viernes, 16 de octubre de 2015

NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS - José Antonio Pagola


NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS - José Antonio Pagola

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús, tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición: «Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. «No saben lo que piden». No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones. La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos» y «grandes» de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «Ustedes nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente: «El que quiera ser grande, sea su servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Este es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: servicio a todos.


PARA SER EL MAYOR
Escrito por  Florentino Ulibarri

¿Estás dispuesto a no dar importancia
a lo que has hecho por los demás
y hacer memoria agradecida de todo
lo que los otros han hecho por ti?

¿Estás dispuesto a no hacer caso
a lo que crees que el mundo te debe
y a tener en cuenta, en cambio, cada día
todo lo que tú sí debes al mundo?

¿Estás dispuesto a poner tus derechos,
si fuere preciso, en último lugar
y situar por delante los de los demás
y la oportunidad de hacer algo más que el simple deber?

¿Estás dispuesto a aceptar gozosamente
que toda persona es tan real y necesaria como tú
y esforzarte por cubrir sus necesidades,
respetar su dignidad y llegar a su corazón?

¿Estás dispuesto a reconocer que no merece la pena
sacar provecho o ventajas en la vida
por tu origen, cultura o suerte
y sí ofrecer a los demás todo lo que eres capaz de dar?

¿Estás dispuesto a cerrar el libro de insultos
y buscar junto a ti, muy cerca de ti,
un lugar donde puedas sembrar
unas pocas semillas de felicidad?

¿Estás dispuesto a abrazar y abrir tus entrañas
a quienes viven marginados y perdidos
sin pedirles cuentas, sin echarles en cara,
y perderte tú por los lugares que ellos andan?

¿Estás dispuesto a confesar sinceramente
que a veces te puede el afán y anhelo
de aparentar y ser el primero
en las listas y lugares de este mundo y del Reino?

¿Estás dispuesto a estrechar entre tus brazos
a pobres, sucios y enemigos,
a mirar y besar con dignidad a los últimos
y a hacerte el servidor de todos?

Si es así, puedes tener por cierto
que estarás siempre conmigo
y que éste será un feliz día para ti
sin importarte ser último o primero.





EL SERVICIO TOTAL ES LA MÁXIMA GLORIA
Escrito por  Fray Marcos

Sigue el camino hacia Jerusalén. Los evangelios no son crónicas periodísticas sino teología muy elaborada en las primeras comunidades. Al anunciar Mc tres veces la pasión, está mostrando la rotundidad del mensaje. Al proponer después de cada anuncio, la radical oposición de los discípulos, está advirtiendo de la dificultad del verdadero seguimiento. A continuación del primer anuncio, Pedro dice a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Después de la segunda, lo discípulos siguen discutiendo quién era el más importante. Hoy al tercer anuncio de la pasión, los dos hermanos pretenden sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda. No cabe mayor contraste entre la actitud de Jesús y la de sus seguidores.

Los dos hermanos, que se acercan a Jesús, le llaman pomposamente maestro, pero van a decirle lo que tiene que hacer, no a aprender lo que él les está enseñando. “Uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Parece que Santiago y Juan están pidiendo los primeros puestos en el reino terreno que Jesús va a instaurar en Jerusalén. Pero aunque estuvieran pensando en el reino escatológico, más allá de este mundo, se estaría manifestando el mismo afán de superioridad. Ya decíamos el domingo pasado que la actitud egoísta es la misma, se pretendan seguridades para el más acá o para el más allá.

No sabéis lo que pedís. Se refleja una diferencia abismal de criterios. Jesús y los discípulos están en distinta longitud de onda. Con esta frase, Mc puede estar proponiendo una sutil proyección sobre el momento mismo de la muerte de Jesús. Si tenemos en cuenta que, para Jesús, el lugar de la gloria es la cruz, le estarían pidiendo que vayan con él a la muerte. Curiosamente, todos los evangelios nos dicen que, efectivamente, había en aquel momento uno a su derecha y otro a su izquierda, pero eran malhechores comunes.

Los otros diez se indignaron. Esta reacción no es más que la señal de que todos estaban en la misma dinámica. El resto de los discípulos tenían las mismas ambiciones que los dos hermanos, pero eran cobardes y no tenían la valentía de manifestarlo. También en la protesta por lo que hace otro podemos manifestar el deseo de hacer lo mismo. La inmensa mayoría de los cristianos seguimos intentando utilizar a Dios en nuestro provecho.

Los jefes de los pueblos lo tiranizan... Es impresionante el resumen que hace de la manera de utilizar el poder en el mundo.Fíjate bien, Jesús no critica ni la democracia ni la monarquía; critica a las personas que ejercen el poder oprimiendo. Jesús da por supuesto que en el ámbito civil, lo normal, es ejercer el poder tiranizando y oprimiendo a los demás. Pero ¡qué distinto lo que propone a sus seguidores! "Nada de eso" sino todo lo contrario: Servir. Una lección que los cristianos olvidaron demasiado pronto.

El Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida... Ahora no son los jefes de los sacerdotes los que le quitan la vida, sino que es él el que la entrega libremente. Este cambio de perspectiva en muy importante para el sentido general. Al decir que da su vida, el texto griego no dice “zoe” ni “bios” sino “psyche”, que no significa exactamente vida, sino el fundamento específicamente humano de la vida, lo psicológico. Dar su vida, no significaría entregar su vida biológica muriendo, sino poner su humanidad al servicio de los demás mientras vive. Sería dar su vida, sirviendo.

En la homilía de hoy, se criticará a la Iglesia porque no sigue el evangelio huyendo de todo poder y sirviendo a todos los hombres. Hay que tener mucho cuidado. Los entes de razón no son sujetos de reacciones humanas. Jesús critica a la persona concreta que actúa desde el poder para oprimir a los demás. Somos las personas con nombre y apellidos las que seguimos actuando sin tener en cuenta el evangelio. El mismo Ratzinger, en un libro (el nuevo pueblo de Dios) que se publicó en español en 1972, se pregunta, “cómo los sucesotes de los apóstoles, en tiempo de Constantino, llegaron a considerar como correcto lo contrario de lo que les había dicho Jesús a los discípulos”.

El evangelio nos dice, por activa y por pasiva, que el cristiano es un ser para los demás. Si no entendemos esto, no hemos comprendido el a b c del cristianismo. Pero este mensaje es también la x, porque es la incógnita más difícil de despejar, la realidad más camuflada bajo la ideología justificadora que siempre segrega toda religión institucionalizada. Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos o queremos dominarlos de cualquier forma.

Este principio básico del cristianismo no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió en lo más hondo de su ser. Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da. Jesús descubrió que ese era el fin supremo del hombre, darse, entregarse totalmente, definiti­vamente.

En ese don total, encuentra el hombre su plena realización. Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. El ego es siempre falso porque es una creación mental, por eso necesita estar siempre afianzándose. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser absoluto. El ser humano se hace uno con Él. Esa es la meta, no hay más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser, porque es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás. Si acepto darme a los demás por programa­ción, será a regañadientes y espero una recompensa, aunque sea espiritual. Estoy buscando potenciar mi “ego”. Tampoco se trata de sufrir, de humillarse ante Dios o ante los demás, esperando que después, Dios me lo pagar con creces. La máxima gloria será vivir y desvivirse en beneficio de los demás.

No entender esta verdad, nos ha llevado a exigir de Dios, incluso para Jesús, una gloria. La necesidad de un lenguaje sobre Jesús glorificado, es fruto de esta incomprensión. El 90% del lenguaje sobre Jesús, está hecho desde esta perspectiva. En el evangelio hay datos más que suficientes para descubrir esta falsedad, pero nos agarramos a un clavo ardiendo para no aceptar la verdad. El hombre ha tenido siempre miedo a la oscuridad. Lo sorprendente es que también tiene pánico a la luz, cuando ilumina demasiado.

Los evangelios están escritos desde una visión mítica. En el relato no se cuestiona que Jesús se sentará en su trono ni que habrá alguien a su derecha y a su izquierda. A continuación nos dice que la gloria consiste en el servicio, en el amor manifestado. Pero el amor es lo contrario al egoísmo y lleva consigo la desaparición del ego. Superado el individualismo, solo queda la unidad. Los honores y la gloria solo son posibles mientras persista el ego. Superado, todo es UNO. Ya no hay un sujeto que pueda recibir gloria ni otro que la da.

El objetivo de Jesús fue entregarse, deshacerse en beneficio de los demás. Así,llegó a su plenitud, como ser humano. Su consumación fue idéntica realidad a su consumición en favor de los demás. No tiene sentido que lo hiciera esperando una recompensa de gloria. La superación de yo y la identificación con Dios es ya su máxima gloria.No hay, no puede haber más. Ya no hay un Dios que glorifique ni un Jesús glorificado.

Meditación-contemplación

Opresión, tiranía, sometimiento, esclavitud, servidumbre.
Entre vosotros nada de eso, dice Jesús.
La realidad es tozuda y nos está diciendo que
todo eso lo encontramos en cada uno de nosotros.
………………

Si la esencia del cristiano es el amor, la entrega y el servicio
y eso no lo cumplimos,
¿Qué hemos hecho del cristianismo de Jesús?
¿No nos estamos engañando con una moral tranquilizante?
…………………

La larga lucho que tuvo Jesús con sus discípulos
para que superaran su mentalidad egoísta,
es la misma que tenemos que llevar a cabo
cada uno de nosotros contra nosotros mismos.
…………………

Fray Marcos





¿TRIUNFAR O SERVIR?
Escrito por  José Luis Sicre

En lo que piensa Jesús
Todo comienza con el tercer anuncio de la pasión y resurrección, que no se lee, pero que es fundamental para entender lo que sigue. Jesús repite una vez más a los discípulos que los sumos sacerdotes y los escribas lo condenarán a muerte, lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, le escupirán, azotarán y matarán.

En lo que piensan Santiago y Juan: Presidente del Gobierno y Primer Ministro
Igual que en los casos anteriores, al anuncio de la pasión sigue una muestra de incomprensión por parte de los apóstoles: Santiago y Juan, dos de los más importantes, de los más cercanos a Jesús, ni siquiera han prestado atención a lo que dijo. Mientras Jesús habla de sufrimiento, ellos quieren garantizarse el triunfo: “sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. “En tu gloria” no se refiere al cielo, sino a lo que ocurrirá “en la tierra”, cuando Jesús triunfe y se convierta en rey de Israel en Jerusalén: quieren un puesto a la derecha y otro a la izquierda, Presidente de Gobierno y Primer Ministro. Para ellos, lo importante es subir.

La respuesta de Jesús, menos dura de lo que cabría esperar, procede en dos pasos. En primer lugar les recuerda que para triunfar hay que pasar antes por el sufrimiento, beber el mismo cáliz de la pasión que él beberá. No queda claro si Juan y Santiago entendieron lo que les dijo Jesús sobre su cáliz y su bautismo, pero responden que están dispuestos a lo que sea. Entonces Jesús, en un segundo paso, les echa un jarro de agua fría diciéndoles que, aunque beban el cáliz, eso no les garantizará los primeros puestos. Están ya reservados, no se dice para quién.

La reacción de los otros diez y la gran enseñanza de Jesús
“Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”. ¿Por qué se indignan? Probablemente porque también ellos ambicionan los primeros puestos.

Jesús aprovecha la ocasión para enseñarles cómo deben ser las relacio­nes dentro de la comunidad. En la postura de los discípulos detecta una actitud muy humana, de simple búsqueda del poder. Para que no caigan en ella, les presenta dos ejemplos opuestos:

1) el primero, que no deben imitar, es el de los reyes y monarcas helenísticos, famosos por su abuso del poder: "Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las opri­men".

2) el segundo, el que deben imitar, es el del mismo Jesús, que ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

En medio de estos dos ejemplos queda la enseñanza capital: “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”. En la comunidad cristiana debe darse un cambio de valores absoluto.

Pero esto es lo que debe ocurrir “entre vosotros”, dentro de la comunidad. Jesús no dice nada a propósito de lo que debe ocurrir en la sociedad, aunque critica indirectamente el abuso de poder.

Primera lectura: Isaías 53,10-11
Este texto se ha elegido como comentario de las palabras de Jesús: “el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos” y de sus referencias anteriores a la pasión (el cáliz y el bautismo). Por eso comienza diciendo que El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento; unas palabras que escandalizan por la forma de hablar de Dios, pero que hay que interpretarlas como un recurso para el triunfo final. De hecho, el texto de Isaías insiste más en el éxito de Jesús (verá su descendencia, prolongará sus años, verá y se hartará) y de su obra (el plan de Dios prosperará por sus manos, justificará a muchos).

Reflexiones
1. Este pasaje constituye la última enseñanza de Jesús antes de la pasión, en la que nos deja su forma de entender su vida: "El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Este ejemplo es válido para todos los cristianos, no sólo para papas y obispos.

2. Esta espléndida enseñanza no nos habría llegado si Santiago, Juan y los otros diez hubieran sido menos ambiciosos. Los fallos humanos pueden traer grandes beneficios.

3. La enseñanza de Jesús ha calado muy poco en la Iglesia después de veinte siglos y en ella se sigue dando un choque de ambiciones al más alto nivel. La única solución será tener siempre presente el ejemplo de Jesús.

4. El texto de Isaías nos ayuda a mirar con esperanza los momentos difíciles de nuestra vida. Aunque la impresión que podemos tener a veces es que Dios nos está triturando con el sufrimiento, no es ésa su intención, sino sacar de nosotros algo muy bueno.

José Luis Sicre



LAS AMBICIONES DE LOS DISCÍPULOS
Escrito por  José Enrique Galarreta

El texto de Marcos muestra bien a las claras las dificultades que tenían los discípulos para entender a Jesús. Seguían pensando en un Mesías político, buscaban carteras ministeriales, querían triunfar por el poder, el prestigio... se habían arrimado al carro del que pensaban que iba a ganar.

Esta situación se prolonga dramáticamente durante toda la vida de Jesús, y los evangelistas la reflejan muchas veces. (Mateo 18, Mateo 23, Marcos 9, Lucas 9, Lucas 22).

La respuesta de Jesús es siempre la misma: "el que sea el mayor, que sirva el que más" "el mayor es el niño"... Todo esto culmina de forma espectacular en la escena que se ha considerado como "el testamento" de Jesús, narrada por Juan (12, 50), cuando al principio de la última cena Jesús lava los pies a los discípulos, como un esclavo.

R E F L E X I Ó N
Como nos viene ocurriendo en la lectura de Marcos, la escena se convierte de "histórica" en simbólica y nos representa, a cada cristiano y a la iglesia, revelando uno de los lados oscuros de nuestra religiosidad. Jesús, profeta, desenmascara un pecado oculto en el fondo de nuestro sentido religioso.

El aspecto histórico del evangelio se muestra aquí con claridad. Los evangelistas no disimulan la mediocridad de las intenciones de los Doce. Ni siquiera un evangelio tan "apostólico" como Mateo evita la narración de estos episodios en que se muestra la escasa comprensión de los discípulos.

Son personas necesitadas de conversión. Seguir a Jesús no ha significado automáticamente la transformación de sus valores, de sus expectativas. El seguimiento físico, "irse con Él", será sólo el principio del seguimiento espiritual. Este proceso aparece claramente en las narraciones evangélicas y en los Hechos.

Lucas nos muestra a los doce disputándose los primeros puestos en la última cena. Pero la primera comunidad reflejada en los Hechos ya ha abandonado toda pretensión de superioridad de unos sobre otros, hasta tal punto que en ella no se ven "jefes", ni siquiera "sacerdotes", ni mucho menos "primeros" que ejerzan su autoridad de manera ni lejanamente parecida al modo mundano de mandar.

Si en los evangelios aparecen los discípulos con ansias de poder mundano, en los Hechos aparecen ya "convertidos": han asumido su función: servir, como el Maestro sirvió. Esto significa que han creído en Jesús, han aceptado a Jesús por encima de todos los mesianismos patrióticos y de todas las tradiciones anteriores. Se han convertido a Jesús y han hecho de Él su norma única.

Con todo esto se nos ofrece la interpretación definitiva y única de mesianismo. Nada de reino con poderes humanos, nada de dominio, nada de triunfo espectacular, nada de riqueza, nada de esplendores exteriores. Entrega plena al servicio, para rescatar a muchos, para que se liberen precisamente de esos mesianismos, que son "del mundo", es decir, frutos del pecado.

Nosotros, la Iglesia, comunidad de creyentes, estamos sometidos al mismo proceso de pecado y conversión. Es innegable que la iglesia quiere seguir a Jesús y es evidente la presencia en ella de la tentación mesiánico-davídica.

El espectáculo exterior de la iglesia recuerda a veces a las embajadas de los grandes emperadores antiguos, que mostraban el poder de su señor por medio del esplendor de la embajada misma, a la que se tributaban los mismos honores que se debían al señor.

Me parece muy lógica la lectura que a veces se hace de la Iglesia como embajadora de Dios y por tanto acreedora de respeto y honores. Esta condición se muestra, también lógicamente, en el esplendor externo, en el ejercicio de una autoridad, dogmática y disciplinar, derivada de la autoridad divina, y en el autoconvencimiento de su superioridad sobre todos los demás, fundado en que Jesús, el Hijo Único, le ha encomendado a ella, y no a otros, la Misión de predicarlo al mundo.

Toda esta lógica humana se desmorona sin embargo por dos consideraciones. La primera es que no es ésta la lógica de Jesús, que Jesús no fue así. Y éste es el centro mensaje del evangelio de hoy: "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido".

La Iglesia anuncia y prolonga a Jesús; y Jesús no es un Rey, no es un Mesías-davídico, no es un poder. Por tanto, la Iglesia tampoco. Y la segunda consideración es que la Iglesia es embajadora de Jesús solamente por su grado de conversión, no por otorgamientos jurídicos o consideraciones metafísicas. Si la iglesia se entrega al servicio para la liberación del ser humano, es la iglesia de Jesús.

Si no lo hace y en la medida en que no lo haga, no es más que una sociedad humana lejanamente inspirada en Jesús. La condición de la Iglesia como Misión, como sacramento de Cristo, como presencia en el mundo del Resucitado no es una cuestión de fundación, de condición jurídica, de transmisión de poderes, de popularidad. Es cuestión de realidades objetivas, es decir, de hacer presente en el mundo el Espíritu de Jesús: servir para liberar, huyendo explícitamente de ser servido.

PARA NUESTRA ORACIÓN
Cada uno de los que seguimos a Jesús recibimos en este evangelio un mensaje personal estimulante:

Seguir a Jesús, convertirse, beber el cáliz.

Demasiadas veces, nuestra situación como cristianos es de instalación: somos creyentes, disfrutamos de la luz y de la gracia, celebramos la Acción de Gracias por los dones recibidos... Aquí también, los pasajes evangélicos se convierten en nuestros retratos.

Somos como aquellos doce que siguieron a Jesús, pero seguían sin entenderle bien, tenían por delante todo un proceso de conversión y una promesa: beber como Jesús el cáliz. La verdad es que el mesianismo de aquellos doce no es, la mayoría de las veces, nuestra tentación.

No es que nos sintamos redentores dispuestos al servicio heroico y espectacular. Más bien nos aqueja la tentación contraria: disfrutar de la cómoda mediocridad de la salvación recibida gratis y aceptada como privilegio con escaso sentido de conversión y de misión.

La Palabra de Jesús más bien nos confirma en nuestro modo de vida, no suele ser un estímulo para cambiar sino un tranquilizante para seguir igual. En resumen y en el fondo, los Doce fueron llamados para la Misión, no para un estado de privilegio.

Como el mismo Israel, pueblo encargado por Dios de darle a conocer, tenemos, como sociedad y como individuos, la tentación de apoderarnos de la misión para convertirla en privilegio, sentirnos agradecidos por lo recibido sin considerarnos llamados a la conversión y el servicio.

SALMO 89
Expresamos con este Salmo nuestra confianza en Dios: nosotros, la Iglesia, somos su obra: le rogamos que la lleve adelante, que nos libre de nuestras mediocridades y sea él quien convierta nuestro corazón.

Yo canto el amor eterno del Señor,
constantemente proclamo su fidelidad,
proclamo que el amor es el cimiento eterno,
que la fidelidad es el cimiento de los cielos.
¿Quién como el Señor en los cielos?
¿Quién semejante a El entre los santos?
Yo te invocaré: "Señor, Padre mío,
mi Dios, mi Roca, mi Salvador"
"Si mis hijos abandonan mi Ley
y no caminan según mis preceptos
les visitaré con la vara del castigo
los corregiré de sus errores
pero sin retirarles mi amor
sin fallarles en mi fidelidad."
¿Hasta cuándo, Señor, estarás oculto?
¿Se va a encender tu cólera contra tus hijos?
¡Acuérdate de qué barro nos has hecho,
acuérdate de la humillación en que vivimos!
¡Bendito sea el nombre del Señor
ahora y para siempre.!

José Enrique Galarreta





Depre postelediario
Pedro Miguel Lamet, SJ.

En las últimas décadas el consumo de información ha aumentado de forma sorprendente. Lo que para nuestros abuelos era  lectura sosegada de un periódico y escuchar alguna emisora de radio se ha convertido en una avalancha de noticias a todas horas con el imprescindible teléfono móvil, Internet, la Tablet y todos los accesos instantáneos a la actualidad. Bueno es estar informados y participar de las inquietudes y acontecimientos de la “aldea global”.  Pero, igual que nuestro estómago tiene sus límites y sobrepasarlo perjudica nuestra salud, el consumo excesivo de noticias provoca cólicos mentales.

Uno de los más graves de nuestro tiempo es sin duda lo que podríamos llamar la “depre postelediario” o el efecto que produce en nuestro subconsciente del bombardeo de noticias negativas: crisis, guerras, terrorismo, accidentes, corrupción, asesinatos, catástrofes, violencia de género, deterioro ecológico, pobreza, injusticias. Acaba por crear un sentimiento de culpabilidad colectiva.

El otro extremo es el del avestruz o huida de la realidad, no querer enterarse de nada, no saber nada. Esto conduce al ostracismo y   falta de compromiso con las grandes causas de la humanidad, algo que no es humano ni cristiano.

¿Qué hacer? Ni convertirse en el hombre-noticia de la foto, empapelado de información o dominado por ella, ni el aislado de la vida  real con orejeras para todo. Consumir mi ración de noticias cada día desde un sano parapeto de relativismo, serenidad, humor y esperanza.  Pues “bástale a cada día su propio afán” (Mt. 6,34) o “El ayer pasó, el mañana no ha llegado.   Llena bien el hoy que tienes en tu mano”.

Pedro Miguel Lamet, SJ.





Santa Teresa de Jesús y los jesuitas
Luis Espina, SJ

Un borrón intencionado, que tapaba un “no”, trastocó por completo el sentido de una frase y desfiguró durante mucho tiempo las relaciones existentes entre la Compañía de Jesús y Santa Teresa.

Mucho contacto
En su entrada sobre Teresa de Jesús en el Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, el P. Cándido Dalmases afirma que fueron veintitrés los jesuitas que llegaron a ejercer alguna vez como confesores de la santa. Algunos durante periodos breves, pero otros de forma continuada y muy influyente: Diego de Cetina, Juan de Prá-danos, Francisco de Borja, Baltasar Álvarez... Los jesuitas que la santa nombra en sus escritos son una cincuentena. Afirma también Dalmases que, de las dieciséis fundaciones que la santa hizo en su vida, en diez de ellas interviene algún jesuita, constando además que el Libro de las Fundaciones lo escribió por consejo expreso del P. Ripalda. 

La propia santa afirma, también, que muchas monjas entraron en el Carmelo bajo la dirección de los jesuitas.Los contactos de Santa Teresa con los jesuitas fueron muchos e intensos. De sus confesores, dice que habían criado mi alma; y en otro lugar: ellos son mis padres, y a quien después de Nuestro Señor Jesucristo debe mi alma todo el bien que tiene, si es alguno.

No dependencia
El P. Ignacio Iglesias SJ, en un artículo que se ha hecho clásico sobre este tema [Manresa 54 (1982) 291-311], afirma que el hecho de que existan profundas convergencias de fondo entre Teresa e Ignacio de Loyola y el que los discípulos de éste hayan jugado un papel nada despreciable en la orientación espiritual de Teresa y en la asunción de la Reforma, es, creo, significativo para poder confrontar ambas espiritualidades, aunque no autoriza a hablar de dependencia de Teresa respecto a la espiritualidad de la Compañía. Una de las cosas que más impresiona en Teresa, y concretamente en su relación con sus confesores y consejeros, es ese maravilloso arte de integrar adhesión y afecto personales (no se recata de llamarles amigos) con una soberana libertad frente a ellos. 

La admirable libertad que ante todos y frente a todo tuvo siempre Santa Teresa le permitió reconocer que con los jesuitas también pasó por momentos difíciles, por disgustos y rozamientos, llegando a confesarle sobre un asunto al P. Gracián, su gran confidente, que hemos tenido harto de tierra en el negocio, sin que esto alterase el gran aprecio y las señales de confianza que mantuvo con los representantes de la Compañía de Jesús.

¿Hizo Santa Teresa los Ejercicios Espirituales?
La gran semejanza, incluso en frases literales, de ciertos pasajes teresianos con determinados textos ignacianos permite afirmar a Ignacio Iglesias que, según el parecer de algunos, Teresa hizo al menos parte de los Ejercicios Espirituales. 

Por el mucho trato que Teresa tuvo con los jesuitas, sin duda oyó hablar de los Ejercicios. De hecho, el Vejamen los nombra expresamente, al contestar sobre un tema a san Juan de la Cruz: Harta buena doctrina dice en su respuesta, para quien quisiere hacer los Ejercicios que hacen en la Compañía de Jesús, más no para nuestro pro-
pósito. La alusión es directa.

Ante las afirmaciones confusas sobre si hizo o no los Ejercicios, completos o en parte, he recabado la opinión del director de la Universidad de la Mística, el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) de Ávila, una gran autoridad actual sobre la santa, el carmelita Francisco Javier Sánchez Fermín, que –de manera informal– me ha comunicado personalmente: Por lo que yo sé, al menos en los escritos de Santa Teresa, no consta por ningún lugar que ella hubiese leído los Ejercicios de Ignacio. Tampoco el P. Tomás –el gran especialista teresiano– lo señala como lectura posible en el estudio que ha hecho sobre las lecturas e influjos de Teresa. Sí es evidente el cariño hacia la Compañía, y todo lo que aprende de ellos en relación a temas como la Humanidad de Cristo, que tanta incidencia tiene en la vida y doctrina de Teresa. 

Es del todo improbable, por tanto, que Santa Teresa llegase a recorrer personalmente el itinerario ignaciano de los Ejercicios. Pero sin tener que afirmar ni que hizo ni que leyó siquiera los Ejercicios, de acuerdo con el parecer de Sánchez Fermín, sí resulta procedente destacar el gran influjo que los jesuitas llegaron a ejercer sobre la santa. 

Influencias ciertas
Apoyado en el primer biógrafo de la santa, el jesuita y confesor suyo Francisco de Ribera, Dalmases afirma: En términos generales, puede decirse que los jesuitas aplicaron al caso de Teresa los principios y métodos de los Ejercicios ignacianos, que, según Francisco de Ribera, le dieron al menos en parte: la lucha contra las aficiones desordenadas, la unión de oración y mortificación, la consideración de la Humanidad de Cristo, y el discernimiento espiritual. Estas cuatro orientaciones ignacianas están muy claras en los escritos de Teresa. 

La semejanza entre la espiritualidad ignaciana y la teresiana la centra Ignacio Iglesias en el estudio de tres grandes núcleos: el primado de la oración, la Cristología y la espiritualidad de la misión. En estos tres aspectos, se identifican bien las grandes semejanzas existentes entre la espiritualidad ignaciana y la de Santa Teresa. 

Sobre el modo como la espiritualidad ignaciana pudo influir en Santa Teresa, Iglesias matiza lo siguiente: No pretendo afirmar que Santa Teresa sea deudora de la espiritualidad ignaciana y mucho menos deudora exclusiva. Es empresa casi imposible determinar las transferencias que hayan podido producirse entre ambas espiritualidades. Sobre todo, porque la relación, amplísima y profunda, de Teresa con la espiritualidad ignaciana no se ha hecho a base de textos, sino en el encuentro verbal, en el trato personal con numerosos confesores y directores jesuitas, de una forma vital, en el discernimiento diario sobre lo concreto de una historia –la de Teresa– riquísima en experiencias divinas y humanas alternantes. 

Camino de ida y vuelta
Al tratar de las relaciones entre Santa Teresa y la Compañía de Jesús se puede caer en el error de describirlas de forma sólo unidireccional. Iglesias resalta que, en realidad, es un camino de ida y vuelta. 

Sus confesores sin duda influyeron en el ánimo y la terminología de Teresa. Pero es mucho también lo que la vida y los escritos de Santa Teresa han influenciado en los jesuitas. Una cita final del P. Iglesias: A nadie extrañe el que muchos jesuitas, antiguos y nuevos, recurran una y otra vez a las fuentes teresianas para su enriquecimiento espiritual y su abastecimiento apostólico, como quien entra en casa propia.

Ciertamente, como en su propia casa se encuentra la persona de inspiración ignaciana que entra y se goza en su vida y en sus escritos. Este año, en su centenario, la vuelta a Santa Teresa resulta aún más obligada.

Historia de un borrón
Resulta que en una carta dirigida a Jerónimo Reinoso el dos de mayo de 1582, en una frase de pasada, figura en las antiguas ediciones del epistolario que la Santa dice refiriéndose a los jesuitas: como yo creo que ellos dirán mentira. 

Esta frase determina que, en el índice de materias del epistolario figure Jesuitas: Comenzaron a tener con Santa Teresa enemistad formal, según la Carta 50, n.° 2 — Levantáronla muchos falsos testimonios — Díceles la Santa redondamente que mienten. 

En 1914, el jesuita Juan Antonio Zugasti investigó a fondo el original de la carta y encontró que, en la frase citada, había un borrón delante de la palabra dirán. Descubrió que debajo del borrón estaba escrita la palabra no, con lo cual la frase en cuestión decía exactamente lo contrario: como yo creo que ellos no dirán mentira. El P. Siberio, carmelita, en su edición definitiva de las cartas, comenta: Evidentemente, el borrón no es de la Santa, ni parece echado al descuido, sino intencionadamente.



Luis Espina, SJ