejemplo: “cambia un sustantivo (misericordia) en un verbo (misericordiar) en la forma del genitivo (misericordiando)” e indicó que “en general al Papa le gustán mas los verbos que los sustantivos”.

En la experiencia personal de Bergoglio, la Misericordia es el Dios que se anticipa, que te espera, como el padre del hijo prodigo. No solo el que perdona por algo que has hecho “antes” indicó. Y para clarificar este concepto Spadaro citó un mensaje que el Papa envió a un amigo: “Dios nos busca, Dios nos espera, Dios nos encuentra… antes de que  nosotros lo busquemos, antes de que lo esperemos, antes de que lo encontremos. Éste es el misterio de la  santidad”.

“El Papa Francisco no es solamente un Papa que realiza actos, sino también un Papa que abre procesos” indico, para aclarar luego que “el Papa quiere evitar toda forma de  lectura ideológica”

En este sentido el padre Spadaro dio el siguiente ejemplo: cuando se habla de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar – más allá de las diferentes posturas – el Papa quiere evitar que se piense la comunión como “una condecoración”, como dijo en una entrevista con Valentina Alarzaki. Lo que interesa positivamente al Papa es la integración de los divorciados que se han vuelto a casar en la vida de la comunidad cristiana: “Hace falta integrar… Y luego acompañar los procesos interiores”. O sea, la misericordia se expresa en el tiempo de la integración y del acompañamiento. Todo paso adelante no es nunca una conquista (una “condecoración”), sino una etapa. 

La fe sobre la ideologia.
La ideología es rígida. El rostro es de carne, suave como la carne. El rostro solamente es rígido en la muerte, el rigor mortis… La Iglesia no puede tener un rostro de muerta. La misericordia, por tanto, es el núcleo que impide que la fe se transforme en una ideología entre tantas, una ideología religiosa, pero siempre una ideología.

Y refiriendose a los cristianos “rigoristas” que ponen la ley por sobre la misericordia indicó que parece que “solamente los viejos marxistas pueden andar de acuerdo con los católicos rigoristas, unidos en la sospecha de que misericordia sea un sustituto    de justicia. En efecto, el pensamiento ideológico prescinde del rostro porque es un pensamiento único y unívoco. El Papa Roncalli estaba, por naturaleza, lejísimo de los rigorismos ideológicos, y, por tanto, consideraba la justicia como el primer nivel de la  misericordia”.

Hablando del Jubileo de la Misericordia Spadaro pasó de manifiesto que “el Año jubilar exige un cambio de “lógica”. La “lógica” de la que habla Francisco es la  lógica de Dios, su manera de mirar al mundo, a la historia, a la humanidad y cada ser humano. Es la que san Pablo define “los sentimientos de Cristo” (Fil 2,5).

En una de las homilías más “fundantes” y programáticas de su pontificado, en la Misa del 15 de febrero  de 2015 con los nuevos cardenales creados el día antes, el Papa habló de esta “lógica”, diciendo: “Jesús revoluciona también las conciencias en el Discurso de la montaña (cf. Mt 5) abriendo nuevos horizontes para la humanidad y revelando plenamente la lógica de Dios. La   lógica del amor que no se basa en el miedo sino en la  libertad”.
El Papa prosiguió describiendo “dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en  la  encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y  acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio. Estas dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: “marginar y  reintegrar”. Pues  bien, en el presente la misericordia pide asumir la urgencia de salvar a los perdidos, asumir esta lógica prioritaria.

El Jubileo de la Misericordia es una nueva etapa de la evangelización de siempre, que sin embargo impone un cambio de paradigma, en el sentido de que no parte de la deducción de un nivel abstracto e ideal de enseñanzas, sino desde abajo, de la historia, de la experiencia del pueblo de Dios que se halla en camino en la historia. A veces por caminos abiertos y bien asfaltados, otras por sendas accidentadas. La   certeza es que el Padre “nos envía a su Hijo para que camine con nosotros”. Concluyó.

Si quieres recibir la presentacion completa del padre Spadaro, por favor, solicitala en info@pazybien.es



Jesús visita un campo de refugiados
Pedro Miguel Lamet, SJ.

El viento huracanado zarandeaba la arenisca de la playa de Lesbos. A una milla de distancia diversas zodiacs hinchables luchaban contra un mar embravecido, donde familias de refugiados sirios se debatían entre la vida y la muerte. Un puñado de pescadores griegos lanzó un cabo desde su barcaza a uno de los botes a punto de desinflarse y ser engullido por una ola gigantesca. Gritaban:

–¡Salvadnos, que perecemos!

El patrón, de barba negra y ojos profundos, vestido con un chaleco color butano y un gorro de punto calado hasta las cejas, exclamó:

–¡Vamos, remad más fuerte!

A duras penas consiguieron arrastrar la débil embarcación hasta la playa. La imagen que se encontraron no podía ser más desoladora: Jóvenes voluntarios de Médicos del Mundo practicaban la respiración artificial a un naufrago, mientras otros cubrían con mantas los cadáveres de varios niños que no lograron superar el desembarco.

Exhaustos, después de una agotadora jornada, los doce pescadores encendieron una fogata junto a una casa en ruinas. El patrón les dijo:

–Roto el timón, sin agua y sin alimentos, veo a estas gentes como navegantes sin rumbo, ni norte ni puerto. ¿Qué puedo decir de esta generación? ¡Ay de quienes los han arrojado a tal estado! ¡Ay de ti, Europa, que les cierras las puertas y les niegas la vida! Yo envié en un tiempo a estas playas a mis primeros apóstoles para sembrar la Buena Noticia de amor y bienaventuranza. Me construisteis iglesias, sí, pero también fundasteis naciones para enriqueceros, y después de luchar entre vosotros, acabasteis entregados al dios que llamáis “estado del bienestar”. Habéis convertido el continente en un castillo inexpugnable, un recinto cerrado con muros y empalizadas, un mercado pendiente de los movimientos de la bolsa y las primas de riesgo, en función de vuestro propio egoísmo. Creasteis una moneda única para engrosar vuestras arcas, pues almacenáis en bancos el dinero de todos, o promover multinacionales que explotan a los más desfavorecidos de los países pobres. Pero ¿de qué os servirán vuestras abultadas cuentas bancarias cuando se presente el implacable ladrón en la noche?

Un marinero llamado Andrés preguntó:

–Pero, ¿no tienen al Papa y los obispos para recordarles lo que tú les enseñaste en tu primera venida?

–Ay, Andrés, muchos se han olvidado del mar, la pesca y las noches de brega. Y al actual sucesor de Pedro, que, fiel a mí, clama por estos desvalidos, no le hacen caso. Es una voz que grita en el desierto del consumismo. O bien le llaman “populista” y “comunista”. Ha pedido que se reciba a los refugiados, pero Europa hace oídos sordos, se limita a poner parches a tamaña tragedia. Ha criticado sin rodeos un sistema que “descentró a la persona”, colocando en el centro al “dios dinero”, y ha abogado porque la Iglesia no se cierre en sí misma. “Si una iglesia, una parroquia, una diócesis, un instituto vive cerrado en sí mismo, enferma”. Está en contra de convertir los monasterios vacíos en hoteles para obtener recursos, cuando estas gentes no tienen donde reclinar la cabeza o mueren como perros en estas playas.

Los discípulos cuchichearon entre ellos sobre algunas críticas que hacían del Papa: “Vive en la residencia de Santa Marta, en vez del palacio vaticano”, “usa un utilitario”, “se acerca a los enfermos y visita las cárceles, habla con los mendigos de la calle y dice que no es quién para juzgar a los homosexuales”. “No es un teólogo exquisito, y, para colmo, se le entiende todo”.

–¿No me reconocéis en estas palabras de Francisco? –añadió el Maestro–: “Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor… Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro, e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales”.

Una voluntaria de ACNUR, de las que le seguían habitualmente, preguntó:

–Pero dinos, Jesús, ¿por qué hemos de recibir a los inmigrantes y refugiados? También entre nosotros hay mucho paro, y niños que pasan hambre, falta de vivienda digna y de derechos fundamentales.

Jesús extendió su mano en dirección a las tiendas que habían montado los cooperantes para cobijar a los refugiados, que seguían desembarcando por cientos.

–Miradlos, son pedazos nuestros, hermanos e hijos del Padre, y no tienen donde ir. Ayudad a los que tenéis cerca, pero no os olvidéis de los que están lejos. Contemplad a esos niños muertos. Miraban la vida con la ilusión que les daba estar viendo continuamente el rostro de mi Padre. ¿Cuentan ellos algo en los despachos de los dueños de este mundo, en las asambleas de los políticos, en las previsiones de Wall Street? “Mira, que estoy a la puerta y llamo”, repetiré una y mil veces. El que recibe o cobija a uno de estos refugiados a mí me recibe.

–Sin embargo, algunos obispos dicen que hay que tener mucho cuidado porque esto conlleva sus riesgos. Después de los recientes atentados de París, hay quien asegura que se cuelan entre ellos terroristas, miembros de la Yihad.

–La yerba mala crece en todas partes. Pero ¿debe el segador cortar la cizaña junto al trigo? Si estáis pendientes de todos los riesgos al hacer vuestras buenas obras, no saldríais de casa, os quedarías todo el día viendo la tele y comiendo palomitas. Si el que recibe una limosna tuya te desvalija, no te arrepientas de haberle ayudado, pues tu Padre que ve en lo secreto conoce tu intención y premiará tus esfuerzos.

Entonces se acercó un bombero voluntario de Sevilla.

–Pues a nosotros nos metieron en la cárcel por ayudar a esta gente.

–Por haber echado una mano a estos hermanos que han dejado sus hogares y se la juegan por huir de una guerra injusta hacia su libertad, vuestros nombres están escritos en la libro de la vida.

Como cada vez se unían más personas al corro de los que querían escuchar a Jesús, los discípulos sacaron algunas latas de conserva y un queso con pan que llevaban en la bodega de su barco de pesca. En esto se levantó un hombre joven, de unos veinticinco años, con pantalón vaquero, gafas redondas y desgreñada melena.

–Maestro, ¿has visto alguna vez los programas de la televisión? ¿Tienes teléfono móvil? ¿Estás en twitter o en facebook? ¿Qué piensas del boom tecnológico?

Jesús sonrió. Luego sacó un Smartphone del bolsillo de atrás y dijo:

–En mi primera venida tenía que subirme a un monte o un tejado, a veces alejarme en barca para que las multitudes me pudieran oír. No tenía más vehículo que estas dos piernas, que me condujeron por los caminos de Galilea y Judea, donde prediqué la Buena Noticia. Les hablaba en parábolas de siembra, viñas, higueras, bodas, panes y remiendos. ¿De qué os hablaré ahora? ¿Del chip y el disco duro, del whatsapp y el skype? Os diré que esta generación vive colgada del teléfono celular, gastan megas y gigas en comunicarse, pero andan solos y tristes como buitres en el desierto. Abarrotan los grandes supermercados durante los fines de semana, pero son incapaces de satisfacer su corazón amontonado compras. En los países del Norte desperdician y arrojan la comida que les sobra, mientras los niños del Sur perecen de hambre. Ahítos de sexualidad y pornografía barata, se han olvidado del amor que se esconde en un lirio y de cómo mi Padre alimenta y viste a un gorrión.

–Entonces –interrumpió el joven universitario–, ¿no son esos medios formidables púlpitos para proclamar la Palabra?

–Esta generación ha embotado sus oídos y cegado sus ojos de tanto oír y mirar. Si desde que te levantas enciendes la tele y no la apagas hasta acostarte; si no te quitas los auriculares todo el día y no paras de teclear en el móvil, es que no sabes estar solo y eres incapaz de escuchar el silencio. Tú, cuando quieras alcanzar tu mejor yo, cierra la puerta y tu Padre que ve en lo escondido te hablará y te transformará por dentro hasta encontrar la senda que salta a la vida eterna. El hombre planta y riega, construye hermosos edificios, crea máquinas admirables, computadoras, autos, aviones, naves espaciales, vacunas, robots y hasta espacios virtuales, pero no puede añadir un codo a su estatura, ni prolongar indefinidamente su vida. Y nada de cuanto hace puede hacerlo sin el concurso del Padre. Pero ¡ay de los que idolatran todas estas creaturas convirtiéndolas en absoluto! Se transforman en los cacharros que adoran, que en poco tiempo pasan de moda y van derechos a cementerios de chatarra que contaminan el planeta.

Jesús se había quitado su gorra de marinero y el viento de la noche agitaba su melena. Con tono solemne añadió:

–Sin embargo, todo el que encarna la Palabra brillará con luz propia e iluminará a sus hermanos. Así que no escondáis la luz en la sombra de su vuestros apartamentos u oficinas, sino ponerla en alto sobre las cadenas de comunicación de este mundo, para que todos las vean y las escuchen y alaben a vuestro Padre que está en los cielos. Eso sí, no encontraréis mejor criba que los propios destinatarios de vuestra verdad, que al cabo sabrán distinguir la moneda auténtica de la falsa, el que vive de veras la Palabra, y el que no pasa de ser una campana que retiñe o un altavoz vocinglero. Porque la luz brilla también en las tinieblas, repletas de negatividad, de vuestros informativos, redes sociales, telefilms o telediarios.

Felipe, uno de sus discípulos que era pastor protestante, tomó la palabra. Todos aguzaron su atención, pendientes de lo que iba a decir:

–Señor: no sabes cuánto nos alegra que hayas vuelto al mundo. Pero ya ves, estamos hechos un lío: estas víctimas que estamos rescatando del mar son refugiados sirios de religión musulmana. Aquí hay voluntarios católicos, ortodoxos, protestantes, judíos, e incluso agnósticos o gente que duda de todo. Han pasado veintiún siglos desde que tú viniste y es como si no hubieras venido. Todos creemos tener la verdad. Y mira, hasta hay creyentes que se convierten en hombres-bomba en nombre de Dios. Otros que insisten que sólo en la Iglesia católica está la salvación. La fe en ti, al cabo de los siglos, en vez de unirnos, ¿no nos ha enfrentado a base de actitudes dogmáticas que excluyen y rediles religiosos enfrentados?

El Maestro reflexionó en silencio e indicó a sus pescadores que repartieran los restos de pan y las pocas latas de caballa y berberechos que quedaban en la bodega.

–Pasad también la bota de vino –sugirió.

Luego, se acercó a la lumbre y alimentó el fuego con trozos de madera de restos de embarcaciones naufragadas. Su rostro cobró tonos rojizos a luz de la lumbre, envuelto por la columna de humo que se perdía entre nubes deshilachadas con fulgores de luna.

–Hijos míos, guardaos de algunos líderes que han convertido la religión en un centón de normas, un catálogo de prohibiciones, un inexpugnable redil de fanáticos. Han deformado el rostro de mi Padre, transformándolo en el de un ogro, un maestro de escuela que azota a sus alumnos, o un dictador sin entrañas de cualquier república bananera que excluye y condena. Cargan fardos insoportables sobre vuestras espaldas y se llenan la boca con palabras bonitas. Se hacen llamar padres, pero solo hay un Padre, que está en los cielos y en aquellos que cumplen su voluntad. Destruyen las obras de arte o atenazan el conocimiento científico, la investigación y otras creaciones humanas castrando el pedazo de infinito que ha puesto Dios en el corazón del hombre. No; yo vine a poner el amor por encima de la ley, y arremetía contra los fariseos, porque ellos se habían encerrado en la letra para apagar el espíritu y conservar su tinglado que también era su negocio. ¿Cómo es posible que muchos sigan convirtiendo la fe en guarderías de adultos, fortines de defensa, o se protejan con ritos, ropajes y códigos?

El pastor protestante se levantó e insistió.

–No has respondido a mi pregunta. Vivimos en un mundo donde todos exponen sus ideas libremente, mientras reina la confusión. Dinos de una vez: ¿Cuál es la religión verdadera? Defínete: ¿Con quién estás? ¿Con el Vaticano de los católicos, con los ortodoxos, la comunidad anglicana, los protestantes, la Nueva Era?

Jesús se alzó y se movió en dirección del mar.

–Dime: ¿de quién es el mar? ¿Has visto los documentales sobre la riqueza zoológica submarina? Después de tantos siglos de historia, el hombre no conoce ni la décima parte de su fauna y flora. Mirad el firmamento: los astrónomos, con sus potentes telescopios, aún son incapaces de adivinar los miles de astros y estrellas que pueblan los espacios siderales, y rusos y americanos apenas han realizado cortos viajes interplanetarios. ¿Y queréis encerrar a Dios en un matraz para analizarlo? Sólo rompiendo vuestros ridículos vasos de comprensión podréis llenarlos del verdadero Dios. La verdad no es algo estático, como un cuadro o una diapositiva. Ni se puede contener en un solo libro. La verdad es como un manantial que está escrita en el corazón del hombre y que va creciendo hasta convertirse en río y en mar. ¿Qué queréis, encapsular la realidad en un bote de cocacola, y venderla por un dólar o un euro? Yo soy el camino, la verdad y la vida. Pero nunca dije que seguirme equivaliera a cumplir un catálogo de prescripciones, como contentarse con ir a misa, comulgar en domingo o poner la crucecita en la declaración de la renta. Hablé de un agua que salta a la vida eterna, pero no de estanques exclusivos para unos cuantos privilegiados que lucen los colores de una camiseta. ¿Sabéis a lo que se parecen? A equipos de fútbol enfrentados, a miopes partidos políticos a los que no les interesa el bien de la gente, sino que triunfen sus siglas y enriquecerse ellos mismos.

Entonces llamó a un chaval sirio que se arropaba tiritando bajo una manta. Lo sentó a su lado y le frotó los hombros para calentarlo.

–¿Cómo te llamas? –le preguntó.

–Sibel –respondió el niño.

–En verdad os digo, mi verdad se llama Sibel, y cualquiera de estos pequeños que mendigan en las calles de Kabul o Río de Janeiro. La verdad es recibir a Sibel como a mí mismo y a cuantos sufren marginación y hambre, son maltratados por la injusticia de un mundo dominado por el pensamiento único de una veintena de millonarios, sus multinacionales y unos cuantos políticos. A los niños-soldados, a las mujeres apaleadas y maltratadas por el machismo, a las criaturas destrozadas por la pederastia y a las adolescentes explotadas por el turismo sexual. Di mi vida por ellos y volveré a darla ante un pelotón de fusilamiento o ametrallado por sus sicarios en cualquier carretera, si hace falta.

Una mujer musulmana con velo se levantó temblorosa:

–¿Y los que nos han hecho huir de nuestras aldeas? ¿Y los que nos matan en nombre de Alá? ¿Tú has dicho que amemos a nuestros enemigos? Mahoma nos convocó a la yihad.

–En verdad os digo que los que a hierro o disparos matan, a hierro y ráfagas de metralleta morirán. Están en el error y se les pagará con la misma moneda. Pero os aseguro que aun los terroristas y asesinos son hijos del Padre. También he dado mi sangre por ellos. Los perdoné desde el árbol de la cruz. Así mismo vosotros debéis perdonarlos para que se conviertan y vivan. No hay otra yihad que luchar para crecer por dentro y no ser como ellos, que hacer un mundo mas justo en el que quepan los empobrecidos hijos del Islam. Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Porque el que ama a sus amigos, ¿qué merito tiene? No es tan difícil acercarse a mi verdad. Sobran todas las disquisiciones teológicas y las cátedras de los sabios, si no aprendéis esto.

Un hombre anciano de barba blanca se presentó como sacerdote, capellán de un grupo de voluntarios, y se dirigió a Jesús emocionado:

–Señor, me llamo Manolo, te he dedicado toda mi vida, a proclamar tu Evangelio. Durante muchos años fui párroco en un pueblo y luego en una gran ciudad. Me he esforzado por tu causa. Pero mi gran enemigo ha sido la rutina. Preparaba con mucho estudio y dedicación mis homilías; llevaba con gran cuidado la Cáritas Parroquial, organizaba la catequesis, los grupos de confirmación y los movimientos de Acción Católica. Intentaba orientar con misericordia en el confesonario y despertar a los que acuden a los bautizos, bodas y funerales. Pero, ¿sabes, Señor?, apenas he logrado pastorear a algunas ovejas del redil, católicos de toda la vida. Sentía que mi iglesia no pasaba de ser algo más que un despacho de sacramentos y un refugio de beatas. No conseguía mucho más. La mayoría de habitantes de mi barrio pasaban de la Iglesia. Solo estaban preocupados de conservar su trabajo, ir de compras y salir de excursión los fines de semana. ¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué tu Evangelio no interesa? ¿Por qué todo parece gris, y ya casi nadie cree que la felicidad está en ti?

Jesús se levantó y, acercándose, puso sus dos manos sobre los hombros del anciano sacerdote.

–Gracias, Manolo. Quizás tú no lo sabías, quizás por las noches tenías dudas de fe o te sentías inútil y terriblemente solo. Pero yo estaba a tu lado. Es más, cuando partías el pan y la palabra, era yo mismo quien lo hacía por tu medio. Yo, mejor que nadie, sé que tu semilla ha caído muchas veces en buena tierra y ha dado su fruto, aunque tú no lo supieras. Es cierto también que vivís ahora en un mundo muy secularizado, que solo valora la materia, lo palpable, y no es capaz de apreciar lo que tantas veces os he repetido: que el reino es como un grano de mostaza o de trigo, o como una pizca de levadura. El marketing y las estadísticas se han metido en mi Iglesia como un demonio revoltoso que todo lo cuantifica en cifras, edificios, fundaciones y resultados. Yo amo lo pequeño, la moneda de la viuda, una sola oveja perdida, un frasco de perfume derramado con amor, una plegaria escondida en la penumbra del templo. A los demás les he llamado siervos, a ti, Manolo, te he llamado amigo.

Manolo se enjugó con el reverso de la mano una lágrima que le corría por su mejilla. Cuando se repuso, replicó:

–Sin embargo, Maestro, he de confesarte algo. De mil maneras he predicado tus bienaventuranzas, pero después de tantos años de vida pastoral yo mismo no sé qué es la felicidad. Es más, veo que todo el mundo la busca de mil maneras y no la encuentra.

–¿Cuántas veces repetiré que os falta fe? Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá. El mundo de hoy se hunde porque, como mi apóstol Pedro, no se atreve a caminar sobre las aguas. Piensa que seguirme es apretar los puños y cumplir ciertas prácticas para tranquilizar su conciencia. Lo dije entonces y lo repito ahora: El que no se niega a sí mismo, coge su cruz y me sigue no es digno de mí. Esta frase horroriza a una sociedad centrada en el bienestar del hombre y la “autorrealización”. Y es que pocos la han entendido bien. Algunos de vuestros pensadores y filósofos han escrito que yo he predicado la autodestrucción del hombre. Nada más lejos de mí. Confunden su yo mezquino, afincado a cuatro cosas de esta vida como el éxito, el dinero, el poder, con su verdadero yo más profundo. Centrarse en conquistas mundanales nos arrebata la paz, que es la felicidad posible del hombre. Casi siempre habláis de mi cruz y muy poco de mi resurrección. Resucitar es caer en la cuenta de que “el reino de Dios dentro de vosotros está”, de que ya lo tenéis todo en el que os conforta, como dijo mi apóstol Pablo. Querido Manolo no busques resultados, no te contagies de los balances empresariales y su miedo al déficit. Sé tú mismo, el que ha salido bien hecho de manos de Dios, entra en tu interior y resucitarás conmigo, aunque mientras vas de viaje y en vaso de barro, seguirás sufriendo algunos miedos, sombras e incertidumbres, pues no puedo ahorraros la cruz. Pero regocijaos porque os he preparado un lugar, y el que cree en mí tiene vida permanente.

Sin apenas caer en la cuenta, todos los presentes advirtieron que ya había pasado la noche y un rosáceo resplandor despuntaba en el horizonte anunciando el amanecer. De las tiendas salieron los primeros responsables de algunas ONGs para organizar las comitivas de refugiados, que iniciaban sus caminatas hacia los Balcanes, Alemania, Suecia y otros países europeos con sus exiguos pertrechos. Hacía frío, pero cuantos se habían alimentado con la Palabra, sentían un rescoldo en sus corazones y una renacida esperanza brillaba como una leve centella en sus pupilas.

Algunos pescadores y otros voluntarios regresaron al mar a rescatar a nuevos refugiados. Jesús se puso en camino rodeado de niños y sus padres, que acababan de oír en la radio tristes noticias, como que en su marcha se encontrarían con nuevas barreras de alambre, soldados, trenes abarrotados y fronteras clausuradas. En lontananza despuntaban siluetas de múltiples frágiles zodiacs en su incesante lucha por desembarcar y salvar sus vidas. Ya era de día.
texto: Pedro Miguel Lamet, SJ.