miércoles, 4 de noviembre de 2015

CONTRASTE - José Antonio Pagola


CONTRASTE - José Antonio Pagola

El contraste entre las dos escenas es total. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca les enseñarán los escribas: una fe total en Dios y una generosidad sin límites.

La crítica de Jesús a los escribas es dura. En vez de orientar al pueblo hacia Dios buscando su gloria, atraen la atención de la gente hacia sí mismos buscando su propio honor. Les gusta «pasearse con amplios ropajes» buscando saludos y reverencias de la gente. En la liturgia de las sinagogas y en los banquetes buscan «los asientos de honor» y «los primeros puestos».

Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus «largos rezos» en público, se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

Precisamente, una de estas viudas va a poner en evidencia la religión corrupta de estos dirigentes religiosos. Su gesto ha pasado desapercibido a todos, pero no a Jesús. La pobre mujer solo ha echado en el arca de las ofrendas dos pequeñas monedas, pero Jesús llama enseguida a sus discípulos pues difícilmente encontrarán en el ambiente del templo un corazón más religioso y más solidario con los necesitados.

Esta viuda no anda buscando honores ni prestigio alguno; actúa de manera callada y humilde. No piensa en explotar a nadie; al contrario, da todo lo que tiene porque otros lo pueden necesitar. Según Jesús, ha dado más que nadie, pues no da lo que le sobra, sino «todo lo que tiene para vivir».

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que hacen el mundo más humano, las que creen de verdad en Dios, las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas. De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen.
NO OS DEJÉIS ENGAÑAR
Escrito por  Florentino Ulibarri

¡Qué tiempos estos que nos toca vivir
en la calle y en la Iglesia,
en casa y en el trabajo,
tan convulsos y duros
que, para afrontarlos,
necesitan tu palabra evangélica!

Hay en ellos cosas
que nos deslumbran antes de conocerlas,
o que nos seducen
al primer golpe,
o al cabo de un rato,
o al caer de la tarde,
o en plena noche,
porque tienen tantas caras y brillos
como nosotros portamos
frustraciones y necesidades.

Y también las hay
que juegan a camuflarse
y engañan a los caminantes
perdiéndonos entre debates,
comparaciones,
dogmas
y yermas verdades.

Aunque más duro y triste
es encontrarse con personas,
de cultura y fe reconocida y solvente,
que, humildemente y en tu nombre,
se proclaman servidores
mas ejercen de jefes y señores
sin descubrir sus contradicciones,
y hacen sufrir a sus semejantes
y traicionan a tantos y tantos creyentes....

Pero Tú nos dijiste para momentos así:
Tened cuidado y no os dejéis engañar.
Y aunque desplieguen gran parafernalia,
no los sigáis ni a orar ni a tomar cañas.
Aprended de esa viuda, que es pobre
y ha dejado en el cepillo lo que necesitaba.
Permaneced firmes en mi palabra
y tendréis vida en abundancia.






LA ACTITUD INTERNA ES LO QUE VA A MISA
Escrito por  Fray Marcos
Mc 12, 41-44

Nos encontramos en los últimos versículos del c. 12. Solo queda por delante en el evangelio de Mc el discurso escatológico del c. 13 y la pasión. Jesús una vez más, enseña. A pesar de que el episodio que acabamos de leer se reduce a cuatro versículos, tiene una profundidad enorme. Es el mejor resumen que se puede hacer del evangelio. La simplicidad del relato esconde el más profundo mensaje de Jesús: Toda la parafernalia religiosa externa no tiene ningún valor espiritual; lo único que importa es el interior de cada persona.

Este simple relato deja clara la crítica de Jesús a la religión de su tiempo (y a la de todos los tiempos). En él señala la diferencia entre religión y religiosidad; entre cumplimiento de las normas y la vivencia interior; entre los ritos programados y la experiencia de Dios. Aún no hemos aprendido la lección. Hoy seguimos dando más importancia a lo externo que a una actitud interior. A la religión sigue interesándole más que seamos fieles a la doctrina, a los ritos y a las normas. Y la verdad es que nosotros mismos estamos más pendientes de lo que hacemos o dejamos de hacer que de nuestra actitud vital de donde proceden los actos.

En este episodio queda claro el talante de Jesús. Cualquiera de nosotros, progresistas, le hubiéramos dicho a la viuda: no seas tonta; no des esas monedas a los sacerdotes; tienen más que tú. Utilízalas para comer. Pero Jesús que acaba de criticar tan duramente los trapicheos del templo, descubre también la riqueza espiritual que manifiesta la viuda pobre y reconoce que a ella sí le sirve esa manera de actuar, porque es reflejo de su actitud para con Dios. Alejada de todo cálculo, se deja llevar por el sentimiento religioso más genuino.

Echaban en cantidad. Las monedas se depositaban en una especie de embudos enormes en forma de bocina, colocados a lo largo del muro. La amplia boca de las bocinas de bronce permitía lanzar las monedas desde una distancia considerable. Los ricos podían oír con orgullo, el sonido de sus monedas al chocar con el metal. Lo que echó la viuda fueron dos monedas del más bajo valor de la época. Las dos monedas constituían una cantidad ridícula. La traducción debía acomodarse a cada época. Hoy serían dos céntimos.

Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. El comienzo “amen dico vobis” indica que la frase es muy importante. La idea de que Dios mira más el corazón que las apariencias, no es nueva en la religiosidad judía; se encuentra en muchos comentarios del AT. Jesús profundiza en la idea y se la propone a los discípulos como ejemplo de actitud religiosa. Esta es la originalidad de la propuesta de Jesús.

Dio todo lo que tenía para vivir. Para captar toda la fuerza de esta frase final, tenemos que tener en cuenta que en griego “bios” significa no sólo vida, sino también, modo de vida, recursos, sustento; sería el conjunto de bienes (normalmente alimentos) imprescindibles para la subsistencia. Nosotros tenemos una palabra que se podía aproximar bastante a lo que expresa el texto griego: “víveres” o “sustento”. Dio todo lo que constituía su posibilidad de vivir. Equivaldría a poner su vida en manos de Dios.

Hay que tener en cuenta que Jesús ya había llevado a cabo la “purificación del templo”. Sabemos su opinión sobre la manera como se gestionaba el culto y su crítica al expolio de los pobres en nombre de Dios, para que los jefes religiosos vivieran como reyes. De hecho, el templo era el centro económico de todo el país. Esa economía estaba basada en la obligación de ofrecer sacrificios y de dar al templo el diezmo de todo lo que cosechaban, además de donativos voluntarios. Al Dios liberador, le habían convertido en el dios opresor y exigente que esclavizaba el pueblo por medio de sus dirigentes.

En contra de los que solemos pensar, el evangelio nos está diciendo que el principal valor de la limosna no es socorrer una necesidad perentoria de otra persona, sino mostrar una verdadera actitud religiosa. La limosna de la viuda, a pesar de su insignificancia, demuestra una actitud de total confianza en Dios y de total disponibilidad. En nuestras relaciones con Dios no sirven de nada las apariencias. La sinceridad es la única base para que la religiosidad sea efectiva. A Dios no se le puede engañar con acciones calculadas.

No se trata directamente de generosidad, sino de desprendimiento. Lo que el evangelio deja claro es que el egoísmo y el amor son dos platillos de la misma balanza, no puede subir uno si el otro no baja. Nuestro error consiste en creer que podemos ser generosos sin dejar de ser egoístas. Lo que Jesús descubre en la viuda pobre es que, al dar todo lo que tenía, el platillo del ego bajó a cero; con lo que, el platillo del amor había subido hasta el infinito. Si mi limosna no disminuye mi egoísmo, no tiene valor espiritual.

El evangelio de hoy, ni cuestiona ni entra a valorar la limosna desde el punto de vista del necesitado, porque lo que la viuda echó en el cepillo no iba a solucionar ninguna necesidad. Se trata de valorar la limosna desde el punto de vista del que la hace. Jesús ensalza la actitud de la viuda, aunque acaba de criticar muy duramente la manera que tenían los sacerdotes de gestionar los donativos al templo.

La limosna de la que hoy se habla, no es la que salva al que la recibe, sino la quesalva al que la da. La diferencia es tan sutil que corremos el riesgo de hablar hoy de tanta necesidad acuciante que encontramos en nuestro mundo y por tanto, de la necesidad de hacer limosna para remediar esas necesidades extremas. Hoy no se trata de eso. Se trata de dilucidar donde ponemos nuestra confianza. Podemos ponerla en la seguridad que dan las posesiones o en la seguridad que nos da la confianza en Dios.

La motivación de cualquier limosna no debe ser, en primer lugar, remediar la necesidad de otro, que está en peores condiciones que yo, sino el manifestar el despego de las cosas materiales y afianzar nuestra confianza en lo que vale de verdad. La cuantía de la limosna en sí, no tiene ninguna importancia; sólo tendrá valor espiritual, si el hacerla, supone privarme de algo. Dar de lo que nos sobra, puede aliviar la carencia de los demás, pero no tener ningún valor religioso para mí. Mi limosna valdrá la pena sólo si me duele un poquito.

El que recibe una limosna, puede estar necesitado de lo que recibe; en ese caso, la limosna ha cumplido un objetivo social. Ese objetivo no es lo esencial. El que recibe una limosna, puede aceptarla como una lotería sin descubrir la calidad humana del que se la ha dado. O puede darse cuenta de que la actitud del otro le está invitando a ser también él más humano. Si esto segundo no sucede, es que la limosna como acto religioso, ha fallado para el que la recibe. Alcanzar este último objetivo, depende de la manera de hacerla.

El que la da puede ser que da de lo que le sobra; o puede ser que se prive de algo que necesita. En el primer caso podía demostrar desapego, al superar el afán de acaparar y buscar en las riquezas seguridad. En el segundo, entramos en una dinámica religiosa. Un necesitado podría dar una limosna al que no la necesita. En ese caso, el objetivo religioso, del que la da, se cumple. Sin tener esto en cuenta, con frecuencia dejamos de dar una limosna, porque pensamos que no va a utilizarse para remediar una necesidad real.

Sólo cuando das lo último que te queda, demuestras que confíasabsolutamente. El primer céntimo no indica nada; el último lo expresa todo, decía S. Ambrosio: Dios no se fija tanto en lo que damos, cuanto en lo que reservamos para nosotros. Un famoso escritor actual dijo en una ocasión: solo se gana lo que se da; lo que se guarda se pierde. La viuda, al renunciar a la más pequeña seguridad, manifiesta la verdadera pobreza.

Meditación-contemplación

La viuda entregó todo lo que tenía para subsistir.
Las dos monedas no tenían ningún valor,
pero la actitud interna que demuestra ese insignificante don
es lo más valioso que podemos imaginar.
……………

Los actos sólo tienen valor religioso y humano
en la medida en que son expresión de nuestro interior.
No importa que sean espectaculares o insignificantes.
Su valor está en lo más íntimo de la persona.
………………

Mi escala de valores debe cambiar.
Debo dejar de valorar lo que se ve,
Para empezar a valorar en mí y en los demás
lo que me hace más humano y más cristiano.
………………

Fray Marcos






VIUDAS BUENAS Y TEÓLOGOS MALOS
Escrito por  José Luis Sicre

Una viuda con mucha fe (1ª lectura)
Se trata de un relato muy sencillo, que recuerda a las leyendas sobre San Francisco de Asís (las “Florecillas”). Lo importante no es su valor histórico sino su mensaje. Destaco algunos detalles.

1. La pobreza de los protagonistas. En el mundo antiguo, de estructura patriarcal, las personas más marginadas eran las viudas y los huérfanos; la muerte del marido o del padre los condenaba en la mayoría de los casos a la miseria. En nuestro relato, esta situación se ve agravada por la sequía, hasta el punto de la mujer está segura de que ni ella ni su hijo podrán sobrevivir.

2. La fe y la obediencia de la mujer. Muchas veces, comentando este texto, se habla de su generosidad, ya que está dispuesta a dar al profeta lo poco que le queda. Pero lo que el autor del relato subraya es su fe en lo que ha dicho el Señor a propósito de la harina y el aceite, y su obediencia a lo que le manda Elías.

3. La categoría excepcional de Elías, al que Dios comunica su palabra y a través del cual realiza un gran milagro.

Teólogos presumidos y una viuda generosa (evangelio)
El relato tiene dos partes: la primera denuncia a los escribas; la segunda alaba a una viuda. Lo que las relaciona es el la actitud tan contraria de los protagonistas: mientras los escribas “devoran los bienes de las viudas”, la viuda echa en el arca “todo lo que tenía para vivir”.

¡Cuidado con los escribas!
Los escribas eran especialistas en cuestiones religiosas, dedicados desde niños al estudio de la Torá. Tenían gran autoridad y gozaban de enorme respeto entre los judíos. Pero Jesús no se fija en su ciencia, sino en su apariencia externa y sus pretensiones. La descripción que ofrece de ellos no puede ser más irónica, incluso cruel. Forma de vestir (amplios ropajes), presunción (les gustan las reverencias en la calle), vanidad (buscan los primeros puestos en la sinagoga y en los banquetes), codicia (devoran los bienes de las viudas), hipocresía (con pretexto de largos rezos). Todo esto es completamente contrario al estilo de vida de Jesús y a lo que él desea de sus discípulos. Por eso los amonesta severamente: «¡Cuidado con los escribas!».

No es preciso añadir que los discípulos le hicieron poco caso y terminaron vistiendo como los escribas, exigiendo reverencias y besos de anillos, ocupando primeros puestos, y devorando bienes de viudas, viudos y casados. Por desgracia, de este evangelio no se puede decir: «Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia», aunque debemos reconocer que la situación ha mejorado bastante.

Elogio de la viuda
En la 1ª lectura y en la segunda parte del evangelio tenemos personajes parecidos: una viuda y un profeta (Elías-Jesús). Pero la relación entre ellos se presenta de manera muy distinta. Basta fijarse en los siguientes detalles:

¿De qué hablan la viuda y el profeta? Elías y la viuda mantienen un diálogo, mientras que Jesús no dirige ni una palabra a la viuda. Cuando ve lo que ha hecho, no la llama para dialogar con ella, sino que llama a sus discípulos para darles una enseñanza.

¿Qué hace la viuda por el profeta? La viuda entrega todo lo que tiene a Elías y trabaja para él; la viuda del evangelio no hace nada por Jesús.

¿Qué hace el profeta por la viuda? Elías hace un gran milagro para resolver el problema económico de la viuda; Jesús no le da ni un céntimo.

La enseñanza silenciosa de la viuda
Los relatos anteriores de Marcos (que no se han leído en las misas del domingo) han ido presentando una serie de personas y grupos que se presentan ante Jesús para discutir con él las cuestiones más diversas: de dónde procede su autoridad, si hay pagar tributo al César, si hay resurrección de los muertos, cuál es el mandamiento principal, etc. Al final aparece esta viuda, que no se preocupa de cuestiones teóricas ni teológicas, ni siquiera se interesa por Jesús; sólo le preocupa saber que hay gente pobre a la que ella puede ayudar con lo poco que tiene.

La viuda es un símbolo magnífico de tantas personas de hoy día que no tienen relación con Jesús, pero que se preocupan por la gente necesitada e intentan ayudarlas, sin considerarse ni ser cristianos. Pero es importante advertir que la preocupación de la viuda no es de boquilla, entrega todo lo que tiene.

Jesús, que no llama a la viuda para dialogar con ella ni pedirle que pase a formar parte del grupo de sus discípulos, nos puede servir de ejemplo para la actitud que debemos adoptar ante esas personas. No hay que intentar convertirlas a toda costa.

En los tiempos que corren, de tanta necesidad para tanta gente, el evangelio de este domingo nos da mucho que pensar y que rezar.

José Luis Sicre









AMANECE LA INDULGENCIA, TRAS EL OCASO DE LAS INDULGENCIAS
Escrito por  Juan Misiá

En el catecismo memorizado en primaria, se preguntaba: “¿Qué creéis en la comunión de los santos?” Respuesta: “Que los unos fieles participamos de los bienes espirituales de los otros, como miembros de un mismo cuerpo”.

¿Lo entenderían aquellos niños y niñas de siete años? Es dudoso. Pero la buena maestra doña Pilar –de entrañable recuerdo- trajo prestados de la sexta clase unos frascos de cristal unidos por la base y nos hizo echar agua por turnos para verla subir al mismo nivel en cada probeta. Dos años después aprenderíamos en clase de ciencias los vasos comunicantes, pero ya los conocía de antemano el alumnado de primera comunión, entrenado por la catequista murcianica para rezar a los difuntos por los difuntos en la “comunicación de lo santo” (por intercesión de la Virgen de la Fuensanta). Si hubiera sido hoy, seguro que doña Pilar lo explicaba con telefonía móvil. A lo mejor hablaría de la indulgencia como zumo de suplemento vitamínico o conexión por internet con la página web del Espíritu Santo.

Hace 48 años el Papa Pablo VI promulgó una reforma de la doctrina y práctica de las indulgencias; quería evitar, con siglos de retraso, los abusos y exageraciones que con tanta razón criticó en su día Lutero. Pero esta reforma era insuficiente. No se desprendía de las metáforas penales y mercantiles: pena, castigo, expiación, redención, satisfacción, precio, etc., de las que era víctima la teología, no solo por culpa de san Anselmo, sino hasta del mismísimo san Pablo.

El Papa Francisco, en la Bula de Proclamación del Jubileo de la Misericordia, redescubre “la Indulgencia” (con mayúscula y en singular), más allá de “las indulgencias” (con minúsculas y en plural). Redescubre la Indulgencia misericordiosa, reinterpretando las indulgencias de rebajas penales o mercantiles.

Lo hace suave y sutilmente (sin provocar a fanáticas legiones), centrándose en la Comunión de lo Santo, con un enfoque más terapéutico y comunicacional, que penal o mercantil. (Francisco no es “más pastoral que teólogo”, sino muy teólogo precisamente por ser muy pastoral).

“La Iglesia vive, dice Francisco, en la comunión de los santos”. La misericordia es fuente inagotable de agua reconstituyente, reconfortadora y rehabilitadora (metáforas medicinales) y se difunde por una red de comunicación que se extiende sin límites multiplicando sus conexiones (metáforas informáticas).

Francisco habla de la indulgencia en términos de terapia reconstituyente y rehabilitadora para las convalecencias y en términos de extensión universal de las redes de comunicación, de la misericordia; ve la indulgencia como rehabilitación espiritual y comunicación ilimitada-plenaria de la Misericordia.

Francisco opta por la metáfora medicinal y terapéutica, en vez de las imágenes penales o mercantiles de cancelación de años o días de castigo y rebaja en precios de saldo. En vez de hablar de las indulgencias como si fueran rebajas comerciales (en ventas de saldo) o rebajas penales (por el pago de una multa), sería mejor usar la comparación medicinal (rehabilitación, fortalecimiento o vitaminas reconstituyentes).

“No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el Sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y, sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comnportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia [en singular, y en cursiva, en el original] del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado” (Misericordiae vultus, n. 22).

También vale la imagen de las redes de comunicación para hablar de la difusión de la misericordia. “La Iglesia, dice Francisco, vive la comunión de los santos... la Madre Iglesia es capaz con su oración de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros... Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente... ” (id.)

Francisco nos invita a vivir el Jubileo con júbilo por la misericordia:“La Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente... ”

Por cierto, en este último párrafo, los encargados de la traducción castellana han usado el término “dispensación”, más judicial y comercial. Parecen mejores: la traducción portuguesa, “a indulgência misericordiosa em toda a sua extensão; la versión francesa, “l’étendue de son indulgence miséricordieuse”; y la versión italiana, “l’estensione della sua indulgenza misericordiosa”; concordando todas ellas con el texto latino: extensionem miserantis indulgentiae.

Con buena imaginación poética, la versión inglesa se atreve a formular: to bathe us in his merciful “indulgence” (bañarnos o nadar en la fuente de una indulgencia misericordiosa). Lástima que no haya seguido el traductor inglés el mismo criterio en la primera y principal frase del párrafo, porque ha usado la expresión “granting indulgences”, cayendo así en el énfasis jurídico-mercantil del lenguaje sobre “conceder y otorgar indulgencias” o “ganar indulgencias”, en plural. Se pierde así la fuerza singular de la Indulgencia en singular.

Traducen bien, en castellano: El Jubileo lleva también consigo la referencia a la indulgencia; en francés, Le jubilé amène la réflexion sur l’indulgence; en italiano, Il Giubileo porta con sé anche il riferimento all’indulgenza.

Así resalta la fuerza del texto latino, que dice: “Indulgentiam etiam importat Iubilaeum, quippe quae magnum habeat pondus in Anno Sancto Misericordiae. Deus miseretur nobis peccatoribus sine limitibus”.

Es decir, indulgencia, en singular; con todo el peso curativo del símbolo de la misericordia y su extensión sin límites por las redes del Espíritu. Misericordia indulgente e indulgencia misericordiosa, inagotable, para todos y todas, en todo tiempo y lugar, y especialmente en los tiempos y lugares simbólicos del Año Santo.

Amanece, por tanto, la Indulgencia como Misericordia Plenaria, tras el ocaso de las indulgencias como rebajas de penal o supermercado.

(Y además, visto así el enfoque de la indulgencia, no hay razón para preocuparse por el envío de una carta pontificia a tal o cual grupo religioso invitándoles a rezar durante el Año Santo para agradecer la indulgencia, en vez de otorgarles determinado privilegio para "ganar indulgencias". Nadie tiene monopolio de la gracia en la iglesia).

Juan Masiá Clavel