jueves, 22 de febrero de 2018

José Antonio Pagola - LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO


José Antonio Pagola - LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO

Este relato de la «transfiguración de Jesús» fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado; escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy lo único decisivo que puede ofrecer la Iglesia a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús y su proyecto humanizador del reino de Dios. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Palabra.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.


Domingo 2 Cuaresma - B 
(Marcos 9,2-10)
25 de febrero 2018
 lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará a Pedro con estas palabras: «Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios». Los tiempos de prueba los hemos de vivir, como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.

«Vivía entre alimañas y los ángeles le servían»
Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene. Así vivirá Jesús: defendiéndose de Antipas, al que llama «zorro», y buscando en la oración de la noche la fuerza del Padre.

Hemos de vivir estos tiempos difíciles con los ojos fijos en Jesús. Es el Espíritu de Dios el que nos está empujando hacia el desierto. De esta crisis saldrá un día una Iglesia más humana y más fiel a su Señor.

Domingo 1 Cuaresma - B 
(Marcos 1,12-15)
18 de febrero 2018
José Antonio Pagola

José Antonio Pagola 




¡QUIERO VERTE, SEÑOR!
Florentino Ulibarri

Quiero cerrar los ojos
y mirar hacia dentro
para verte, Señor.

Quiero también abrirlos
y contemplar lo creado
para verte, Señor.

Quiero subir a l monte
siguiendo tus huellas y camino
para verte, Señor

Quiero permanecer acá
y salir de mí mismo
para verte, Señor.

Quiero silencio y paz
y entrar en el misterio
para verte; Señor.

Quiero oír esa voz
que hoy rasga el cielo
y me habla de ti, Señor.

Quiero vivir este momento
con los ojos fijos en ti
para verte, Señor.

Quiero bajar del monte
y hacer tu querer
para verte, Señor.

Quiero recorrer los caminos
y detenerme junto al que sufre
para verte, Señor.

Quiero escuchar y ver,
gozar de este instante,
y decirte quién eres para mí, Señor.





HABLA UN MIEMBRO DE LA COMUNIDAD DE ROMA
Dolores Aleixandre, RSCJ.

Estábamos pasando por momentos duros en la comunidad de Roma que lideraba Marcos. Ya desde los comienzos habíamos sido un grupo mirado con sospecha y críticas. Resultábamos odiosos tanto para los judíos que vivían en la ciudad, como para los romanos y ser fieles a la doctrina de Jesús acarreaba el riesgo de ser despreciados, maltratados e incluso perseguidos.

Marcos estaba ausente y entre nosotros habían surgido ciertos problemas de liderazgo, pero era sobre todo la sombra de la calumnia y la persecución la que se cernía como una sombra sobre nosotros. En la fracción del Pan de aquel primer día de la semana faltaron muchos, seguramente por miedo a ser identificados como partidarios de Jesús, y los pocos que habíamos acudido nos sentíamos una insignificante presencia de excluidos en medio de una ciudad que no nos aceptaba como suyos.

Natanías propuso que leyéramos el relato de la transfiguración de Jesús, tal como Marcos nos lo había dejado en su evangelio y asentimos sin demasiado entusiasmo. Ya conocíamos la tradición según la cual Jesús había subido a una montaña alta, el Tabor seguramente, llevándose con él a Pedro, Santiago y Juan (Mc 9,2-13). Eran los mismos que le habían acompañado cuando entró en casa de Jairo y devolvió la vida a su hija, y los que más tarde eligió para estar con él en aquella noche terrible de su oración en Getsemaní.

En la comunidad muchos provenían de la gentilidad y éramos los judíos quienes conocíamos bien las Escrituras y podíamos reconocer todas las alusiones a la historia de nuestro pueblo que aparecían en el relato:

– Si Moisés y Elías estuvieron con el Maestro, quiere decir que Jesús es Aquel de quien hablaron la Ley y los Profetas. ¡Ahora el centro lo ocupa él!

– Dicen nuestros sabios que Elías no murió, sino que fue arrebatado en un carro de fuego (2Re 2,11; Ml 3,23) y que volverá al final de los tiempos. Pienso que Mateo ha querido decirnos que será Jesús quien vuelva envuelto en majestad para juzgar el mundo.

– ¿No recordáis cómo también irradiaba luz el rostro de Moisés cuando hablaba con Yahvé en el Sinaí? (Ex 34,29). El Señor hacía sentir la intensidad de su presencia en medio de una nube (Ex 24, 12-18)…

– Seguramente están también detrás el éxodo y al desierto, por eso Pedro dice lo de “hacer tres tiendas”, lo mismo que la Tienda de la Reunión albergaba el arca de la alianza…

– La “montaña alta” y la voz de Dios hablando de su Hijo primogénito ¿no será para tener presente a nuestro padre Abraham que en el monte Moria estuvo dispuesto a ofrecer a Dios a Isaac, su primogénito? (Gen 22)

– Yo pienso que detrás de Jesús está más bien la figura misteriosa del Siervo de Yahvé del que hablaba Isaías: «Mirad a mi Siervo a quien sostengo, mi elegido a quien prefiero» (Is 42,1).

– Pero también el hijo del hombre que aparece en las profecías de Daniel resplandecía como el sol… (Dan 10,5-6)

De pronto intervino Lisias que no era judío, sino un griego afincado en Roma que había abrazado el Camino y se había bautizado. En su voz notamos una mezcla de apasionamiento e indignación:

– ¡Vuestros comentarios me hacen pensar que estoy entre un grupo de fariseos que comentan un pasaje de la Torah! ¿Por qué no dejáis de dar vueltas al pasado y os enfrentáis con lo que el relato de la transfiguración nos dice sobre el misterio de Jesús? ¿Cómo es que ninguno de vosotros ha recordado que al bajar de la montaña él ordenó a sus discípulos: "No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que este Hombre resucite de la muerte…?" Y luego les habló de lo que él mismo tendría que sufrir. ¿No os hace pensar eso que es el Calvario el monte en el que está pensando también Marcos? Por un lado responde a la pregunta que se hacían todos los que le conocieron a Jesús acerca de quién era él y contesta: «Es el Hijo único del Padre». Pero está sobre todo enfrentándose al escándalo que a todos nos ronda al recordar que seguimos a Alguien que fue crucificado en medio del peor de los fracasos y en un suplicio que sólo merecen los esclavos.

En la cruz Jesús estaba desfigurado, lo mismo que el Siervo de Yahvé de quien leemos que todos apartaban la mirada (Is 53,3). Pero encontramos fuerza para contemplarle ahí gracias a que la gloria futura del Hijo se manifestó por un momento en el Tabor, inundado de luz y participando de la gloria de su Padre. Allí se manifestó algo del esplendor de su divinidad y esa visión es como una luz que nos ayuda a “transfigurar la cruz” que tanto nos escandaliza y nos cuesta aceptar. ¿No creéis que también le dio fuerza a él? Porque no plantó su tienda en la montaña como quería Pedro, sino que bajó de nuevo al camino que iba a conducirle a Jerusalén…

Las palabras de Lisias fueron para mí un fogonazo de luz que me hizo sentirme como Moisés ante la zarza ardiente, pero ahora no era un hombre solo quien escuchaba la Voz, sino que sus destinatarios éramos todos. Ya no era sólo la zarza la que ardía, sino que todo el monte estaba en llamas. Y las palabras que oíamos venían de Aquél a quien Jesús nos había enseñado a llamar “Padre” y que decía: «Este es mi Hijo amado. ¡Escuchadle!».

Me di cuenta de que esa escucha nos daba la llave para descifrar el sentido de lo que estábamos viviendo y conseguía que nuestras tinieblas quedaran invadidas de luz. Los momentos de persecución que atravesábamos se transfiguraban y aparecían como una realidad que tenía en su raíz el leño de la cruz, cargado de un fruto de Vida.

Tomé la palabra para decir: – Hermanos, vamos a orar según la costumbre del propio Jesús cuando pronunciaba la bendición: ¡Bendito seas Señor, Dios del universo, porque en el rostro transfigurado de tu Hijo nos has permitido descubrir el resplandor de tu rostro tres veces santo!

¡Bendito seas porque nos llamas a acompañar a tu Hijo por el camino de las contradicciones y de la persecución! Y bendito seas por revelarnos la luz que se esconde detrás de la muerte cuando ésta es abrazada con amor.

Dolores Aleixandre, RSCJ.





EL AT QUEDÓ SUPERADO POR JESÚS
Fray Marcos
Mc 9, 1-9

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Mc, que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Parece que hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro y difícil de la cruz.

Es muy complicado entender el significado de este relato. Para mí, es inaceptable que Jesús se dedicara a hacer una puesta en escena particular. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Mc en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato, a base de símbolos del AT, nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de una teofanía. No quiere decir que Dios en un momento determinado,  realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un individuo concreto. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa cercanía y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones aparentemente sensoriales, se trata de fenómenos paranormales o psicológicos. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no cambiando o violentando nada de ese ser. Es más, la llegada a la existencia de todo ser es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en el noúmeno. “Si te encuentras al Buda, mátalo”.

Jesús, plenamente humano tuvo que luchar en la vida por descubrir su ser. El relato de hoy quiere decir que, aun siendo hombre, había en él algo de divino. Seguramente se trate de un relato pascual que, en un momento determinado, se consideró oportuno retrotraer a la vida de Jesús. En los relatos pascuales se insiste en que ese Jesús Vivo es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. El Jesús que vive con ellos es el mismo Cristo glorificado.

La manera de construir el relato quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, solo que no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que se quiere contar en este relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad, no está añadido a ella en un momento determinado. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús con el fin de manifestar de manera apodíctica su divinidad.

Pedro, Santiago y Juan, los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Era buena gente, pero un poco duros de mollera. Necesitaron clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en el huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús que de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús, en el capítulo siguiente, que quieren ser los primeros en su reino. Los tres demuestran que no entendieron el mensaje de su Maestro.

La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios les acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos no disminuye en nada la profundidad del mensaje que nos quieren transmitir, al contrario, el lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios, que eran todos judíos.

Moisés y Elías, además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Me pregunto, cómo supieron que se trataba de esos dos personajes. También me gustaría saber en qué lengua hablaban. Está claro que lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Desde ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes Jesús para dentro de muy poco. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. El mismo afán de gloria que a todos nos acecha.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento. Pedro, diciendo lo que piensa, manifestando su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar, porque se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas han cumplido su papel y están ya superados. La voz corrige esta visión de Pedro.

¡Escuchadlo! En griego, “akouete autou” significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él solo. El AT es el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy lo son los prejuicios que nos han inculcado sobre Jesús. “Escuchar” es la actitud del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios no es aprender de Él, sino obedecerle. La Palabra que escuchamos nos compromete y nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie... Es la referencia más clara a la experiencia pascual. No tiene sentido hablar de lo que ellos no estaban buscando ni habían descubierto. No sólo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó. En el capítulo siguiente nos narra Mc la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro termina negándolo ante una criada. Hechos que hubieran sido impensables después de una experiencia como la transfiguración.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado. Lo determinante es que, cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que tenemos que escuchar. No tenemos que aceptar la cruz como camino para la gloria. No llegamos a la vida a través de la muerte. En la “muerte” está ya la Vida.

Con relación al AT, tenemos un mensaje muy claro en el relato de hoy: Hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y Los Profetas, no al revés. Seguimos demasiado apegados al Dios del AT. El mensaje de Jesús nos viene demasiado grande. Como Pedro, lo más que nos hemos atrevido a hacer, es ponerlo al mismo nivel que la Ley y Los Profetas.

Meditación

En Mc, Jesús nos habla con sus hechos.
El mayor atractivo de Jesús es su coherencia.
En él, lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía era todo uno.
Esa autenticidad es la clave de un verdadero ser humano.
Jesús era verdad, le miraras por donde le miraras.
Ahí tenemos el modelo de la divinidad.

Fray Marcos





EL PADRE ES CAPAZ DE ENTREGAR A SU PROPIO HIJO
José Enrique Galarreta
Mc 9, 2-10

No vamos a entrar en el tema de la historicidad del género. No hay un acuerdo entre los exegetas. Pero el significado del texto es claro. Una manifestación de la presencia de Dios en Jesús, conectada con el Antiguo Testamento, con la Pasión y con la Resurrección. Se hacen presentes varios elementos muy significativos:

Los signos de la divinidad: el monte, la nube, la luz, la voz. Nos parece estar en el Sinaí y oír la voz "Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás otro dios".

Los personajes: Moisés y Elías, los dos que han "visto a Dios" en la cumbre del Sinaí. Son los dos personajes representativos de "la Ley y Los Profetas"

Jesús se retira al monte: como en el monte de la tentación, como cuando se retira a orar antes de las grandes decisiones, como en la víspera de la pasión (acompañado de los mismos tres discípulos).

En medio de la gloria, se habla de la cruz y la resurrección: como casi siempre, el triunfo de Jesús pasa por la cruz, no por la glorificación humana.

En conjunto, se presenta, pues, a Jesús como "El Mesías", la plenitud de la Antigua Alianza, el cumplimiento de la promesa. "Este es mi Hijo amado: escuchadle", como escuchasteis a Moisés y a los Profetas.

Se presenta también la tentación de un mesianismo fácil, esplendoroso y triunfal. No es así: la presencia del Hijo es para compartir el pecado y la muerte. Y el amor salvador de Dios será más fuerte.

No es una salvación "desde fuera", una manifestación de esplendores que lo transforman todo por magia. Es la encarnación de Dios, que para salvar al hombre no "escatima" ni a su propio hijo. Y este es el Hijo.

R E F L E X I Ó N
La escena de la Transfiguración se sitúa, en los tres sinópticos, en el contexto de los anuncios de la Pasión. Los discípulos estaban dispuestos a aceptar que Jesús era el Mesías esperado, pero no estaban dispuestos a esperar un Mesías como Jesús. Que el Mesías acabase crucificado por sus enemigos estaba fuera de todas sus expectativas.

El anuncio de la Pasión rompía todas esas expectativas, sembraba en ellos la duda, como sucedió de hecho cuando la muerte en cruz supuso la más terrible crisis de su fe en Jesús. En este momento, en que Jesús empieza a dirigirse ya a Jerusalén, consciente de lo que allí le puede suceder, los evangelistas sitúan esta manifestación de su fe en Jesús, vistiéndola de todos los signos de la presencia de la divinidad.

Solamente después de la inenarrable experiencia de la resurrección pudieron los discípulos creer en el crucificado. Y esa experiencia es la que se expresa anticipadamente en la Transfiguración, como si se nos pusiera sobre aviso antes de acercarnos a la cruz.

La muerte en cruz de Jesús no será su fracaso, sino su triunfo: el triunfo de su consecuencia hasta el final, el triunfo de su entrega total, el triunfo de su opción por los más marginales, el triunfo de su concepción de la vida y su jerarquía de valores.

Durante las horas que Jesús pasará en la cruz, sus enemigos le desafiarán: "baja de la cruz y creeremos en ti". Si hubiese podido bajar de la cruz, nosotros no podríamos creer en él, porque ya no sería uno de nosotros. Pero no podía bajar. El hombre lleno del Espíritu, el Hijo Predilecto, carga con la cruz como todos; por eso podemos creer en él.

Esta imagen de Jesús es una revelación indispensable para nosotros. No son los resplandores los que manifiestan al Espíritu, sino su capacidad de cargar con la cruz como todos.

Y es fundamental percibir que el Espíritu no le evita la cruz, sino que le hace capaz de ser coherente hasta la muerte. Los simbólicos resplandores del Tabor no hacen más que recordarnos que el Espíritu está en él.

Jesús es el mejor cumplidor de sus propias enseñanzas. "El que busca su vida la echa a perder; el que la pierde la gana". "Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda solo; si muere, da fruto". Jesús es el que ha echado a perder su vida, a los ojos y criterios de muchos. Jesús crucificado es un grano de trigo enterrado. Pero en su capacidad de ir hasta el final radica su credibilidad, de ella nace nuestra fe en él, nuestra fe es el fruto.

Los discípulos ponían la credibilidad del Mesías en exhibiciones de poder. Pero la credibilidad está en su coherencia absoluta en su lucha contra todo mal humano, contra la enfermedad y la ignorancia, y en su opción radical por los más marginales contra los poderes de los que decían representar a Dios. Por eso tuvo que morir, y por eso nos resulta creíble.

La escena de Jesús Transfigurado representa plásticamente que "Dios estaba con él", para que, cuando le veamos crucificado, sigamos creyendo que Dios está con él.

Esto nos obliga a cambiar nuestra imagen de Dios. Nos hemos preguntado por el origen del mal y su existencia nos hace dudar de Abbá. En este domingo se nos da una respuesta que no satisface nuestra curiosidad sobre el mal, pero nos informa de la posición de Dios respecto a nuestro mal. Dios es el que no escatima ni a su propio hijo predilecto, en su esfuerzo por salvar. No hay aquí explicaciones filosóficas sobre el problema del mal, sino oferta y desafío a la fe. Jesús es así porque así es el Espíritu de su Padre. Creemos que el Padre es Abbá porque vemos cómo es su hijo.

Esta es la imagen que nos ofrece también la primera lectura. Abbá es como Abrahán, el que es capaz de entregar a su propio hijo. Y de aquí se deduce el himno triunfal de Pablo. Ninguna tribulación, ningún mal de la vida podrá hacernos dudar de Abbá, porque hemos visto su Espíritu en el Hijo, capaz de entregarse hasta la muerte por nosotros.

También nosotros necesitamos "transfigurar nuestra vida" y especialmente nuestra cruz. Ni Jesús ni nosotros hemos recibido información sobre la causa del mal, ni podemos responder a las preguntas sobre su origen, ni nos explicamos cómo Abbá puede ser compatible con nuestro mal, con tanto mal. No hemos recibido esta información, pero sí otra: que Abbá está con nosotros contra el mal, que se puede superar el mal, que se puede llevar la cruz y que es misión de los hijos aceptarla como parte de la vida y transfigurarla.

Nada de esto es una evidencia, ni se desprende de una lógica ni de una filosofía. Sólo sabemos lo que vemos en Jesús: que el Hijo Predilecto es capaz de ir hasta la muerte por salvar. En eso, y solamente en eso, conocemos el corazón de Dios, ya que Jesús es así precisamente porque está lleno del Espíritu.

Todas las demás explicaciones del mal del mundo pueden ser muy respetables, aunque probablemente todas sean insuficientes. Pero nosotros, los seguidores de Jesús, solamente sabemos del mal lo que Jesús sabía, y aceptar a Jesús crucificado es comportarse ante el mal como él.

Creemos en la doctrina de un sabio antiguo porque nos resulta convincente. Admiramos a un hombre extraordinario, de los que dejan huella. Todo eso es bueno y verdadero, pero la fe, además de todo eso, ve en Jesús algo más. Y este es el punto en que nuestra fe es hoy interrogada. ¿Creemos que en Jesús podemos ver cómo es Dios mismo, Dios con nosotros, presencia entre los hombres del amor salvador de Dios? Será esto lo que celebremos el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. Por eso le llamamos "el Hijo Único" porque en todos los demás se ve a Dios muy mal, pero "en Él reside toda la plenitud del Espíritu".

Ver la vida, la riqueza, la pobreza, el poder, el sufrimiento y el placer, el trabajo y el ocio, la juventud, la vejez y la muerte....ver todas las cosas con los ojos de Jesús - eso es convertirse - es una apuesta, un riesgo, nacido de un convencimiento, de un acercamiento personal profundo, de un enamoramiento, que es fruto de la oración, de la puesta en práctica cotidiana... es el crecimiento, la conversión continua, la peregrinación, el oficio de caminante...

¿Cuánto me fío de Jesús? Podemos volver a leer una palabra suya, que es como un desafío:

"El que escucha mis palabras y las pone en práctica es como un hombre inteligente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia y vinieron los torrentes, y se desencadenaron los vientos contra aquella casa, y aguantó, porque estaba construida sobre roca. Pero, al contrario, el que oye mis palabras y no las pone en práctica es como un necio que ha edificado su casa sobre arena, y al venir la lluvia y los vientos, la casa se derrumbó, porque estaba cimentada sobre arena."

O R A C I Ó N
Podemos recitar este fragmento de la Primera Carta de Juan. Es un "Credo" mucho más profundo que el que decimos en la Misa, que casi es solo un puñado de afirmaciones dogmáticas. Este es un acto de confianza, una proclamación de nuestra aceptación de la GRAN NOTICIA.
Lo que era desde el principio
lo que nosotros hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que hemos contemplado,
lo que nuestras manos han tocado
del Verbo de la Vida,
lo que hemos visto y oído,
os lo anunciamos...
Ved qué gran amor nos ha tenido el Padre,
para que se nos llame "hijos de Dios", pues lo somos...
Queridos, desde ahora somos hijos de Dios,
y aún no se ha manifestado lo que seremos.
Sabemos que, tras esta manifestación, seremos semejantes a Él,
porque le veremos cara a cara...
En esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros:
Dios ha entregado su hijo único al mundo
para que nosotros vivamos por él...
No es que nosotros le hayamos amado primero,
sino que es Él el que nos ha amado y ha enviado a su hijo....
Queridos, si Dios nos ha amado tanto,
nosotros debemos también amarnos unos a otros.
A Dios nadie le ha visto nunca;
si nosotros nos amamos, Dios permanece en nosotros
y su amor se realiza en nosotros....
Y nosotros, nosotros hemos contemplado y testificamos
que el Padre ha enviado a su hijo, el salvador del mundo.

José Enrique Galarreta



LA ANTICIPACIÓN DEL TRIUNFO DE JESÚS
José Luis Sicre

El domingo 1º de Cuaresma se dedica siempre a las tentaciones de Jesús, y el 2º a la transfiguración. El motivo es fácil de entender: la Cuaresma es etapa de preparación a la Pascua; no sólo a la Semana Santa, entendida como recuerdo de la muerte de Jesús, sino también a su resurrección. Este episodio, que anticipa su triunfo final nos ayuda a enfocar adecuadamente estas semanas.

El contexto
Jesús ha anunciado que debe padecer mucho, ser rechazado, morir y resucitar. Pedro, que no quiere oír hablar de sufrimiento y muerte, lo lleva aparte y lo reprende, provocando la respuesta airada de Jesús: «Retírate, Satanás». Luego llama a toda la gente junto con los discípulos, y les dice algo más duro todavía: no sólo él sufrirá y morirá; los que quieran seguirle también tendrán que negarse a sí mismos y cargar con la cruz. Pero tendrán su recompensa cuando él vuelva triunfante. Y añade: «Algunos de los aquí presentes no morirán antes de ver llegar el reinado de Dios con poder». ¿Se cumplirá esa extraña promesa? ¿Hay que hacerle caso a uno que pone condiciones tan duras para seguirle?

El cumplimiento: la transfiguración
Seis después tiene lugar este extraño episodio. El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña, la visión, la bajada. Desde el punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y Marcos utiliza los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirlas.

La subida a la montaña (v.1).
Es significativo el hecho de que Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. No se trata solo de un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Por otra parte, se dice que subieron «a una montaña alta». Mc usa el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí. También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén.

La visión
En la visión hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud.

1) La transformación de las vestiduras de Jesús, que se vuelven «de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo». Mc parece sugerir que del interior de Jesús brota una luz deslumbradora que transforma sus vestidos. Esa luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.

2) Elías y Moisés. Curiosamente, el primer plano lo ocupa Elías, considerado en el judaísmo el precursor del Mesías (Eclesiástico 48,10); el puesto secundario que ocupa Moisés resulta difícil de explicar. Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin él, habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús), es una manera de confirmarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de los siglos pasados, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

3) En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres tiendas suenan a simple despropósito. Mc lo justifica aduciendo que estaban espantados y no sabía lo que decía. Generalmente nos fijamos en las tres tiendas. Pero esto es simple conse­cuencia de lo anterior: «qué bien se está aquí». Pedro no quiere que Jesús sufra. Mejor quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que tener que seguirle con la cruz.

4) La nube y la voz. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella. Sus primeras palabras repiten exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!». La orden se relaciona con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

Este episodio está contado como experiencia positiva para los apóstoles y para todos nosotros. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tienen tres experiencias complementarias: 1) ven a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) se les aparecen Moisés y Elías; 3) escuchan la voz del cielo.

Lo cual supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) al aparecérseles Moisés y Elías se confirman en que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) al escuchar la voz del cielo saben que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

El descenso de la montaña (vv.9-13).
La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite (v.9) se inserta en la misma línea de la prohibición de decir que él es el Mesías (16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria.

Dos padres, dos hijos, y un tribunal
El relato del Génesis sobre el sacrificio de Isaac y el pasaje de la carta a los romanos de Pablo ofrecen un interesante contraste. Abrahán está dispuesto a sacrificar a su propio hijo, pero Dios no lo acepta y termina bendiciéndolo. En cambio, Dios Padre entrega a su propio Hijo a la muerte por nosotros. Esto, que puede parecer el mayor fracaso y la mayor crueldad, se convierte para nosotros en fuente de bendición.

Pablo imagina un tribunal en el que se decide nuestro destino. Pero el fiscal, Dios Padre, está de nuestra parte, nos entregó a su Hijo. El juez, Jesús, en vez de condenarnos, dio su vida e intercede por nosotros. Imposible imaginar un tribunal más partidista. La mejor forma de ser agradecidos con este fiscal y este juez es vivir de acuerdo con sus palabras en el evangelio: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo”.

José Luis Sicre





EL ABRAZO INTEGRAL
Pedro Miguel Lamet, SJ.

No sin humor me decía un amigo que toda la vida se podría resumir en estas tres palabras: “el rito, el pito y el mito”. Sin rito o formas de expresión no podríamos comunicarnos; sin sexo ni siquiera estaríamos aquí, y sin una dimensión trascendente o espiritual, presente en todas las culturas, el hombre no dejaría de ser otro animalito incapaz de romper las dimensiones espacio-temporales. El problema es que de esas tres, la sexual parece estar invadiéndolo todo en la cultura actual.
En la trivialización que nos domina la sexualidad se está convirtiendo en un elemento de consumo, de usar y tirar, desprovisto de una dimensión relacional realmente humana.
Se me antoja que casi todos los males proceden de una absurda separación dualista de raíz helénica y occidental entre cuerpo y espíritu, como si el ser humano estuviera partido por dos fuerzas irreconciliables. Me gusta, contra esta postura, el verso de Jorge Guillén: “El cuerpo es alma y todo es boda”. Todo es boda porque la creación es una unidad. Todo es uno, como ha expresado la poesía de todos los tiempos e incluso la Biblia en su gran poema de amor, El cantar de los cantares, cuya traducción más correcta es El mejor cantar.
La sexualidad es un tamiz muy fino. Revela un mundo complejo consciente e inconsciente, bellezas impalpables y monstruos dormidos, que a veces nos superan o que apuntan a compulsiones insatisfechas, ese agujero que, por mucho que queramos, nunca podemos llenar en esta vida por nuestra índole finito-contingente. Problemas de infancia también, si se quiere.
Nuestra pregunta es cómo se vive la sexualidad en nuestra sociedad y cuál sería la educación adecuada que hemos de impartir para que la vivan los hombres y mujeres del futuro.
La sexualidad sigue siendo para muchos como aquellas uvas de la zorra que nunca pueden llegar a alcanzar. Como en otras importantes facetas de la vida, la curación parte de la aceptación de lo que somos: ni ángeles ni bestias, sino seres humanos provistos de inteligencia y de aparato reproductor, que es evidente que funciona con muchos más matices, complejidad, goces y frustraciones que los asépticos matraces de un laboratorio.
Quizás la dirección correcta debería ir hacia una sexualidad integral que supone en primer lugar luchar contra el pansexualismo instalado en el capitalismo neoliberal, resituando al señor Freud en su papel, al lado de Adler y Jung. En segundo lugar, contra una represión impuesta. Y, por último, contra el consumismo sexual light, que no sólo no compromete, sino que crea día a día una legión de estúpidos, de seres incapacitados para vivir, disfrutar y crear.
Soy consciente de que la sexualidad ha sido siempre cuchillo de dos filos, puerta a la vez de la felicidad y del infierno, en cuanto que puede conducir a la sublimidad y al crimen. Basta para ello leer las gacetillas de los periódicos todos los días.
Pero también que, en medio de esta selva de los medios de comunicación, algo nuevo hemos aprendido: que no sirve de nada ocultarnos la verdad. Pariente del amor, el sexo es hermano de la muerte, como todo lo que vive. Así aparece en el arte y la literatura. Por tanto es una experiencia nada trivial que nos acerca a situaciones límites que van más allá del mero desahogo. Hay pues que buscar el equilibrio: Ni cuerpo sin alma, ni alma sin cuerpo que nos conduce al abrazo cósmico e integral.





MARANATHA

Ven, Señor, Jesús. (Ap. 22, 20)
Porque atardece y llevo en el camino
este peso de barro, esta andadura
de tiempo y finitud con que nos dura
lo que intuyo y no sé, lo que adivino
en medio de la niebla o el cansino
sentirme solo en esta noche oscura
con nostalgia de estrellas y la pura
ausencia de tu Ser, amor divino,
te busco en la mirada de mi hermano
te digo ven, te llamo desde el río,
el viento, el mar, la lluvia y el abrazo
o en el dolor, el miedo, el desvarío,
donde sé que me llevas de la mano.
¡Ven ya, Jesús, y tenme en tu regazo!

Pedro Miguel Lamet

lunes, 19 de febrero de 2018

TALLER - UN PASO MÁS

TALLER - UN PASO MÁS
para adultos mayores (mínimo 65 años)
en Puente Grande, Jal. Octubre de 2018

     El taller se llama UN PASO MAS y lo que propone es un tiempo de "densidad" en el que aprendamos a acoger el misterio del Dios de la vida en plenitud en una época de creatividad y llena de posibilidades.

EQUIPO RESPONSABLE: 
Víctor Verdín, S.J. (Coordinador)
María Magdalena Palencia (secretaria ejectiva)
Conchita Arias, Francisco López, S.J., Miguel Romero, S.J. (superior de la casa)

LUGAR:   Casa de Ejercicios Puente Grande
               Puente Grande, Jalisco
FECHA:   Desde el 30 de septiembre al 29 de octubre 2018
               la hora de entrada es a las 16.00 hrs y la salida después del desayuno
COSTO:   $ 13,600  pesos mexicanos.
¡ CUPO LIMITADO !
Taller abierto para laicas, laicos, jesuitas, religiosas, religiosos y sacerdotes diocesanos mayores de 65 años.

Fecha límite para solicitar inscripción:
15 de junio de 2018

Información y fichas para solicitud de inscripción:  
o en la casa de Puente Grande:
Camino del Seminario s/n;  Fracc. Puente Viejo
Puente Grande, Jal. 45427
Tels. 01 (33) 3705 0313, 3735 0513, 3735 0659
Celular y Whatsapp (33) 14455 3719


TALLER "UN PASO MÁS
Preparación de la última etapa de la vida para en todo amar y servir
- vivir esta etapa en plenitud es un privilegio -

     ¡Para ti que hiciste Ejercicios en nuestra Casa de Espiritualidad en Puente Grande el año 2017! Con mucho gusto te comentamos que este año, la Casa de Ejercicios de Puente Grande y el CIE ofrecerán un taller para personas de la Tercera Edad con duración de treinta días en el mes de octubre.
     El taller se llama UN PASO MAS y lo que propone es un tiempo de "densidad" en el que aprendamos a acoger el misterio del Dios de la vida en plenitud en una época de creatividad y llena de posibilidades.
     Este Taller incluye seis módulos de trabajo de integración humana física y espiritual con el objetivo de prepararse a vivir en plenitud las penúltimas y últimas etapas de la vida. 
     Se pretende acompañar en la búsqueda de las riquezas y posibilidades para en todo amar y servir en esta etapa de la vida y se trabaja con la metodología ignaciana "no el mucho saber harta y satisface el ánima, sino el sentir y gustar de las cosas interiormente". 
     El programa combina espacios de oración, reflexión personal y estudio, talleres de integración física y psicológica junto con la experiencia de los Ejercicios Ignacianos para llegar a resituarnos delante de la nueva etapa.  Todo esto dentro de un ambiente de convivencia fraterna.
     Puedes pedir mayores detalles a través de la Administración de la casa de Puente Grande o directamente a este email:  tallerunpasomas@gmail.com
     El cupo es limitado y a lo largo del año iremos preparando la experiencia a través de lecturas e intercambios.

Un paso más
   El taller será en la Casa de Ejercicios de Puente Grande, Jalisco; tiene una duración de cuatro semanas durante las cuales los asistentes aprenden a vivir el penúltimo o último tramo de su vida de una manera creativa y llena de posibilidades.
   Basándose en la metodología Ignaciana "no el mucho saber harta y satisface, sino el sentir y gustar internamente" se trabaja la reflexión, tanto personal como en grupo, sobre materias del programa combinándola con espacios de oración y tiempos de estudio, de descanso y de convivencia.
  1. Acoger la propia biografía, en paz y agradecimiento.
  2. La espera de la realización de nuestra gran esperanza.
  3. Trabajar la integración psicológico-espiritual.
  4. Ejercicios Espirituales, personalmente acompañados.
  5. Panel de concreciones para resituarnos delante de la nueva etapa.

PROGRAMA
1  Acoger la propia biografía, en paz y agradecimiento...
Lunes 1° a viernes 5 de octubre
Nos ayudaremos de la Autobiografía de S. Ignacio, que él explicó precisamente en su "tercera edad", para la relectura de nuestra propia autobiografía.
Carlos Morfín,  S.J.

2  La espera de la realización de nuestra gran esperanza.
Lunes 8 a miércoles 10 de octubre
La Escatología:  ¿Qué esperamos?  Fortalecer la "experiencia espiritual" para asumir vigorosamente los penúltimos tramos de la vida
Francisco López,  S.J

3  Trabajar la Integración psicológico-espiritual.
Jueves 11 y viernes 12 de octubre
Acoger espiritualmente la propia realidad y la psicología de la nueva época, con sus dificultades y oportunidades.
M. Alberto Velázquez C.

4  Ejercicios Espirituales personalmente acompañados. 
Domingo 14 a sábado 20 de octubre
Puede ser el momento donde el objetivo del taller llegue a una cierta culminación.  Tal vez, estos Ejercicios, se conviertan en "Ejercicios de Elección" o de seria "Reforma de Vida", cuando uno discierne y acoge esta nueva manera de estar en el mundo
Miguel Romero, S.J y equipo.

5  Panel de concreciones para resituarnos en la nueva etapa.
a) "El Cuerpo" 
Lunes 22 y martes 23 de octubre
 "Mens sana in corpore sano", acoger la realidad y las posibilidades de cuerpo y mente.
Dr. Vicente de Alba

b)   "Empleo del tiempo"
 Miércoles 24 y jueves 25 de octubre
 desde las pasividades de la disminución, una época también para la gratuidad 
José Luis Serra, S.J.

c) "La Espiritualidad"
Viernes 26 y sábado 27 de octubre 
hacia una espiritualidad para la tercera y cuarta edades
Jorge Ochoa, S.J 

d) "Cosecha"
 Domingo 28 de octubre
recoger la experiencia personal y grupal y concretar con realismo 
Víctor Verdín, S.J 
observador espiritual durante el taller

 6  Evaluación y despedida
   Lunes 29 de octubre

* Taller inspirado en el curso:
"Cuando vamos llegando a los 65, 70 … años"
(impartido en la Cova Sant Ignasi, en Manresa, España)
el arte de asumir creativamene los penúltimos y últimos tramos de la vida