jueves, 9 de octubre de 2014

INVITACIÓN - José Antonio Pagola


INVITACIÓN - José Antonio Pagola

Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús. 

El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a difundir la invitación de Dios. Pásalo.
12 de octubre de 2014
28 Tiempo ordinario
Mateo 22, 1-14
VENID A LA FIESTA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Hoy has preparado un banquete,
en tu amplia tienda de la alianza
levantada en esta tierra tuya y nuestra,
para que tu presencia no nos resultara extraña.
Es tu hijo quien se casa,
y la ocasión es única
para hacernos presente
tu generosidad y gracia.

Ya está la entrada engalanada,
los jardines adornados,
las farolas y antorchas alumbrando
caminos, rincones y plazas,
las habitaciones dispuestas
y la sala del banquete preparada
con todo lo necesario para la fiesta,
porque la ocasión es única.

La mesa lista para el banquete
con los mejores manjares que se conocen
y un vino reserva excelente,
para alegrar a los reticentes,
traído de tu viña predilecta.
Todo en abundancia,
que a ti te gusta que sobre y no falte
cuando se va o se pasa por tu casa.

Los criados han partido
para invitar a tus amigos,
que son muchos y muy distintos
y están dispersos por el amplio mundo.
¡Venid a la fiesta! ¡Venid a la fiesta!,
se oye en pueblos y casas,
y como un eco resuena setenta veces siete
y llega a todos los corazones.

Atardece, y tu tienda está vacía.
Tus amigos, muy ocupados
en sus cosas y haciendas,
declinan la invitación
como si fuese una oferta cualquiera.
Te hacen pasar un mal trago
aduciendo motivos, disculpas y excusas
que suenan a justificar sus conciencias.

Sin embargo, hoy, la fiesta se hará;
es tu querer y voluntad decidida.
Tu generosidad y riqueza
no pueden terminar en la basura.
De la calle, de las plazas,
de los rincones más olvidados
y del reverso de la historia
llegarán tus invitados.

Serán cojos, ciegos y sordos,
hambrientos, pobres y presos,
ciudadanos y extranjeros,
emigrantes sin papeles,
hombres y mujeres, ancianos y niños
de toda raza, color y oficio,
que oyen a tus mensajeros
y se sienten sorprendidos.

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!

¡Vamos a tu fiesta, Señor!

Florentino Ulibarri



DIOS NOS INVITA A TODOS SIN QUE LO MEREZCAMOS
Escrito por  Fray Marcos
Mt 22, 1-14

La misma situación y el mismo esquema que el domingo pasado, un cántico de Isaías, que es interpretado por el evangelista. El domingo pasado el simbolismo se tomaba de la viña, hoy la imagen es el banquete. También es un relato polémico que intenta acusar a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios les hace por medio de Jesús. Mateo se dirige a una comunidad que tenía que superar el trauma de la separación de la religión judía, y el peligro de repetir los mismos errores. Insiste en el tema de la universalidad, que tantos quebraderos de cabeza produjo a las primeras comunidades.

El texto de Isaías es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Creo que hoy el texto del AT supera al evangelio, en belleza formal y en mensaje teológico. Naturalmente que es un lenguaje simbólico. La prueba está en que no solo habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, sino de quitar el velo (luto) de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte para siempre.

Se trata de una salvación total por parte de un Dios en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. El intento de Isaías es que todo el pueblo soporte la dura prueba, confiando en un futuro que está en manos de Dios.Lo verdaderamente importante del relato de Isaías, el chispazo apuntado que tenemos que descubrir, es éste: Dios salva a todos. Y digo apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos tienen que venir a “este” monte para encontrar salvación.

En el AT, el banquete designa los tiempos mesiánicos. Para Jesús significa el Reino de Dios. Un banquete no significa mucho para el que puede satisfacer su hambre todos los días; pero para los que acostumbran a pasar hambre diariamente, puede ser una ocasión única para quitar las penas. En concreto, el banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo sencillo de celebrar una fiesta y olvidarse de la dura realidad de una vida cuyo primer objetivo era la subsistencia. Naturalmente no se trata más que de una metáfora para indicar que Dios llama a saciar todos los anhelos del ser humano.

El relato es una interpretación del texto de Isaías desde la perspectiva de la primera comunidad. También hoy, Mateo alegoriza el relato y lo completa con la segunda parte (vestido de boda) que no está en Lucas. Es el Padre el que invita a la boda de su Hijo. Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

Podemos pensar que en el relato, leído literalmente, existe una distorsión del mensaje de Jesús. El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre, proyectada sobre Dios. Es una pena que sigamos hoy con esa idea de Dios.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta, tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para llamar a toda la gente que encuentren, ¿qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? ¿Es que la gente va por los caminos vestidos de boda? Puede hacer referencia a la túnica blanca que se entregaba a los bautizados. Claro que la intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha metido por callejones sin salida.

Se trata de evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar todas las ventajas, pero sin cambiar las actitudes ni vivir de manera acorde con el evangelio. Nada más fácil que confesarse creyente, pero nada más difícil que entrar en la dinámica del verdadero cristianismo. No basta pertenecer nominalmente a una comunidad para salvarse. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo), puede estar seguro de entrar en el Reino. Dios no toma represalias contra nadie. Se queda fuera el que se niega a entrar.

El mensaje de las lecturas de hoy tiene una acuciante actualidad. Dios llama a todos, hoy como ayer. La respuesta de cada uno puede ser un sí o un no. Esa respuesta es la que marca la diferencia entre unos y otros. Si preferimos las tierras o los negocios, quiere decir que es eso lo que de verdad nos interesa. El banquete es el mismo para todos, pero unos valoran más sus fincas y sus negocios y no les interesa. Todo el evangelio es una invitación; si no respondemos que sí ya hemos dicho no. Como la parábola de los dos hermanos nos recordaba hace unos domingos, solo es válida la respuesta de las obras.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro de creer que los llamados en segunda  convocatoria sí se lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invita a todos: malos y buenos. Esto es lo que no terminamos de aceptar. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a la exclusiva (fuera de la Iglesia no hay salvación).

Como parábola, el punto de inflexión está en rechazar la oferta. Nadie rechaza un banquete. Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo superficial. El peligro está en tener oídos para los cantos de sirenas, y no para la invitación que viene de lo hondo de nuestro ser que nos invita a una plenitud de ser. La voluntad da su adhesión a lo que la inteligencia le presenta como bueno. La clave está en descubrir lo que realmente es bueno y separarlo de lo que es solo aparentemente bueno.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo. Seguimos empeñados en el pequeño negocio de nuestra salvación individual, sin darnos cuenta que esa salvación personal que no incorpora la salvación del otro, no tiene nada de cristiana ni de humana.

Dios no es ningún rey dominador, ni ningún señor poderoso. No nos puede dar ni prometer nada, porque ya nos lo ha dado todo. Nuestra propia existencia es ya parte del don. Ese regalo está muy bien envuelto, podemos desenvolverlo o mantenerlo escondido durante toda la vida. Esta es la cuestión que tenemos que dilucidar como cristianos. El problema de los creyentes es que presentamos un regalo excelente en una envoltura que da asco. No presentamos a la juventud un cristianismo que lleve a la felicidad absoluta, más allá de las trampas en las que hoy caen precisamente la mayoría de los jóvenes.

Efectivamente, es la mejor noticia: Dios me invita a su mesa. Pero el no invitar a mi propia mesa a los que pasan hambre, es la prueba de que no he aceptado su invitación. La invitación no aceptada se volverá contra mí. Sigue siendo un peligro el proyectar la fiesta, la alegría, la felicidad para el más allá. Nuestra obligación es hacer de la vida, aquí y ahora, una fiesta para todos. Si no es para todos, ¿quién puede alegrarse de verdad?

Meditación-contemplación

Dios nos invita a invitar.
No he aceptado la invitación de Dios, cuando no invito a los demás.
Mientras haya una sola persona que no come,
el banquete del Reino estará incompleto.
………………

Una vez más puedo engañarme en mi religiosidad.
Me dedico en alma y cuerpo a preparar mi propio banquete
e incluso invito al mismo Dios a participar en él.
Dios no puede aceptar un banquete donde haya excluidos.
…………………

Soy yo el que tengo que pasar a participar de su banquete.
y trabajar para que todos puedan disfrutar de la fiesta.
Soy yo el que tengo que eliminar todas las lágrimas.
Yo tengo que desvelar la verdad para que llegue a todos.
……………………

Fray Marcos



UN BANQUETE QUE TERMINA MAL
Escrito por  José Luís Sicre

El domingo anterior, la parábola de los viñadores homicidas terminaba diciendo que la viña sería consignada «a un pueblo que produzca sus frutos» (v.43). Algo parecido afirma la parábola de hoy, la de los invitados al banquete, que nos ha llegado a través de Mateo y Lucas. Para comprender el enfoque de Mateo es esencial tener en cuenta no sólo el texto de Isaías sino también el de Lucas.

El punto de partida: un festín de manjares suculentos (1ª lectura)
La parábola de los invitados a la boda se inspira en un poema del libro de Isaías a propósito del gran banquete que Dios organizará “en este monte”, Jerusalén, que supondrá la alegría, la salvación y la victoria sobre la muerte para todos los pueblos. Un banquete al que todos están invitados.

La reinterpretación irónica de Lucas (Lc 14,15-24)
El texto de Isaías podía provocar en cualquiera el sentimiento que pone Lucas en boca de un oyente de Jesús: «¡Dichoso el que coma en el Reino de Dios!». Entonces Jesús, con gran dosis de ironía y realismo, cuenta una parábola que podemos dividir en dos actos:

Acto I:
· un hombre organiza un gran banquete;
· envía a un criado a llamar a los invitados;
· los invitados se excusan de buena manera.

Acto II:
· El hombre, irritado, manda al criado a invitar al banquete a pobres, lisiados, ciegos y cojos;
· el criado obedece, pero todavía sobra sitio;
· el hombre vuelve a enviarlo «hasta que se llene la casa».

Moraleja:
«Ninguno de aquellos invitados probará mi banquete».

En la versión de Lucas, la parábola contada por Jesús explica por qué en la comunidad cristiana (el banquete) no están los que cabría esperar (los judíos), sino otros (los paganos). Del optimismo de Isaías pasamos al terrible realismo con que Jesús enfoca siempre las cuestiones.

La reinterpretación más dura y crítica de Mateo

La versión de Lucas podía suscitar en las comunidades cristianas un sentimiento de satisfacción y de falsa seguridad. Para evitarlo, Mateo añade una última escena e introduce también interesantes cambios; los dos actos se convierten en cuatro:

Acto I:
· Un rey invita a la boda de su hijo;
· envía criados (en plural);
· los invitados no quieren ir.

Acto II:
· El rey vuelve a enviar criados;
· los invitados no hacen caso a los criados e incluso matan a algunos de ellos;
· el rey mata a los asesinos y prende fuego a su ciudad.

Acto III:
· El rey manda a recoger por las calles a todos, malos y buenos;
· La sala se llena de comensales.

Acto IV:
· El rey descubre a un comensal sin traje de fiesta;
· manda expulsarlo del banquete.

Moraleja:
«Hay más llamados que escogidos».

Mateo ha reinterpretado la parábola a la luz de los acontecimientos posteriores y en clara polémica con las autoridades religiosas judías.

En el Acto I, el protagonista no es un hombre cualquiera, sino un rey (Dios), que celebra la boda de su hijo (Jesús). Y no envía a un solo criado, sino a muchos (referencia a los antiguos profetas y a los misioneros cristianos). Los invitados, en vez de excusarse de buena manera, como en Lucas, simplemente no quieren ir.

Entonces introduce Mateo un acto nuevo (II), donde la invitación del rey encuentra una oposición mucho mayor (incluso llegan a matar a algunos criados) y la reacción del monarca es terrible, porque manda su ejército a acabar con los asesinos y a prender fuego a la ciudad (destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70).

El Acto III también representa una novedad con respecto a Lucas: no se invita a pobres, lisiados, ciegos y cojos, sino a todos, buenos y malos. El enfoque socio-económico de Lucas (en el banquete entran los marginados sociales) lo sustituye Mateo por el moral (todo tipo de personas).

Pero Mateo añade un nuevo Acto, el IV, que es el que más le interesa: un invitado se presenta sin vestido de boda y es echado fuera.

Con estos cambios, la parábola explica por qué la comunidad cristiana está compuesta de personas tan imprevisibles y, al mismo tiempo, contiene un toque de atención para todas ellas. En el Reino de Dios puede entrar cualquiera, bueno o malo. Pero, si se acepta la invitación, hay que presen­tarse dignamente vestido.

Ni frac ni minifalda

Para entrar en una mezquita hay que descalzarse. Para entrar en una sinagoga hay que cubrirse la cabeza. Para entrar en cualquier iglesia se aconseja o exige un vestido digno. Pero el vestido del que habla la parábola no se mide en centímetros ni se debe caracterizar por su elegancia. Es una forma de comportarse con Dios y con el prójimo. O, utilizando una metáfora de san Pablo, hay que vestirse de nuestro Señor Jesucristo. No es un disfraz. Es un modo de vivir y de actuar que recuerde a los demás, dentro de lo posible, como él vivió y actuó.

José Luís Sicre



Ser otoño
Pedro Miguel Lamet, SJ.

Cuando suena el móvil es como si el mundo se detuviera y perdiéramos el yo absorto, prendido de la conversación lejana.

Incluso subimos la voz, como si estuviéramos solos en el mundo los dos, mi móvil y yo, sin advertir si hacemos ruido, molestamos a otros o estamos pregonando al aire historias que afectan sólo a nuestra intimidad.

Hasta se esfuma el paisaje a nuestro derredor, esta explosión de rojos, ocres, amarillos del melancólico otoño con que las hojas se despiden de su ya viejo verdor de primavera y nos evocan el leve suspiro que somos, distendidos en el tiempo, entre el verano y el invierno.

Párate, desconecta y escucha en directo el rumor de los árboles; aspira los olores del otoño y quémate con el fuego de sus colores, antes de que sea tarde y las ramas se tornen desnudas y ateridas, como tu alma. Que el ruido-ambiente no te prive de sentirte vivo y exclamar con el poeta: “Soy otoño, menos cuando me besas”.

Pedro Miguel Lamet, SJ.



Puede haber más amor cristiano en una unión irregular que en una pareja casada por la Iglesia.
P. Adolfo Nicolás, SJ.

El español Adolfo Nicolás, sj., uno de los padres sinodales, afirma, rotundo, que "puede haber más amor cristiano en una unión canónicamente irregular que en una pareja casada por la Iglesia". En una entrevista al Vatican Insider, el líder de la Compañía de Jesús afirma que "el Sínodo está completando el Concilio".

Estos son algunos de los extractos de la entrevista de Giacomo Galeazzi
¿Será actualizada la moral familiar?
La discusión, libre y franca, se está dirigiendo hacia un cambio, la adecuación pastoral a la realidad de los tiempos de hoy. Es un signo histórico, porque en estos años ha habido fuerzas que han tratado de hacer retroceder a la Iglesia con respecto al concilio.

Y, ¿en cuanto a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar?
No se puede impedir que el Sínodo discuta al respecto, como habrían querido algunos. Los obispos no fueron convocados para insistir en ideas abstractas a fuerza de doctrina, sino para buscar soluciones a cuestiones concretas. Es muy significativo que el Papa y muchos padres sinodales hayan hecho referencia en sus intervenciones a los textos del Concilio. También el cardenal Martini, hasta el final de sus días, esperaba que se expresara esa Iglesia que escucha.

Los "conservadores" dicen que la doctrina está en peligro ...
No es correcto absolutizar. Por ejemplo, el caso de las uniones de hecho. No quiere decir que si existe un defecto todo esté mal. Es más, hay algo bueno en donde no se daña al prójimo. Francisco ha insistido al respecto: "Todos somos pecadores". Hay que alimentar la vida en todos los ámbitos. Nuestra tarea es acercar a la gente a la gracia, y no rechazarla con preceptos. Para nosotros, los jesuitas, es una práctica cotidiana. Lo sabe muy bien la Inquisición.

¿Cómo?
Nuestro fundador, San Ignacio de Loyola, fue sometido ocho veces al examen de la Inquisición después de escuchar al Espíritu. Entonces, como ahora, para nosotros cuenta más el Espíritu, porque viene de Dios con respecto a las reglas y a las normas, que, en cambio, vienen de los hombres. Lo que necesitan la moral familiar y sexual es dulzura y fraternidad. No se trata de dividir, sino de armonizar. No se puede evangelizar a las personas a golpe de Evangelio. Solo la decisión de concentrarse en Cristo nos salva de estériles disputas, de las controversias ideológicas abstractas. Las lagunas y las imperfecciones no invalidan la entereza de la evolución de la familia en la sociedad de las últimas décadas. Si hay algo negativo, no significa necesariamente que todo sea negativo.



¿Pueden comulgar los pobres?
Jorge Costadoat, SJ.

Es dura esta pregunta. Lo sé. Dura con los pobres. Les puede ser hiriente. Pero esta pregunta no es contra ellos. Ellos lo saben.

En mi país, Chile, es normal que los pobres vayan formando su familia de a poco. Cuando la vida ha podido sonreírles, llegan a tener su casa propia y, si son católicos, se casan por la Iglesia. No hay nada más maravilloso que un matrimonio religioso celebrado después de haber hecho un largo camino, de sumo esfuerzo, con todo el viento en contra. El mejor de los mundos es haber llegado a este punto, habiendo educado a sus hijos y tener todavía fuerzas para cargar con los nietos.

La familia popular en un milagro. Se compone de personas que suelen venir de situaciones humanas muy precarias, salen adelante superando grandes adversidades y, como si fuera poco, soportan el desprecio de ser pobres. ¡La sociedad los mira con desconfianza y los culpa de su miseria! No viven como debieran.

Ella ya tenía un niño. Se embarazó a los quince. Él tuvo también un hijo por otro lado. Se enamoraron y se fueron a vivir juntos a una pieza que pudieron arrendar. Pero a pocos meses, la vida allí se les hizo imposible. El niño lloraba. El baño no alcanzaba para todos. En el refrigerador tenían reservado un espacio mínimo para la mamadera y nada más. Se corrió la voz de una toma de terrenos. Un partido político les ofreció un cupo. Decidieron correr el riesgo, porque era peligroso intentarlo. En el campamento nació un tercer niño. Este de ambos. Juntos los cuatro aguantaron la falta de agua, la mugre, las idas al hospital, el mal ambiente… Gracias a los dirigentes y las asambleas lucharon por una casa y la consiguieron. Nunca se les pasó por la mente casarse por la Iglesia. Por el civil, sí. Pero no quisieron hacerlo hasta no poder ofrecer una fiesta en el lugar donde vivirían para siempre. En el intertanto, ella se las arregló para dejar los niños con un vecina y así poder emplearse en una casa particular. Cuidó con esmero otros niños. Él, obrero de la construcción fue bien busquilla. Rara vez le faltó el trabajo. Pero para llegar a la faena muchas veces lo hizo en una combinación dos buses, viaje que en total le tomaba una hora y media, o dos horas.

¿Qué religiosidad es posible en estas condiciones de vida? Una muy profunda. La conozco. No es el caso hablar de ello. Tendría que alargarme. Solo quiero hacer saber que las comunidades cristianas populares se componen de personas como estas. Son ellas mismas las que consiguieron un terreno para la capilla, la construyeron y riegan el jardín. Estas mismas personas se encargan de las catequesis de sus hijos. En estas comunidades, en la misa dominical, al momento de comulgar a nadie se le niega nada.

Si los pobres no pudieran comulgar, la Iglesia no sería la Iglesia.

Jorge Costadoat, SJ.



Comienza el Sínodo de la familia
Jorge Costadoat, SJ.

Familia fotoEl tema de la Iglesia es el amor. No otro. Sin embargo, la enseñanza de la Iglesia sobre “cómo amar” a lo largo de los siglos, ha sido muy variada. La Iglesia se ha hecho presente en muchas culturas. Ha debido inculturar el Evangelio del amor con enorme creatividad.

¿Dónde está la Iglesia hoy? Está dentro de un mundo tremendamente plural y en cambios profundos y acelerados. Está en deuda, por lo mismo, con mucha gente a la que no ha podido llegar con gestos y palabras de amor, con una enseñanza sobre lo que realmente es amar. Hoy las familias humanas son muy heterogéneas. Además, estas familias están siempre en proceso de realización: se constituyen y se desintegran, florecen y se marchitan. Decir que la familia está en crisis es poco. El fenómeno del amor íntimo y familiar que la Iglesia tiene por delante con todas sus vicisitudes, exige de ella un esfuerzo titánico de respuesta. Si esta respuesta es pobre, mal. Si es desatinada, peor.

Puesto que el amor en el plano de la sexualidad, de la afectividad, de los matrimonios y de las familias es lejos el más importante de los amores, la Iglesia debe ampliar y mejorar su enseñanza de acuerdo a las nuevas situaciones culturales a riesgo de fracasar en la transmisión del Evangelio. La transmisión de la fe en Cristo se ha interrumpido gravemente en muchos países de Europa. Tampoco en América Latina, los padres consiguen fácilmente que sus hijos hereden su pertenencia eclesial. Sabemos de tantos casos de matrimonios cristianos extraordinarios que no logran que sus hijos sean católicos como ellos. Entre otras razones, dicen estos que la enseñanza moral sexual de la Iglesia no la pueden entender.

El Sínodo sobre la familia de este octubre de 2014 es un primer paso que la Iglesia ha decidido dar para evangelizar en este ámbito de la vida humana. Fue necesario primero mirar la realidad. El Papa Francisco envió preguntas a todo el Pueblo de Dios para saber qué está ocurriendo. Los integrantes del Sínodo cuentan ya con las respuestas. En octubre de 2015 habrá otro Sínodo, continuación de este. Será el segundo paso. Entre ambas reuniones, habrá todo un año para que la Iglesia, en los distintos continentes y países, elabore una respuesta responsable que dar al mundo al que ella pertenece, a su propio mundo.

Jorge Costadoat, SJ.