jueves, 4 de diciembre de 2014

CONFESAR NUESTROS PECADOS - José Antonio Pagola

CONFESAR NUESTROS PECADOS - José Antonio Pagola

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.

La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.

La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?
Escrito por  Florentino Ulibarri

Adviento
es una multitud de caminos
de búsqueda y esperanza
para recorrerlos a ritmo ligero
siguiendo las huellas
de Abraham, nuestro padre en la fe,
de Jacob, enamorado, astuto y tenaz,
de Moisés, conocedor de desiertos y guía de tu pueblo,
de Isaías, profeta y cantor de un mundo nuevo,
de Jeremías, sensible a los signos de los tiempos,
de Juan Bautista, el precusor humilde y consciente,
de José, el enraizado y con la vida alterada,
de María, creyente y embarazada,
y con los ojos fijos en quien va a nacer
en cualquier lugar y circunstancia.

Adviento,
en nuestra vida e historia,
siempre es una aventura osada
que acontece en cualquier plaza,
calle y encrucijada,
o en el interior de nuestra casa,
o en nuestras propias entrañas.

Adviento
es tiempo y ocasión propicia
para preparar el camino:
igualar lo escabroso,
enderezar lo torcido,
rebajar lo pretencioso,
aventar el orgullo,
rellenar los agujeros negros,
despejar el horizonte,
señalar las fuentes de agua fresca,
no crear nieblas ni tormentas
sembrar verdad, justicia y amor
y tener el corazón con las puertas abiertas.

Te agradecemos, Señor,
la reiterada presencia del Adviento
en nuestra vida e historia.

En él, gracias a tu Espíritu y Palabra,
y a nuestra humilde acogida,
despunta una nueva aurora.

Florentino Ulibarri



SIEMPRE HAY PROFETAS QUE VEN ANTES EL CAMINO
Escrito por  Fray Marcos
Mc 1, 1-8

El evangelio del domingo pasado nos hablaba de estar despierto. Hoy hablan los que han estado en esa actitud de centinelas: los profetas. El profeta es la figura clave de este tiempo de adviento. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco se trata de un ser humano separado y elegido por Dios, que le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto. La principal característica de los profetas es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Por eso su principal objetivo ha sido siempre denunciar la injusticia.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a ella, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano. Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo "humano" solo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de humanidad.

No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practica toda clase de atropellos e injusticias.

Leemos hoy el comienzo del evangelio de Marcos. La primera palabra de este evangelio es "arje", que en griego designan el comienzo de un texto, pero  también algo mucho más profundo. El evangelio de Juan comienza también con esta palabra y lo traducimos: "en el principio" = origen. "Arje" significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja. La Vulgata lo ha traducido por "Initium" que también significa "origen". El texto no se debería traducir: "comienzo del evangelio...", sino: "Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido, el Hijo de Dios.

Tampoco "euanggelion" debemos traducirlo por evangelio que es un concepto muy elaborado. "euanggelion" aquí hay que traducirlo por buena noticia. El comienzo del evangelio de Marcos quiere decir que todo lo que atañe a Jesús, es una buena noticia.

Lo mismo tenemos que decir de "Jesous" y  "Christos"  que en griego están separados y significan simplemente, Jesús el ungido. Con el tiempo los cristianos unieron el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nuestros días. El texto con que comienza este evangelio es un resumen de todo lo que en él se va a proponer.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lucas y Mateo, que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas casi todas anteriores al cristianismo que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Marcos pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT. Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo). Aquí empieza Jesús a manifestar lo que es.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús, que encontramos en fuentes extrabíblicas es su bautismo por parte de Juan. No es descabellado suponer que Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan que ya era famoso cuando él empezó a sacar los pies del tiesto. A Juan, como a Jesús no le gustaba el cariz que había tomado la religión judía. Seguramente se sintió atraído por su predicación y su autenticidad.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús.

Preparadle el camino al Señor. Este grito es el mejor resumen del espíritu de Adviento. Pero fijaros que fuerza el sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Marcos habla de preparar un camino a Jesús. El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Esta es la clave del relato y marca la diferencia abismal que existía, para aquellos cristianos, entre Jesús y el Bautista. Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús con relación a cualquier otro personaje del pasado.

Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios muy distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

Los textos de este domingo nos hablan de utopía.
· Isaías dice: Aquí está vuestro Dios.
· Pedro: Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia.
· El salmo: La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan.
· Marcos: Él bautizará con Espíritu Santo.

En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta oferta, puede ser impactante. Pero tampoco tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse e impedir al hombre tomar conciencia de lo que el ser humano es y puede alcanzar.

Hoy la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humano más caminos falsos de salvación. Las posibilidades de satisfacer nuestra necesidad de placer sensible son mayores que nunca. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurus a medida. Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Personas que por su experien­cia personal puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

Podemos volcarnos sobre lo sensible, buscando el placer inmediato. O descubrir las posibilidades de plenitud que todos tenemos. Lo que nos rodea nos empuja en dirección al hedonismo. El no tomar una decisión, es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. No despertar, es seguir dormidos. Decidirse por lo más difícil solo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón. Es una iluminación que me empuja por un camino nuevo y fascinante, que ni siquiera sé a dónde me va a llevar, pero estoy convencido de que me hará más humano.

Meditación-contemplación

Él os sumergirá en lo Sagrado,
porque él mismo se vio sumergido en Dios.
La experiencia del bautismo que nos narran los evangelios,
es la clave para entender toda la vida de Jesús.
Desde ese "momento" es el ungido.
..................

Después de esa experiencia personal
puede decir a Nicodemo:
Hay que nacer de nuevo.
Hay que nacer del agua y del Espíritu.
.............

El único camino hacia lo humano, es el que Jesús recorrió.
Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.
Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.
Todo nuestro ser tiene que ser iluminado por esa luz.
.........................

Fray Marcos



TRES CAMINOS HACIA JESÚS
Escrito por  José Luís Sicre

El camino poético (lectura de Isaías)
Hacia el año 540 a.C., los judíos llevaban casi cincuenta años desterrados en Babilonia. Años duros, de grandes sufrimientos, de ansia de libertad y de vuelta a la patria. Esa buena noticia es la que anuncia el profeta. Pero el largo camino, a través de zonas a menudo inhóspitas, puede asustar a muchos y desanimarles de emprender el viaje. Entonces, una voz misteriosa, da la orden, no se sabe a quién, de preparar el camino al Señor. No se dirige a hombres, porque la labor que realizarán es sobrehumana: construir un el desierto una espléndida autopista, allanando montes y colina, rellenando valles. Por ella volverá el pueblo judío, acompañado de su Dios, como un pastor apacienta a su rebaño.

El camino ético (Qumrán)
Con el tiempo, la idea de preparar un camino al Señor en el desierto adquirió un sentido nuevo: a mediados del siglo II a.C., un grupo de sacerdotes y seglares judíos, descontentos con el comportamiento de los sumos sacerdotes de Jerusalén y de las costumbres paganas que se estaban introduciendo, recordando el texto del libro de Isaías, decide retirarse al desierto de Judá y allí, en Qumrán, fundar una especie de comunidad religiosa. En el desierto preparan el camino del Señor. Ya no se trata de un camino poético, sino de una conducta conforme a la Ley del Señor. (En hebreo, derek puede significar "camino" y "forma de conducta", igual que way en inglés).

El camino del Señor Jesús (evangelio)
Esta misma interpretación del texto de Isaías es la que aplica el evangelio a Juan Bautista. También él marcha al desierto a preparar un camino. A primera vista parece tratarse de un camino ético, como un Qumrán, ya que Juan exhorta a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados. Pero sus palabras dejan claro que prepara el camino a una persona más poderosa que él y que trae un bautismo superior al suyo: Jesús.

[A propósito de la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús conviene recordar que el verbo "bautizar" significa en griego "lavar". Los fariseos, por ejemplo, "bautizan" los platos, los lavan. Pero se puede lavar con agua sola, como hace Juan, que es un lavado superficial, incapaz de limpiar las manchas más profundas; y se puede lavar con "Espíritu Santo" (o "con Espíritu Santo y fuego", como dice otro texto) limpiando totalmente a la persona.]

Esperad y apresurad la venida del Señor (2 Pedro 3, 8-14)
A mediados y finales del siglo I, muchos cristianos empezaron a sentirse desconcertados. Les habían repetido que la vuelta del Señor y el fin del mundo eran inminentes. Sin embargo, pasaban los años y el Señor no volvía. El autor de la 2ª carta de Pedro (que no es san Pedro) sale al paso de esta inquietud, ofreciendo una respuesta que, después de veinte siglos, no convence demasiado: el Señor no se retrasa, sino que nos da un plazo para que podamos convertirnos. El autor mantiene la postura tradicional de que la llegada del Señor y el fin del mundo será algo repentino, inesperado. Y en vez de quejarnos de que el Señor se retrasa, debemos "esperar y apresurar la venida del Señor". Además, el fin del mundo será el comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra, y hay que prepararse para recibirlos llevando una vida santa y piadosa, en paz con Dios, inmaculados e irreprochables.

Una ética basada en Jesús
La segunda lectura, igual que el evangelio, une el camino de la ética con el camino que lleva a Jesús: Juan Bautista lo relaciona con la primera venida; la carta de Pedro, con la segunda. La liturgia nos indica que el Adviento no es época de espera pasiva, como quien espera que empiece la película: hay que comprometerse activamente. Y ese compromiso debe basarse en el recuerdo de la venida del Señor y en la esperanza de su vuelta.

José Luís Sicre



En el cráter de un volcán (Papa Francisco en Turquia)
Pedro Miguel Lamet, SJ.


Si algo está demostrando el papa Francisco, tanto en sus medidas intraeclesiales como en sus intervenciones ad extra, es su absoluta carencia de miedo y su capacidad de agarrar el toro por los cuernos. En menos de una semana le ha cantado las cuarenta a Europa en su memorable discurso al Parlamento, ha afrontado personalmente y sin tapujo un caso español de pederastia, y ha aterrizado en el vértice mismo de la mayor confrontación geopolítica y religiosa que divide al mundo: la frontera del nuevo califato, la versióm más violenta del Islam.

Ya fue calificado de “alto riesgo” el viaje de su predecesor Benedicto XVI a Turquía en 2006, que a su vez seguía las huellas de Pablo VI y Juan Pablo II en su diálogo ecuménico. A la siempre delicada situación que es para un papa visitar un país con un 97 % de musulmanes en su mayoría sunitas y poco más de 30 mil católicos que no obtienen pleno reconocimiento institucional, puente estratégico entre Asia y Europa, se suma ahora su implicación en una lucha en la ciudad kurda de Kobane, en la frontera con Siria, con los yihadistas del IS, sus matanzas, provocaciones y la dramática situación de un millón de refugiados sirios.

El discurso pronunciado ayer por Francisco ante las autoridades en el palacio presidencial de Ankara es programático, una prueba más de su determinación de afrontar de cara los problemas. No podían faltar referencias obvias al nacimiento de Pablo de Tarso en Cilicia, actual Turquía, tierra además de concilios ecuménicos, y a Éfeso, donde según la tradición habitó María la madre de Jesús.

Pero poco se detuvo en prolegómenos. Francisco pide sin rodeos la libertad religiosa, inexistente en Turquía, con su consiguiente libertad de expresión. Denuncia la espiral de violencia y la retroalimentación de guerras en Oriente Medio. Para ello pide que se fomente el diálogo interreligioso e intercultural y condena “toda forma de fundamentalismo y de terrorismo, que humilla gravemente la dignidad de todos los hombres e instrumentaliza la religión”. Para luego citar con nombre y apellido los focos ardientes del conflicto en Siria e Irak y su violación de las leyes humanitarias básicas “contra los presos y grupos étnicos enteros”. Entre ellas no puede dejar de mencionar la persecución contra cristianos y yazidíes, sin hogar ni patria por su fe.

Alaba a Turquía por su acogida a estos refugiados, y urge a la comunidad internacional a colaborar en esta ayuda. Pero pone el acento en la raíz del problema. Si es lícito detener al agresor injusto, la solución no está en la respuesta militar, sino en una paz que radica en “destinar los recursos no a las armas, sino a las verdaderas luchas dignas del hombre: contra el hambre y la enfermedad en favor del desarrollo sostenible y la salvaguardia de la creación, del rescate de tantas formas de pobreza y marginación, que tampoco faltan en el mundo moderno.”

Aquí reaparece el pensamiento nuclear del papa Francisco sobre la periferia. ¿Hay que atribuir al odio yihadista toda la culpa del estado de terror? ¿Dónde está la causa de esta confrontación que genera los nuevos bloques que ahora dividen el mundo? En el hambre, la pobreza y la marginación. El pensamiento único neoliberal del capitalismo salvaje se rompió con la caída de las torres gemelas. Como el sueño europeo tiene su apostema en la tumba de la inmigración que hemos cavado en el Mediterráneo. En una palabra hay que preguntarse quiénes son los buenos y quienes los malos de este trágico film de injusticias.

Como también las verdaderas causas del conflicto religioso y el abismo que aún separa a los católicos de sus hermanos ortodoxos, que Francisco abrazará como huésped en la persona del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I. Junto a otros gestos inesperados que seguramente improvisará estos días al no permitírsele visitar los campos de refugiados. Palabras arriesgadas que Francisco pronuncia sin miedo ni cristal antibalas, con una encomiable y valiente libertad. Porque, como ha repetido varias veces, lo menos que le importa es que le maten, como consecuente discípulo de Jesucristo.

Pedro Miguel Lamet, SJ.



PARÁBOLA DE LA MADRE (José Enrique Galarreta)
Escrito por  José Enrique Galarreta

El pueblo cristiano, privado de Abbá, salvó su fe por María, la Madre.
Dios daba miedo, porque se había retrocedido, ignorando la Buena Noticia de Jesús: se había sustituido a Abbá, el papá en quien se puede confiar, que da seguridad y cariño, por el Señor Dios Todopoderoso, lejano y más bien temible.

La gente se había quedado sin médico, sin padre, sin amparo. Y encontró a la Madre: refugio de pecadores, consuelo de afligidos, auxilio de los cristianos... exactamente lo que significa Abbá.

Pero, además, María nos ha ofrecido una enorme mejora en la imagen de Abbá. Le ha quitado para siempre su masculinidad patriarcal. Al dirigirnos a María como Madre, poniéndola en el lugar de Abbá, hemos iluminado a Abbá con luz maternal. Hemos entendido por qué en la Parábola del Hijo Pródigo no hay madre: porque no hace falta, porque el corazón del padre es maternal.

María, parábola de Dios. De ninguna manera renunciamos a la devoción, admiración, gratitud a María, la madre de Jesús, por la que pudo Jesús ser uno de nosotros. Pero no sustituimos a Abbá por María.

Es muy interesante comprobar cómo muchas de nuestras oraciones a María podrían dirigirse directamente a Dios/Abbá, y cómo otras muchas dirigidas a Dios muestran nuestra distancia respecto de Él, nuestro temor y lejanía que aún persisten.

Y cómo pedimos la intercesión de María. Aunque no necesitamos ningún intercesor para acudir a nuestra Madre Dios, ni mucho menos ningún abogado para que nos defienda




Creo que el Señor viene.

La fe del Adviento es fe de esperanza:
Creer que vendrá,
Que está para llegar el tiempo de la liberación plena y definitiva.
A pesar de que no es fácil encontrar razones
para mantener la esperanza,
creo que el amor misericordioso del Padre
está presente en la historia.

Creo que la muerte temprana,
violenta e injusta de los inocentes
grita la cercanía del Salvador,
que librará al pobre que suplica
y al afligido que no tiene protector.

Por eso creo que cuando el Señor venga:
el lobo vivirá con el cordero,
el novillo y el león pasearán juntos,
el niño meterá su mano en el escondrijo de la serpiente,
y no habrá daño, ni estrago,
ni violencia, ni guerras en toda la tierra.

Cuando tantas personas están metidas en el pozo ciego
de la angustia, de la miseria y de la desilusión,
creer es dejar la puerta abierta a la esperanza.
Por eso creemos que vendrá.

Vendrá el Salvador, el Mesías esperado, el Cristo liberador,
como don gratuito del Padre,
que nunca es indiferente al dolor, a la opresión
y a la esclavitud de la humanidad.

Creemos en el Espíritu que da la vida
y que transforma la fe del Adviento en oración agradecida.
Una oración que la Iglesia repite con la esperanza
y las palabras de María.

Creemos en la fe del Adviento,
una fe que impulsa a creer que
Dios no abandona nuestros desiertos y nuestras sequedades.
Sino que hace brotar ríos en las cumbres peladas,
Transforma la tierra árida en manantiales de agua
y pone cedros, acacias, mirtos y olivares en el desierto.

Sí, creemos que el Señor está cerca, que vendrá,
que con él vendrá también el Reino que nos ha prometido.
Que vendrá y hará posible la vida.

Y que cuando venga aniquilará la muerte para siempre,
enjugará las lágrimas de todos los rostros
y el oprobio de todos los países.

Creo que el Señor viene.



EN MARÍA DESCUBRIMOS LO QUE TODOS SOMOS
Escrito por  Fray Marcos
Lc 1, 26-38

Comprendo muy bien lo difícil que es superar prejuicios que durante siglos han modelado nuestra religiosidad. Me anima a intentarlo el recordar que desde pequeño he visto en el escudo de nuestra orden una sola palabra: "veritas". No es que los dominicos nos sintamos en posesión de la verdad, pero nos han enseñado a tenerla como el horizonte hacia el que tiene que caminar el ser humano para poder ser libre, como nos dice el mismo evangelio. La mejor manera de acercarnos a la verdad es superando los errores.

Una fiesta de María es siempre un motivo de alegría, incluso de euforia, diría yo. Esta de la Inmaculada es para mí la más hermosa y la más profunda. Pero el motivo de esa alegría está más allá de la figura histórica de María. Intentaré explicarme.

De la historia real de María no sabemos casi nada. Los evangelios apenas dicen nada. De una cosa estamos seguros, Jesús tuvo que tener una madre. Lo más grande que podemos decir de esa madre es que fue una mujer absolutamente normal. En esa normalidad debemos descubrir la grandeza de su figura. Si fundamentamos su grandeza en los abalorios y capisayos que le hemos añadido durante siglos, estamos minimizando su verdadero ser y dando a entender que en sí, no es suficientemente importante, puesto que la valoramos más por los añadidos que le hemos colocado.

En el mismo título de la fiesta (inmaculada) enseña la oreja el maniqueísmo que, desde S. Agustín, ha infectado los más recónditos entresijos de nuestro cristianismo. Fijaros bien en lo que sigue. En el evangelio de Lucas, el ángel llama a María "kejaritomene" = gratia plena = llana de gracia. Pues bien, los cristianos hemos terminado hablando de la "sin pecado". Ejemplo de cómo la ideología de turno puede tergiversar el evangelio.

Es maniqueísmo el dar por supuesto que lo normal para todo ser humano, es un estado de pecado, y que para ser un verdadero ser humano, alguien tiene que liberarnos de esa lacra. Es insostenible el mantener hoy que todo ser humano nace deshumanizado. Ridiculizamos la idea de Dios cuando aceptamos que el mal está en el inicio de toda andadura humana.

Dios es el fundamento de todo ser, también de todo ser humano. La plenitud nunca puede consistir en quitar algo, aunque se trate de un pecado. La plenitud está en el origen de todo ser, no se debe al esfuerzo personal a través de una vida.

Pablo nos dice: Él nos eligió, en la persona de Cristo para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Esta sería la traducción exacta, y no irreprochables como dicen la mayoría de las traducciones. La Vulgata dice: "inmaculati". Nada parecido se dice de María en todo el NT, y sin embargo la llamamos Inmaculada.

¿Por qué nos da pánico reconocer nuestro verdadero ser? Sería la clave para una interpretación actualizada de la fiesta. No debemos conformarnos con mirar a María para quedarnos extasiados ante tanta belleza. Si hemos descubierto en ella toda esa sublime belleza, es porque hemos podido imaginarla gracias a la revelación de lo que Dios es para nosotros.

Lo que hemos descubierto en María, debemos descubrirlo en nuestro propio ser. Es ridículo seguir discutiendo si fue concebida sin pecado desde el primer instante o fue pura e inmaculada un instante después. Lo que debe importarnos es que en María y en todo ser humano hay un núcleo intocable que nadie ni nada puede manchar. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad, sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotros mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella.

Dios no puede hacer excepciones ni puede tener privilegios con nadie. María no es una excepción sino la norma. En María descubrimos la verdadera vocación de todo ser humano. Ser como María no es la meta del hombre, sino que partimos de la misma realidad de la que ella partió. Lo que estamos celebrando en esta fiesta de María nos indica el punto de partida de nuestro trayectoria humana, no el punto de llegada.

Sobre la figura de María hemos montado durante casi dos mil años, un tinglado tal, que no sé cuanto tiempo necesitaremos para volver a la sencillez y pureza originales. María no necesita adornos. Es grande en su simplicidad, no porque la hayan adornado, Ni Dios ni los hombres tienen nada que añadir a lo que María era desde el principio. Basta mirar a su verdadero ser para descubrir lo que hay de Dios en ella, eso que siempre será limpio, purísimo, inmaculado. Si lo hemos descubierto en ella, es para tomar conciencia de que también está en cada uno de nosotros.

Me habéis oído muchas veces decir que Dios no puede darnos nada, porque ya nos lo ha dado todo. Todo lo que tenemos de Dios, lo tenemos desde siempre. Nuestra plenitud en Dios, es de nacimiento, es nuestra denominación de origen, no una elaboración añadida a través de nuestra existencia. Lo que hay en nosotros de divino, no es consecuencia de un esfuerzo personal, sino la causa de todo lo que puedo llegar a ser. Aquí está la buena noticia que quiso trasmitirnos Jesús, tan desconcertante que le costó la vida.

María no necesita ningún adorno. Necio sería si pintara un diamante; estúpido, si cubriera de purpurina una perla; fatuo, si pretendiera adornar una rosa, que acabara de abrirse en la mañana; insensato, si intentara acariciar la mariposa, que acaba de salir de su capullo. María es el diamante y es la perla, la pura rosa. Y también la mariposa. Limpia de toda ganga es más hermosa.

Pero no es sólo ella. Siete mil son los millones de diamantes, que habitan junto a mí esta tierra. No me debo asustar, pues hablamos de Dios. Dios encarnado, que es lo mismo que hablar de lo divino, aunque cubierto de tierra y barro. De nada me servirá descubrir la perla en María si no la descubro en mí.

Si en Jesús hemos descubierto lo divino, ¿Qué necesidad tenemos de María? Aquí está una de las claves de la fiesta. Hay una enorme diferencia entre la manera de llegar a descubrir en Jesús la presencia de lo divino y la manera de encontrar en María esa misma presencia. Nos hacemos una imagen de Dios partiendo de los conceptos que manejamos los humanos. Esos conceptos son muy limitados y al aplicarlos a lo trascendente se quedan siempre cortos. El concepto de Dios al que llegamos a través de Jesús, no lleva a una idea exclusivamente masculina de Dios. Ese Dios masculino queda privado de toda la riqueza conceptual que puede encerrarse en una idea femenina de Dios.

Ésta es la aportación genial que ha hecho el pueblo creyente atribuyendo a la figura de María todo lo que la teología oficial le impedía aplicar directamente a Dios. En María se puede desplegar lo femenino de Dios que es tan importante o más que lo masculino. Todo el machismo que destila nuestra religión, quedaría superado si nos atreviésemos a pensar un Dios absolutamente femenino. Hay en lo femenino riquísimos contenidos que pueden ayudarnos a tomar conciencia de lo que es Dios como madre para cada uno de nosotros.

Tuvieron que pasar varios siglos para que los cristianos empezasen a interesarse por la figura de María. Esto no invalida todo lo que se ha dicho sobre María, pero nos obliga a darle una valoración muy distinta. No podemos seguir interpretando como hechos históricos lo que son solo símbolos femeninos. No, María fue una mujer normal que llevó una vida normal. Nadie se fijó en ella. Cumplió siempre con sus obligaciones de madre y esposa. Eso que a nosotros nos parece una simpleza, es lo más grande y digno de imitar.

Fray Marcos



MARANATHA
Escrito por  José Arregi

Tras la muerte de Jesús, el atrevido profeta judío de la compasión subversiva, las primeras comunidades cristianas de Palestina lo invocaban con esa palabra aramea formada de dos: "Marana, tha". Ven, Señor. Y mientras repetían con ardor esta sencilla invocación, se les llenaba el pecho de consuelo y fortaleza para seguir esperando, practicando la esperanza, anticipando su cumplimiento.

Pensaban que Jesús, mártir de su bondad rebelde y sanadora, había sido arrebatado por Dios hasta el cielo junto a sí -esas cosas pensaban entonces- y que pronto, muy pronto, volvería del cielo a la tierra para cumplir de una vez para siempre aquella esperanza que había anunciado y que había sido la razón de su condena: el "reino de Dios" o la liberación de todos los seres, el fin de toda opresión, el levantamiento de todas las condenas y una gran mesa compartida llena de pan y de vino.

Al retorno esperado de Jesús lo llamaron en griego Parusía o Epifanía, en latín Adventus. Son los términos -presencia, manifestación, venida- con que en el imperio romano designaban las raras visitas del emperador a alguna ciudad o rincón del imperio. Pero los cristianos invocaban a Jesús como el anti-emperador. Lo invocaban con el corazón y lo hacían presente en la vida. Todo se llenaba de luz y de presencia, transformándolo todo.

Nosotros no esperamos que Jesús vuelva, pues nunca se fue. Ni que venga del cielo, pues el cielo es en todas partes. Ni que Dios lo envíe, porque Dios es Todo en todo, o está en camino de serlo. Ya no podemos creer como ellos, pero amamos y confiamos como ellos. Su mismo ardor nos inspira, su misma esperanza nos alienta. No habrá fin del mundo, pues el universo puede ser eterno. Pero hay un mundo que debe acabar: este mundo aplastado por Mamón, el Capital o el Mercado. Hay una eternidad que debemos inaugurar cada día, en cada instante: la eternidad de la vida buena, justa y dichosa. No es verdad que "hay lo que hay". No nos harán creer que otro mundo no es posible. Esperar es transformar este mundo en otro mundo humano, fraterno, y mucho más feliz. Esperar es reformar lo que impide vivir, como respirar es nutrir todas las células del cuerpo. Si esperamos, podemos. Maranatha.

Todo es permanente Adviento, transformación, movimiento. Espacio en expansión, galaxias inmensas, estrellas que parecen tan quietas, planetas, aire y fuego, nubes y mares, moléculas, átomos y electrones, partículas y ondas y todo lo que no conocemos, que es casi todo... ¿Qué es lo que mueve esa energía que lo mueve todo, sino el santo Espíritu, impulso viviente de toda la santa materia espiritual? ¿Qué es Dios sino este Adviento y Presencia que es y que viene, Calma viviente, Corazón latiente en el que somos y respiramos?

Respiremos. Maranatha. Hoy empezamos los cristianos cuatro semanas que llamamos de Adviento. Hacemos nuestros los anuncios y figuras de los profetas de Israel. Más allá de creencias y ritos, vamos en busca del glorioso advenimiento de un mundo nuevo. Que todos los seres humanos, del norte y del sur, caminemos unidos, sintiéndonos hermanos de todos los seres. Que ningún ser humano sea aplastado, tampoco un gusanillo. Que no alce la espada pueblo contra pueblo, que nadie se adiestre para la guerra. Que la tierra sea lavada de la sangre inocente derramada y habite el lobo con el cordero. Que la justicia sea el árbitro de las naciones, que ningún pobre sea vendido por un par de sandalias, que no haya daño ni estrago en la tierra. Que la bondad nos conmueva más que ninguna amenaza, que miremos la herida más que la culpa y la mirada cure al herido, transforme al violento, convierta al corrupto. Que la justicia llene la tierra como las aguas colman el mar. Que la justicia y la paz se besen.

El tiempo urge, pero la paz nos sostiene, a la vez que nos empuja. La paz contigo, hermana. Y contigo, hermano. Maranatha. El mundo que esperamos está viniendo, es adviento. Paso a paso, latido a latido lo hacemos llegar.

José Arregi



Adviento.
Testamento de Martin Luther King 

Me gustaría que alguien contase, en el día de mi muerte, que Martin Luther King trató de vivir al ser­vicio del prójimo.

Me gustaría que alguien dijera aquel día que Mar­tin Luther King trató de amar a alguien.

Ese día quiero que puedan decir que traté de ser justo y que quise caminar junto a los que actuaban en justicia, que puse mi empeño en dar de comer al hambriento, que siempre traté de vestir al desnudo. Quiero que digan ese día que dediqué mi vida a vestir al desnudo. Quiero que digan ese día que dediqué mi vida a visitar a los que sufrían en las cárceles y quiero que digan que intenté amar y ser­vir a los hombres.

Sí y, si quieren, digan también que fui un heraldo. Digan que fui un heraldo de la justicia. Digan que fui un heraldo de la paz. Que fui un heraldo de la equidad.

Todas las otras cosas superficiales (Premio Nobel de la Paz de 1964) no tendrán importancia.

No tendré dinero para dar cuando me vaya. No dejaré tampoco las comodidades y los lujos de la vida. Porque todo lo que quiero dejar a mi partida es una vida de entrega.

Eso es lo que les tengo que decir. Si a alguien pude ayudar al encontrarnos a lo largo del sendero, si a alguien pude hacerle ver que había escogido el mal camino, entonces, mi vida no habrá sido en vano.

Si consigo cumplir mis deberes tal como debe cumplirlos un cristiano; si consigo llevar la salvación al mundo, si consigo difundir el mensaje que enseñó el Maestro, entonces, mi vida no habrá sido en vano.