jueves, 15 de enero de 2015

APRENDER A VIVIR - José Antonio Pagola


APRENDER A VIVIR - José Antonio Pagola

El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Este es el Cordero de Dios».

Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.

Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.

Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.

Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.

Mientras tanto, en nuestras iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes. Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble. Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos: «dónde vivís», «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?

Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.

José Antonio Pagola
Email: buenasnoticias@ppc-editorial.com
Buenas Noticias | gruposdejesus.com

El Bautismo del Señor – B
(Marcos 1,7-11)

fuentes:
http://sanvicentemartirdeabando.org/
http://eclesalia.wordpress.com/
http://feadulta.com/





LOS PRIMEROS DISCÍPULOS
Escrito por  Florentino Ulibarri

Todo comenzó con un encuentro fortuito
un día cualquiera
a eso de las cuatro de la tarde,
una hora sin programaciones.

Tú pasaste cerca
y alguien les dijo quién eras;
ellos te siguieron sin decir nada,
e, intrigado, les preguntaste:
¿Qué buscáis?;
y te respondieron al estilo gallego:
¿Dónde vives, Rabbí?
Tú seguiste el diálogo diciéndoles:
Venid y lo veréis.
Y en un solo día se enamoraron de ti.

Así comenzó a tejerse el tapiz de tus sueños,
y el de ellos,
y el nuestro,
y el de otros que no sabemos...

Los primeros hilos fueron dos amigos y vecinos
que compartían inquietudes y maestro,
Andrés y Juan Zebedeo;
después, el hermano de uno de ellos, Simón Pedro;
y a continuación, Felipe,
un vecino de todos conocido e inquieto,
que se lo contó a su amigo de siempre,
Natanael, que era recto y bueno
y un poco escéptico,
al cual tú ya le habías echado el ojo
viéndolo ocioso.

Así, con muchos hilos finos y gruesos,
y de colores muy diversos...
hasta llegar a nosotros.

Y gracias a este tejer, en red y gratis,
tu nombre y buena noticia resuenan todavía
en nuestro mundo e historia
como algo que merece la pena y da alegría.

Y nosotros
vamos aprendiendo a ser discípulos tuyos
en esta tierra, día a día, Señor.





LA LLAMADA DE DIOS VIENE DE DENTRO
Escrito por  Fray Marcos
Jn 1, 35-42

El evangelio de Juan es un escrito esotérico, críptico, cifrado, que dice mucho más de lo que aparentemente dice. En los versículos anteriores, acaba de presentar a Jesús como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo e Hijo de Dios. En lo que hemos leído, sigue poniendo en boca de los distintos personajes otros títulos de Jesús: Rabí, Mesías. En los que siguen y no hemos leído, se refiere a aquel de quien han hablado la Ley y los Profetas, para terminar diciendo Natanael: Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Por fin, el mismo Jesús habla del Hijo de Hombre. Juan hace un despliegue de títulos cristológicos al principio de su evangelio, para dejar clara la idea que tiene de Jesús. Naturalmente es una reflexión de una comunidad de finales del s. I.

Este es el cordero de Dios. El cordero pascual no tenía valor sacrificial ni expiatorio. Era símbolo de la liberación de la esclavitud, al recordar la liberación de Egipto. El que quita el pecado del mundo no es el que carga con nuestros crímenes, sino el que viene a eliminar la injusticia. No viene a impedir que se cometa, sino a evitar que el que la sufra, sea anulado como persona. En el evangelio de Juan, el único pecado es la opresión. No solo condena al que oprime, sino que denuncia también la postura del que se deja oprimir. Esto no lo hemos tenido claro los cristianos, que incluso hemos predicado el conformismo y la sumisión. Jesús exige una actitud beligerante contra el opresor y contra la pasividad del oprimido que permite su anulación como persona.

La frase del Bautista, no es suficiente para justificar la decisión de los dos discípulos. Para entenderlo tenemos que pensar en un conocimiento más profundo de lo que Jesús es. Antes había dicho que Jesús venía hacia Juan. Ahora nos dice que Jesús pasaba. Nos está indicando que le adelanta, que pasa por delante de él. "El que viene detrás de mí..."

Siguieron a Jesús, indica mucho más que ir detrás de él, como hace un perro siguiendo a su dueño. "Seguirle" es un término técnico en el evangelio de Juan. Significa el seguimiento de un discípulo, que va tras las huellas de su maestro, es decir, que quiere vivir como él vive. "Quiero que también ellos estén conmigo donde estoy yo" (17,24). Es la manera de vivir de Jesús lo que les interesa. Es eso lo que él les invita a descubrir.

¿Qué buscáis? La verdadera relación no puede comenzar hasta que Jesús se da la vuelta y les interpela. La pregunta tiene mucha miga. Juan quiere dejar claro que hay maneras de seguir a Jesús que no son las adecuadas. La pregunta: ¿Dónde vives?, aclara la situación; porque no significa el lugar o la casa donde habita Jesús, sino la actitud vital de éste. ¿En qué marco vital te desenvuelves? Porque nosotros queremos entrar en ese ámbito. Jesús está en la zona de la vida, en la esfera de lo divino.

No le preguntan por su doctrina sino por su vida. No responde con un discurso, sino con una invitación a la experiencia. A esa pregunta no se puede responder con una dirección de correos. Hay que experimentar lo que Jesús es. ¿Dónde moras? Es la pregunta fundamental que todo cristiano debería de hacerse. ¿Qué puede significar Jesús para mí? Nunca será suficiente la respuesta que otro haya dado. Jesús es algo único e irrepetible para mí, porque le tengo que ver desde una perspectiva única e irrepetible, la mía. La respuesta dependerá de lo que yo busque en Jesús.

Venid y lo veréis. Así podemos entender la frase siguiente: "Vieron dónde (cómo) vivía y aquel mismo día se quedaron a vivir con él" (como él). No tiene mucho sentido la traducción oficial, (y se quedaron con él aquel día), porque el día estaba terminando, (cuatro de la tarde). Los dos primeros discípulos todavía no tienen nombre; representan a todos los que intentan pasar al ámbito de lo divino, a la esfera donde está Jesús.

Serían las cuatro de la tarde, no es una referencia cronológica, no tendría la menor importancia. Se trata de la hora en que terminaba un día y comenzaba otro. Es la hora en que se mataba el cordero pascual y la hora de la muerte de Jesús. Nos está diciendo que algo está a punto de terminar y algo muy importante está a punto de comenzar. Se pone en marcha la nueva comunidad, el nuevo pueblo de Dios que permite la realización cabal de hombre. Son modelo del itinerario que debe seguir todo discípulo de Jesús.

Lo que vieron es tan importante, que les obliga a comunicarlo a los demás. Andrés llama a su hermano Simón para que descubra lo mismo, hablándole del Mesías (Ungido) hace referencia a la bajada y permanencia del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Unos versículos después, Felipe encuentra a Natanael y le dice: hemos encontrado a Jesús. Estas anotaciones nos están diciendo como se fue formando la nueva comunidad.

Fijando la vista en él. Lo mismo que Juan había fijado la vista en Jesús. Indica una visión penetrante de la persona. Manifiesta mucho más que una simple visión. Se trata de un conocimiento profundo e interior. Pedro no dice nada. No ve clara esa opción que han tomado los otros dos, pero muy pronto va hacer honor al apodo que le pone Jesús: Cefas, piedra, testarudo; que se convertirá en fortaleza, una vez que se convenza.

En la Biblia se describen, de una manera aparatosa, distintas vocaciones de personajes famosos. Eso nos puede llevar a pensar que, si Dios no actúa de esa manera, no hay vocación. En los relatos bíblicos se nos intenta enseñar, no cómo actúa Dios sino cómo respondieron ellos a la llamada de Dios. El joven Samuel no tiene idea de cómo se manifiesta Dios, ni siquiera sabe que es Él quien le llama, pero cuando lo descubre se abre totalmente a su discurso. Los dos discípulos, Buscan en Jesús la manifestación de Dios y la encuentran. Inmediatamente comunican a los demás su descubrimiento.

Dios no llama nunca desde fuera. La vocación de Dios no es nada distinto de mi propio ser; desde el instante mismo en que empiezo a existir, soy llamado por Dios para ser lo que mi verdadero ser exige. En lo hondo de mi ser, tengo que buscar los planos para la construcción de mi existencia. Dios no nos llama en primer lugar a desempeñar una tarea determinada, sino a una plenitud de ser. No somos más por hacer esto o aquello. Alcanzamos plenitud en la medida que despliego mi verdadera humanidad.

El haber restringido la "vocación" a la vida sacerdotal o religiosa es un reduccionismo inaceptable. Cuando definimos alegremente el camino de los clérigos o religiosos como "camino de perfección" estamos distorsionando el evangelio. La perfección es un mito que ha engañado a muchos y desilusionado a todos. Esa perfección, gracias a Dios, no ha existido nunca y nunca existirá. Mientras seamos humanos, seremos imperfectos, a Dios gracias. Los "consagrados" constituyen un tanto por ciento mínimo de la Iglesia, pero son el noventa y nueve por ciento de los declarados "santos". Algo no funciona.

Esta manera de valorar al ser humano tiene que cambiar radicalmente. El único baremo para calibrar a un hombre es el grado de humanidad. Hemos colocado en los altares a personas que fueron completamente inhumanas. Eso sí, llegaron al séptimo cielo y para mayor inri, fueron capaces de hacer milagros. La verdadera humanidad solo se potencia por las relaciones humanas. El marco privilegiado de las relaciones humanas es la familia. Si seguimos pensando que unos padres que tienen que preocuparse de la familia están en peores condiciones que un clérigo para desplegar su humanidad, quiere decir que algo fundamental está fallando en nuestra manera de valorar al hombre.

Meditación-contemplación

¿Qué buscáis?
El primer paso en la vida espiritual está en saber lo que busco.
Aunque no puedes saber lo que vas a encontrar,
tienes que tener bien clara la dirección en la que debes ir.
No busques seguridades, ni tranquilizar tu conciencia.
.....................

¿Dónde moras?
Descubre el ámbito donde Jesús desplegó su humanidad.
Cómo armonizó en una sola realidad, lo humano y lo divino.
Cómo se identificó plenamente con Dios y con el hombre
................

Venid y lo veréis
Lo que es Jesús solo lo descubrirás por la experiencia interior.
Viviendo lo que él vivió y amando lo que él amó.
Pasando de la materia al Espíritu,
de la tiniebla a la luz, de la muerte a la Vida.

Fray Marcos



PRIMER PROFETA Y PRIMEROS DISCÍPULOS
Escrito por  José Luís Sicre

El domingo pasado leímos el relato del bautismo. Si hubiéramos seguido con el evangelio de Marcos, lo siguiente serían las tentaciones de Jesús. Pero, en un prodigio de zapping litúrgico, cambiamos de evangelio y leemos el próximo domingo un texto de Juan. El cuarto evangelio no cuenta el bautismo de Jesús. Pero sí dice que fue a donde estaba Juan bautizando, y allí entró en contacto con quienes más tarde serían sus discípulos. Para ambientar este episodio, y con fuerte contraste, la primera lectura cuenta la vocación de Samuel.

La vocación de un profeta
Samuel no es el primer profeta. Antes de él se atribuye el título a Abrahán, y a dos mujeres: María, la hermana de Moisés, y Débora. Pero el primer gran profeta, con fuerte influjo en la vida religiosa y política del pueblo, es Samuel. Por eso, se ha concedido especial interés a contar su vocación, para darnos a conocer qué es un profeta y cómo se comporta Dios con él.

Quien sólo lea este episodio conocerá muy poco de Samuel: que es un niño, está al servicio del sumo sacerdote Elí, y duerme en la habitación de al lado. No sabe que su madre lo consagró al templo de Siló desde pequeño, y que, más tarde, en virtud de su vocación profética, jugará un papel capital en la introducción de la monarquía en Israel y en la elección de los primeros reyes, Saúl y David.

Curiosamente, el relato nos ofrece más datos a propósito de Dios. Se revela como un Dios que elige a un tipo de hombre concreto, el profeta, para transmitir su voluntad. Al mismo tiempo, se revela como un ser extraño, desconcertante, que parece jugar al ratón y al gato, haciendo que el niño se levante tres veces de la cama antes de hablarle con claridad.

Finalmente, ese Dios que se muestra cercano al profeta, que lo acompaña de por vida, se revela también como un ser exigente, casi cruel, que le encarga al niño una misión durísima para su edad: condenar al sacerdote con el que ha vivido desde pequeño y que ha sido para él como un padre. Esto no se advierte en la lectura de hoy porque la liturgia ha omitido esa sección para dejarnos con buen sabor de boca.

En resumen, la vocación de un profeta no sólo le cambia la vida, también nos ayuda a conocer a Dios.

La vocación de los discípulos
La liturgia vuelve a usar la tijera para mutilar el texto del cuarto evangelio. En él se cuenta cómo entran en contacto con Jesús cinco discípulos: Andrés y otro no mencionado (generalmente se piensa en Juan), Simón Pedro, Felipe y Natanael, Por desgracia, se ha suprimido lo referente a Felipe y Natanael.

El contraste con la vocación de Samuel es enorme. Aquella ocurre en el santuario, de noche, con una voz misteriosa que se repite y un mensaje que sobrecoge. Aquí todo ocurre de forma muy humana, muy normal: un boca a boca que va centrando la atención en Jesús, cuando no es él mismo quien llama, como en el caso de Felipe. Y las reacciones abarcan desde la simple curiosidad de los dos primeros hasta el escepticismo irónico de Natanael, pasando por el entusiasmo de Andrés y Felipe.

Dos datos comunes
1. En ambos relatos, la vocación cambia la vida. En adelante, "el Señor estaba con Samuel", y los discípulos estarán con Jesús. Este cambio se subraya especialmente en el caso de Pedro, al que Jesús cambia el nombre en Cefas. Lo que significará este cambio no lo descubre el lector hasta que termina de leer el cuarto evangelio. Igual que Samuel quedaba plenamente al servicio de Dios, Pedro y los otros quedan al servicio de Jesús.

2. La vocación revela a Dios en el caso de Samuel, y a Jesús en el caso de los discípulos. Cada vocación aporta un dato nuevo sobre la persona de Jesús, como distintas teselas que terminan formando un mosaico: Juan Bautista lo llama "Cordero de Dios"; los dos primeros se dirigen a él como Rabí, "maestro"; Andrés le habla a Pedro del Mesías; Felipe a Natanael de aquel al que describen Moisés y los profetas, Jesús, hijo de José, natural de Nazaret; y el escéptico Natanael terminará llamándolo "Hijo de Dios, rey de Israel".

Un compromiso para nosotros
La liturgia nos sitúa al comienzo de la actividad de Jesús. Lo iremos conociendo cada vez más a través de las lecturas de cada domingo. Pero no podemos limitarnos a un puro conocimiento intelectual. Como Samuel, como los discípulos, tenemos que comprometernos con Dios, con Jesús.

José Luis Sicre



¿Y si desaparecemos?
Dolores Aleixandre

Reconozco haberme hecho esa pregunta alguna vez presionada por las circunstancias: cuando entré en el noviciado en los años 60 éramos 7.000 en mi Congregación y ahora estamos en 2.000. Resulta inevitable hacer un cálculo elemental con su pregunta correspondiente: si en 50 años somos 5.000 menos y se mantiene la misma tendencia en un futuro próximo: ¿cómo gestionar esta disminución alarmante al menos en países del Norte? ¿seguiremos existiendo dentro de 50 años?

Una vez enfrentado la pregunta, ya de por sí dura de formular en alto, y después de reflexionar sobre ella con más gente, lo que voy a decir no tiene nada de teórico y lo comparto por si puede ayudar a quienes estén en situaciones parecidas o aún más graves.

Una escena bíblica me sirve de punto de partida: el rey Ezequías cayó enfermo, el profeta Isaías fue a visitarle y le espetó en un alarde de delicadeza pastoral: “-Haz testamento porque te vas a morir”. Ezequías entonces se volvió de cara a la pared y se puso a rezar y a llorar (Is 38,1-8).

La postura de cara a la pared es elocuente y puede presentar modalidades varias: A) Negación de lo que está pasando por miedo a afrontar la situación. B) Lanzamiento atolondrado a la captura de vocaciones C) Importación de jóvenes de los Mares del Sur para que cuiden de nosotros y sostengan nuestras instituciones. D) Desafección y distancia de los asuntos congregacionales con un amargo: “sálvese quien pueda”.

¿Y cuál sería la reacción sensata? Pues la del valor de agarrar un espejo, mirarnos en él y preguntarnos: “Espejito, espejito ¿nos estará pasando algo de esto?”

Y, una vez contemplada con lucidez y cordura la situación, prepararse para la visita de Doña Nostalgia, Doña Pérdida y Don Desconsuelo, que llegarán con su banda sonora de lamentos, ayes y lágrimas. Dejarles pasar, saludarles educadamente y permitir que se expresen con libertad, pero no prolongar demasiado su visita. (Ojo, en cambio, con abrir la puerta a Don Quehemoshechomal y a Doña Culpabilidad, pareja altamente tóxica que incordia mucho, no aporta nada bueno y es resistente al desalojo).

Una vez concluido ese duelo sanante, proceder a despojar la disminución de las etiquetas de drama o de catástrofe: mirarla sencillamente como una consecuencia de la contingencia y la finitud que nos alcanzan, tanto en lo personal como en lo institucional: la promesa de estabilidad solo la tiene la Iglesia. Por eso, si después de un tiempo X una de sus instituciones deja de existir, no se desploman los cimientos del universo: ya de por sí ha sido un regalo que a lo largo de una serie de años un grupo de hombres o mujeres hayan vivido contentos su carisma, trabajando por el Reino de Dios y sirviendo a los demás lo mejor que han podido.

En cualquier caso, lo que toca es ser templados para cuidar y gestionar creativamente el presente y sabios para enfrentar animosamente el futuro, conjugando a la vez el prever y el confiar, el ser realistas y a la vez soñadores, en versión adaptada de lo de las serpientes y las palomas.

Pero a este tipo de reacción solo llegamos si nos decidimos a “subir de piso”, que es lo que hizo Ezequías al ponerse a rezar, y lo que hizo también la primera comunidad cuando, desvalida después de la marcha de Jesús, esperó en “la habitación de arriba” (He 1,13) a que llegara el Espíritu. Es Él (Ella, más bien…) quien hace posible que “pensemos como Dios y no al modo humano” (Mc 8,33) y afianza en nosotros convicciones a las que nunca llegaríamos solos: que no son de por sí más evangélicos los tiempos de crecer que los de disminuir; que los tiempos de poda son costosos pero pueden ser fecundos; que nada de lo entregado se pierde; que ni el prestigio ni el número son verdaderos amigos, mientras que la pobreza y la pequeñez sí lo son. Estamos en buenas Manos y podemos seguir amando y sirviendo sin plazos ni cálculos, y eso nos basta para vivir con alegría y agradecimiento.

Al final de la escena Isaías, por orden del Señor, volvió a visitar a Ezequías, le aplicó un emplasto de higos y él se curó y siguió viviendo. Nuestras historias, cuando Dios está por medio, pueden dar giros sorprendentes.

Dolores Aleixandre RSCJ



Messori enfrenta al papa Francisco
Bernardo Barranco V.

La mañana del 15 de marzo de 2013 Roma estaba fría, apenas 10 grados. El alemán Georg Gänswein, secretario personal del papa emérito Benedicto XVI, apoyado por un colaborador quitaba los sellos de inviolabilidad del departamento pontificio que exige el protocolo. Mario Bergoglio estaba presente; como nuevo Papa tenía un interés particular: revisar el grueso expediente del llamado Informe secreto que reposaba sobre el escritorio del Papa. Un documento espeso que desde las reuniones congregacionales, previas al cónclave, los cardenales de todo el mundo querían conocer. El papa Francisco lo tenía enfrente, un dossier de casi 300 páginas, dividido en dos tomos; en las portadas se leía con grandes letras la palabra confidencial, que los autores habían rotulado. Se trata de tres cardenales ancianos: el español Julián Herranz (del Opus Dei), el eslovaco Jozef Tomko y el italiano Salvatore de Giorg. Era el informe completo de una investigación, ordenada por Ratzinger, sobre la fuga de documentos robados del despacho del Papa: el famoso caso llamado Vatileaks, según La Repubblica, revelaba luchas de poder de la curia, malversaciones económicas, corrupción, relaciones homosexuales, es decir, lobbies económicos, sexuales y de tráfico de influencias a altísimos niveles, con verdaderos aparatos para enlodar a adversarios de carrera.

Este antecedente es vital para entender el contenido del mensaje navideño que el Papa Francisco emitió a los miembros de la curia vaticana. Ante la sorpresa de todos, el Papa dio el mensaje más duro a la curia en la historia moderna de la Iglesia católica. Francisco hizo, basado en ese documento que recibió 21 meses atrás, un diagnóstico de la cúpula vaticana, a la que define como un cuerpo enfermo. En la Sala Clementina, enfrente de cardenales, obispos y monseñores que forman la estructura de gobierno de la Santa Sede, presentó el catálogo de las 15 principales enfermedades tan comunes en la curia. El Papa condenó la doble vida, la acumulación de riquezas, el Alzheimer espiritual, ansias de poder, las camarillas de chismes e intrigas, actores esquizofrénicos, entre otros. Por supuesto que los actores curiales se sintieron molestos y agredidos. Dos días después, el 24 de diciembre, en el Corriere della Sera, uno de los diarios italianos más influyentes, el reconocido escritor Vittorio Messori publicó un artículo muy agresivo contra Francisco, en el que sostuvo que se trataba de un Papa impredecible, tan impredecible que está perdiendo la confianza de algunos de los cardenales que fueron sus electores. Bajo el título Las dudas sobre el punto de inflexión de Francisco, Messori señala el desconcierto de aquellos católicos promedio que hoy están confundidos por el actuar del Papa, pero ¿a qué Papa se ha de seguir?: “¿El que da homilías diarias en Santa Marta, la predicación de un sacerdote de la parroquia de los viejos tiempos, con buenos consejos y proverbios sabios, con advertencias incluso firmes para no caer en las trampas del diablo?... Así, ciertas elecciones pastorales del ‘obispo de Roma’, como prefiere llamarse, me convencen; pero otras me dejarían perplejo, me parecerían poco oportunas, incluso me parecerían sospechosas de un populismo capaz de obtener un interés tan amplio como superficial y efímero”. Messori ubica el entorno del Papa sudamericano: ¿El Papa argentino consciente, por experiencia directa, del drama de América Latina, a punto de convertirse en un continente ex católico, al pasarse en masa sus poblaciones al protestantismo pentecostal? Las respuestas en defensa de Bergoglio han sido abundantes, y destaca el demoledor artículo de Leonardo Boff apoyando al Papa. Vittorio Messori es uno de los autores católicos más leídos, con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Único autor que publicó un libro entrevista con el papa Juan Pablo II ( Cruzando el umbral de la esperanza) y entrevistó al cardenal Joseph Ratzinger ( Informe sobre la fe), que luego llegaría a ser Papa. Leonardo Boff, personaje emblemático de la Teología de la Liberación, reprocha a Messori la nostalgia por el sofisticado pensamiento de Benedicto XVI y que no logra comprender el aire fresco, novedoso y pastoral de Francisco, que ha venido a agitar la fastuosidad de poder de la curia. Cuestiona al escritor italiano el hecho de que hoy por hoy el catolicismo es una religión del tercer mundo. En Europa los católicos no llegan a 25 por ciento, mientras en el tercer mundo son casi 73 por ciento, y en América Latina, cerca de 49 por ciento. Pero sobre todo lo impredecible de Francisco es que se deja llevar por el Espíritu Santo, incomprensible por la petulancia europea, así como la lógica lineal con que se han conducido los últimos papas.

El debate ha sido intenso en Italia y en toda Europa. Un nuevo embate resiste Francisco después del sínodo sobre la familia, en octubre pasado; los sectores conservadores han vuelto a hostigar al papa Francisco, justo en el momento en que goza de la mayor aceptación mundial, incluso de aquellos países donde se han multiplicado críticas. El Centro de Investigación Pew, empresa estadunidense de investigación a escala mundial, concluye, después de una extensa encuesta, que Francisco disfruta de una amplia aceptación en el mundo. La ex secretaria de Estado Hillary Clinton, la joven Nobel de la Paz Malala Yousafzai y el argentino papa Francisco están entre las personalidades más admiradas por los estadunidenses, informó a fines del año pasado la agencia Gallup. ¿El Papa necesita apoyo y legitimidad para conducir la Iglesia?

Francisco enfrenta los intereses económicos, simbólicos y políticos de un sector de la Iglesia que se había apoderado del aparato, así como de intelectuales soberbios eurocéntricos, como Messori, y de aquellos movimientos religiosos privilegiados en el pasado que hemos venido registrando en estas colaboraciones. Sin embargo, es patente que el papa Bergoglio está abriendo demasiados frentes de tensión y, mientras no reforme la curia, estará expuesto y vulnerable. El Papa no tiene mucho tiempo y las energías se irán minando. Repetimos: necesita pasar de los gestos a concretar nuevos diseños. Los embates van a proseguir con crudeza.



Bernardo Barranco V. (diario La Jornada, México)


ALLAHU AKBAR
Escrito por  José Arregi

Hay que estar muy loco o desesperado para matar periodistas al grito de "Allahu Akbar". ¿Quién les va a creer que "Dios es grande" si necesita de armas y bombas? ¿Quién se dejará atraer por esa fe articulada de gritos fanáticos, de odio y de sangre?

Pero no es fe lo que les mueve, por fervorosos que sean. No es Allah en quien creen, por convencidos que estén. Su fervor se llama fanatismo. Son los peores enemigos del Islam, pues pervierten su religión y ofrecen el argumento deseado por patriotas neonazis que aborrecen a los musulmanes, atacan mezquitas y organizan manifestaciones contra la supuesta islamización del Occidente. Los unos y los otros se dan la mano y la razón, mejor: comparten el miedo y la sinrazón. Entre los unos y los otros aumentan y agravan los peligros de la humanidad. ¿Cómo nos salvaremos?

Sabemos cómo. Lo sabe Malen, una mocita adorable, algo tímida, alegre, llena de imaginación y ocurrente, a punto de cumplir 12 años. El día de la masacre contra 'Charlie Hebdo', ella no lo entendía. 'Hace unos años –le dije – el hebdomadario publicó unas caricaturas de Mahoma –la paz sea con él–, y se han vengado por ello. ¿A ti qué te parece?'. 'Pues me parece que la revista hizo mal, pero los asesinos han hecho peor', respondió Malen. No hay más que decir.

No debieron publicar unas viñetas satíricas, a sabiendas de que iban a ofender tanto a cientos de millones de musulmanes en el mundo. Pero no debieran ofenderse tanto los musulmanes por unas simples viñetas. ¿Acaso se ofende Mahoma, que vive en 'la morada de la paz'? ¿Acaso puede ofenderse Allah, a quien los piadosos musulmanes invocan como al-Bari (Origen de todo), al-Khabir (Comprensivo), al-Mujyi (El que da la vida),  al-Salam (la Paz?).

Quienes ahogan la libertad de expresión en nombre de Dios o de la verdad están lejos de Dios o de la verdad. Quienes se ofenden por unos dibujos o unas palabras –sobre Jesús, el Corán, el rey o la bandera– tienen la mente o el corazón estrecho. Y quienes matan por tales motivos... no tienen ni corazón ni mente. Que no se llamen creyentes, por favor.

De ningún modo representan el Islam, religión de la justicia y de la paz. Quede muy claro. Pero debo decirlo también: haría mal el Islam en no dejarse interpelar por la existencia en su seno de tanto fanático. Haría mal en prohibir una lectura crítica del Corán, coartar la libertad, aferrarse a estructuras religiosas del pasado.

También nosotros, el llamado Occidente, haríamos muy mal en cerrar los ojos y negarnos a entender por qué hay tantos yihadistas, tanto Al Qaeda y estado islámico. Entender no es excusar.

Son muchos menos de lo que poderosos medios de comunicación nos quieren hacer creer, pero son peligrosos por ser desesperados, por sentirse excluidos del mundo. Son una ínfima minoría de los musulmanes, pero forman parte de una inmensa mayoría que se siente humillada por las potencias occidentales ("cristianas") durante los últimos 100 años, y aun más en las últimas décadas.

No habría yihadistas, o no serían tantos, sin los crímenes contra Palestina y las campañas de Afganistán y las guerras del Golfo y los negocios del petróleo y la barbarie americana en Irak y en Guantánamo. Y las medidas antiterroristas nunca bastarán para salvarnos.

Solo nos salvarán la justicia y la cordura, la amplitud de mente y corazón. Como la de Ziad Medoukh, un amigo palestino poeta que vive en Gaza, y que el miércoles escribía:

"En Gaza condenamos con toda firmeza el ataque asesino contra Charlie Hebdo. Palestina, que sufre el terrorismo del estado de Israel, denuncia este acto criminal contra los periodistas franceses. Un gran homenaje de parte de Gaza la destruida a las víctimas de este acto bárbaro. Nuestras condolencias a las familias en luto. Por la libertad, contra el odio, en solidaridad ante esta tragedia con todos los franceses".

¡Gracias, Ziad! Yo también soy palestino. Yo también soy Charlie Hebdo. Y porque "Dios es más grande", porque quiero creer que el Bien es más fuerte, he de decir: también soy el yihadista asesino.

José Arregi
(Publicado el 11-01-2015 en DEIA y los Diarios del Grupo Noticias)





FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO: ¿AMENAZA U OPORTUNIDAD?
Escrito por  José María Castillo

Los recientes y dolorosos incidentes, ocurridos en Paris y provocados presuntamente por los fundamentalistas religiosos de la yihad islámica, han hecho saltar todas las alarmas no sólo en Francia, sino en toda Europa. Los políticos y los cuerpos de seguridad del Estado se han puesto lógicamente en estado de máxima alerta. En cada país, los gobernantes le dicen a la gente que no tengan miedo, que todo está asegurado y garantizado el orden. No hay motivos de preocupación, ya que contamos con policías armados y cuerpos de seguridad que nos garantizan a todos la necesaria estabilidad para vivir tranquilos.

No hay razones para dudar de que nuestros políticos, al decir estas cosas, nos transmiten la verdad. Y la eficacia con que ha procedido la policía francesa es la prueba más evidente de que estamos protegidos. El problema, por tanto, no está en que las fuerzas de seguridad no dispongan de los medios que necesitan para defendernos. El problema está en que el enemigo, en este caso, supera en peligro todos los medios de defensa que puedan tener los medios de seguridad del Estado. Porque la lucha está planteada entre fuerzas muy dispares. Los medios con que cuenta la policía se basan en la técnica. Los medios con que cuenta el fundamentalismo religioso se basan en la conciencia y en ocultos intereses relacionados con la conciencia. Ahora bien, esto quiere decir que los medios con que cuenta la policía son conocidos, mientras que los medios con que cuenta el terrorismo religioso no son (ni pueden ser) conocidos. Por eso los terroristas fanáticos de una religión atacan dónde, cuándo y como menos se puede imaginar y de forma que nadie podía sospechar lo que sucede o ha sucedido. Si somos sinceros, no tenemos más remedio que reconocer que esto es así. Por más desagradable o costoso que resulte reconocerlo.

Pues bien, estando así las cosas, ¿qué hacer? Por supuesto, en lo que se refiere al papel, que corresponde a los cuerpos de seguridad del Estado, lo que hay que hacer es apoyar el esfuerzo enorme que vienen realizando para asegurar nuestra protección ante las amenazas del terrorismo religioso. Pero, dicho esto, es decisivo tener muy claro que el camino de la solución radical no será el que nos tracen los políticos, con sus reuniones y acuerdos, ni el que nos puedan ofrecer los policías, con sus armamentos y estrategias. Si la raíz del peligro está en las conciencias, lo que urge pensar a fondo es si podemos - y debemos - renovar las religiones de forma que, en ellas, no tengan lugar las conciencias de los terrorismos fundamentalistas. ¿Es eso posible? Más aún, ¿es eso no sólo conveniente, sino incluso necesario?

El dato capital, en todo este asunto, radica en que el punto de partida del hecho religioso no estuvo en la fe en Dios, sino en la fe en los rituales religiosos. Estoy hablando de los lejanos tiempos del paleolítico superior. Más aún, abundan los paleontólogos convencidos de que ya los neanderthal practicaban el entierro ceremonial de los muertos, de forma que actividades semejantes habrían ido acompañadas de ideas religiosas desde hace alrededor de cien mil años (Konrad Lorenz, E. O. Wilson, K. Meuli, W. Burkert, H. Kühn). Así las cosas, se ha dicho con razón que "Dios es un producto tardío en la historia de la religión" (G. Van der Leeuw; cf. R. P. Marret, M. P. Nilsson). Y la historia posterior, hasta nuestros días, se ha encargado de dejar patente que los individuos, desde la niñez, y la sociedad en general al igual que la cultura, asimilan con más facilidad y claridad la fe en los ritos que la fe en Dios. Es frecuente que la gente se aferre a las observancias rituales, en tanto que la seguridad y la claridad, en lo que concierne a Dios, resulta para muchos algo problemático, quizá dudoso y, en todo caso, un sentimiento amenazado por la oscuridad. Las observancias rituales tranquilizan las conciencias. El asunto de Dios es, para muchos, un problema nunca resuelto y que, tantas veces, se vive como un misterio o, al menos, como un enigma.

No es posible analizar aquí la hondura y las consecuencias de lo que acabo de indicar. Pero hay algo, muy fundamental, que no podemos dejar al margen. Se trata de un hecho que estamos viendo a diario y por todas partes. Me refiero a la cantidad de fieles, que nos confesamos creyentes, pero que en nuestra vida somos más estrictos observantes de los rituales religiosos que estrictos cumplidores de las exigencias éticas que tendríamos que cumplir como ciudadanos ejemplares. Reducimos nuestra religiosidad a determinadas prácticas rituales, al tiempo que excluimos de nuestra religiosidad el respeto, la tolerancia, la sensibilidad ante el sufrimiento, sobre todo el sufrimiento de los más débiles. Y así sucesivamente. Hasta llegar a hacer compatible la estricta observancia de la religión con la violencia más brutal ante todo aquello con lo que no estamos de acuerdo.

Esta violencia, por lo demás, es comprensible. Y con frecuencia resulta inevitable. Porque la religión es la creencia en un poder absoluto. La que lógicamente se traduce en la obligación indiscutible de una obediencia absoluta. Ahora bien, desde el momento en que el centro de la vida (y el futuro de la salvación) depende de una obediencia absoluta, la consecuencia inevitable es que tal obediencia se antepone a todo lo demás, incluso a la vida misma de quienes se oponen o dejan de cumplir semejante obediencia.

Naturalmente, una persona que piensa y vive así, no puede estar de acuerdo con la modernidad, con la sociedad secular, en la que los derechos fundamentales del ser humano se anteponen a todo cuanto pueda limitarlos y sobre todo reducirlos o anularlos. Ahora bien, desde el momento en que nos encontramos con este problema, por eso mismo tropezamos con las raíces del fundamentalismo religioso. Es el problema que ya intuyó, en 1909, el profesor de la Universidad de Harvard Charles Eliot, cuando insistió en que el dilema de los cristianos, en el mundo moderno, es el dilema que consiste en si ponemos el centro de nuestra fe en las exigencias éticas o más bien lo situamos en la fidelidad a las creencias ortodoxas y a los rituales sagrados (cf. Karem Armstrong). Como es lógico, los fundamentalistas religiosos centran de tal manera (y hasta tal extremo) su vida y sus intereses en la fiel observancia de los rituales sagrados, que anteponen esa observancia a la vida misma. La vida de quien sea y en lo que sea. Hasta el extremo de estar dispuestos a matar, o dejarse matar, con tal de no permitir que la sociedad democrática, laica y secular se sobreponga a la sociedad condicionada y sumisa a las exigencias de la religión.

En el caso del cristianismo, es conocido el enfrentamiento de los creyentes, sobre todo de la clase alta, a las libertades y derechos del hombre y del ciudadano, tal como habían sido promulgados por la Asamblea Francesa en 1789. Desde entonces, es conocida la postura intransigente de hombres como Louis Bonald, Joseph de Maistre y La Mennais, en Francia, Karl Ludwig von Haller y Friedrich von Hurter, en Alemania, Donso Cortés en España. Y no hay que olvidar la resistencia del papado, desde Pío VI (en 1790) hasta Pío X (en 1906), en cuanto se refiere a las dos grandes exigencias de la modernidad: la igualdad y la libertad.

No pretendo entrar en la complicada historia reciente del fundamentalismo judío e islámico. Me limito a recordar, por lo que se refiere a la actualidad de éste último, los nombres de Mustafa Kemal Ataturk (1919-1922), en Turquía, y Rashid Rida (1922-1923), en Egipto, que propugnaron sociedades más de corte moderno que de fidelidad al pasado islámico por el que se habían regido hasta comienzos del siglo XX. Desde entonces, en el mundo islámico, hay no pocas personas y grupos que ven, en la sociedad secular y democrática, una amenaza para la integridad y estabilidad de sus creencias.

Así las cosas, el problema en este momento está fuertemente condicionado, sin duda alguna, por intereses de poder y por ambiciones económicas. Pero el fondo del problema es, sin duda alguna, de carácter religioso. Se trata del enfrentamiento de la religión centrada en la más estricta observancia e impuesta obligatoriamente a toda la sociedad. Un califato. Lo más diametralmente opuesto al proyecto fundamental de una sociedad laica, libre y respetuosa con las creencias religiosas, con tal que, en esa sociedad, se privilegien sobre todo los derechos fundamentales de los seres humanos.

Pues bien, dado que nos encontramos en esta situación, se comprende la actualidad apasionante que entraña lo que, en un reciente estudio, he calificado como "la laicidad del Evangelio". Los relatos, que ofrecen los evangelios, son la historia del enfrentamiento de Jesús con las raíces del fundamentalismo religioso. Jesús, en efecto, comprendió que el mayor peligro, para la religión y para la humanidad, está precisamente en el sometimiento incondicional a los rituales religiosos, de forma que la sumisión a tales rituales se antepone al sufrimiento humano, a los derechos humanos, a la dignidad de las personas y a la vida misma. Esto es lo que Jesús no toleró en modo alguno. Y por esto precisamente fue por lo que los dirigentes de la religión vieron que el proyecto de Jesús era incompatible con el proyecto que ellos defendían por encima de todo.

Pienso, además, que en no pocos textos de los profetas de Israel, como en numerosos documentos del Korán, la aspiración a la paz y el entendimiento entre los seres humanos y los pueblos se nos ofrecen como principios rectores de la sociedad.

La conclusión más razonable, que cabe deducir de la reflexión que acabo de exponer, es que, por más importante y urgente que nos parezca la sólida defensa de nuestros pueblos, culturas y sociedades, por la solidez y eficacia de las fuerzas de seguridad del Estado, reducir nuestra defensa a esa solidez militar y policial sería algo así como ponerle puertas al campo. Mientras haya individuos y grupos organizados, que viven convencidos de que su misión en la tierra es el sometimiento, o incluso el exterminio, de quienes queremos y defendemos una sociedad que antepone los derechos fundamentales de los seres humanos a las normas y rituales de la religión, todos viviremos amenazados. Y amenazados de muerte, por más policías que nos defiendan y por más seguridades que nos garanticen nuestros gobernantes.

Esto supuesto, desde luego que valoramos y exigimos que los policías nos defiendan. Pero, si es que vemos la hondura del problema, valoramos y exigimos más aún que se gestione la educación religiosa de manera que lo primero y lo esencial, en esa educación, sea inculcarnos a todos - e inculcar a todos los pueblos de este mundo - que la fe en Dios y el respeto a Dios consiste, ante todo y sobre todo, en defender la vida, respetar la vida, promover los derechos y la dignidad de los seres humanos, hasta que la igualdad en derechos, y la libertad en creencias y convicciones, estén garantizadas para todos.

En el Sermón del Monte, Jesús dijo: "Si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda" (Mt 5, 23-24). Se pueden discutir no pocos detalles relativos a este texto. Pero, en cualquier caso, lo que no admite discusión es que aquí se presenta un modelo de religión en el que lo primero no es la observancia del ritual. Lo primero de todo, en la vida y en la religión, tiene que ser siempre mantener la mejor relación posible con el otro, sea quien sea y por el motivo que sea. El día que se eduque a todos los niños y jóvenes del mundo en esta convicción, ese día la humanidad habrá dado el paso decisivo para empezar a vivir en paz. Y con la seguridad de la paz garantizada.

José M. Castillo