miércoles, 28 de enero de 2015

UN ENSEÑAR NUEVO - José Antonio Pagola


UN ENSEÑAR NUEVO - José Antonio Pagola

El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la «sinagoga», el lugar donde se enseña oficialmente la Ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Sucede en «sábado», el día en que los judíos observantes se reúnen para escuchar el comentario de sus dirigentes. Es en este marco donde Jesús comienza por vez primera a «enseñar».

Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en él algo especial que no encuentra en sus maestros religiosos: Jesús «no enseña como los escribas, sino con autoridad».

Los letrados enseñan en nombre de la institución. Se atienen a las tradiciones. Citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado. Su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la Ley. La autoridad de Jesús es diferente. No viene de la institución. No se basa en la tradición. Tiene otra fuente. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios.

Lo van a poder comprobar enseguida. De forma inesperada, un poseído interrumpe a gritos su enseñanza. No la puede soportar. Está aterrorizado: «¿Has venido a acabar con nosotros?» Aquel hombre se sentía bien al escuchar la enseñanza de los escribas. ¿Por qué se siente ahora amenazado.

Jesús no viene a destruir a nadie. Precisamente su «autoridad» está en dar vida a las personas. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios. Su mensaje es la mejor noticia que puede escuchar aquel hombre atormentado interiormente. Cuando Jesús lo cura, la gente exclama: «este enseñar con autoridad es nuevo».

Los sondeos indican que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. No basta hablar de manera autoritaria para anunciar la Buena Noticia de Dios. No es suficiente transmitir correctamente la tradición para abrir los corazones a la alegría de la fe. Lo que necesitamos urgentemente es un enseñar nuevo.

No somos «escribas», sino discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones. Hemos de enseñar curando la vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de anunciar su Espíritu, no nuestras teologías.
SORPRESA Y ADMIRACIÓN
Escrito por  Florentino Ulibarri

En este tiempo que nos toca vivir,
en el que todo se programa,
se sopesa, cuenta y mide,
no hay espacio para la sorpresa
ni para admirar tu presencia
junto a nosotros,
en la intimidad más íntima
o en la plaza pública.

Y, sin embargo, yo quiero ser tocado,
conquistado,
embelesado,
fascinado,
ilusionado,
hechizado,
seducido,
enamorado
por tu presencia,
por tus gestos y palabras,
por tus hechos y buena nueva.

Y quiero que me envuelva
tu aliento,
tu autoridad,
tu sonrisa,
tu ternura y fortaleza,
tu fuego y paz,
tu chispa y bondad;
que me atrape tu Espíritu,
me desconcierte tu esperanza
y me extrañe tu ausencia.

Y, ojalá, me admire mi fe,
me sobrecoja tu toque y mi curación
y me maraville de lo que soy para Ti.

Aventura,
sorpresa,
novedad,
curación,
vida vida nueva
Contigo.

¡Y a seguir manteniendo
puertas y ventanas
abiertas!



HABLA SOLO DE LO QUE HAS VIVIDO, PREDICA CON EL EJEMPLO
Escrito por  Fray Marcos
Mc 1, 21-28

En la primera lectura, Moisés, después de convencer a los israelitas de que Dios les hablaba desde la tormenta con voz de trueno, promete que no va a meterles más miedo. Pero eso solo será posible si prometen hacerle caso a él y a los profetas. Les habla de una figura de profeta que liberaría de verdad al pueblo. Los primeros cristianos vieron en Jesús a ese profeta. Era la figura anunciada y esperada por el pueblo. Esa identificación garantiza que las palabras de Jesús son las palabras de Dios. Esta es la clave para interpretar todo el evangelio de Marcos. Hablará con la autoridad propia del mismo Dios. Sus palabras tendrán la fuerza creadora y sus acciones serán liberadoras como las acciones del mismo Dios.

Pablo, con una visión de Dios muy cercana a la del "Jupiter tonante" del Sinaí, llega a la conclusión de que preocuparse del marido, o de la mujer o de los hijos, es alejarse de Dios. El Dios de Jesús es muy distinto. El mensaje de Jesús nos dice que a Dios solo se puede ir a través del hombre. Buscar a Dios prescindiendo del prójimo es idolatría. Creer que el tiempo dedicado a las personas es tiempo negado a Dios es una trampa.

Primer día de actividad de Jesús. Su primer contacto con la gente tiene lugar en la sinagoga. Es un signo de que la primera intención de Jesús fue enderezar la religiosidad del pueblo que había sido tergiversada por una interpretación opresora de la Ley. Por dos veces en el relato se hace referencia a la enseñanza de Jesús, pero no se dice nada de lo que enseña. Se habla de sus obras. Lo que Jesús hace es liberar a un hombre de un poder opresor, el espíritu inmundo. La clave es que Jesús libera, cuando habla y cuando actúa. La buena noticia que anuncia Marcos es la liberación, en dos direcciones: de la fuerza del mal y de la fuerza opresora de la Ley, explicada de una manera alienante por los fariseos y letrados (no como los letrados). La intención de Marcos es que la gente se haga la pregunta clave: ¿Quién es Jesús? Todo lo que sigue en este evangelio, será la respuesta.

Enseñaba como quien tiene autoridad. Hoy la palabra clave es "exousia". No es nada fácil penetrar en el verdadero significado de este término. Lo primero que deberíamos hacer es distinguirlo de "dynamis". Esta distinción es relativamente fácil: "Dynamis" sería la fuerza bruta que se impone a otra fuerza física. "Exousía" sería la capacidad de hacer algo en el orden jurídico, político, social o moral, siempre en un ámbito interpersonal. La palabra griega significa, además de autoridad, facultad para hacer algo, libertad para obrar de una manera determinada. Otra característica de la "exousía" es que la persona la puede tener por sí misma o recibirla de otro que se la otorga.

¿Qué quiere decir el evangelista cuando le aplica a Jesús esa "autoridad"? Se trata de una autoridad que no se impone, de una potestad que se manifiesta en la entrega, de una facultad de acción que se pone al servicio de los demás. Sería la misma autoridad de Dios dándose a todas sus criaturas sin necesitar nada de ninguna de ellas. El concepto de Dios "Todopoderoso" que exige un sometimiento absoluto, nos impide entender la exousía de Jesús. Solo desde la experiencia del Dios-Amor de Jesús podremos entenderla.

Jesús enseñaba con autoridad, porque no hablaba de oídas, sino de su experiencia interior. Trataba de comunicar a los demás sus descubri­mientos sobre Dios y sobre el hombre. Los letrados del tiempo de Jesús, (y los letrados de todos los tiempos) enseñaban lo que habían aprendido en las Escrituras. De todas ellas tenían un conocimiento perfecto, y tenían explicaciones para todo, pero el objetivo de la enseñanza era la misma Ley, no el bien del hombre. Se quería hacer ver que el objetivo de Dios al exigir los preceptos, era que le dieran gloria a Él, no al ser humano.

Lo que dejó atónitos a los oyentes de Jesús fue el ver que su enseñanza no era así, sino que hablaba con la mayor sencillez de las cosas de Dios tal como él las vivía. Su experiencia le decía que lo único que Dios quería, era el bien del hombre. Que Dios no pretendía nada del ser humano, sino que se ponía al servicio del hombre sin esperar nada a cambio. Esta manera de ver a Dios y la Ley no tenía nada que ver con lo que los rabinos enseñaban. Todos los problemas que tuvo Jesús con las autorida­des religiosas se debieron a esto. Todos los problemas que tienen los místicos y profetas de todos los tiempos con la autoridad jerárquica, responden al mismo planteamiento.

Cállate y sal de él. La expulsión del "espíritu inmundo" refleja desde el principio, el planteamiento del evangelio como una lucha entre el bien y el mal. "Mal" es toda clase de esclavitud que impide al hombre ser él mismo. Nadie se asombra del "exorcismo", que era corriente en aquella época. Lo que les llama la atención es la superioridad que manifiesta Jesús al hacerlo. Jesús no pronuncia fórmulas mágicas ni hace ningún signo estrafalario. Simplemente con su palabra obra la curación. Lo que acaban de ver les suscita la pregunta: ¿Qué es esto? El evangelio de Marcos es la respuesta a esta pregunta.

Hablar con autoridad hoy sería hablar desde la experiencia personal y no de oídas. Lo único que hacemos, también hoy, es aprender de memoria una doctrina y unas normas morales, que después trasmitimos como papagayos. Eso no funciona. En religión, la única manera válida de enseñar es la vivencia que se trasmite por ósmosis, no por aprendizaje. Esta es la causa de que nuestra religión sea hoy completamente artificial y vacía, que no nos compromete a nada porque la hemos vaciado de todo contenido vivencial.

Espíritu inmundo sería hoy todo lo que impide una auténtica relación con Dios y con los demás. Fijaros hasta qué punto estamos todos poseídos por espíritu inmundo. Esas fuerzas las encontramos tanto en nuestro interior como en el exterior. Nunca, a través de la historia, ha habido tantas ofertas falsas de salvación. Una de las tareas más acuciantes del ser humano, es descubrir sus propios demonios; porque solo cuando se desenmascara esa fuerza maléfica, se estará en condiciones de superarla.

Una importante tarea en esta celebración sería descubrir nuestras ataduras y tratar de desembarazarnos de ellas. Todos estamos poseídos por fuerzas que no nos dejan ser lo que debiéramos ser. Hoy sigue habiendo mucho diablo suelto que tratan por todos los medios de que el hombre no alcance su plenitud. La manera de conseguirlo es la manipulación para que no consiga alcanzar libremente su plena humanidad.

Nuestra vida debería ser un acopio de autoridad para ayudar al hombre al liberarse de sus demonios. Jesús emplea su autoridad, no contra hombre alguno sino contra las fuerzas que los oprimen. Como individuos, como comunidad y como Iglesia, estamos siempre tratando de aumentar nuestra autoridad, pero no la que desplegó Jesús sino la que nos permite creernos superiores a los demás. Si utilizamos esa autoridad para someterlos a nuestro capricho, aunque sea bajo pretexto de hacer la voluntad de Dios o de buscar el bien de los demás, estamos en la antípoda del evangelio.

Todos los seres humanos necesitamos ayuda para superar nuestras limitaciones, y todos podemos ayudar a los demás a superarlas. Es verdad que existe mucho dolor que no podemos evitar, pero deberíamos distinguir entre el dolor y el sufrimiento que ese dolor puede infligir. Un mismo dolor puede causar una escala increíblemente amplia de sufrimiento. Soportar el dolor sin que alcance la categoría de sufrimiento, sería la tarea decisiva de cada ser humano. Aquí tenemos un margen increíble para la maduración personal, pero también para desplegar cauces de ayuda a los demás. Estoy seguro que las curaciones de Jesús fueron encaminadas a suprimir el sufrimiento, no el dolor.

Meditación-contemplación

La "autoridad" de la que nos habla hoy el evangelio,
es la única que viene de Dios.
Toda autoridad que se ejerce desde el poder,
y más que ninguna otra la religiosa, viene del diablo.
........

Todos debemos desplegar la autoridad que Dios nos concede.
La autoridad que da el saber que Dios está en lo hondo de tu ser.
La absoluta confianza de saber que tienes capacidad
para amar como Él ama y liberar como Él libera.
.......................

Tu tarea primera como ser humano,
es liberarte de todo lo que te impide ser humano.
La segunda, es ayudar a los demás a liberarse
de todos los demonios que andan por ahí sueltos.
..................


Fray Marcos



70 años después del Holocausto
OLGA BELMONTE

Hoy, 27 de enero, celebramos el Día internacional de conmemoración en memoria de las víctimas del holocausto. Tal día como hoy, hace 70 años, se produjo la liberación de las víctimas del campo de exterminio de Auschwitz, el más grande de los construidos durante la Segunda Guerra Mundial. La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que éste fuera el día en que se recordara (de un modo institucional) a las víctimas del holocausto e instó a que los Estados miembros elaborasen programas educativos que permitan conocer y recordar la catástrofe, con el fin de prevenir nuevos genocidios. Durante estos días se celebran exposiciones, conferencias, debates y proyecciones que giran en torno al tema central elegido en esta ocasión: “La libertad, la vida y el legado de los supervivientes del Holocausto”. Éste será también el hilo de nuestra reflexión.

Es inevitable preguntarse de nuevo por qué y cómo fue posible el Holocausto, pero como afirma Lyotard, Auschwitz no solo destruyó vidas, sino que destruyó los instrumentos con los que hasta ese momento el ser humano era capaz de medir y valorar la catástrofe, por lo que nos dejó sin herramientas para evaluarla. Como afirma Simone Weil en La gravedad y la gracia: “la desgracia obliga a reconocer como real aquello que no creemos posible”. Hoy conmemoramos una catástrofe que acabó con todas las formas previas de dar sentido y comprender la realidad en que vivimos: hizo insuficiente cualquier explicación capaz de abordarla y evitarla. Los sistemas previos de pensamiento quedaron desbordados, no por reducción al absurdo, sino por reducción a Auschwitz; es decir, no porque no fueran suficientemente racionales, sino porque siendo racionales, no pudieron evitar la catástrofe (la Shoah).

Las víctimas se enfrentaron a la catástrofe o bien tratando de encontrar un sentido en ella o negándose a la posibilidad de encontrarlo. Muchas de las víctimas reconocieron que buscar sentido en los campos era devastador. Para resistir necesitaban no buscar ningún por qué y no tratar de entender el cómo. Aun así, víctimas como Viktor Frankl o Etty Hillesum lograron sobrevivir tratando de buscar nuevas fuentes de sentido en el corazón del sinsentido. 70 años después de la catástrofe, para aprender algo de ella o a pesar de ella, hay que atender a los relatos de quienes resistieron, de los supervivientes, de ahí la importancia de su legado. Si olvidamos lo que ocurrió, difícilmente pondremos las bases para evitarlo hoy.

La Segunda Guerra Mundial cuestionó la tradicional identificación entre el progreso de la razón y el aumento de las libertades. En ella se cometieron las mayores atrocidades, orquestadas por la razón (no fueron fruto de la pasión ni de la ignorancia). Esto no significa que la razón sea el germen de la barbarie, pero sí nos muestra que solo con razón no podemos prevenirla. La experiencia del Holocausto no puede quedar integrada (y superada) en una explicación de la historia que la justifique y la considere un acontecimiento necesario en el progreso de la humanidad. Jean Améry, superviviente de Auschwitz, reconoce que: “si alguna profundidad o sabiduría o humanitarismo quedaron intactos después de Auschwitz, esto fue así no por haber estado allí, sino a pesar de ello”

Si el holocausto solo dio de sí sufrimiento y sinsentido ¿qué podemos aprender de él hoy? Si atendemos a los verdugos, Hannah Arendt señala que el holocausto mostró que cualquiera pudo haber colaborado con el régimen. Eichmann fue responsable de un mal atroz, pero su intención fue solo trivialmente mala. El origen del mal puede no ser la maldad como tal, sino la indiferencia, o la búsqueda del bien personal, o el cumplimiento ciego de las leyes de un estado totalitario, desde el que soy incapaz de reconocer el rostro sufriente del otro. El mal ya no es solo obra del criminal, sino de cualquier ciudadano de a pie. El reto no es tratar de comprender cómo los alemanes pudieron hacer lo que hicieron (cometer los crímenes o permitirlos). El reto que se plantea hoy es comprender cómo cualquier ser humano puede ser capaz de cometer una atrocidad, puede ser artífice del mal y cómplice de la barbarie. 

Esto nos estremece, pero debemos preguntarnos de qué males estamos siendo cómplices nosotros, no por ser malvados, sino por mantenernos indiferentes, demasiado satisfechos o preocupados únicamente por nuestros intereses, ciegos respecto del dolor de otros. ¿A caso no justificamos hoy acciones criminales de los Estados, porque consideramos que su objetivo es salvarnos del mal que cometen los que consideramos enemigos? No podemos dejar de estar alerta, para no convertirnos en cómplices de la barbarie. Sigue habiendo guerras, genocidios, crímenes; no podemos mantenernos indiferentes sin hacernos de algún modo cómplices.

El Holocausto introdujo, como afirma E. Fackenheim un nuevo mandamiento: no permitamos la victoria póstuma de Hitler. Es decir: impidamos que la barbarie siga imponiéndose, en cualquiera de sus formas. Para ello es preciso recordar los relatos de las víctimas, admirar su capacidad de resistir ante la catástrofe y conmemorar a quienes murieron en ella. Un acto de resistencia en la catástrofe es una chispa de divinidad, un destello de humanidad, tratemos de reconocer cómo esas tenues luces pueden iluminarnos en el cumplimiento del mandamiento que nos hermana: resistir a la tentación del mal.

Fuente: http://www.entreparentesis.org/blog/129-70-anos-despues-del-holocausto