jueves, 8 de enero de 2015

ESCUCHAR LO QUE DICE EL ESPÍRITU - José Antonio Pagola


ESCUCHAR LO QUE DICE EL ESPÍRITU - José Antonio Pagola

Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo. Por eso en los evangelios se recogen de diversas maneras estas palabras del Bautista: «Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo».

No es extraño que en los momentos de crisis recordaran de manera especial la necesidad de vivir guiados, sostenidos y fortalecidos por su Espíritu. El Apocalipsis, escrito en los momentos críticos que vive la Iglesia bajo el emperador Domiciano, repite una y otra vez a los cristianos: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias».

La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo, nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas pastorales ante la crisis, hemos de preguntarnos cómo estamos acogiendo nosotros el Espíritu de Jesús.

En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente, hemos de preguntarnos qué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.

Antes de elaborar proyectos pensados hasta sus últimos detalles, necesitamos transformar nuestra mirada, nuestra actitud y nuestra relación con el mundo de hoy. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo.

El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos cómo se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de la Iglesia. Ha llegado el momento de aprender a ser la «Iglesia de Jesús» para todos, y esto solo él nos lo puede enseñar.

No hemos de hablar solo en términos de crisis. Se están creando unas condiciones en las que lo esencial del evangelio puede resonar de manera nueva. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad.

José Antonio Pagola
Email: buenasnoticias@ppc-editorial.com
Buenas Noticias | gruposdejesus.com

El Bautismo del Señor – B
(Marcos 1,7-11)

fuentes:
http://sanvicentemartirdeabando.org/
http://eclesalia.wordpress.com/
http://feadulta.com/



ESPIRITUALIDAD ENCARNADA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Tú, que no quieres, en modo alguno,
ser amado contra lo creado,
sino glorificado a través de la creación entera,
danos, hoy y cada día:

La atención a lo real en su riqueza
y en su compleja diversidad.

El coraje humilde para decidir y actuar
sin tener garantizado el acierto
y, menos aún, el éxito.

La paciencia para lo que sólo germina a largo plazo,
y que no está en nuestras manos acelerar.

Un vivir reconciliado con nuestro cuerpo y espíritu
imprevisibles, vulnerables, amables.

El trabajo, con su gozo y su fatiga,
y el sufrimiento por quienes no pueden trabajar.

Una apertura sin defensas
a la presencia de los otros,
que nos visitan y cambian
si dejamos que entren con su novedad.

Y si es necesario, desplázanos, Señor,
de nuestros caminos y seguridades
y llévanos por los que Tú conoces y quieres,
para poder escuchar tu voz de Padre.

Sólo así entenderemos tu encarnación.
Sólo así seremos bautizados.
Sólo así sentiremos que el cielo se abre.
Sólo así nos llenaremos de Espíritu Santo.
Sólo así podremos vivir como hijos amados.



EL BAUTISMO NOS HABLA DEL VERDADERO NACIMIENTO DE JESÚS
Escrito por  Fray Marcos
Mc 1, 7-11

Estamos en el primer domingo del "tiempo ordinario", pero no se trata de un cambio radical en la liturgia. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el significado del evangelio. Para Marcos, este es el comienzo. El relato  es la clave para comprender todo su evangelio. No podemos dudar de la historicidad de hecho. Lo narran los tres sinópticos, y Juan más contundente, lo da por supuesto y hace clara referencia a él cuando hace decir al Bautista: "Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él".

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubieran creído en su importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí también la necesidad de dejar claras, en todos los relatos, las diferencias entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con el relato del bautismo de Jesús es de los más importantes de todo el NT. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una actitud de total sinceridad en busca de su identidad. Resume la búsqueda que ocupó a Jesús toda su vida. Para aceptar este punto de vista, tenemos que admitir sin paliativos, que fue verdadero hombre. Esto no es tan fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que le hicieron tantas "judiadas" y murió como murió, tiene que obligarnos, por decreto, a aceptar que fue un ser humano.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a al vez hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de los que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez, blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris... Esto es lo que hemos hecho con Jesús.

A través de la historia del cristianismo, nos hemos visto "obligados" a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) repetir las formulaciones, aceptando las cosas porque así nos lo han dicho, pero sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superar la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como la de cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse hasta alcanzar su plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir a Juan Bautista. Hacia cientos de años que no aparecían profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara, nos lleva mucho más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella. El contacto con él, le ayudó a descubrir el sentido de su propia existencia.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino el cómo nos lo dicen para que descubramos el sentido espiritual del relato. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, tiene que emplear una imagen sensible, como una paloma. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él como normalmente se entiende y reflejan pinturas que representan la escena. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel... Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza "en picado" desde lo alto. En el principio de la Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

Dios se manifiesta siempre como Espíritu. Ese Espíritu transforma interiormente a Jesús, y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión. Por eso se habla aquí de que fue ungido por el Espíritu Santo. Nos están hablando del nuevo nacimiento "del agua y del Espíritu". Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo vivió primero él mismo. "Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu". No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu... Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que estamos celebrando hoy es más importante que lo que acabamos de celebrar en Navidad.

No debemos caer en la tentación de pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas que nos lleven a la comprensión de Jesús. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. "No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará". (Isaías)

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó lo personal. Se atreve a llamarle "Abba", papá; cosa inusitada en su época y en la nuestra. Hace su voluntad: le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios que es Espíritu. El único objetivo de su misión fue que nosotros llegáramos a esa misma experiencia. Toda esa relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu y el que quiera adorarlo debe hacerlo en espíritu y en verdad.

Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado, es la base del verdadero amor. La comunicación de Jesús con su "Abba" fue a través de su ser profundo. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar nosotros. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas dice expresamente: "y mientras oraba..." El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser, constituyéndolo en ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser, es el mismo ser de Dios. Una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones.

El cielo rasgado, recuerda unas palabras de Isaías: "¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!". El cielo se había cerrado. Hacía siglos que no había aparecido un profeta; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio de este ser humano que se siente identificado con Dios. Marcos nos está trasmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro nos ofrece el modelo: pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

Meditación-contemplación

Vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como una paloma.
Está hablando de una experiencia interior,
Que se resume en un momento determinado de la vida de Jesús.
En ese instante Jesús toma conciencia de lo que es.
.................

El Espíritu (Dios) no tiene que venir de ninguna parte.
Ya estaba en él desde siempre,
Como está en cada uno de nosotros.
Descubrir esa presencia es nacer del Espíritu.
..................

Ya sabemos el camino.
Ese descubrimiento marcará un antes y un después.
Lo que nació de la carne, seguirá siendo carne,
Pero una vez nacido del Espíritu, la carne no significará nada.
................

Fray Marcos





BAUTISMO DE JESÚS
Escrito por  José Luís Sicre

La elocuencia del silencio
Acabamos de celebrar la fiesta de la Epifanía, con Jesús niño de menos de dos años, y de repente lo vemos ya adulto, en el momento del bautismo. De los años intermedios, si prescindimos de la visita al templo que cuenta Lucas, no se dice nada.

Este silencio resulta muy llamativo. Los evangelistas podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 kms de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

Para explicar este silencio se aduce habitualmente la humildad de Dios, capaz de pasar desapercibido tanto tiempo, sin llamar la atención, sin prisas por cambiar al mundo, a pesar de todo lo que tiene que decir. Esta interpretación es válida, y deberíamos sacar de ella consecuencias personales que frenasen nuestros deseos de notoriedad.

Pero quien viene del Antiguo Testamento percibe también otro motivo. Los grandes personajes que en él aparecen nunca son importantes en sí mismos, sino por lo que contribuyen al progreso de la historia de la salvación. De Abrahán, Moisés, Josué, Isaías, Jeremías, Ezequiel... nos faltan infinidad de datos biográficos. A veces conocemos detalles pequeños sobre su familia o infancia. Pero, en general, su biografía comienza con el momento de la vocación, cuando el personaje queda al servicio de los planes de Dios.

En el caso de Jesús se aplica el mismo principio, para subrayar la importancia capital del bautismo como experiencia personal que transforma totalmente su vida. Todo lo anterior, aunque nos sorprenda, carece de interés. Es ahora, en el bautismo, cuando comienza la «buena noticia».

El bautismo de Jesús
Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. El relato de Marcos, el más antiguo, cuenta el bautismo con muy pocas palabras. Y ni siquiera se centra en el bautismo, sino en lo que ocurre inmediatamente después de él: «apenas salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.»

Marcos destaca dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad.

La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto.

El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy»,
Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero».

El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Marcos quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

En este sentido, es importante advertir que la vida pública de Jesús comienza con el testimonio de la voz del cielo («Tú eres mi hijo amado, mi predilecto») y se cierra con el testimonio del centurión junto a la cruz: «Realmente, este hombre era hijo de Dios» (Marcos 15,39).

El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

Los tres testigos: el Espíritu, el agua y la sangre (2ª lectura)
La idea de la salvación a través del sufrimiento la encontramos también en la segunda lectura. Hablando de Jesús, dice: «Es el que vino con agua y sangre: no sólo con agua, sino con agua y sangre». Clara referencia al bautismo y a la muerte.

Al mismo tiempo, la lectura ha sido elegida por la referencia al Espíritu, que da testimonio de Jesús.

Nuestro bautismo (1ª lectura)
El bautismo de Jesús es un momento ideal para reflexionar sobre nuestro bautismo. Al parecer, eso es lo que pretendieron quienes eligieron la primera lectura. Demasiado larga para una misa (la mayoría de la gente no se enterará de nada), se presta sin embargo a una lectura tranquila en privado. Destaco cuatro puntos:

1. Nos ayuda a vernos como personas con hambre y sed, que intentamos saciar con productos caros e inútiles, sin buscar el verdadero alimento.

2. El bautismo nos transmite las antiguas promesas y la alianza establecida por Dios con David. Nosotros somos el pueblo desconocido que corre hacia el Señor.

3. Si no corremos hacia él, debemos convertirnos, cambiar de camino, buscarlo; él es rico en perdón y se dejará encontrar.

4. Y esto, que puede parecer una ilusión imposible, se realizará porque la Palabra de Dios fecundará nuestra vida como la lluvia y la nieve hacen germinar la semilla.

José Luis Sicre





HORÓSCOPOS
Dolores Aleixandre

Conversación de dos chicas en el autobús:   “-¿Sigues saliendo con Paco? - No, lo hemos dejado porque él era Sagitario y yo Escorpio y somos incompatibles. Ahora salgo con un Piscis y nos va mucho mejor…”

No se lo tomen a broma que el tema de las estrellas es muy serio. Y si no que se lo pregunten a Abraham, invitado por Dios a salir de noche a mirar las estrellas: “ Mira al cielo; cuenta las estrellas si puedes. Así será tu descendencia “(Gen 15,5). También el Corán recoge algo parecido: “Cuando se hizo de noche y vio la primera estrella, Abraham dijo: “-¡Este es mi Señor!”, pero cuando amaneció y desapareció la estrella, dijo: “No puedo amar lo que desaparece…” (Corán 6,76). Y según un midrás (pequeños comentarios de sabios  judíos…), fue él quien en otra ocasión se dirigió así a Dios: “-He visto en las estrellas que no tendré hijos”, y el Señor le contestó un poco impaciente:    “-¡Sal de tu horóscopo y sitúate por encima de los cielos y del sol...!” 

Resumiendo: que los semitas le echaban mucha fe a lo de las constelaciones y a veces iban mezcladas con las profecías, como cuando el profeta Balaam , entrando en éxtasis, repetía: “Lo veo, pero no es ahora;  lo contemplo, pero no será pronto. Avanza la constelación de Jacob y sube el cetro de Israel…” (Num 24,13)

Los oráculos sobre el Mesías tenían rasgos de grandiosidad estelar: duraría en compañía del sol y como la luna de edad en edad;  sería rey, legislador y juez, se le someterían  los pueblos, dominaría los confines de la tierra… Qué horóscopo tan favorable para un niño, cuántos presagios de buena ventura, qué buena fecha para conmemorar  su nacimiento la fiesta del Natalis Solis Invictus. Y encima nacido bajo el signo de Capricornio que propicia estabilidad y una vida segura y tranquila.

Hasta lo de nacer en un pesebre, mirándolo bien, podía darle de mayor un status de self made man  tipo: “fijaos dónde nací y hasta dónde he llegado gracias a mi esfuerzo”. Y si lo de los pastores no fue en principio lo mejor para su imagen, en seguida llegaron los magos de Oriente siguiendo a la estrella andarina y eso sí que fue un evento en condiciones: púrpura, señorío, camellos,  armiño y lingotes de oro. Hasta lo del negro le favorecería si quisiera  presentarse a primarias: “Por fin, aquí está un líder de carácter integrador y libre de prejuicios racistas”.

Lástima que él se pusiera tan pronto a estropear una carta astral tan prometedora y se distanciara con tanto descaro de los pronósticos mesiánicos. Ya en el desierto se sacudió sin contemplaciones al que le rondaba en plan quiromante: “Vas para  triunfador, podría leerlo en las rayas de tus manos: usa tus poderes, estás a un paso del éxito,  no imaginas lo lejos que puedes llegar con esta tarjetita mágica que yo puedo darte…” Desaprovechó las ocasiones de situarse en lugares estratégicos, se comportaba con una ignorancia supina de las leyes de la PNL (Programación Neuro Lingüística, lo saben hasta los niños de primaria), sin tener en cuenta la influencia de pensamientos y palabras sobre el comportamiento. Cómo no iba a acabar como acabó diciendo  cosas tan auto-destructivas como éstas: iba a ser entregado y a padecer mucho, había venido a servir y no a ser servido, iban a rechazarlo y a reprobarlo…

Se le daban fatal los cálculos y las previsiones, decía que su Padre le había echado la buenaventura y que eso le bastaba. Y no es que le saliera  en el tarot la carta de la muerte sino que,  como el niño de la profecía de Isaías, metía la mano tan tranquilo en el agujero del áspid. Y el áspid le mordió, claro.  Si no se hubiera señalado tanto, si hubiera sido más moderado, si  hubiera medido más sus palabras, si no hubiera frecuentado ciertas compañías, si no hubiera provocado a los poderosos, si… 

En la noche de su nacimiento había muchas estrellas en el cielo de Belén pero él, como obediente hijo de Abraham llamado a salir de su horóscopo, eligió un camino alternativo: no el de subir por encima del sol, sino el de hundirse en lo más hondo de nuestra tierra, como un granito de mostaza. 

Y ahora nosotros  podemos vivir a su sombra. 

Dolores Aleixandre
ALANDAR  Diciembre 2014



“Hemos vengado al profeta Muhammad”
Jaume Flaquer, SJ.

Con este grito disparaba a discreción uno de los terroristas en las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo, una especie de “El Jueves” francés, provocando al menos doce muertos. Este semanario ya había recibido diversas amenazas y había sido atacado en noviembre de 2011 después de sacar una edición especial titulada “Charia Hebdo” sobre el triunfo de los islamistas en Túnez.

Recordemos unos años antes, en 2005, el diario danés Jyllands Posten publicó doce caricaturas de Muhammad, una de ellas con un turbante-bomba, que incendiaron de cólera el mundo islámico a inicios de 2006. Dos años después, la policía evitó el asesinato del dibujante.

A raíz de todo esto, Charlie Hebdo sacó pecho y denunció satíricamente el fundamentalismo islámico con una explosiva portada en la que se veía a Muhammad diciendo: “¡Es duro ser amado por estúpidos!”. Esto sucedía también en 2006. Más recientemente, leíamos “El Corán es una mierda, no detiene las balas”, en la portada del 19 de julio de 2013, dónde un islamista egipcio intentaba defenderse con el Corán de unos disparos. En otro número presentaba una “vida de Muhammad” no menos desagradable.

A pesar del mal gusto de este tipo de periodismo, y del humor-denuncia a través del insulto que se extiende hacia todas las demás religiones, nada puede justificar un atentado terrorista. Así lo ha entendido el presidente de la conferencia de los imanes de Francia cuando se ha apresurado a considerar a las víctimas del semanario como verdaderos “mártires” y denunciando a los terroristas diciendo: “Pero ¿de qué Profeta están hablando? No tenemos el mismo profeta. Su profeta es el del odio y del horror”. El imán de al-Azhar y la Liga Árabe también han condenado firmemente el atentado.

La actual situación del Próximo Oriente debe prepararnos en Europa para este tipo de atentados, y mayores incluso. El Estado Islámico ha hecho un llamamiento a todos los musulmanes a incorporarse al Estado Islámico en Siria y a legitimar únicamente su estancia en Europa con atentados.

Pero, no nos engañemos, la guerra no es entre el islam y Occidente sino que en realidad se trata de una verdadera guerra civil en el interior del islam entre diversas maneras de entender el mensaje del Profeta. En ésta guerra, lo que está en juego es si de verdad se ha de aplicar literalmente la ley islámica medieval o bien debe existir una nueva legislación para los tiempos actuales. La respuesta no es tan sencilla puesto que la mayoría de los musulmanes han sido educados en una mitificación de sus orígenes, en una exaltación de la expansión musulmana y en un principio de fe según el cual la última legislación revelada es la descendida sobre el Profeta Muhammad. Ésta ha sido demasiado rápidamente identificada con los códigos jurídicos de los s.IX y X. En la práctica, lo que sucede en el interior del islam es que la mayoría de musulmanes continúa leyendo esta literatura medieval, que llena las librerías islámicas, pero considerando que no deben aplicarse en su gran mayoría, sino que deben presentarse como una “advertencia” de Dios sobre la gravedad de ciertos comportamientos humanos. Por ello, la mayor parte de los países musulmanes combina elementos del derecho occidental (especialmente el francés) con algunos inspirados (no literalmente) en la ley islámica tradicional.

Este “gap”, este salto entre la literatura medieval leída y admitida, y su no aplicación es el punto de apoyo ideológico del fundamentalismo islámico actual.

Por ello, contra lo que cree una parte de la opinión pública occidental, los musulmanes sí condenan los atentados, sí condenan el terrorismo islámico, puesto que en la mayoría de los casos son ellos mismos los que lo sufren y son víctimas. Pero su voz no llega oírse porque, creo yo, no llega a tocar el verdadero problema: el estudio científico sobre el origen del islam, sobre la historia de redacción del Corán y sobre el verdadero proceso de formación de los códigos jurídicos medievales. El fruto de todo ello no será otro que el recentramiento en la pura adoración de la unicidad divina.

Mientras, Occidente ha de ser cauta e inteligente para distinguir el mundo salafí fundamentalista del tradicionalismo islámico (pero pacífico) que domina el panorama europeo. De lo contrario, dejaremos crecer la islamofobia con la ingenua creencia que estamos culturalmente tan desarrollados que no podemos volver al pasado, al oscuro pasado que dio lugar a la expulsión de los moriscos.




Seguiremos publicando
(sobre el atentado terrorista a la revista francesa)

El atentado cometido en París el miércoles 7 de enero contra Charlie Hebdo y el odioso asesinato de nuestros colegas, feroces defensores del pensamiento libre, no es solo un ataque contra la libertad de prensa y la libertad de opinión. Es además un ataque contra los valores fundamentales de nuestras sociedades democráticas europeas.

Ya en los últimos meses, la libertad de pensar e informar estaba en el punto de mira, con la decapitación de otros periodistas, estadounidenses, europeos o de los países árabes, secuestrados y asesinados a manos de la organización Estado Islámico. El terrorismo, sea cual sea su ideología, rechaza la búsqueda de la verdad y no acepta la independencia de espíritu. El terrorismo islámico, aún más.

Después de negarse a ceder a las amenazas por haber publicado, hace casi 10 años, unas caricaturas de Mahoma, la revista Charlie Hebdo no había cambiado ni un ápice su cultura de la irreverencia. Con el mismo ánimo, nosotros, los periódicos europeos que trabajamos juntos habitualmente dentro del grupo Europa, seguiremos dando vida a los valores de libertad e independencia que son el fundamento de nuestra identidad y que todos compartimos. Continuaremos informando, investigando, entrevistando, editorializando, publicando y dibujando sobre todos los temas que nos parezcan legítimos, en un espíritu de apertura, enriquecimiento intelectual y debate democrático.

Se lo debemos a nuestros lectores. Se lo debemos a la memoria de todos nuestros colegas asesinados. Se lo debemos a Europa. Se lo debemos a la democracia. “Nosotros no somos como ellos”, decía el escritor checoslovaco Vaclav Havel, opositor al totalitarismo que triunfó y se convirtió en presidente. Esa es nuestra fuerza.

Editorial conjunto de los diarios
Le Monde, The Guardian, Süddeutsche Zeitung, La Stampa, Gazeta Wyborcza y EL PAÍS.



Navidad 2014. Año Nuevo 2015
PEDRO CASALDÀLIGA

Sube a nacer conmigo,
dice el poeta Neruda.
Baja a nacer conmigo,
dice el Dios de Jesús.
Hay que nacer de nuevo,
hermanos Nicodemos
y hay que nacer subiendo desde abajo.
De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
todavía hay Navidad.
Desconcertados por el viento del desierto
que no sabemos de donde viene
ni adonde va.
Encharcados en sangre y en codicia,
prohibidos de vivir
con dignidad,
sólo este Niño puede salvarnos.
De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
de Navidad en Navidad.
Siempre de noche
naciendo de nuevo,
Nicodemos.
“Desde las periferias existenciales;”
con la fe de Maria
y los silencios de José
y todo el Misterio del Niño,
hay Navidad.
Con los pobres de la tierra,
confesamos
que Él nos ha amado hasta el extremo
de entregarnos su propio Hijo,
hecho Dios venido a menos,
en una Kenosis total.
Y es Navidad.
Y es Tiempo Nuevo.
Y la consigna es
que todo es Gracia,
todo es Pascua,
todo es Reino.



El Papa de Roma
Antonio Gala

Si hay, en estos momentos en el mundo, un jefe de Estado que merezca la pena, yo diría que es el del Estado Vaticano. (Si mi opinión es bien recibida, supongo que será porque no creo en teologías.)

No he oído a nadie una mala palabra de Francisco, una duda, una ligera acusación de hipocresía... Solo las graves palabras que vienen de sus íntimos alrededores: como siempre.

Ya ha pasado algún tiempo; ya han crecido opiniones encontradas (las peores, las de los eclesiásticos); ya tenemos formada una opinión sobre Francisco, el Papa, más o menos fundada; y conocemos las de otras religiones y sus representantes...

Ser un hombre de buena voluntad, a pie, sin rebumbios, hoy es ya meritorio. Si se es argentino y papa, ni pondero lo que hay.

Es increíble que, a estas alturas, exista un papa natural, sin palios, sin mulas (su calzado, qué vamos a hacer, se llamó así), sin soberbia divina, que es la peor de todas, sancionador cuando es preciso...

Creo que debo reconocerlo aunque 'me pase': muerto Juan XXIII, nunca creí que iba a ser contemporáneo de un papa sencillo en todos los sentidos.

Si fuese creyente, daría gracias a dios de todo corazón. El actual papa Francisco es un regalo divino a fuerza de oportunidad.

Con el lío que tenemos, un buen número de cardenales ya estuvieron a punto de repetir el cónclave...

Antonio Gala
La Tronera. El Mundo.